martes, febrero 20, 2007

DIDO Y ENEAS (XIII).- Aparece un personaje misterioso.

- Te veo muy callada, señora Imilce – dice Karo.

- Estoy pensando – le contesto. Estamos sentados en el patio y mi nuera no deja de pasar por nuestro lado cambiando de sitio cosas inútiles aquí y allá. Quiere escuchar lo que hablamos. Desde que le han dicho que voy a la playa con el cordelero Kostas y con el poeta troyano, se muere de curiosidad.

Toda Cartago sabe ya que Trailo va a aportar a mi historia de la reina Dido algún episodio referido a los troyanos. No quiero que esa parte sea larga, la verdad. Ellos ya tienen en circulación muchas historias y nuestra reina, ninguna. Y si nos descuidamos, ¡son muy capaces de apropiársela! Dice Trailo que Eneas jamás pudo olvidar a Dido. Cuando le oigo decirlo se me pone una opresión en el pecho y hasta me entran ganas de gritar. Quizá lo haga algún día. Pero no sé… Este troyano Trailo es tan solemne, que me daría rabia ponerme en ridículo delante de él.

- Es hora de empezar nuestro paseo, Karo – digo levantándome.

- ¿A dónde irás hoy, querida Imilce? – me pregunta mi nuera con mucha amabilidad.

- Tengo pendiente dar una vuelta por el alfar de Jacinta – respondo con la misma dulzura – Siempre me ha agradado la forma que da a sus vasijas y sus platos y, aún me gusta más cómo los decora. Tiene muy buena mano para dibujar las figuras. Y además, como ya sabes, últimamente estoy recabando ayuda para mi historia.

- ¡No creo que Jacinta pudiera ayudarte más que yo! – salta, visiblemente molesta.

- Luego iré a la playa – respondo, como si no hubiera oído su impertinencia –. Se ha convertido en mi lugar favorito de trabajo.¡Y cuánto me gustaría tener una copita de vino con agua para refrescarme a mi regreso…!

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Los troyanos de Eneas habían perdido toda esperanza de sobrevivir a la espantosa tormenta, cuando Iris se presentó en el cielo y se hizo visible desplegando su manto de colores. Traía un mensaje de Venus para el dios Neptuno: la petición de que pusiera fin al temporal, pues su hijo estaba en peligro. El dios del mar sacó su testa coronada fuera del agua y viendo cómo Céfiro levantaba las olas, asolaba las costas y revolvía de tal modo sus dominios sin su permiso, se enfadó. Con voz de trueno llamó a Eolo, custodio de los vientos, y le ordenó encadenar de nuevo a Céfiro. Huyó sin rechistar y cabizbajo el viento y Neptuno posó sobre las olas las palmas de sus manos y les mandó aquietarse.

Al instante se amansaron aquellas crestas furiosas y, en lugar de estrellar contra las rocas las naves de Eneas, las empujaron hacia una playa. Agotados, los troyanos sacaron las embarcaciones del agua a medida que iban llegando y las aseguraron en la playa. Pronto cayó la noche. Faltaba por llegar la comandada por Acates, amigo muy querido de Eneas, y se decidió que al día siguiente una de las naves menos dañadas se haría de nuevo a la mar para ir en su busca. Encendieron fuegos junto a las naves y se tendieron a dormir en el suelo.

El amanecer les mostró un hermoso paisaje: la playa formaba un arco y se extendía entre dos farallones de roca rojiza. Había mucha vegetación y hasta el mismo borde de la playa llegaba un bosque. A poca distancia de la orilla, un ruido de agua borboteando advertía de la existencia de un arroyuelo. Pronto se formaron varios grupos para traer leña, agua y comida. La amazona Iskias y unos cuantos cazadores se adentraron en el bosque donde esperaban encontrar liebres, cabras salvajes o venados. Entre tanto, Eneas, su lugarteniente Icarus, Palinuro y otros timoneles, examinaron una a una las naves para evaluar los daños y decidir sobre su reparación.

Cirene y el pequeño Ascanio fueron hacia el arroyo y remontaron su curso en busca de hierbas y raíces comestibles. Para su sorpresa, hallaron el manantial de donde brotaba en medio de un bosquecillo de alisos. Nacía en una pared a poca altura y de forma natural se había formado un remanso a sus pies, amplio y transparente como un estanque. Había tanto silencio, era tan grato y apacible el lugar, caldeado por el sol que penetraba entre las hojas, que al instante sintieron deseos de meterse en el agua y limpiarse el salitre de la piel. Y estaban quitándose las ropas cuando una voz los detuvo.

- No os atreváis a perturbar la morada de la ninfa Sao – dijo la voz.

No había en su tono ninguna nota amenazante, pero Ascanio se acercó un poco más a Cirene. También ella se había sobresaltado. Ambos se quedaron quietos y en silencio. Y al ver que nadie aparecía ni se oía más ruido que el roce de las hojas movidas por la brisa, tomó la palabra Cirene.


- ¿Quién eres?

- Un naúfrago – respondió la voz.

- Nosotros nos hemos librado del naufragio – dijo Cirene – así que sal de donde estés y ven con nosotros. Somos troyanos y tenemos naves.
- ¿Troyanos de verdad? Decidme vuestros nombres. Pero os advierto que no pienso moverme de aquí…

Cirene le dijo su nombre, el de Eneas y los de muchos troyanos ilustres que viajaban con ellos. Sin embargo, el náufrago no volvió a pronunciar una palabra ni respondió a sus preguntas. Finalmente, Cirene desistió de su interrogatorio y de su baño y, sin recoger siquiera las hierbas que habían ido a buscar, ella y Ascanio volvieron a la playa. Muchos de sus compañeros se rieron cuando lo contaron. Alguien les había gastado una broma. Habían prendido buenas fogatas, se estaba asando carne en abundancia traída por los cazadores y el anciano Anquises ofreció una liebre a los dioses en un pequeño altar improvisado.

Al atardecer, la nave de rescate regresó trayendo consigo la de Acates. Hubo gran regocijo en la orilla, intercambio de abrazos entre hombres y mujeres que se daban por perdidos, lágrimas y relatos de cuánto habían sufrido. Iskias y Cirene estaban juntas en una misma fogata y a su calor, ésta última le contó a la amazona el encuentro tan extraño de aquella mañana. No creía que fuese una broma. A fin de reforzar su relato, se fue a por Ascanio. No estaba con su padre Eneas ni con su abuelo Anquises. No acompañaba a Palinuro, cuyas palabras le gustaba escuchar, ni a Icarus, su guerrero más admirado. No estaba en ninguno de los fuegos. Las dos mujeres pensaron que podría haber regresado al manantial.

Sin decir nada para no alarmar al resto, Iskias se colgó el carjac lleno de flechas a la espalda y empuñó el arco. Cirene se armó con un rudo bastón y ambas marcharon a buscar a Ascanio. Caminaron con rapidez y en silencio, sin hacer ruido, y pronto llegaron al bosquecillo de alisos que rodeaba la fuente. Allí, sentado en el borde del estanque, con la cabeza inclinada sobre el agua y sus rizos rubios cayendo hacia delante, estaba el niño. La luz del ocaso acentuaba el rojo de las rocas y restaba transparencia al agua.

