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lunes, marzo 19, 2007

DIDO Y ENEAS (y XX. Fin de la primera parte).- Cambio de rumbo.

Anna ha pedido ayuda al sacerdote para memorizar la respuesta de la Pitonisa. Está desconcertada. Pensaba que sería más sencilla. Esperaba oír: La reina Dido fundará una ciudad; el destino de la ciudad será glorioso y también el de la reina y el tuyo. Deseaba salir de la cueva con una gran sonrisa y bajar el sendero dando saltos, llegar al puerto donde sus compañeros se afanan cargando las provisiones en las naves y gritarles: “¡Apolo ha dicho que pronto tendremos una ciudad propia!”. Ahora comprende la advertencia de Morgana: un oráculo no es un juego.

La luz la deslumbra al salir de la cueva. Se pone la mano como visera para protegerse del resplandor del globo, rojo como una bola de fuego, que se dirige hacia el ocaso. Pronto la rodean sus acompañantes y le hacen mil preguntas, pero Anna declina repetirles el mensaje de Apolo. La reina debe ser la primera en conocerlo. El descenso es menos alegre que la subida, e incluso la ausencia de los tiernos balidos del cordero, sacrificado en el altar del dios, hace sentir a Anna cierto vacío. Bajan en silencio. La tarde oscurece el azul del mar y borra todos sus caminos, salvo el que marca el dedo ensangrentado del sol.

- ¡Ya ha llegado el cartógrafo! – grita Gabriel, el vigía de la nave de la reina Dido, haciendo escandalosos gestos al grupo de Anna para que se apresure.

La melancolía y pesadumbre que se estaba apoderando de sus ánimos desaparece en un instante, como por ensalmo. Vuelven a estallar las risas, avivan la marcha y cuando ascienden por la pasarela de madera de la nave, ya han olvidado el oráculo.
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- Agradezco mucho vuestra gestión, nobles señores – está diciendo la reina Dido a dos senadores rodios, quienes han acompañado al cartógrafo Igres para presentárselo. Están todos en cubierta, sentados bajo el toldo, en un ambiente de cordialidad. Las mesas tienen varios platillos donde quedan algunas exquisiteces, delatando que la reunión ha empezado hace algún tiempo. Ana y las demás muchachas permanecen fuera de ese círculo y se apartan un poco para que Sérvulo, el copero de la reina, pueda servir vino en las copas de los invitados. En los rostros sonrientes se adivina mutua satisfacción.

- Es una gran gentileza por vuestra parte permitir a Igres acompañarnos, senadores. Procuraremos que su ausencia no sea larga – dice la reina con una sonrisa que le ilumina los ojos –. Estamos deseando partir. Sólo falta que nos vendáis los cereales, tal como acordamos. Es un alimento primordial.



Los senadores rodios se miran las manos. En los últimos días el Senado de Rodas se ha reunido varias veces para tratar de resolver un conflicto político: castigar a ciudadanos atenienses por atentar contra el orden público los indispondría con el gobierno de Atenas, y no castigarlos significaría tolerar la anarquía en su propia ciudad. Y han concluido que lo mejor es intentar quitarse el problema de encima, tratando de convencer a la reina Dido para que se lleve consigo a los atenienses.

Y como la propia reina acaba de sacar a colación el tema, ha llegado el momento de abordarlo. El senador más anciano, quien ya fue su interlocutor en el primer encuentro, toma la palabra y recuerda a Dido el alboroto que ella misma presenció a su llegada a Rodas. Poniendo como pretexto el precio de los cereales, el filósofo ateniense Filón había soliviantado a los jóvenes rodios quienes, a su vez, habían destrozado el mercado. La multitud estaba furiosa contra él y, por extensión, intentó agredir también a su hermano Xilón. El malestar popular no se ha calmado del todo.

- ¿Significan tus palabras que pensáis vendernos los cereales por encima de su valor? – interviene el noble Acus –. No somos responsables de esos tumultos ni ha estado en nuestras manos sofocarlos. Es más, os hemos ayudado corriendo nosotros el riesgo de que ese ateniense, sea filósofo como dices, o alborotador, o loco, agitase a nuestra propia gente.

- El Senado de Rodas os está agradecido, como ya os hicimos saber en su momento. Os venderemos los cereales al precio antiguo, el que tenían antes de la subida que dio lugar a la revuelta. Es sensiblemente inferior al precio actual… – el senador mira a sus interlocutores para valorar el efecto de sus palabras. Frente a él, los rostros de la reina Dido, de Acus y del Príncipe del Senado fenicio manifiestan desconfianza.

- En nuestra tierra ninguna persona se toma en serio al comerciante que asegura vender, por tres monedas, un árbol que da como fruto el dinero – dice el Príncipe del Senado en tono de chanza – . Decidnos cuál es la contrapartida.

- No pretendemos engañaros – se apresura a responder el senador rodio – y me disgusta que podáis siquiera pensarlo. Es un buen precio por un pequeño servicio: llevaros de Rodas a los atenienses.

- Temo, noble señor, que estos días tan placenteros y provechosos que hemos pasado en tu ciudad no hayan servido para conocernos – interviene la reina –. ¿Crees que expondría a mi pueblo a los pensamientos corrosivos de un alborotador, sólo por ahorrarme dinero? Quieres librar a Rodas de un peligro vendiéndomelo a mí, ¡y me aseguras que es barato…!

- Te ruego, noble señora, que no lo examines bajo esa luz. En realidad, te estamos pidiendo un favor.

- A los favores no se les pone precio – responde Dido.

- Tienes razón. Si me permites, me retiraré ahora para consultar con mis colegas y mañana a primera hora volveré. No obstante, te pido que consideres este asunto con benevolencia. En una nave, esos atenienses pueden hacer poco daño, mientras para nosotros el problema sería muy grave. Te hemos cedido a Igres para acompañarte y encontraremos alguna otra manera de favorecerte.
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La reina y sus consejeros están muy satisfechos, aunque tratan de no manifestarlo. ¡Se quedarán con los atenienses y su esclavo y además adquirirán los cereales más baratos! Al final, los rodios rebajarán el precio. Ha sido una buena operación. Apenas abandonan la nave los dos senadores rodios, la reina hace una seña a su hermana y a sus acompañantes para que se sienten junto a las mesas. Toda la atención se dirige ahora hacia Igres.


Es un hombre joven aún y emana energía. La piel tostada contrasta con la claridad de su cabello, veteado de mechas rubias, que le cae sobre los hombros y la espalda. Lo sujeta con una cinta alrededor de la cabeza. Una túnica corta permite apreciar los músculos de sus piernas, de potencia inesperada. Las muchachas le dirigen miradas de aprobación. Les gusta. Su presencia hará más ameno el viaje y les compensará de la atención que deberán prestar a las lecciones de su pedagogo. Obedeciendo a la reina, se sientan a su alrededor y no evitan las risitas.

- Quiero reiterarte la bienvenida, Igres – dice la reina –. Desde hace muchos meses buscamos un territorio donde asentarnos y fundar una ciudad. Nos has sido recomendado como el mejor conocedor de estas costas y, por tanto, quien con más acierto nos puede orientar.

- Será un honor servirte, reina – el sonido de su voz, grave y armoniosa, despierta aún más admiración –. Y para hacerlo de la manera más satisfactoria necesitamos, ante todo, sinceridad. ¿Por qué no has elegido alguna de las playas próximas a ciudades fenicias, habitadas por gentes de vuestra propia sangre?

- Hemos huído de Tiro – responde la reina, no sin dolor – y deseamos estar fuera de su alcance.

- No hay muchos modos de conseguirlo – señala Igres – salvo que deseéis arriesgaros.

- No será un riesgo mayor de cuantos hemos sufrido.

- Entonces, señora, te daré mi opinión: vayamos hacia el oeste, donde no se aventuran los navegantes de tu nación por temor a los monstruos y las criaturas desconocidas. En dirección al punto donde comienza el mar entre las columnas de Hércules.

Una exclamación se escapa de todas las gargantas al escuchar estas palabras. Todo el mundo sabe cuán peligroso es navegar hacia poniente. Ningún fenicio que se hubiera aventurado en el pasado ha regresado de allí. El silencio se abate sobre la nave, como si el mundo se hubiese detenido. De pronto se oye la voz de Anna:

- “El principio será el fin” ha dicho el oráculo. Quizá se refería a esto. El principio del mar podría ser el fin de nuestro peregrinaje.

- Acepto tu consejo, Igres – dice la reina – iremos hacia el oeste.


*Sibila Pérsica. Museos Capitolinos.

**Detalle de mosaico del suelo de la iglesia SS. Giovanni e Paolo. Roma

***Detalle de un sarcófago. Museo Termas de Diocleciano. Roma

****Detalle de relieve. Museos Capitolinos. Roma

*****Detalle de mosaico del claustro de San Pablo Extramuros. Roma

******Busto de Antínoo. Museo Centrale Montemartino. Roma

******* y*******Detalle de pintura mural. Museos Vaticanos. Roma

NOTA 1.- A fin de que puedan incorporarse nuevos lectores sin necesidad de leer todos los post precedentes, con éste terminanos la primera parte. Con el próximo post se iniciará la segunda parte, variando un poco el título general para evitar equívocos.