Una sombra se movió a su lado. Iskias puso una flecha en su arco y, más rápida que el viento, disparó. Y se oyó un gemido humano.



*Casa en Pompeya
**Detalle de relieve. Museo Termas de Diocleciano. Roma
***Paisaje de la Sierra Calderona en Olocau. Valencia
****Río Tíber a su paso por Roma
*****Detalle de relieve con la diosa Diana. Museo Termas de Diocleciano.Roma
******Agua en una fuente pública en el Aventino. Roma

NOTA: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. Para facilitar la comprensión de cada post, se incluye la lista por orden alfabético de personajes. A continuación, entre paréntesis, están los nombres de los amigos bloggeros.

  • ACATES, amigo del alma de Eneas. (Eggy)
  • ACUS, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido. (Acus)
  • AEMILIUS, director de las obras de la muralla de Cartago. (Unjubilado)
  • AMILCAR, timonel de la nave de Dido. (Edem)
  • AMNERIS, la tejedora. (Paula)
  • ANARKASIS, actor. (Anarkasis)
  • ANNA, hermana de la reina Dido. (Bethania)
  • ANQUISES, padre de Eneas. (Juan)
  • ASCANIO, hijo de Eneas. (Ferípula)
  • BARCE, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido. (Leodegundia)
  • CAIUS PERTINAX, un hombre de negocios. (Joaquín)
  • CALIBÁN, un personaje enigmático. (Gonzalo)
  • CARMINIS, pintora de éxito. (Carmen)
  • CIRENE, la viajera troyana, madre del poeta Trailo. (Lady Read)
  • CLAUDIO APOLLIONI , esclavo y pedagogo. (Juanmb)
  • CLOANTO, un troyano. (Rafael p.q.)
  • COPA DE ORO del padre de la reina Dido. (Tony)
  • CRISEA, una vestal. (Krisish)
  • CUPIDO , dios del amor, hijo de la diosa Venus y hermano de Eneas. (Lady Ice)
  • DADA, un personaje de oriente. (Ixchel)
  • DIANA, esposa de Acus y amiga de Dido. (Claullitriche)
  • DINCER, una bailarina oriental. (Ximena)
  • DEMETRIUS PEDER, un escultor griego. (Pru)
  • EL TIEMPO, el viento y el agua. (Manuel)
  • EOLO, dios de los vientos. (Gloria de Un cajón revuelto)
  • ESPÍRITU invisible, protector de la nave de Dido. (Cieloazzul)
  • FILÓN, un filósofo cínico. (Gregorio Luri)
  • GABRIEL, vigía de navío de la reina Dido.(Iralow)
  • ICARUS, lugarteniente y consejero de Eneas. (Javier)
  • IGRES, Un cartógrafo mestizo. (Sergi Bellver)
  • IRIS, mensajera de los dioses. (Fortunata)
  • ISKIAS , amazona, guardaespaldas de Dido y Anna. (Lady Zurikat)
  • JACINTA, artesana de vasijas de arcilla. (Ontokita)
  • JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago. (Charo Marco)
  • JUNO, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.(Gabu)
  • KARO, escribiente de la señora Imilce. (Antonio Portela)
  • KOSTAS, cordelero amigo de Imilce. (Kostas h.)
  • MERCURIO, mensajero de los dioses. (Marelyt)
  • MOOK, perro de la reina Dido. (Movie)
  • MORGANA, una hechicera siria. (Morgana)
  • NÁUFRAGO, náufrago enamoradizo. (Tinta del corazón)
  • NAUSICAA, hija del rey de los feacios. (Nausicaa)
  • NEOPTOLEMO, hijo de Aquiles. (Aquiles)
  • NEPTUNO, dios de los mares. ( Antonia Romero)
  • NISMACIL, guerrera oriental. (Aurefaire)
  • PALEMON, comerciante griego con productos de oriente. (Adrià Urpì)
  • PALINURO, piloto de la nave de Eneas. (Luis Rivera)
  • PAREPIDEMOS SAMOSATENSE, peregrino. (Charles de Batz)
  • PITONISA de un oráculo. (Badanita)
  • PRINCIPE DEL SENADO, Jefe del Senado de Tiro y luego de Cartago. (Angelusa)
  • SALMA, Esclava oriental. (Gloria de Ojos de miel)
  • SAO, una ninfa. (Irene)
  • SEÑORA IMILCE, impulsora, narradora y corazón de esta historia. (Almena)
  • SERVULO, joven esclavo, copero de la reina Dido. (Felipe Servulo)
  • SIQUEO , sacerdote de Melqart y esposo de Dido. (Pedro (glup))
  • SIRIO, gato de Anna. (Sirio)
  • TEANO, matemática muy reputada. (Miriam g.)
  • TRAILO, poeta troyano e hijo de Cirene la viajera, narrador de parte de esta historia. (Grimalkin el bardo)
  • ULA, amiga de Dido. (Ula)
  • UN ARBOL un tanto especial. (Goathemala)
  • UN CANGREJO en cualquier playa. (Cangrejo sedentario)
  • UN GRAN MATORRALaromático a la entrada de una cueva. (Rosa Silverio)
  • UN MALO, malísimo. (El hippie viejo)
  • UTYKE, sobrina del sacerdote de Hércules. (Nina)
  • VENUS, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas. (Elisa de Cremona)
  • XILÓN, maestro griego, cronista de la familia de la reina Dido. (Fernando Sarriá)
  • YARBAS, rey pretendiente de Dido. (Kurtz)
  • ZOE, prostituta con vocación de libertad. (Zoe favole)

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  • viernes, febrero 16, 2007

    DIDO Y ENEAS (XII).- Eneas y los dioses irrumpen en esta historia.


    A media mañana aparecieron las primeras nubes. El sol palideció y arrebató el brillo a los demás colores. El mar se tornó gris y la costa en paralelo a la cual estaban navegando pareció difuminarse. El dios Eolo, a petición de Juno, reina de las diosas, había dejado salir de su guarida al viento Céfiro y éste, largo tiempo encerrado en su prisión rocosa, rugió como un león. De un solo soplo recuperó la libertad y voló a encrespar la espuma de los mares.

    Apenas intuyó la violencia del temporal, Palinuro, el timonel de la nave del troyano Eneas, le había aconsejado a éste poner mayor distancia entre los navíos de la flota. El empuje de las olas podía hacerlos chocar entre sí y, de ocurrir tal cosa, la salvación sería imposible. Eneas había hecho gestos con los brazos a Icarus, cuya nave se deslizaba a la izquierda de la suya, y éste a su vez había transmitido la orden al resto.

    La oscuridad se volvió más tenebrosa por momentos. Cuando se dio la alarma, allá en el horizonte aún se veía un trozo de cielo azul, pero ahora todo estaba negro: los pesados nubarrones que podían tocarse con la mano, el abismo del agua, el ánimo de los troyanos abandonados, de nuevo, a las acometidas del mar.

    Cirene rodeó con sus brazos al hijo de Eneas, de apenas diez años. Se habían sentado en un rincón de la popa de la nave, ella con la espalda pegada a un barril de agua y un hombro tocando la borda, y Ascanio de espaldas a ella, colocado entre sus piernas. Iskias les gritó que se apretasen aún más y, tratando de mantener el equilibro, envolvió con una manta los dos cuerpos así unidos, dejando fuera únicamente las cabezas. Luego los amarró con una maroma al barril, a su vez firmemente sujeto a la nave. Mientras, en el otro costado, un marinero hizo lo mismo con el anciano Anquises cuyo rostro arrugado tenía el color de la nieve.

    - No tengas miedo – gritaba Cirene al oído de Ascanio por encima del fragor del viento y el mar y los crujidos de las cuadernas. – He sobrevivido a muchos temporales y también éste pasará.

    Iskias hizo una seña a Cirene para indicarle que todo estaba bien, y ella misma pasó sus piernas por debajo del último banco de los remeros y se ligó a él con cuerdas. Habían sacado los remos del agua para evitar perderlos. Las naves parecían gavillas de paja, nuececillas que las crestas de las olas levantaban hasta las nubes y sostenían precariamente un instante antes de dejarlas caer a los pies de la siguiente ola. Empapados de agua salada, ciegos por el escozor y el viento, roncos de gritar de miedo y angustia, perdida la orientación, así aguantaban la tempestad los fugitivos de Troya.


    Eneas invocaba en su corazón a la diosa Venus.

    - ¡Madre! – le decía – ¿Es nuestro destino perecer en el mar? ¿Eran estos tus planes cuando, en medio de las llamas que devoraban Troya, detuviste mi ímpetu guerrero y me ordenaste huir? Traje conmigo a los dioses Penates para fundar con ellos una nueva Troya en las costas itálicas, como me habías prometido. ¿Y he de rendirlos ahora a Neptuno inclemente?

    Grandes remolinos hacían virar las naves como plumas, el oleaje las empujaba hacia la costa rocosa. Cada vez que una ola las alzaba con ímpetu vertiginoso, más las acercaba a las rocas. Causaba pavor ver sus aristas y las negras oquedades donde el agua penetraba enfurecida para salir otra vez con un bramido.

    - Voy a desataros ahora – gritó Iskias reptando hasta donde estaban Cirene y Ascanio –. Agarraos con todas vuestras fuerzas al tonel y soltadlo al llegar a tierra. Debemos impedir que la nave nos arrastre.

    Intercambió una breve mirada de entendimiento con Cirene. Ambas sabían que se iban a estrellar. La muerte parecía inevitable. Una gran ola los elevó a una altura mayor que los muros de Troya.

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    Por un momento, el sol también se ha ocultado en Cartago y me he sentido vapuleada por la tormenta. Nos quedamos en silencio contemplado el mar ante nosotros, manso como un riachuelo. Kostas se mira las manos, ásperas después de tantos años de trenzar cordeles y Karo contempla el cielo tumbado en la arena. El poeta Trailo levanta la vista del escrito que nos acaba de leer y comienza a enrollarlo.

    - ¿Era esto lo que querías, señora Imilce? – me pregunta – ¿Te servirá?

    Asiento con un movimiento de cabeza. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Yo misma le he pedido ayuda a este extranjero, ave de paso. Trailo es ya un hombre viejo, aunque no tanto como yo. Sé que no estoy a su altura, no soy capaz de contar mi parte de la historia como él. Claro que él es un poeta y yo no. Dirán de mí que soy una vieja engreída y ridícula.

    - Solamente vosotros lo habéis escuchado – añade –. Aún estoy trabajando en él.

    -¡No será para perfeccionarlo...! – digo sin poder evitar un bufido. Todos me miran.



    - No, señora Imilce. Como te he dicho, trato de reconstruir la ruta que siguió mi madre, y lo hago a medida que puedo. Antes de unirse al grupo de Eneas, ella había huído con otros troyanos, aunque jamás se reconoció como una fugitiva. Siempre se presentaba a sí misma como Cirene, la viajera. Y en cierto modo, creo que no mentía. Su objetivo no era huir, sino alcanzar una meta: ser testigo y partícipe del nacimiento de la nueva Troya. El fragmento que os he leído es de su primera etapa con Eneas, y ocurrió antes de llegar aquí. Tuvo mucha importancia para ella, porque creó lazos de amistad con la amazona Iskias.

    - De Iskias sí que me acuerdo y tú también, ¿verdad, Kostas? – Le doy con el codo en el costado y el cordelero levanta la cabeza un momento para contestar:
    .
    - Era una mujer magnífica. Cirene, digo, porque la recuerdo muy bien. En cuanto a Iskias, no he conocido a una guerrera igual. Leal y fiera como nadie.

    - ¡Y tanto que era leal! – apostillo –. Ella se quedó en Cartago, con nosotras, cuando se fueron los troyanos. Se escabulleron de forma vergonzosa, debo decírtelo, Trailo, aunque tú seas, por nacimiento, uno de ellos. Después de la muerte de la reina Dido, cuando su hermana Anna se vio obligada a huir, Iskias la acompañó para protegerla. ¡Quién sabe qué habrá sido de ellas!

    -¿ No lo sabéis? – dice Trailo, sorprendido.