NOTA 2.- Los nuevos lectores que deseen leer la historia desde el principio, pueden obtener todos los capítulos seguidos marcando, al final del post, en Etiqueta: Dido y Eneas. Salen en orden inverso.

NOTA 3:

  • LA JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago ha comenzado ya a realizar los primeros preparativos para el gran banquete con que la reina recibirá al troyano Eneas. Quien quiera husmear por la cocina puede hacerlo ya, siempre sin meter el dedo en los platos...

    NOTA 4: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. Para facilitar la comprensión de cada post, se incluye la lista por orden alfabético de personajes. A continuación, entre paréntesis, están los nombres de los amigos bloggeros.
  • ACATES, amigo del alma de Eneas. (Eggy)
  • ACUS, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido. (Acus)
  • AEMILIUS, director de las obras de la muralla de Cartago. (Unjubilado)
  • AMILCAR, timonel de la nave de Dido. (Edem)
  • AMNERIS, la tejedora. (Paula)
  • ANARKASIS, actor. (Anarkasis)
  • ANNA, hermana de la reina Dido. (Bethania)
  • ANQUISES, padre de Eneas. (Juan)
  • ASCANIO, hijo de Eneas. (Ferípula)
  • BARCE, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido. (Leodegundia)
  • CAIUS PERTINAX, un hombre de negocios. (Joaquín)
  • CALIBÁN, un personaje enigmático. (Gonzalo)
  • CARMINIS, pintora de éxito. (Carmen)
  • CIRENE, la viajera troyana, madre del poeta Trailo. (Lady Read)
  • CLAUDIO APOLLIONI , esclavo y pedagogo. (Juanmb)
  • CLOANTO, un troyano. (Rafael p.q.)
  • COPA DE ORO del padre de la reina Dido. (Tony)
  • CRISEA, una vestal. (Krisish)
  • CUPIDO , dios del amor, hijo de la diosa Venus y hermano de Eneas. (Lady Ice)
  • DADA, un personaje de oriente. (Ixchel)
  • DIANA, esposa de Acus y amiga de Dido. (Claullitriche)
  • DINCER, una bailarina oriental, de quien se enamoró el filósofo Filón. Abuela de Jacinta. (Ximena)
  • DEMETRIUS PEDER, un escultor griego. (Pru)
  • EL TIEMPO, el viento y el agua. (Manuel)
  • EOLO, dios de los vientos. (Gloria de Un cajón revuelto)
  • ESPÍRITU invisible, protector de la nave de Dido. (Cieloazzul)
  • FILÓN, un filósofo cínico, hermano de Xilón y abuelo de Jacinta. (Gregorio Luri)
  • GABRIEL, vigía de navío de la reina Dido.(Iralow)
  • ICARUS, lugarteniente y consejero de Eneas. (Javier)
  • IGRES, Un cartógrafo mestizo. (Sergi Bellver)
  • IRIS, mensajera de los dioses. (Fortunata)
  • ISKIAS , amazona, guardaespaldas de Dido y Anna. (Lady Zurikat)
  • JACINTA, artesana de vasijas de arcilla, nieta de filósofo Filón y la bailarina Dincer. (Ontokita)
  • JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago. (Charo Marco)
  • JUNO, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.(Gabu)
    KARO, escribiente de la señora Imilce. (Antonio Portela)
  • KOSTAS, cordelero amigo de Imilce. (Kostas h.)
  • MERCURIO, mensajero de los dioses. (Marelyt)
  • MOOK, perro de la reina Dido. (Movie)
  • MORGANA, una hechicera siria. (Morgana)
  • NÁUFRAGO, náufrago enamoradizo. (Tinta del corazón)
  • NAUSICAA, hija del rey de los feacios. (Nausicaa)
  • NEOPTOLEMO, hijo de Aquiles. (Aquiles)
  • NEPTUNO, dios de los mares. ( Antonia Romero)
  • NISMACIL, guerrera oriental. (Aurefaire)
  • NUERA DE la señora Imilce (Bettina perroni)
  • PALEMON, comerciante griego con productos de oriente. (Adrià Urpì)
  • PALINURO, piloto de la nave de Eneas. (Luis Rivera)
  • PAREPIDEMOS SAMOSATENSE, peregrino. (Charles de Batz)
  • PITONISA de un oráculo. (Badanita)
  • PRINCIPE DEL SENADO, Jefe del Senado de Tiro y luego de Cartago. (Angelusa)
  • SALMA, Esclava oriental, empleada en el alfar de Jacinta. (Gloria de Ojos de miel)
  • SAO, una ninfa. (Irene)
  • SEÑORA IMILCE, impulsora, narradora y corazón de esta historia. (Almena)
  • SERVULO, joven esclavo, copero de la reina Dido. (Felipe Servulo)
  • SIQUEO , sacerdote de Melqart y esposo de Dido. (Pedro (glup))
  • SIRIO, gato de Anna. (Sirio)
  • TEANO, matemática muy reputada. (Miriam g.)
  • TRAILO, poeta troyano e hijo de Cirene la viajera, narrador de parte de esta historia. (Grimalkin el bardo)
  • ULA, amiga de Dido. (Ula)
  • UN GRANADO junto al templo de Juno en Cartago. (Goathemala)
    UN CANGREJO en cualquier playa. (Cangrejo sedentario)
  • UN GRAN MATORRALaromático a la entrada de una cueva. (Rosa Silverio)
  • UN MALO, malísimo. (El hippie viejo)
  • UNA PIEL DE TORO. (Carlos a. gamboa)
  • UTYKE, sobrina del sacerdote de Hércules. (Nina)
  • VENUS, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas. (Elisa de Cremona)
  • XILÓN, maestro griego, hermano de Filón y cronista de la familia de la reina Dido. (Fernando Sarriá)
  • YARBAS, rey pretendiente de Dido. (Kurtz)
  • ZOE, prostituta con vocación de libertad. (Zoe favole)


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  • martes, marzo 13, 2007

    DIDO Y ENEAS (XIX).- Una predicción oracular.







    - ¿Te has dado cuenta, señora Imilce, que siempre que vienes a mi alfar tu ayudante Karo se las arregla para pasar al interior y echarle los tejos a mi esclava Salma? – dice Jacinta. Además de las tazas de infusión con las que siempre me obsequia, sobre la mesa del patio ha colocado varias vasijas y platos ya decorados para mostrármelos –. Y ella se azora y le tiembla tanto el pincel, que no saca una línea derecha… Mira este pato – dice acercándome una jarra y señalando la decoración del borde superior – ¡Cualquiera diría que acaban de darle un susto!

    - ¡O un buen trago de vino! El caso es que esas ondulaciones dan vida y movimiento al pato…– le respondo, riéndome.


    - ¿Sabes? Cuando enseñaba a Salma a decorar mis piezas, me asombraba la delicadeza de sus manos y la finura con que era capaz de sujetar el pincel. La observé mucho. Hay mucha gracilidad en sus movimientos…Te parecerá extraño, pero a veces me he preguntado si mi abuela sería así. Tanto ella como Salma procedían de oriente.

    - ¡Te aseguro que no se parecen en nada! – le respondo –. Quizá tuvieran en común los ojos rasgados y un cierto aire de misterio, pero nada más. Recuerdo muy bien a tu abuela. Nadie que la conociese podría olvidarla… Tu abuelo Filón se enamoró perdidamente de ella.

    - Ambos se adoraban. ¡Un filósofo y una bailarina! A quien se le diga… – añade Jacinta moviendo la cabeza, como si aún no acertara a creérselo –. Que un hombre ya mayor se volviese loco por una jovencita es algo comprensible, pero ella…

    - No subestimes la capacidad de seducción de la inteligencia, querida niña. Las palabras son muy poderosas si se saben manejar… Tu abuela Dincer quedó por completo subyugada en cuanto Filón abrió la boca. Claro que la primera vez que se vieron él estaba vestido – añado sin poder ocultar una sonrisa – ¡No sé si hubiera conseguido el mismo resultado de haberse presentado aquel día desnudo …!

    Jacinta tiene una risa clara que estalla cristalina como el chorro de una fuente. Y es igual de diáfana. Está orgullosa de su ascendencia, le fascina la extravagancia de los amores de sus abuelos y, en cierto modo, en su trabajo se refleja la doble vertiente de su herencia: ningún otro ceramista consigue dar a sus piezas tanta racionalidad y, al mismo tiempo, una gracia tan alada.

    - Ahora que se acerca el invierno no bajaré a la playa con tanta frecuencia. Hace mucha humedad – le digo cuando ya nuestras risas se han calmado y nos hemos bebido la infusión –. Sabes que se nos unían allí el cordelero Kostas y el poeta troyano, Trailo. El poeta está de gira… Ahora Karo y yo trabajaremos bajo el granado que hay junto al templo de Juno. Es un lugar abrigado y le da el sol todo el día. Kostas vendrá y me gustaría que vinieses tú también siempre que puedas. Además, he convocado a Amneris, la tejedora.