    De pronto, todos lo estamos mirando. Karo ha abandonado su indolencia y Kostas sus manos. ¿Quiere decir este hombre que él sabe cosas que nosotros ignoramos?
    *Detalle de relieve. Museo Massimo alle Terme. Roma
    **Dios Neptuno. Fontana de Trevi. Roma
    ***Detalle de Relieve con los dioses Lares. Ara Pacis. Roma
    ****Tormenta sobre Roma.*****Detalle de sarcófago. Museo Massimo alle Terme. Roma
    NOTA: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. El reparto es el siguiente:
  • ACUS, Acus, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido.
  • ADRIÀ URPÍ, Comerciante griego con productos de oriente.
  • ALMENA, Señora Imilce, narradora de esta historia.
  • ANARKASIS, Anarkasis, actor.
  • ANGELUSA, Príncipe del Senado
  • ANTONIA ROMERO, Neptuno, dios de los mares.
    ANTONIO PORTELA, Karo, escribiente de la señora Imilce
  • AQUILES, Neoptolemo, hijo de Aquiles
  • AUREFAIRE, Nismacil, guerrera oriental
  • BADANITA, Pitonisa de un oráculo
  • BETHANIA, Anna, hermana de la reina Dido
    CANGREJO SEDENTARIO, un cangrejo.
  • CARMEN, Carminis, pintora de éxito
  • CHARLES DE BATZ, Parepidemos Samosatense, peregrino.
  • CIELOAZZUL, Espíritu invisible, anima la nave de Dido
  • CLAULLITRICHE, Diana, esposa de Acus y amiga de Dido
  • EDEM, Almícar, timonel de la nave de Dido.
  • EGGY, Acates, amigo del alma de Eneas
  • ELISA DE CREMONA, Venus, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas.
  • FELIPE SERVULO, Sérvulo, esclavo joven copero de la reina Dido
  • FERÍPULA, Ascanio o Iulo, hijo de Eneas
  • FERNANDO SARRIA, Xilón, maestro griego, cronista de la familia de la reina Dido.
  • FORTUNATA, Iris, mensajera de los dioses.
  • GABU, Juno, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.
  • GLORIA, Esclava oriental
  • GOATHEMALA, Un árbol
  • GONZALO, Calibán, un personaje enigmático
  • GREGORIO LURI, Un filósofo cínico
  • GRIMALKIN EL BARDO, Trailo, poeta troyano.
  • IRALOW, Gabriel, vigía de navío.
  • IRENE, Sao, una nereida.
  • IXCHEL, un personaje de oriente
  • JAVIER, Icarus, lugarteniente y consejero de Eneas
  • JUAN, Anquises, padre de Eneas
  • JUANMB, Claudio Apollioni, esclavo y pedagogo
  • HIPPIE VIEJO, Un malo malísimo
  • KOSTAS H., Kostas, cordelero.
  • KRISISH, Crisea, una vestal
  • KURTZ, Yarbas, rey pretendiente de Dido
  • LADY ICE , Cupido, dios del amor, hijo de la diosa Venus.
  • LADY READ, Cirene, la viajera troyana
  • LADY ZURIKAT , Iskias, amazona, guardaespaldas de Dido y Anna.
  • LEODEGUNDIA, Barce, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido
  • LUIS RIVERA, Palinuro, piloto de la nave de Eneas.
  • MANUEL, El tiempo, el viento y el agua.
  • MARELYT, Mercurio, dios mensajero de los dioses
  • MIRIAM G,Teano, matemática muy reputada
  • MORGANA, Una hechicera siria
  • MOVIE,Mook, perro de la reina Dido.
  • NAUSICAA, Nausicaa, hija del rey de los feacios.
  • NINA, Utyke, sobrina del sacerdote de Hércules.
  • ONTOKITA, Jacinta, artesana de vasijas de arcilla
  • PAULA, Amneris, la tejedora
  • PRU, Un escultor griego
  • PEDRO (Glup) , Siqueo, sacerdote de Melqart y esposo de Dido
  • RAFAEL PQ, Un troyano
  • ROSA SILVERIO, Un gran matorral aromático a la entrada de una cueva
  • SERGI BELLVER, Un cartógrafo mestizo.
  • SIRIO, Sirio, gato de Anna
  • TINTA DEL CORAZÓN, Náufrago enamoradizo.
  • TONY, Copa de oro del padre de la reina Dido.
  • ULA, Ula, amiga de Dido.
  • UNJUBILADO, Aemilius, director de las obras de la muralla de Cartago
  • XIMENA, Dincer, una bailarina oriental
  • ZOE FAVOLE, Zoe, prostituta con vocación de libertad.
  • martes, febrero 13, 2007

    DIDO Y ENEAS (XI).- Adiós a Tiro.

    - No escribiré ni una palabra más – anuncia Karo tumbándose cuan largo es en el suelo del patio. Cruza los brazos sobre el pecho y cierra los ojos – ¡Me duele tanto la mano que no sé si podré usarla mañana! Abusas de mí, señora Imilce porque soy joven.

    - ¡Qué poco entiendes de abusos! – le respondo. Pero no le falta razón. Él tiene la mano exhausta y yo la boca. Con gusto tomaría un traguito de vino con agua, pero cualquiera se lo pide a mi nuera. Según ella, mi empeño por contar esta historia me está trastornando. Decididamente, es tonta.

    - ¿Qué te ha parecido la escena del perro? - digo por cambiar de tema.

    - Si llega a durar un poco más, te aseguro que yo mismo lo habría tirado al agua. ¡Ya no podía sujetar el cálamo y el maldito bicho no dejaba de ladrar, sin decidirse…!

    - Hasta él se dio cuenta de lo difícil que resulta dejar la propia tierra. La tensión del momento y el peligro eran muy grandes y ninguno de los fugitivos podía detenerse a pensar ni a sentir otra cosa distinta del miedo. Menos el perro. Eso decía Barce. Pero cuando el amanecer iluminó Tiro y, desde las naves, la gente vio su patria más y más lejos, hasta desaparecer en el horizonte, hubo muchas lágrimas. No en el rostro de Dido, desde luego. Fue la última en zarpar y aún tenía un asunto pendiente.

    - ¡No puedo creerlo!

    - Pues no lo creas. ¿Por qué piensas que la reina quiso demorar su salida hasta el alba y no hundir las naves que quedaban en el puerto? Su hermano Pigmalión quería ser el rey de Tiro y lo sería. Pero también ambicionaba riquezas. No dejaría de perseguirla ni de remover los mares y la tierra hasta recuperar el tesoro del templo. Pero ella lo conocía bien y era muchísimo más lista…

    Karo se incorpora y se apoya de lado sobre un codo para mirarme. Este chico me sirve muy bien para saber cuándo resulta interesante esta historia. He llamado su atención, sin duda. Pero no pienso decirle nada más al respecto hasta que retomemos la escritura.

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    El puerto de Tiro arde de furia y de antorchas. Desde la nave de la reina Dido se ven los puños levantados en gesto de amenaza y se oyen los gritos. Algunos han saltado a las naves de carga al ver inutilizadas las de guerra y tratan de aparejarlas a toda prisa para salir en su persecución. Todo va según lo previsto. Almícar, el timonel, está maniobrando con gran pericia y se esfuerza por seguir las instrucciones de la reina. Son difíciles de cumplir y peligrosas. Sin embargo, no teme ni al peligro ni al fracaso. No hay en este mar un timonel de su temple y experiencia.

    - Es preciso engañarlos, Almícar – le había dicho la reina unas horas antes de embarcar –. Puesto que hemos de buscar otra tierra para vivir, al menos que podamos hacerlo sin el temor de ser perseguidos.

    - Haré lo que ordenes, señora.

    - Ésta es la idea: debemos dejar a sus naves acercarse bastante a nuestra popa. Tanto como para hacerles creer que pueden alcanzarnos y que esa proximidad nos atemoriza. Y, cuando yo te diga, nos alejaremos dejándolos atrás.

    - Convendrá, entonces, salir despacio del puerto para darles tiempo a reaccionar – había respondido Almícar –. ¿Ha de mantenerse esa situación durante mucho tiempo?

    - El menor posible. La única condición es que debe ser de día cuando nos separemos definitivamente de ellos. Confío en ti – le había dicho la reina colocándole una mano sobre el hombro. Almícar ya no era joven, pero había sentido en su cuerpo una corriente de simpatía al contacto de esa mano. Si la reina confiaba en él, ni todos los dioses del universo podrían torcer su voluntad de servirla.

    Tres mercantes han partido ya del muelle en persecución de Dido. Almícar mantiene firme el timón y demora la marcha como si hubiera dificultades. La reina, su hermana Anna y la nodriza Barce, el noble Acus y su esposa Diana, se apoyan en la popa y contemplan Tiro al fondo, brillante al ser tocada por los primeros rayos de luz y, acercándose cada vez más a ellos, las naves de los partidarios de Pigmalión.