    - Es viejísima, ¿no? – dice Jacinta. Me hago la sorda ante ese comentario.

    - En cuanto termine de contar la aventura de Rodas relataré por encima la de Chipre – le respondo –. Yo sí que tengo edad y no quisiera que los achaques o la muerte me impideran llegar hasta el final. Si lo consigo, ya completaré más adelante la historia de nuestro vagabundeo por el mar…

    - Tienes muy buen aspecto, señora Imilce, y una cabeza envidiable. ¡No me parece que vayas a morirte en breve…!

    - Nunca se sabe, Jacinta, qué jugarretas nos depara el destino. O los dioses. A mí no se me olvida que la diosa Juno traicionó a la reina, a pesar de que Dido le había encomendado la protección de esta ciudad antes siquiera de fundarla. Ese es uno de los hechos que considero necesario relatar.

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    La estancia en el puerto de Rodas está resultando muy grata. Los rodios han aceptado la presencia de los fenicios y sus numerosas naves y aprecian la posibilidad de negocio. En la nave de la reina Dido hay bastante movimiento: se suceden las conversaciones con proveedores y los más jóvenes van y vienen continuamente a tierra. Exploran los alrededores y organizan excursiones. En cuanto vuelvan a navegar, se incorporará a su nave Claudio Apollioni, el pedagogo, y la etapa de ocio habrá llegado a su fin.





    - ¿Sabéis qué me gustaría hacer? – dice Anna, la hermana de la reina Dido, mientras toman la colación matinal en la cubierta – Ir al templo de Apolo que está en construcción y consultar el oráculo.

    - Un oráculo no es una broma – responde Morgana, y como percibe algunas miradas burlonas, añade –. Yo adivino el porvenir, las alegrías, los riesgos y los peligros. También los conjuro o los potencio. La mía es una ciencia muy antigua. Sin embargo, el oráculo es una respuesta directa del dios. Y a un dios no se le preguntan tonterías.

    - ¿Porqué habría de ser una tontería la consulta de Anna? – pregunta Ula, siempre dispuesta a defender a la hermana menor de la reina.

    - Es casi una niña – interviene Diana – y verdaderamente no tiene nada importante que preguntar. Tiene razón Morgana.

    Se esgrimen diversos argumentos en la discusión y al fin la reina Dido, que estaba tratando sobre el aparejo de las naves con su timonel Amílcar y hasta el momento no les había prestado mucha atención, se acerca al grupo. La ponen al corriente de la discusión y la reina se queda pensativa.

    - Quizá Anna podría hacer una consulta en mi nombre.

    - ¡Claro que sí! Puedo preguntar por la nueva ciudad y por nosotras – dice Anna sin poder disimular su excitación. - ¡Dame permiso, hermana!

    Esa misma mañana Anna se purifica bañándose en el mar, se calza unas sandalias nuevas y se viste una túnica blanca. Sus amigas le han preparado una corona de flores y se adorna con ella la cabeza. En el mercado han adquirido un cordero blanco y en un zurrón de cuero llevan un trípode de oro para ofrecerlo al templo.

    Formando una comitiva con Anna delante y las demás mujeres con el cordero detrás, se dirigen al templo de Apolo. Se alza en un pequeño promontorio al cual se accede por un camino estrecho y zigzagueante, rodeado de matorrales que se agarran a las rocas. Cuatro columnas forman el pórtico y aún está en construcción el techo de madera. A esa hora no hay obreros, hace demasiado sol. Desde la entrada del templo la vista abarca la inmensa extensión del mar y, a los pies, las naves abrazadas por el puerto. No hay más ruido que el zumbido de los insectos y el de las túnicas de las mujeres al ser agitadas por la brisa. Un sacerdote les sale al encuentro. Acepta el obsequio de oro y el cordero, al cual sacrifica en un altar de piedra. Terminada esta ceremonia, indica a Anna que lo siga.

    Anna ha pensado cuidadosamente cómo formulará su pregunta y, aún así, tiembla como una hoja cuando, siguiendo al sacerdote, penetra en una cueva tallada en roca viva a pocos pasos del templo. Dentro, la oscuridad es casi absoluta y hace frío. A tientas descienden por unos toscos escalones hasta una gruta más honda. Allí, en un nicho que apenas se distingue pero parece áspero y profundo, se vislumbra la figura de la Pitonisa. Está sentada y flanqueada por unas cortinas. Nadie podría adivinar su edad: su rostro parece una máscara inexpresiva, sus cabellos una masa enmarañada. Un brasero con carbones ardientes a sus pies ilumina la penumbra con un fulgor rojizo y arroja sobre ella sombras siniestras. A un gesto del sacerdote, Anna realiza en voz alta su consulta.



    - ¿Conseguira la reina Dido de Tiro fundar una ciudad? ¿Será glorioso el destino de esa ciudad y el de la propia reina y su familia? - pregunta con firmeza.

    La Pitonisa arroja un puñado de polvo sobre el brasero. Al instante se eleva una masa de humo blanco y espeso y ella adelanta la cabeza, con los ojos cerrados, para inhalarlo. Su respiración se acelera y se torna jadeante. El aire de la cueva se enrarece. Tras unos minutos de espantoso silencio, retumba en la gruta una voz metálica y profunda, carente de entonación.

    "El principio será el fin. El fin llegará de la misma mano que el fin del principio. Hablarán los siglos. Una será humo y canto. Otra será agua y vino. "

    El sacerdote, para apartar de la vista de Anna a la Pitonisa, cierra las cortinas y todo se vuelve oscuro.




    *Hornos de pan. Pompeya.
    **Detalle de pintura mural. Pompeya.
    ***Detalle de una fuente en la Plaza Navona. Roma.
    ****Hojarasca en Pompeya.
    *****Detalle de la Fuente de las Ninfas. Plaza de la República. Roma.
    ******Detalle del Templo de Portunus. Roma.
    *******Detalle de relieve del Arco dei Argentarii. Roma.
    ********Detalle del interior del Templo de Mitra. Ostia.


    NOTA 1.- Los lectores que deseen leer la historia desde el principio, pueden obtener todos los capítulos seguidos marcando al final del post, en Etiquetas: Dido y Eneas. Salen en orden inverso.

    NOTA 2:
  • LA JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago ha comenzado ya a realizar los primeros preparativos para el gran banquete con que la reina recibirá al troyano Eneas. Quien quiera husmear por la cocina puede hacerlo ya, siempre sin meter el dedo en los platos...

    NOTA 3: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. Para facilitar la comprensión de cada post, se incluye la lista por orden alfabético de personajes. A continuación, entre paréntesis, están los nombres de los amigos bloggeros.
  • ACATES, amigo del alma de Eneas. (Eggy)
  • ACUS, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido. (Acus)
  • AEMILIUS, director de las obras de la muralla de Cartago. (Unjubilado)
  • AMILCAR, timonel de la nave de Dido. (Edem)
  • AMNERIS, la tejedora. (Paula)
  • ANARKASIS, actor. (Anarkasis)
  • ANNA, hermana de la reina Dido. (Bethania)
  • ANQUISES, padre de Eneas. (Juan)
  • ASCANIO, hijo de Eneas. (Ferípula)
  • BARCE, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido. (Leodegundia)
  • CAIUS PERTINAX, un hombre de negocios. (Joaquín)
  • CALIBÁN, un personaje enigmático. (Gonzalo)
  • CARMINIS, pintora de éxito. (Carmen)
  • CIRENE, la viajera troyana, madre del poeta Trailo. (Lady Read)
  • CLAUDIO APOLLIONI , esclavo y pedagogo. (Juanmb)
  • CLOANTO, un troyano. (Rafael p.q.)
  • COPA DE ORO del padre de la reina Dido. (Tony)
  • CRISEA, una vestal. (Krisish)
  • CUPIDO , dios del amor, hijo de la diosa Venus y hermano de Eneas. (Lady Ice)
  • DADA, un personaje de oriente. (Ixchel)
  • DIANA, esposa de Acus y amiga de Dido. (Claullitriche)
  • DINCER, una bailarina oriental, de quien se enamoró el filósofo Filón. Abuela de Jacinta. (Ximena)
  • DEMETRIUS PEDER, un escultor griego. (Pru)
  • EL TIEMPO, el viento y el agua. (Manuel)
  • EOLO, dios de los vientos. (Gloria de Un cajón revuelto)
  • ESPÍRITU invisible, protector de la nave de Dido. (Cieloazzul)
  • FILÓN, un filósofo cínico, hermano de Xilón y abuelo de Jacinta. (Gregorio Luri)
  • GABRIEL, vigía de navío de la reina Dido.(Iralow)
  • ICARUS, lugarteniente y consejero de Eneas. (Javier)
  • IGRES, Un cartógrafo mestizo. (Sergi Bellver)
  • IRIS, mensajera de los dioses. (Fortunata)
  • ISKIAS , amazona, guardaespaldas de Dido y Anna. (Lady Zurikat)
  • JACINTA, artesana de vasijas de arcilla, nieta de filósofo Filón y la bailarina Dincer. (Ontokita)
  • JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago. (Charo Marco)
  • JUNO, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.(Gabu)
    KARO, escribiente de la señora Imilce. (Antonio Portela)
  • KOSTAS, cordelero amigo de Imilce. (Kostas h.)
  • MERCURIO, mensajero de los dioses. (Marelyt)
  • MOOK, perro de la reina Dido. (Movie)
  • MORGANA, una hechicera siria. (Morgana)
  • NÁUFRAGO, náufrago enamoradizo. (Tinta del corazón)
  • NAUSICAA, hija del rey de los feacios. (Nausicaa)
  • NEOPTOLEMO, hijo de Aquiles. (Aquiles)
  • NEPTUNO, dios de los mares. ( Antonia Romero)
  • NISMACIL, guerrera oriental. (Aurefaire)
  • NUERA DE la señora Imilce (Bettina perroni)
  • PALEMON, comerciante griego con productos de oriente. (Adrià Urpì)
  • PALINURO, piloto de la nave de Eneas. (Luis Rivera)
  • PAREPIDEMOS SAMOSATENSE, peregrino. (Charles de Batz)
  • PITONISA de un oráculo. (Badanita)
  • PRINCIPE DEL SENADO, Jefe del Senado de Tiro y luego de Cartago. (Angelusa)
  • SALMA, Esclava oriental, empleada en el alfar de Jacinta. (Gloria de Ojos de miel)
  • SAO, una ninfa. (Irene)
  • SEÑORA IMILCE, impulsora, narradora y corazón de esta historia. (Almena)
  • SERVULO, joven esclavo, copero de la reina Dido. (Felipe Servulo)
  • SIQUEO , sacerdote de Melqart y esposo de Dido. (Pedro (glup))
  • SIRIO, gato de Anna. (Sirio)
  • TEANO, matemática muy reputada. (Miriam g.)
  • TRAILO, poeta troyano e hijo de Cirene la viajera, narrador de parte de esta historia. (Grimalkin el bardo)
  • ULA, amiga de Dido. (Ula)
  • UN GRANADO junto al templo de Juno en Cartago. (Goathemala)
  • UN CANGREJO en cualquier playa. (Cangrejo sedentario)

  • UN GRAN MATORRALaromático a la entrada de una cueva. (Rosa Silverio)
  • UN MALO, malísimo. (El hippie viejo)
  • UNA PIEL DE TORO. (Carlos a. gamboa)
  • UTYKE, sobrina del sacerdote de Hércules. (Nina)
  • VENUS, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas. (Elisa de Cremona)
  • XILÓN, maestro griego, hermano de Filón y cronista de la familia de la reina Dido. (Fernando Sarriá)
  • YARBAS, rey pretendiente de Dido. (Kurtz)
  • ZOE, prostituta con vocación de libertad. (Zoe favole)

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  • viernes, marzo 09, 2007

    DIDO Y ENEAS (XVIII).- Empiezan las negociaciones con el gobierno de Rodas.



    Antes de que los senadores rodios, en respuesta a la invitación de la reina, acudan de visita a su nave, Dido mantiene una conversación con sus consejeros. Han de tratar varios asuntos: valorar qué hacer respecto a los hombres que se han colado en su nave huyendo de la multitud y estudiar bien el mejor modo de tratar a los senadores de Rodas. Debe ganarse su favor para obtener las provisiones y la ayuda que necesita y, al mismo tiempo, desea proteger a los atenienses, si ello fuera posible. Xilón le ha conmovido mucho al hablarle de su padre. Después de tantos meses de vagar por los mares, sin vislumbrar claramente el porvenir y sintiéndose como una fugitiva expatriada, las palabras de ese hombre han sido un revulsivo. Al reconocerla espontáneamente como heredera del trono de Tiro, ha reestablecido el vínculo entre su vida pasada y su situación presente. Dido se siente rearmada moralmente y llena de orgullo.

    - Xilón, como experto en leyes de los distintos pueblos, podría resultarnos de utilidad – dice la reina a su Jefe de Expedición, Acus, y al Príncipe del Senado – .¿Por qué no legislar escogiendo las mejores leyes para regular la vida de nuestra ciudad cuando la fundemos? Intuyo, además, que sería un excelente cronista… Incluso podría indagar sobre mi padre y mis antepasados. Una nueva ciudad debe tener un recuerdo y una raíz con los cuales prestigiarse.

    - Parece buena idea, señora – responde el Príncipe del Senado – Sin embargo, ese otro hombre, el filósofo… Lo que me habéis contado me induce a sospechar que puede ser peligroso.

    - Ocasionará problemas, ¿no es cierto, Acus?, pero también aportará frescura y libertad de pensamiento – responde Dido –. Si somos tolerantes, se nos unirán más filósofos que se sientan en riesgo en otras ciudades… Los sabios atraen alumnos, y los alumnos llevan tras de sí una legión de criados… Ganar fama es lo que más conviene al crecimiento de una ciudad y a su comercio.

    - Y hasta al esclavo, Claudio Apollioni, podríamos sacarle partido – añade Acus –. Por lo visto es pedagogo y bien saben los dioses cuánto necesitamos uno. ¡Toda nuestra chiquillería se pasa el tiempo jugando y sin ningún provecho!

    - Proteger a esos hombres puede ser incompatible con la amistad y benevolencia de los rodios – advierte el Príncipe del Senado.

    - Por mi parte – dice la reina – creo que debemos defenderlos todo lo posible y ceder únicamente en el caso de que pudiera salir perjudicado nuestro pueblo. Quiero exponeros las ideas generales de un plan que se me ha ocurrido. Debemos asustar a los senadores rodios…
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    ----
    La nave de la reina está bellamente adornada. Entre el mástil y la proa han tendido un toldo improvisado con telas finas de diversos colores para matizar la luz en unos sitios y encenderla en otros. El lugar que ocupará la reina está respaldado por un dosel de color púrpura y de la misma tela se ha cubierto su escabel y las mesitas en las cuales se servirá un refrigerio. Ula, Morgana y otras jóvenes han bajado a tierra bien escoltadas y recogido ramas de olivo y gran cantidad de plantas olorosas. Con ellas han confeccionado guirnaldas y las han colgado en la borda. Han arrojado al suelo, desmenuzadas, ramitas de tomillo, romero, manzanilla y otras semejantes que no conocían pero huelen deliciosamente, formando así una alfombra fresca y verde. En el puerto han adquirido frutas para exprimir sus jugos, tortas y algunos dulces. Sérvulo, el copero de la reina, se ha encargado de seleccionar el vino y establecer la proporción adecuada de agua para la mezcla.

    Hechas las presentaciones, pronunciadas la bienvenidas y cumplidos todos los protocolos adecuados al caso, la reina Dido, sus consejeros y sus invitados se sientan bajo el toldo. Los rodios no disimulan su admiración hacia la reina y el encanto de tal recibimiento, aunque se nota en ellos cierta tensión. Al fin la reina, tras ofrecer un brindis con la copa de oro de su padre, muestra una amplia sonrisa y aborda sin más rodeos el tema de esta reunión.

    - Os estaréis preguntando, nobles señores, qué razón nos ha traído a Rodas. En realidad, son dos: una de ellas, buscar al cartógrafo Igres que, según nos han informado, se halla trabajando en estas costas por encargo vuestro. El otro, aprovisionarnos de cereales, carne seca, galletas, vino y algunas herramientas.

    - Antes de tratar esos asuntos, noble reina, nos gustaría saber qué ocurre con esos hombres a los que habéis protegido … - dice el Senador más anciano.

    - ¡Disculpad mi torpeza! Debí deciros antes que os los devolveré enseguida. De ningún modo querría crearos problemas por esa causa. Los hice trasladar de inmediato a otra nave, fuera del puerto, para evitar que huyeran.

    - Debemos añadir – señala Acus – que la reina, al darles su amparo, corrió un gran riesgo, pues quedó expuesta a las iras de la multitud.

    - Fue una reacción impulsiva por mi parte – añade Dido con expresión contrita mientras recorre con sus hermosos ojos los rostros de los senadores rodios buscando su comprensión – Los fenicios somos gente de orden. Y supuse, quizá erróneamente, que no os gustaría que la ira popular menoscabara vuestra autoridad. Entiendo que sólo vosotros tenéis legitimidad para castigar a esos hombres.

    - Habéis hecho bien, señora, y os quedamos agradecidos – dice el anciano senador, francamente aliviado –. Nos habría resultado muy difícil explicar a la ciudad de Atenas la muerte de dos ciudadanos suyos a manos de la población de Rodas.

    - ¿Son ciudadanos de Atenas? – pregunta el Príncipe del Senado, con expresión de alarma. Al cabo de un instante se inclina hacia la reina y finge hacerle una confidencia, aunque con voz suficientemente alta como para que le oigan los senadores de Rodas – ¡Entrégaselos enseguida, mi reina! Cierra el negocio de los suministros y vayámonos cuanto antes. Piensa que si el gobierno de Rodas no castiga a esos hombres habrá una revuelta ciudadana, y si los castigan… ¡No querría estar en la piel de estos senadores y tener que vérmelas con Atenas!