    Todos guardan silencio. Sólo se oye el batir de las olas contra el casco y el ruido de los remos. El sol comienza a trazar una raya amarilla en el agua. Los remeros de los perseguidores hunden las palas en el agua muy deprisa. Se acortan las distancias. De pronto, la reina Dido habla:



    - Barce – dice – avísame cuando distingas con claridad las caras de los hombres que están en la proa de la nave más próxima.

    - ¡Yo las veo ya! – exclama Anna.

    - Quiero que las vea Barce – insiste Dido – . Acus ¿están tus hombres preparados?

    - Las veo, las veo – grita Barce mientras señala con el dedo.

    - Adelante – dice la reina haciendo gestos de alarma y moviéndose hacia atrás en la cubierta – ¡Arrojad al agua los sacos!

    Entre dos marineros, comienzan a tirar por la borda los sacos llenos de tierra que había preparado, por encargo de la reina, el príncipe del Senado. Dido vuelve a acercarse a la popa y se cubre el rostro con las manos y lo mismo hacen las demás mujeres. Acus gesticula y grita fingiendo dar prisa e instrucciones a los hombres. Dido, por fin, se agarra con las dos manos a la borda y mira el mar desconsolada. Del borde de algunos sacos se han escapado, casualmente, unas piezas brillantes como el oro. Caen sobre el agua y el sol las hace destellar unos instantes antes de ser tragadas por las olas.




    Los perseguidores se quedan estupefactos contemplando esta escena desde la proa de sus naves con actitud de impotencia. Tras el hundimiento del último saco, sus remeros bajan el ritmo y sus naves pierden velocidad, mientras la de Dido mantiene la suya. Comienzan a separarse y, al cabo de poco tiempo, viran en dirección a Tiro.

    Dido y sus compañeros respiran con alivio y alegría al verlas retirarse. La reina se acerca a Almícar y le palmea la espalda.

    - Ahora navegaremos al ritmo que tú impongas, señor del mar.

    - Pasarás a la historia, mi reina – le responde con admiración –. Eres una mujer grande entre todas las fenicias.

    La reina se sienta con la espalda apoyada en un rollo de maromas. Necesita descansar después de tantas horas en vela. Cierra los ojos y se encomienda a los dioses. Quiera la madre Juno protegerla y Neptuno guiarla por rumbos seguros. Respira hondo. Cuando sus enemigos lleguen al puerto de Tiro y consigan despertar a Pigmalión, le dirán que han visto con sus propios ojos cómo su hermana Dido ha tirado al mar el tesoro de Melqart.

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    - Necesitamos ayuda.

    - Yo desde luego que sí, señora Imilce. ¡No me dejas vivir!

    Me moriría de risa si no fuera porque lo dice con tanta seriedad y con el ceño fruncido. No lo quiero ofender. Se estaba abanicando en el patio con una hoja de higuera y pensando en no se sabe qué, cuando lo he interrumpido. Sin embargo, en sus ojos no hay rencor, sino más bien una chispa de burla. Y entonces caigo en la cuenta de que llevo las manos untadas de harina.

    - Vamos a hacer unas cuantas visitas

    - Tendrás que adecentarte, señora Imilce – dice con sorna.

    - Y tú tener la lengua quieta, si es que aún tienes interés por salir en mi historia, cosa que dudo…

    *Figura femenina. Exposición en el Coliseo. Roma

    **Vista del Palatino desde el Valle de Murcia. Roma

    ***Cabeza masculina. Exposición en el Coliseo. Roma

    ****Detalle de pintura mural. Museo Massimo alle Terme. Roma

    *****Agua y monedas en la Fontana de Trevi. Roma

    ******Detalle de pintura mural. Loggia Mattei en el Palatino. Roma

    *******Detalle de pintura mural. Villa Farnesina. Roma


    NOTA: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. De momento, éste es el reparto:

  • ACUS, Acus, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido.
  • ADRIÀ URPÍ, Comerciante griego con productos de oriente.
  • ALMENA, Señora Imilce, narradora de esta historia.
  • ANARKASIS, Anarkasis, actor.
  • ANGELUSA, Príncipe del Senado
    ANTONIO PORTELA, Karo, escribiente de la señora Imilce
  • AQUILES, Neoptolemo, hijo de Aquiles
  • AUREFAIRE, Nismacil, guerrera oriental
  • BADANITA, Pitonisa de un oráculo
  • BETHANIA, Anna, hermana de la reina Dido
  • CARMEN, Carminis, pintora de éxito
  • CHARLES DE BATZ, Parepidemos Samosatense, peregrino.
  • CIELOAZZUL, Espíritu invisible, anima la nave de Dido
  • CLAULLITRICHE, Diana, esposa de Acus y amiga de Dido
  • CHARO MARCO,Jefe de cocina del palacio de la reina Dido
  • EDEM, Almícar, timonel de la nave de Dido.
  • EGGY, Acates, amigo del alma de Eneas
  • ELISA DE CREMONA, Venus, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas.
  • FELIPE SERVULO, Sérvulo, esclavo joven copero de la reina Dido
  • FERÍPULA, Asanio o Iulo, hijo de Eneas
  • FERNANDO SARRIA, Xilón, maestro griego, cronista de la familia de la reina Dido.
  • GABU, Juno, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.
  • GLORIA, Esclava oriental
  • GOATHEMALA, Un árbol
  • GONZALO, Calibán, un personaje enigmático
  • GREGORIO LURI, Un filósofo cínico
  • IRALOW, Gabriel, vigía de navío.
  • IRENE, Una ninfa
  • IXCHEL, un personaje de oriente
  • JAVIER, Icarus, lugarteniente y consejero de Eneas
  • JUAN, Anquises, padre de Eneas
  • JUANMB, Claudio Apollioni, esclavo y pedagogo
  • HIPPIE VIEJO, Un malo malísimo
  • KOSTAS H., Kostas, cordelero.
  • KRISISH, Crisea, una vestal
  • KURTZ, Yarbas, rey pretendiente de Dido
  • LADY ICE , Cupido, dios del amor, hijo de la diosa Venus.
  • LADY READ, Cirene, la viajera troyana
  • LADY ZURIKAT , Iskias, amazona, guardaespaldas de Dido y Anna.
  • LEODEGUNDIA, Barce, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido
  • LUIS RIVERA, Palinuro, piloto de la nave de Eneas.
  • MANUEL, El tiempo, el viento y el agua.
  • MARELYT, Mercurio, dios mensajero de los dioses
  • MIRIAM G,Teano, matemática muy reputada
  • MORGANA, Una hechicera siria
  • MOVIE,Mook, perro de la reina Dido.
  • NAUSICAA, Nausicaa, hija del rey de los feacios.
  • NINA, Utyke, sobrina del sacerdote de Hércules.
  • ONTOKITA, Jacinta, artesana de vasijas de arcilla
  • PAULA, Amneris, la tejedora
  • PRU, Un escultor griego
  • PEDRO (Glup) , Siqueo, sacerdote de Melqart y esposo de Dido
  • RAFAEL PQ, Un troyano
  • ROSA SILVERIO, Un gran matorral aromático a laentrada de una cueva
  • SERGI BELLVER, Un cartógrafo mestizo.
  • SIRIO, Sirio, gato de Anna
  • TINTA DEL CORAZÓN, Náufrago enamoradizo.
  • TONY, Copa de oro del padre de la reina Dido.
  • ULA, Ula, amiga de Dido.
  • UNJUBILADO, Aemilius, director de las obras de la muralla de Cartago
  • XIMENA, Dincer, una bailarina oriental
  • ZOE FAVOLE, Zoe, prostituta con vocación de libertad.