    - Bien, nobles señores – dice la reina levantando su copa a modo de brindis y sonriendo a sus invitados, cuyos rostros han palidecido –. Antes de acabar esta velada estarán en vuestro poder esos atenienses. Considerad el asunto resuelto. En cuanto al cartógrafo y a las provisiones…

    Los invitados rodios se miran con desconcierto. Las confidencias que han oído han hecho mella en su ánimo y les hace removerse inquietos. Inclinan sus cabezas para hablar entre sí e intercambian algunas opiniones. La idea de los conflictos que se les avecinan les aterra. Quizá no les convenga en absoluto que les entreguen a los atenienses. Al menos, hasta que se les ocurra alguna salida. El senador anciano toma de nuevo la palabra.

    - Nos gustaría complacer todas tus peticiones, noble reina – dice –. Sin embargo. los recientes tumultos, cuya gravedad has visto con tus propios ojos, lo dificultan. Hablar ahora de cereales en esta ciudad es prender la tea de un incendio. Y mucho me temo que en cuanto pisen de nuevo Rodas esos atenienses, se recrudezca el conflicto…

    - Señores – interviene Acus – Habéis reconocido hace un momento que la intervención de la reina al proteger a esos hombres resultó favorable para Rodas. Y esto ¿ha de redundar en nuestro perjuicio? ¿Habremos de zarpar sin provisiones y sin el cartógrafo Igres en cuyo trabajo confiábamos para fundar una nueva ciudad? En tal caso, os ruego que apuréis vuestras copas y regreséis a vuestras casas – y girando su vista hacia la reina Dido, añade: - Señora, antes de que caiga el sol hemos de desembarcar a los atenienses y su esclavo y aprestarnos para partir antes del alba. Apenas contamos con provisiones y, si no queremos morir de hambre antes de alcanzar otro puerto, no debemos perder tiempo.



    Los rodios quedan mudos ante este reproche y la perspectiva de tener bajo su responsabilidad a los atenienses. El desasosiego se refleja en sus rostros. Reacciona de nuevo el más anciano.

    - Nadie ha podido afirmar nunca, ¡Oh noble reina!, que los rodios seamos desagradecidos. Dadnos un poco de tiempo. Lo necesitamos para traer hasta aquí al cartógrafo por quien estás tan interesada y para preparar con discreción esos suministros. Como garantía de nuestra palabra, retened con vosotros a los atenienses hasta que hayamos cumplido. Ved si es grande nuestra confianza.

    - No sé que responderte, noble señor – dice la reina, con gesto dubitativo –. Ni siquiera hemos hablado de precios...

    - ¡No debéis preocuparos por un detalle tan insignificante…!

    * Detalle de un sarcófago. Museo Termas de Diocleciano.

    **Detalle de cabeza femenina. Pompeya

    ***Guirnalda de laurel. Santa Agnese fuori le mura. Roma.

    ****Detalle de mosaico. Museo Massimo alle Terme.

    *****Detalle de pintura mural. La Farnesina. Roma.

    ******Figura femenina. Museo Termas de Diocleciano.

    *******Detalle de grupo escultórico. Museo Massimo alle Terme.

    ********Reflejo en un estanque de Villa Doria-Pamphili. Roma.

    NOTA:

  • JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago, ha comenzado ya a realizar los primeros preparativos para el gran banquete con que la reina recibirá al troyano Eneas. Quien quiera husmear por la cocina puede hacerlo ya, siempre sin meter el dedo en los platos...

    NOTA: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. Para facilitar la comprensión de cada post, se incluye la lista por orden alfabético de personajes. A continuación, entre paréntesis, están los nombres de los amigos bloggeros.

  • ACATES, amigo del alma de Eneas. (Eggy)
  • ACUS, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido. (Acus)
  • AEMILIUS, director de las obras de la muralla de Cartago. (Unjubilado)
  • AMILCAR, timonel de la nave de Dido. (Edem)
  • AMNERIS, la tejedora. (Paula)
  • ANARKASIS, actor. (Anarkasis)
  • ANNA, hermana de la reina Dido. (Bethania)
  • ANQUISES, padre de Eneas. (Juan)
  • ASCANIO, hijo de Eneas. (Ferípula)
  • BARCE, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido. (Leodegundia)
  • CAIUS PERTINAX, un hombre de negocios. (Joaquín)
  • CALIBÁN, un personaje enigmático. (Gonzalo)
  • CARMINIS, pintora de éxito. (Carmen)
  • CIRENE, la viajera troyana, madre del poeta Trailo. (Lady Read)
  • CLAUDIO APOLLIONI , esclavo y pedagogo. (Juanmb)
  • CLOANTO, un troyano. (Rafael p.q.)
  • COPA DE ORO del padre de la reina Dido. (Tony)
  • CRISEA, una vestal. (Krisish)
  • CUPIDO , dios del amor, hijo de la diosa Venus y hermano de Eneas. (Lady Ice)
  • DADA, un personaje de oriente. (Ixchel)
  • DIANA, esposa de Acus y amiga de Dido. (Claullitriche)
  • DINCER, una bailarina oriental. (Ximena)
  • DEMETRIUS PEDER, un escultor griego. (Pru)
  • EL TIEMPO, el viento y el agua. (Manuel)
  • EOLO, dios de los vientos. (Gloria de Un cajón revuelto)
  • ESPÍRITU invisible, protector de la nave de Dido. (Cieloazzul)
  • FILÓN, un filósofo cínico, hermano de Xilón y abuelo de Jacinta. (Gregorio Luri)
  • GABRIEL, vigía de navío de la reina Dido.(Iralow)
  • ICARUS, lugarteniente y consejero de Eneas. (Javier)
  • IGRES, Un cartógrafo mestizo. (Sergi Bellver)
  • IRIS, mensajera de los dioses. (Fortunata)
  • ISKIAS , amazona, guardaespaldas de Dido y Anna. (Lady Zurikat)
  • JACINTA, artesana de vasijas de arcilla, nieta de filósofo Filón. (Ontokita)
  • JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago. (Charo Marco)
  • JUNO, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.(Gabu)
    KARO, escribiente de la señora Imilce. (Antonio Portela)
  • KOSTAS, cordelero amigo de Imilce. (Kostas h.)
  • MERCURIO, mensajero de los dioses. (Marelyt)
  • MOOK, perro de la reina Dido. (Movie)
  • MORGANA, una hechicera siria. (Morgana)
  • NÁUFRAGO, náufrago enamoradizo. (Tinta del corazón)
  • NAUSICAA, hija del rey de los feacios. (Nausicaa)
  • NEOPTOLEMO, hijo de Aquiles. (Aquiles)
  • NEPTUNO, dios de los mares. ( Antonia Romero)
  • NISMACIL, guerrera oriental. (Aurefaire)
  • NUERA DE la señora Imilce (Bettina perroni)
  • PALEMON, comerciante griego con productos de oriente. (Adrià Urpì)
  • PALINURO, piloto de la nave de Eneas. (Luis Rivera)
  • PAREPIDEMOS SAMOSATENSE, peregrino. (Charles de Batz)
  • PITONISA de un oráculo. (Badanita)
  • PRINCIPE DEL SENADO, Jefe del Senado de Tiro y luego de Cartago. (Angelusa)
  • SALMA, Esclava oriental. (Gloria de Ojos de miel)
  • SAO, una ninfa. (Irene)
  • SEÑORA IMILCE, impulsora, narradora y corazón de esta historia. (Almena)
  • SERVULO, joven esclavo, copero de la reina Dido. (Felipe Servulo)
  • SIQUEO , sacerdote de Melqart y esposo de Dido. (Pedro (glup))
  • SIRIO, gato de Anna. (Sirio)
  • TEANO, matemática muy reputada. (Miriam g.)
  • TRAILO, poeta troyano e hijo de Cirene la viajera, narrador de parte de esta historia. (Grimalkin el bardo)
  • ULA, amiga de Dido. (Ula)
  • UN ARBOL un tanto especial. (Goathemala)
    UN CANGREJO en cualquier playa. (Cangrejo sedentario)
  • UN GRAN MATORRALaromático a la entrada de una cueva. (Rosa Silverio)
  • UN MALO, malísimo. (El hippie viejo)
  • UNA PIEL DE TORO. (Carlos a. gamboa)
  • UTYKE, sobrina del sacerdote de Hércules. (Nina)
  • VENUS, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas. (Elisa de Cremona)
  • XILÓN, maestro griego, hermano de Filón y cronista de la familia de la reina Dido. (Fernando Sarriá)
  • YARBAS, rey pretendiente de Dido. (Kurtz)
  • ZOE, prostituta con vocación de libertad. (Zoe favole)


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  • martes, marzo 06, 2007

    DIDO Y ENEAS (XVII).- Una situación difícil.



    En el puerto de Rodas, quienes apenas unos momentos antes gritaban enfurecidos se calman ante la presencia de la reina Dido. El sol arranca brillos de oro a los cabellos de la reina, más resplandecientes que una corona real. Los soldados que habían ido a reclamar la entrega de los tres fugitivos aceptan su respuesta con una ligera inclinación de cabeza y se marchan a transmitir al Senado su invitación a visitarla. Dido permanece todavía durante unos instantes junto a la borda y luego se retira de la vista del público con la misma majestad.

    A fin de no crear alarma en las ciudades ni poner en peligro a su propia gente, la reina Dido tenía por costumbre recalar en los puertos con su nave, dejando al abrigo de los vientos, pero fuera del puerto, al resto de la flota. Después de darse a conocer y verificada la ausencia de peligro, entraban a puerto el resto de sus naves. Ahora ordena a su Jefe de Expedición, el noble Acus, hacer las señales pertinentes para llamar a su lado únicamente a la nave del Príncipe del Senado. Le conviene ser prudente y, al mismo tiempo, reforzar su autoridad y prestigio ante los senadores de Rodas con el respaldo de aquel experimentado anciano.

    Se despoja del manto púrpura, se lo entrega a Barce y le da instrucciones sobre el vestuario y aderezo que quiere lucir en la recepción de esta tarde. A las demás damas, las insta a realizar los preparativos para recibir a las autoridades de Rodas de manera que resulte digna y agradable, dentro de las limitaciones que impone su situación. Concluido todo esto, se sienta en un escabel y pide a los atenienses que se expliquen.

    - Bien, Xilón y Filón de Atenas, os escucho.

    - A mí llámame Filón a secas – dice el hombre desnudo –. No pertenezco a ningún sitio ni creo que ningún lugar me pertenezca. No me atan las fronteras ni las leyes. Tampoco me atarán las tuyas, te lo advierto.

    - Los límites de mi reino son el agua y el cielo – responde Dido con una sonrisa. – Puedes traspasarlos siempre que quieras.

    - ¿Significa eso, mi reina, que careces de un territorio? – pregunta Xilón – Acabo de oir que te llamas Dido y eres fenicia. ¿No es tu padre el rey de Tiro? ¿No eres tú su heredera?

    La reina queda perpleja ante tales preguntas. Le parece imposible que la conozcan en un lugar tan distante de su propia tierra, alejado, además, de las rutas del comercio fenicio. Y más allá del asombro, un dolor muy profundo le golpea en el pecho, poniendo su corazón en carne viva. El color huye de su rostro. Han bastado unas cuantas palabras pronunciadas por un desconocido para que se reabrieran con violencia sus heridas. El haberse visto impelida a renunciar a su herencia para evitar la guerra, el asesinato brutal de su marido, la huida llena de penalidades y peligros a través de los mares y la inseguridad de hallar alguna vez descanso se le presentan de golpe y con todo su dramatismo. Cierra los ojos y los tres desconocidos se percatan de cuán grande es su emoción. En el poco tiempo que ha trascurrido desde que la conocen, han visto en ella fortaleza, decisión y piedad. Y ahora vislumbran la otra cara de la moneda: fragilidad e incertidumbre. Una corriente de simpatía los sacude. Cuando Dido abre de nuevo los ojos y los mira, se ha producido una transformación: ellos muestran una actitud de mayor respeto y reverencia, y para ella esos hombres han dejado de ser unos extraños.

    - ¿Cómo sabes eso? – pregunta la reina a Xilón, con una mezcla de curiosidad y pesar en la mirada.

    - Desde mi juventud, me dedico al estudio de las distintas formas de gobierno y de las leyes que rigen cada pueblo. Visité Tiro hace bastantes años y tuve el honor de ser presentado a tu padre, un monarca poco común de quien pareces ser fiel reflejo, mi reina – responde Xilón. Dido hace un gesto de asentimiento con la cabeza y aguarda a que él continúe.

    - Hace aproximadamente un año – prosigue Xilón – el Senado de Rodas solicitó a la ciudad de Atenas ayuda para fundar un santuario al dios Apolo. Necesitaban un sacerdote con experiencia en los ritos y capacidad para formar a otros, una pitonisa que interpretase el oráculo y expertos en construcción a fin de erigir el templo según los cánones atenienses. Atenas decidió prestar esa ayuda y preparó una expedición oficial. Dado que mi hermano Filón, a causa de sus ideas y su forma de vida se había granjeado algunos enemigos en Atenas, me pareció que era una buena oportunidad para poner el mar por medio y seguir avanzando en mis estudios. Solicité y nos fue concedido formar parte de esa expedición.

    - No es mi forma de vida la que me ha granjeado enemigos – interrumpe Filón – sino la cortedad de miras de los atenienses. Un atajo de borregos, eso es lo que son.

    - Se fijó un plazo de un año para que hiciera sus trabajos la expedición– prosigue Xilón como si no hubiese oído a su hermano –. Llegamos a Rodas la primavera pasada y hasta la próxima no regresará a por nosotros la nave ateniense que nos trajo.

    -¿Significa esto que os halláis aquí en misión oficial? – interviene la reina – ¿Os respalda el gobierno de Atenas?

    - Así es, señora.

    -¿Qué habéis hecho, entonces, para merecer las iras de los habitantes de esta ciudad hasta el punto de olvidar que sois enviados extranjeros y gozáis por ello de una protección especial? – se asombra Dido.

    - A esa pregunta te respondo yo – dice Filón apoyando los codos sobre sus rodillas e inclinándose hacia la reina – Esto es lo que he hecho: abrir los ojos a los jóvenes rodios. Son menos zoquetes que los atenienses… Me instalé debajo de una higuera y desde entonces les he dado ejemplo de vida. ¿Se visten los animales? ¿No comen los alimentos que encuentran a su alcance y sólo cuando sus estómagos lo exigen? ¿Y pagan algo por ello? ¿Tienen las aves un casero que les reclame dinero por instalar en una rama su nido?


    - Según tú, ¿sólo debemos sujetarnos a las leyes de la naturaleza? – pregunta Dido.

    - Y a las de nuestra propia virtud, señora. Soy un hombre con pocas necesidades y libre de toda pasión. Así deberíamos ser todos: es lo que trato de enseñar. ¿Sabes que en Rodas el precio de los cereales se ha multiplicado por diez porque no llegan naves con suministros y unos cuantos desaprensivos acapararon las reservas y ahora los venden a precio de oro? Un sistema que permite comer sólo a los ricos ¿merece, en tu opinión, alguna clase de alabanza? Por mi parte, lo repudio de plano – dice tumbándose en el suelo como si diera por zanjada la conversación.

    - En los últimos días, mi hermano ha disertado sobre lo que él llama la arbitrariedad e injusticia de los intercambios comerciales – dice Xilón retomando la palabra. – Hasta que hoy ha estallado un tumulto.


    - ¡Los jóvenes han respondido con mucha decisión! – dice Filón sentándose de nuevo con un salto – Se han dirigido al mercado y en un abrir y cerrar de ojos han agujereado las balanzas, derribado los tenderetes e invitado a todo el mundo a asaltar los almacenes… Y los campesinos y los desgraciados, en vez de ir a por los cereales, ¡han venido a por mi…! ¿Qué te parece? El mundo entero ha enloquecido, señora, te lo aseguro yo que lo conozco bien.

    - De modo que has conseguido irritar a todos los rodios, sin excepción – dice la reina Dido – Una situación muy difícil también para mí, sois conscientes de ello. Necesito descanso, agua y provisiones en abundancia para mis naves. Y pueden negármelo todo por el hecho de protegeros… He de reflexionar. De momento, os trasladaremos a otra nave para evitar encontraros frente a frente con los senadores que vendrán a visitarme. Pero no os hagáis ilusiones: dudo que os pueda ayudar.



    * Tíber en Roma;

    ** Detalle de cabeza de varón. Museo Massimo alle Terme.

    ***Detalle de cabeza femenina. Museos Capitolinos.

    ****Detalle de cabeza de varón. Museo Massimo alle Terme

    *****Detalle de relieve. Iglesia de San Pietro in Montorio. Roma.

    ******Detalle de relieve en urna cineraria. Museo Termas de Diocleciano.

    *******Detalle de relieve. Museos Capitolinos.

    NOTA: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. Para facilitar la comprensión de cada post, se incluye la lista por orden alfabético de personajes. A continuación, entre paréntesis, están los nombres de los amigos bloggeros.