  • viernes, febrero 09, 2007

    DIDO Y ENEAS (X).- La hora crucial.


    - Necesito hablar con el príncipe Pigmalión – dice un hombre a uno de los soldados de la puerta del palacio de Dido – Tengo un recado urgente para él.

    - Lo siento, señor – le responde – el príncipe ha salido hace mucho rato. Debe estar en su casa. No queda nadie aquí.

    El hombre se retira sin decir nada más. Le han mentido, porque viene de casa de Pigmalión. Están pasando demasiadas cosas raras. Uno de sus empleados le ha advertido del gran movimiento en el puerto y él mismo ha acudido a comprobarlo. Son naves mercantes las que han zarpado, es cierto, pero toda esa gente… de noche y sin hacer ruido. Sin avisar. Y le ha sorprendido ver al pie de una de las pasarelas a la vieja Barce con una niña, como si fueran también a embarcar. ¿Se habrá descubierto la muerte de Siqueo? Ella fue su nodriza y no se le ocurre ninguna razón para que abandone Tiro de esta manera… Debería avisar a otros partidarios de confianza. Es necesario estar atentos y armados y tratar de localizar a Pigmalión.

    ----

    - Señora – dice el copero Sérvulo acercandose a la reina mientras ella contempla el panorama en el salón del banquete – He envuelto la copa de oro de tu padre en un paño. ¿Quieres que la ponga en tu equipaje?

    - Sí, pero has de esperar que me cambie de ropa. Luego la metes dentro del hatillo y lo llevas contigo a la nave. Entrégaselo a Barce. Y asegúrate que tengamos a bordo algunas ánforas de buen vino. Nos pueden hacer falta.

    En el salón reina la quietud mientras las conversaciones se desarrollan en voz baja. Una precaución innecesaria: en las sillas, con las cabezas caídas sobre la mesa, algunas copas volcadas y trozos de carne y frutas esparcidos por todas partes, duermen profundamente Pigmalión y varios invitados. No es una visión agradable pero, como medida, resultaba útil.

    - Y bien, Acus, no contaba con esto – dice la reina dirigiéndose a su Jefe de Expedición y señalando con un gesto al actor Anarkasis. Éste, al igual que los demás, ronca ruidosamente.

    - Desde luego, yo no me he acordado de advertirle que debía fingir beber el vino, pero sin probarlo. Parece que ha dado un buen trago… – responde Acus. El resto de personas que debían huir, incluida su esposa Diana, han abandonado ya el salón.

    - No podemos dejarlo aquí. Mi hermano no tardaría en descubrir el engaño y matarlo. Que vengan unos hombres y lo trasladen a la nave de tu padre. Nos vendrá bien contar con él, quizá en el futuro necesitemos otra vez su arte. Y ahora, vamos, no debemos perder tiempo.

    ----

    Los vigilantes de los vigilantes de las obras en el patio del templo de Melqart han juntado sus espaldas y empuñan sus dagas. No saben qué hacer. Tienen instrucciones de permanecer ahí toda la noche, sin embargo no están seguros de acertar cumpliéndolas al pie de la letra. Algo se está moviendo alrededor suyo y, si no encuentran el modo de avisar a su jefe, el resultado puede ser desastroso. Después de mucho tiempo de espera, toman una decisión: uno de ellos permanecerá aquí y el otro dará una vuelta de inspección para tratar de averiguar qué ocurre. Y si parece serio, avisará a su superior.

    Ha pasado un buen rato desde que se ha ido uno de ellos, cuando el otro oye un ruido muy cerca. Se hunde más en la sombra del portal que le sirve de refugio. En dirección al templo se mueven varias figuras. Delante de ellas va un perro.

    - Mook , ¡aquí! – dice a media voz Dido. El animal retrocede al instante y se coloca al lado de la reina. Junto a ella está Acus y seis hombres más. Llegan a donde están los soldados y éstos los saludan. En un momento, las antorchas alumbran el interior del patio.

    Acus da instrucciones a los hombres para retirar unas piedras en el fondo de la zanja abierta durante el día. Conforme las apartan, va quedando al descubierto un agujero. A la luz rojiza de las teas, pronto comienza a destellar el oro: copas, escudillas, trípodes… La reina Dido asiente con la cabeza.

    - Colocadlo todo dentro de los sacos – dice.

    El hombre que vigilaba a los vigilantes de las obras está tan concentrado en tratar de comprender la escena, que no se da cuenta del peligro. Cuando quiere reaccionar, ya es tarde. Un golpe en la cabeza lo derriba dejándolo inconsciente.

    Los hombres cargados con los sacos se dirigen ya hacia el puerto y los soldados se disponen a abandonar el lugar apagando las antorchas. La reina Dido los detiene un momento. Ha traído consigo unas monedas de oro y quiere dejarlas esparcidas por el suelo, sobre la calle. Acus le pregunta la razón. Y ella responde:

    - Quiero que sepan cuanto antes que nos llevamos el tesoro.

    ----

    - Rápido, rápido – Los partidarios de Pigmalión se han armado a toda prisa y salen a la calle. Las primeras sospechas se han confirmado con el hallazgo de uno de sus hombres malherido cerca del templo y signos evidentes del robo del tesoro. Después de una breve deliberación, han decidido asaltar el palacio de Dido, su jefe debe estar retenido en él. O quizá muerto. Han de actuar sin perder tiempo. Y no se van a andar con disimulos: han cogido varias antorchas y las agitan en el aire dando gritos. Toda la ciudad debe enterarse. Algunas ventanas se abren, estallan llantos de niños, ladridos. Algunas voces gruñen pidiendo silencio y otras preguntan qué pasa. Los rebeldes avanzan cada vez más deprisa. Llegan ante el palacio. No hay ningún guardia delante y empiezan a aporrear las puertas. Al no obtener respuesta, tratan de abrirlas. Unos cuantos van corriendo a un almacén cercano y traen una gruesa viga para utilizarla como ariete.

    ----
    ----
    - ¿Están ya perforadas las naves de guerra? – pregunta Dido al príncipe del Senado, quien permanece en pie cerca de su propia nave. Es la única que resta por salir, junto a la de la reina.

    - Hay dificultades, mi reina. Los cascos están muy endurecidos, y no resulta fácil perforarlos sin hundirlos, como tú quieres.