  • ACATES, amigo del alma de Eneas. (Eggy)
  • ACUS, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido. (Acus)
  • AEMILIUS, director de las obras de la muralla de Cartago. (Unjubilado)
  • AMILCAR, timonel de la nave de Dido. (Edem)
  • AMNERIS, la tejedora. (Paula)
  • ANARKASIS, actor. (Anarkasis)
  • ANNA, hermana de la reina Dido. (Bethania)
  • ANQUISES, padre de Eneas. (Juan)
  • ASCANIO, hijo de Eneas. (Ferípula)
  • BARCE, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido. (Leodegundia)
  • CAIUS PERTINAX, un hombre de negocios. (Joaquín)
  • CALIBÁN, un personaje enigmático. (Gonzalo)
  • CARMINIS, pintora de éxito. (Carmen)
  • CIRENE, la viajera troyana, madre del poeta Trailo. (Lady Read)
  • CLAUDIO APOLLIONI , esclavo y pedagogo. (Juanmb)
  • CLOANTO, un troyano. (Rafael p.q.)
  • COPA DE ORO del padre de la reina Dido. (Tony)
  • CRISEA, una vestal. (Krisish)
  • CUPIDO , dios del amor, hijo de la diosa Venus y hermano de Eneas. (Lady Ice)
  • DADA, un personaje de oriente. (Ixchel)
  • DIANA, esposa de Acus y amiga de Dido. (Claullitriche)
  • DINCER, una bailarina oriental. (Ximena)
  • DEMETRIUS PEDER, un escultor griego. (Pru)
  • EL TIEMPO, el viento y el agua. (Manuel)
  • EOLO, dios de los vientos. (Gloria de Un cajón revuelto)
  • ESPÍRITU invisible, protector de la nave de Dido. (Cieloazzul)
  • FILÓN, un filósofo cínico, hermano de Xilón y abuelo de Jacinta. (Gregorio Luri)
  • GABRIEL, vigía de navío de la reina Dido.(Iralow)
  • ICARUS, lugarteniente y consejero de Eneas. (Javier)
  • IGRES, Un cartógrafo mestizo. (Sergi Bellver)
  • IRIS, mensajera de los dioses. (Fortunata)
  • ISKIAS , amazona, guardaespaldas de Dido y Anna. (Lady Zurikat)
  • JACINTA, artesana de vasijas de arcilla, nieta de filósofo Filón. (Ontokita)
  • JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago. (Charo Marco)
  • JUNO, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.(Gabu)
    KARO, escribiente de la señora Imilce. (Antonio Portela)
  • KOSTAS, cordelero amigo de Imilce. (Kostas h.)
  • MERCURIO, mensajero de los dioses. (Marelyt)
  • MOOK, perro de la reina Dido. (Movie)
  • MORGANA, una hechicera siria. (Morgana)
  • NÁUFRAGO, náufrago enamoradizo. (Tinta del corazón)
  • NAUSICAA, hija del rey de los feacios. (Nausicaa)
  • NEOPTOLEMO, hijo de Aquiles. (Aquiles)
  • NEPTUNO, dios de los mares. ( Antonia Romero)
  • NISMACIL, guerrera oriental. (Aurefaire)
  • NUERA DE la señora Imilce (Bettina perroni)
  • PALEMON, comerciante griego con productos de oriente. (Adrià Urpì)
  • PALINURO, piloto de la nave de Eneas. (Luis Rivera)
  • PAREPIDEMOS SAMOSATENSE, peregrino. (Charles de Batz)
  • PITONISA de un oráculo. (Badanita)
  • PRINCIPE DEL SENADO, Jefe del Senado de Tiro y luego de Cartago. (Angelusa)
  • SALMA, Esclava oriental. (Gloria de Ojos de miel)
  • SAO, una ninfa. (Irene)
  • SEÑORA IMILCE, impulsora, narradora y corazón de esta historia. (Almena)
  • SERVULO, joven esclavo, copero de la reina Dido. (Felipe Servulo)
  • SIQUEO , sacerdote de Melqart y esposo de Dido. (Pedro (glup))
  • SIRIO, gato de Anna. (Sirio)
  • TEANO, matemática muy reputada. (Miriam g.)
  • TRAILO, poeta troyano e hijo de Cirene la viajera, narrador de parte de esta historia. (Grimalkin el bardo)
  • ULA, amiga de Dido. (Ula)
  • UN ARBOL un tanto especial. (Goathemala)
    UN CANGREJO en cualquier playa. (Cangrejo sedentario)
  • UN GRAN MATORRALaromático a la entrada de una cueva. (Rosa Silverio)
  • UN MALO, malísimo. (El hippie viejo)
  • UNA PIEL DE TORO. (Carlos a. gamboa)
  • UTYKE, sobrina del sacerdote de Hércules. (Nina)
  • VENUS, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas. (Elisa de Cremona)
  • XILÓN, maestro griego, hermano de Filón y cronista de la familia de la reina Dido. (Fernando Sarriá)
  • YARBAS, rey pretendiente de Dido. (Kurtz)
  • ZOE, prostituta con vocación de libertad. (Zoe favole)


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  • viernes, marzo 02, 2007

    DIDO Y ENEAS (XVI).- Un encuentro poco ordinario.




    - ¡Bonita aparición hizo tu abuelo en el puerto de Rodas, Jacinta! – le digo con ironía mientras nos tomamos una infusión de hierbas aromáticas en el patio de su alfar, donde me ha invitado a sentarme entre decenas de vasijas de barro que se amontonan al sol en espera de ser decoradas. Karo se ha escabullido al interior del taller y estamos las dos solas, con nuestras tazas humeantes. Ella sonríe. Jacinta ha aceptado mi propuesta de unirse a esta tarea de reconstruir la vida de la reina Dido. Es más joven que mi nuera, pero posee una buena colección de recuerdos familiares y mucho sentido del humor. Su madre tenía fama de reírse hasta de su sombra y solía decir, con mucha guasa, que era hija de una contradicción. ¡Cuánto me hubiera gustado que viviese, para escuchar sus recuerdos por su propia boca…! Pero Jacinta me será de mucha ayuda.
    - Sabes que no conocí a mi abuelo, señora Imilce, pero mi madre me hablaba tanto de él, que me lo puedo imaginar fácilmente. Según ella, él nunca captó el aspecto hilarante de su encuentro con la reina.

    - No es fácil reírse mientras se es perseguido por una turba enfurecida que no deja de lanzarte piedras… – le hago notar

    - ¡Y sin llevar siquiera un taparrabos…!

    - Por lo visto, causó una gran impresión entre las mujeres de la nave y aunque Barce hizo todo lo posible para que mantuviesen una apariencia de respetabilidad, las jóvenes no podían contener la risa. Cuando pasó el susto, claro.

    Jacinta se queda pensativa y yo también. Filón no era precisamente un jovencito. Según Barce, tenía el pecho peludo y una barba muy descuidada. Al correr se le movía de un lado a otro la musculatura blanducha y blanquecina y todo lo demás que les cuelga a los hombres… Me lo figuro con esa facha saltando como un gato escaldado para subir a la nave de Dido y no puedo evitar una sonrisa. Su nieta debe pensar lo mismo, porque de pronto, las dos nos echamos a reír.

    - La reina Dido le tuvo siempre un gran aprecio. Nadie se explicaba bien la causa, porque mira que era un hombre raro…– le digo retomando la seriedad y la conversación – Sin embargo, había algo en él, en su disconformidad permanente con el orden del mundo, que atraía a la reina. Y también, según Barce, Dido admiraba la lealtad que se profesaban mutuamente él y su hermano Xilón. Y luego estaba su esclavo, Claudio Apollioni…

    - ¿Sabes, señora Imilce? Creo que me va a gustar trabajar contigo.

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    - ¿A quién se le ocurre poner aquí una nave? – grita el hombrecillo que ha saltado desnudo a la embarcación de Dido, apenas logra ponerse en pie en la cubierta – ¡Podría haberme matado al intentar subir!

    Más allá del sobresalto que ha supuesto a los fenicios el ser recibidos por una lluvia de piedras y el verse abordados por un sujeto tan extraño, sus palabras causan estupor. La reina enarca las cejas.

    - ¿Preferías caer al agua? ¡Adelante, por nosotras puedes saltar! – le responde señalando con la mano el otro costado del barco.

    - No es mi costumbre obedecer, señora. Me lo pidas como me lo pidas, no saltaré.

    - No te he dado una orden. Al contrario, te he autorizado a hacer tu voluntad. Ni te he invitado a subir a mi nave, ni te retengo.

    - Bien, me quedo entonces – responde el hombrecillo. Y se sienta tranquilamente en el suelo a contemplar cómo los remeros ayudan a subir a los otros dos hombres que corrían con él y se habían lanzado al agua. Habían conseguido agarrarse a los remos y ahora los estaban izando. Llevan los vestidos chorreantes, están exhaustos. Es evidente que no saben nadar. Tumbados en la cubierta, tratan de recuperar el aliento. El hombrecillo se ríe y no parece molesto por su propia desnudez ni por hallarse bajo las miradas de tantas mujeres.

    Uno de los rescatados del agua se yergue y de una rápida ojeada se percata de la situación. Identifica a la persona más importante y se dirige a ella.

    - Señora – dice mirando a la reina Dido – te agradecemos tu ayuda. Mi nombre es Xilón de Atenas y aquel es mi hermano Filón – dice señalando al hombrecillo desnudo – . Ese otro es mi esclavo, Claudio Apollioni. En nombre de todos te pido protección y asilo.