    - Debes partir ya, querido amigo – responde la reina – Tu hijo se ocupará de ellas. Es importante. Necesitamos maniobrar para salir del puerto y debemos evitar estorbarnos unos a otros.

    Le da un abrazo apresurado, pero el viejo senador la sujeta un momento. La mira como si quisiera recordarla así para siempre, como si temiera que esta fuera la última vez. Dido se parece a su padre, y el senador siempre lo ha visto en el rostro de ella. Le da una palmadita en la mejilla antes de soltarla, una caricia para quien, más que una reina, es casi una hija querida para él. Dido le sonríe.


    Mientras la nave del príncipe del Senado leva anclas, Dido, Acus y sus hombres se acercan a las naves de guerra. Los soldados que las vigilaban y tratan de estropear los cascos son aliados, huirán con ellos. Sin embargo, la operación es más costosa de lo previsto y los hombres de Acus contribuyen a inutilizarlas arrojando los remos por la borda. Una labor pesada y no tan rápida como hubieran deseado.

    Se ven luces por encima de los tejados de la ciudad y no son las del amanecer, ya próximo. El rumor creciente de un tumulto llega hasta allí. Han de apresurarse. Acus grita a la reina y la insta a subir a su nave. Mook, en el muelle, empieza a ladrar muy excitado y no presta atención a las llamadas de su ama. Por las calles que desembocan en el puerto empiezan a bajar corriendo hombres armados. Los soldados de las naves de guerra aprestan sus armas y les salen al encuentro. Acus ordena retirar la pasarela de madera. Dido grita a su perro por última vez.

    El animal vuelve la cabeza hacia ella un instante. Mira otra vez en dirección a la ciudad y al griterío. Y, de pronto, retrocede unos pasos y, de un gran salto, alcanza la cubierta de la nave que ya se está separando del puerto.



    NOTA: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. De momento, éste es el reparto:
  • ACUS, Acus, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido.
  • ADRIÀ URPÍ, Comerciante griego con productos de oriente.
  • ALMENA, Señora Imilce, narradora de esta historia.
  • ANARKASIS, Anarkasis, actor.
  • ANGELUSA, Príncipe del Senado
    . ANTONIO PORTELA, Karo, escribiente de la señora Imilce
  • AQUILES, Neoptolemo, hijo de Aquiles
  • BADANITA, Pitonisa de un oráculo
  • BETHANIA, Anna, hermana de la reina Dido
  • CARMEN, Carminis, pintora de éxito
  • CHARLES DE BATZ, Parepidemos Samosatense, peregrino.
  • CLAULLITRICHE, Diana, esposa de Acus y amiga de Dido
  • EDEM, Almícar, timonel de la nave de Dido.
  • EGGY, Acates, amigo del alma de Eneas
  • ELISA DE CREMONA, Venus, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas.
  • FELIPE SERVULO, Sérvulo, esclavo joven copero de la reina Dido
  • FERNANDO SARRIA, Xilón, maestro griego, cronista de la familia de la reina Dido.
  • GABU, Juno, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.
  • GLORIA, Esclava oriental
  • GOATHEMALA, Un árbol
  • GREGORIO LURI, Un filósofo cínico
  • GRIMALKIN EL BARDO, Un poeta troyano con lira.
  • IRALOW, Gabriel, vigía de navío.
  • IRENE, Una ninfa
  • JAVIER, Icarus, lugarteniente y consejero de Eneas
  • JUANMB, Claudio Apollioni, esclavo y pedagogo
  • HIPPIE VIEJO, Un malo malísimo
  • KOSTAS H., Kostas, cordelero.
  • KRISISH, Crisea, una vestal
  • KURTZ, Yarbas, rey pretendiente de Dido
  • LADY READ, Cirene, la viajera troyana
  • LADY ZURIKAT , Iskias, amazona, guardaespaldas de Dido y Anna.
  • LEODEGUNDIA, Barce, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido
  • LUIS RIVERA, Palinuro, piloto de la nave de Eneas
  • MANUEL, El tiempo, el viento y el agua.
  • MIRIAM G,Teano, matemática muy reputada
  • MORGANA, Una hechicera siria
  • MOVIE,Mook, perro de la reina Dido.
  • NINA, Utyke, sobrina del sacerdote de Hércules.
  • ONTOKITA, Jacinta, artesana de vasijas de arcilla
  • PAULA, Amneris, la tejedora
  • PEDRO (Glup) , Siqueo, sacerdote de Melqart y esposo de Dido
  • ROSA SILVERIO, Un gran matorral aromático a laentrada de una cueva
  • SERGI BELLVER, Un cartógrafo mestizo.
  • SIRIO, Sirio, gato de Anna
  • TINTA DEL CORAZÓN, Náufrago enamoradizo.
  • TONY, Copa de oro del padre de la reina Dido.
  • ULA, Ula, amiga de Dido.
  • UNJUBILADO, Aemilius, director de las obras de la muralla de Cartago
  • XIMENA, Dincer, una bailarina oriental
  • ZOE FAVOLE, Zoe, prostituta con vocación de libertad.

  • *Detalle de relieve. Museos Vaticanos
    **Detalle de un friso. Tabularium. Roma
    ***Detalle de lecho de piedra. Museos Capitolinos
    ****Detalle de relieve. Museo Centrale Montemartino
    *****Detalle de la Fuente de la Navicella. Roma
    ******Detalle de la Columna de Trajano. Foro de Trajano. Roma
    *******Detalle de mosaico. Museo Massimo alle Terme
  • martes, febrero 06, 2007

    DIDO Y ENEAS (IX).- Los planes avanzan.

    Los invitados a la cena de la reina Dido han suspendido las conversaciones. Algunos tienen los alimentos a mitad de camino entre la mesa y su boca, nadie mira a nadie. Más allá de la falta de cortesía de Pigmalión hacia un huésped, más grave y notoria por tratarse del invitado de honor de la reina, advierten agresividad en sus palabras. Sus amigos encuentran esta actitud peligrosa: ofender de este modo a la reina podría enojarla, ponerla en alerta sobre sus intenciones y desbaratar sus planes. Los comensales que van a huir dentro de unas horas, temiendo haber sido descubiertos, tienen el corazón en la garganta. Y quienes no están en ninguno de los dos planes, son perfectamente conscientes de que algo extraño ocurre. Y el comportamiento de Pigmalión no es un buen síntoma.


    - También a mí me pareces raro, señor Anarkasis – dice la señora Diana con acento risueño y una gran sonrisa – ¡Tan raro como todos los griegos…! Mi madre solía decir: “dale un arado a un griego y lo verás labrar como cualquier otro hombre. Dale la palabra, ¡y construirá un mundo ante tus propios ojos!”. Y tú lo has demostrado.

    Un rumor de aprobación acoge la intervención de esta dama.

    - Tus palabras me halagan, noble señora – responde Anarkasis –. Y quiero reivindicarme ante ti, príncipe Pigmalión. Me he dejado llevar por la añoranza de mi tierra, olvidando por un instante que tu nobleza y juventud exigen otros temas. ¿Sabéis que Odiseo, el más astuto de los griegos, no ha llegado todavía a su patria? Y se dice que muchas naves troyanas surcan los mares en busca de nuevas tierras.