    La reina observa sus ojos oscuros y serios durante unos momentos. Los rasgos de su cara son muy parecidos a los del hombrecillo, pero hay en ellos una firmeza y serenidad de las que aquel carece. Pese a estar empapado y tener un aspecto lastimoso, toda su persona inspira confianza. Con todo, la reina reflexiona su respuesta. Estos hombres la han colocado en una posición muy comprometida. Ella es extranjera en esta ciudad, desconoce sus leyes y sus costumbres, no sabe si esta acción podría granjearle la enemistad de sus habitantes.

    Sin embargo, no olvida que es reina y su propio honor está en juego. Si se deja asustar porque una chusma haya arrojado piedras contra su nave o no ejerce su derecho a dar protección a quien desee, ¿no se verá su autoridad cuestionada incluso entre su propia gente? ¿Qué respeto podría esperar de las autoridades de esta ciudad? Y, por otra parte, se encuentra con una baza inesperada en sus manos: eventualmente podría negociar la entrega de estos hombres.

    - Te haré una propuesta, Xilón de Atenas – responde al fin la reina – . No os conozco y no sé qué clase de personas sois. Estoy dispuesta a daros asilo sólo temporalmente y bajo una condición: quiero que me expliques la causa del ataque que habéis sufrido. Si considero que ha sido injusto, mantendré mi protección. En caso contrario, os entregaré a las autoridades de Rodas.

    - ¡Ja! – exclama el hombrecillo desnudo – . Hablas como todos, s-e-ñ-o-r-a… No pienso saltar al agua, si es eso lo que piensas, ni ahora ni mañana por la mañana.

    - Aceptamos tus condiciones, señora – se apresura a responder Xilón – Y te ruego que disculpes a mi hermano. Es un filósofo ¿sabes?, y está desarrollando nuevas ideas. No nos es dado a todos comprenderlo.

    La reina Dido hace un gesto afirmativo con la cabeza y ordena avisar a Acus.


    Desde el primer atisbo de peligro, Acus había formado una barrera de escudos a lo largo del costado de la nave ceñido al puerto. Detrás de ella están protegidas la reina y las demás mujeres, junto con estos hombres que han irrumpido de tal modo en su nave y en sus planes. La multitud en el puerto sigue vociferante, pero ha dejado de tirar piedras. Su objetivo no era la nave, desde luego, sino esos tres individuos. Y, a gritos, exigen que devuelvan a esos desvergonzados a tierra.

    Siguiendo las instrucciones de la reina, Acus vuelve a acercarse a la borda y hace que un par de soldados aparten sus escudos para asomarse al puerto.

    - Esta es la nave de la reina Dido, de estirpe fenicia – grita a la multitud –. No somos enemigos vuestros. Sin embargo, los hombres que perseguíais han pedido el amparo de la reina y ella no puede negárselo. Solicito hablar con vuestro rey.

    - Aquí no tenemos reyes – grita una voz –. No nos gustan.

    El gentío vuelve a manifestar su enfado. Gritos, puños cerrados alzándose en dirección al barco. Dos filas de soldados armados se abren paso entre la multitud y se detienen delante de la nave.

    - Requerimos la entrega de esos hombres por orden del Senado – grita el oficial al frente.

    - La reina Dido quedará muy complacida si los cinco senadores más importantes la honran visitándola esta tarde en su propia nave – responde la reina dejándose ver, de pronto, junto a la borda. Su belleza y prestancia al aparecer ataviada con su manto púrpura causa la admiración de toda la concurrencia.



    * Detalle de pintura mural. Museo Massimo alle Terme.
    **Figura femenina. Museo Altemps.
    ***Río Tíber a su paso por Roma
    ****Detalle del dios Esculapio. Museo Altemps.
    *****Figura masculina. Piazza del Popolo.
    ******Detalle de relieve. Piazza del Popolo.
    *******Detalle de figura femenina. Piazza del Popolo.
    ********Detalle de relieve. Museo Termas de Diocleciano.

    NOTA: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. Para facilitar la comprensión de cada post, se incluye la lista por orden alfabético de personajes. A continuación, entre paréntesis, están los nombres de los amigos bloggeros.

  • ACATES, amigo del alma de Eneas. (Eggy)
  • ACUS, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido. (Acus)
  • AEMILIUS, director de las obras de la muralla de Cartago. (Unjubilado)
  • AMILCAR, timonel de la nave de Dido. (Edem)
  • AMNERIS, la tejedora. (Paula)
  • ANARKASIS, actor. (Anarkasis)
  • ANNA, hermana de la reina Dido. (Bethania)
  • ANQUISES, padre de Eneas. (Juan)
  • ASCANIO, hijo de Eneas. (Ferípula)
  • BARCE, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido. (Leodegundia)
  • CAIUS PERTINAX, un hombre de negocios. (Joaquín)
  • CALIBÁN, un personaje enigmático. (Gonzalo)
  • CARMINIS, pintora de éxito. (Carmen)
  • CIRENE, la viajera troyana, madre del poeta Trailo. (Lady Read)
  • CLAUDIO APOLLIONI , esclavo y pedagogo. (Juanmb)
  • CLOANTO, un troyano. (Rafael p.q.)
  • COPA DE ORO del padre de la reina Dido. (Tony)
  • CRISEA, una vestal. (Krisish)
  • CUPIDO , dios del amor, hijo de la diosa Venus y hermano de Eneas. (Lady Ice)
  • DADA, un personaje de oriente. (Ixchel)
  • DIANA, esposa de Acus y amiga de Dido. (Claullitriche)
  • DINCER, una bailarina oriental. (Ximena)
  • DEMETRIUS PEDER, un escultor griego. (Pru)
  • EL TIEMPO, el viento y el agua. (Manuel)
  • EOLO, dios de los vientos. (Gloria de Un cajón revuelto)
  • ESPÍRITU invisible, protector de la nave de Dido. (Cieloazzul)
  • FILÓN, un filósofo cínico, hermano de Xilón y abuelo de Jacinta. (Gregorio Luri)
  • GABRIEL, vigía de navío de la reina Dido.(Iralow)
  • ICARUS, lugarteniente y consejero de Eneas. (Javier)
  • IGRES, Un cartógrafo mestizo. (Sergi Bellver)
  • IRIS, mensajera de los dioses. (Fortunata)
  • ISKIAS , amazona, guardaespaldas de Dido y Anna. (Lady Zurikat)
  • JACINTA, artesana de vasijas de arcilla, nieta de filósofo Filón. (Ontokita)
  • JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago. (Charo Marco)
  • JUNO, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.(Gabu)
    KARO, escribiente de la señora Imilce. (Antonio Portela)
  • KOSTAS, cordelero amigo de Imilce. (Kostas h.)
  • MERCURIO, mensajero de los dioses. (Marelyt)
  • MOOK, perro de la reina Dido. (Movie)
  • MORGANA, una hechicera siria. (Morgana)
  • NÁUFRAGO, náufrago enamoradizo. (Tinta del corazón)
  • NAUSICAA, hija del rey de los feacios. (Nausicaa)
  • NEOPTOLEMO, hijo de Aquiles. (Aquiles)
  • NEPTUNO, dios de los mares. ( Antonia Romero)
  • NISMACIL, guerrera oriental. (Aurefaire)
  • NUERA DE la señora Imilce (Bettina perroni)
  • PALEMON, comerciante griego con productos de oriente. (Adrià Urpì)
  • PALINURO, piloto de la nave de Eneas. (Luis Rivera)
  • PAREPIDEMOS SAMOSATENSE, peregrino. (Charles de Batz)
  • PITONISA de un oráculo. (Badanita)
  • PRINCIPE DEL SENADO, Jefe del Senado de Tiro y luego de Cartago. (Angelusa)
  • SALMA, Esclava oriental. (Gloria de Ojos de miel)
  • SAO, una ninfa. (Irene)
  • SEÑORA IMILCE, impulsora, narradora y corazón de esta historia. (Almena)
  • SERVULO, joven esclavo, copero de la reina Dido. (Felipe Servulo)
  • SIQUEO , sacerdote de Melqart y esposo de Dido. (Pedro (glup))
  • SIRIO, gato de Anna. (Sirio)
  • TEANO, matemática muy reputada. (Miriam g.)
  • TRAILO, poeta troyano e hijo de Cirene la viajera, narrador de parte de esta historia. (Grimalkin el bardo)
  • ULA, amiga de Dido. (Ula)
  • UN ARBOL un tanto especial. (Goathemala)
    UN CANGREJO en cualquier playa. (Cangrejo sedentario)
  • UN GRAN MATORRALaromático a la entrada de una cueva. (Rosa Silverio)
  • UN MALO, malísimo. (El hippie viejo)
  • UNA PIEL DE TORO. (Carlos a. gamboa)
  • UTYKE, sobrina del sacerdote de Hércules. (Nina)
  • VENUS, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas. (Elisa de Cremona)
  • XILÓN, maestro griego, hermano de Filón y cronista de la familia de la reina Dido. (Fernando Sarriá)
  • YARBAS, rey pretendiente de Dido. (Kurtz)
  • ZOE, prostituta con vocación de libertad. (Zoe favole)


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