    - No me interesan los perdedores – responde Pigmalión despectivo. Sin embargo, y a pesar de haber bebido mucho, se da cuenta de lo inconveniente de su conducta y se contiene. Es mejor tratar de disimular su mal humor y su impaciencia. Ahora mismo debería estar buscando el tesoro de Melqart en lugar de perder el tiempo en esta ridícula cena. Aunque, bien pensado, más vale que su hermana se entretenga escuchando a ese mamarracho y no le pregunte por Siqueo. Es raro que no lo haya hecho ya. Sí, muy raro. Rechaza con la mano al copero que iba a llenarle de nuevo la copa y mira a su hermana de reojo. A Dido se la ve tranquila.

    - Pigmalión es un experto guerrero – dice la reina – y apreciaría mucho conocer las tácticas empleadas por los griegos. ¿No es así, hermano?

    - En tal caso, señor – continúa Anarkasis – te gustará conocer los detalles del combate en el cual Aquiles derrotó al troyano Héctor a los pies de los muros de Troya. ¡Un duelo excepcional…! Escuchad…

    ----

    Las calles de Tiro, a estas horas de la noche usualmente silenciosas, se han llenado de gente. En intervalos de tiempo establecidos, desde diversos puntos de la ciudad van acudiendo hacia el puerto grupos de hombres y mujeres con sus fardos, algunos llevando en los brazos a sus hijos dormidos y a otros de la mano. No hablan ni hacen ruido. Eligen pasar por callejuelas estrechas y huyen de los espacios abiertos. Se detienen en las esquinas y miran antes de continuar. La noche es clara, de modo que no llevan antorchas. Cada familia sabe en qué nave ha de embarcar y obedece los gestos de los marineros que, desde la cubierta, les invitan a darse prisa. Otros hombres, al pie de las pasarelas de madera por donde deben subir, los ayudan con los fardos, los niños e incluso suben en brazos a los pequeños animales domésticos que, paralizados por el miedo, se niegan a avanzar. La operación está saliendo bien. Ya han levado anclas ocho naves.

    ----

    Dos hombres de Pigmalión vigilan a los vigilantes de las obras en el patio del templo de Melqart. Se han apostado en el ángulo de una callejuela, junto a un portal, desde donde ven con claridad las antorchas apoyadas en el muro y los cuatro soldados armados haciendo guardia. De ellos, dos permanecen en pie dentro del recinto del patio y los otros dos pasean arriba y abajo por delante de la pequeña tapia, quizá para espantar el sueño.

    A ellos les gustaría hacer lo mismo, andar para desentumecer los músculos. Pero no pueden moverse, correrían el riesgo de ser descubiertos. Es una misión aburrida y, a su juicio, innecesaria. ¡Cuánto mejor pasarían la noche jugando a los dados o bebiendo vino en alguna taberna!

    De pronto, les parece ver pasar una sombra y se ponen en alerta. Aguzan el oído. ¿Qué es eso? Parece el roce de pisadas. Extraen de sus cintos los puñales y permanecen tensos.

    ----

    En palacio, el salón del banquete está muy animado. Anarkasis ha conquistado a sus oyentes y éstos no cesan de hacer preguntas acerca de esa guerra sobre la cual sabe tanto. La señora Diana se ha interesado por las damas y trata de indagar si es cierto que Elena es tan hermosa como dicen y si es verdad que la raptaron. Se entabla un debate sobre si era o no necesario mover a todos los reyes griegos para ir a Troya a rescatarla y las opiniones están divididas e igualadas. El príncipe del Senado ha hecho ya varias discretas advertencias a Pigmalión para que no beba tanto y, felizmente, han sido acogidas por parte de éste con la más absoluta indiferencia. Sigue bebiendo y de vez en cuando interviene en el debate. Desde luego, si él hubiera luchado con los griegos, le habría dado su merecido a esa zorra.

    Acus cruza una mirada de entendimiento con la reina Dido y ella se levanta de la mesa del banquete. No le extraña a nadie, porque llevan ya mucho tiempo comiendo y bebiendo. Se dirige con presteza a su cuarto.


    - Barce – dice sin levantar la voz – ha llegado el momento. Te diré lo que vamos a hacer. Deja sobre mi lecho la ropa ligera que te dije y una pieza de tela para hacer luego un hatillo con las que llevo puestas. Iremos juntas ahora mismo a despertar a Anna y yo le explicaré todo. Después, cogerás a tu nieta y os vendréis todas aquí. Dentro de poco llegarán unos hombres para cargar los baúles y acompañaros hasta la nave.

    - ¿Quieres decir, mi reina, que no vienes tú? – pregunta con ansiedad la anciana.

    - Claro que iré, pero un poco más tarde. He de resolver otros asuntos y embarcaré en cuanto me sea posible. Pero vosotras debéis estar allí cuando yo llegue. ¿Comprendes? Es muy importante para mí saberos a salvo, eso me permitirá actuar en todo momento como debo y sin temores.

    La vieja Barce no puede evitar que le salten las lágrimas. Abraza un momento a la reina, luego se limpia las lágrimas con las manos y trata de sonreir. Ambas se dirigen al cuarto de la hermana de Dido.

    - Anna, Anna – dice la reina al oído de la muchacha, mientras le acaricia el pelo con la mano. Tiene poco más de 14 años y es alegre como un día de sol. Sonríe antes de abrir los ojos y, cuando por fin lo hace, Dido le pone un dedo en los labios.

    - Debes levantarte enseguida y sin hacer ruido. Ahora no tengo tiempo para muchas explicaciones, pero corremos un gran peligro y hemos de huir. Una nave nos espera en el puerto e irás a ella con Barce y su nieta Imilce. Yo acudiré allí muy pronto. Obedece en todo a Barce, ella sabe lo que se debe hacer.

    La joven comprende en la mirada de su hermana la gravedad de la situación. Asiente con la cabeza.

    - Me llevaré a Sirio – dice señalando a la bola peluda tendida a sus pies – No iré a ninguna parte sin él.

    - Ni yo os separaría, créeme. Pero debes llevarlo en brazos y no permitirle ni un solo maullido – la reina le da un breve abrazo y la besa en la frente. – ¡Arriba! Y ayuda a Barce con su nieta, es todavía muy pequeña.


    Con una gran sonrisa, la reina se reintegra al banquete. Pide a su copero que llene de vino puro la copa de oro de su padre y se la traiga. El joven se acerca a una mesita y, de espaldas a los comensales, llena la copa y luego se la entrega a la reina. Entonces Dido se pone en pie y pide silencio.

    - Señor Anarkasis, amigos, quiero ofrecer un brindis. Esta es una ocasión muy especial y deseo que todos bebáis de la copa que heredé de mi padre, en señal de hermandad y amistad. ¡Por el éxito de esa nueva ruta y el futuro que nos ha abierto nuestro invitado!

    Al salón llegan, muy atenuados, ruidos procedentes del exterior, quizá de la puerta de palacio. La reina bebe y pasa la copa a su hermano.

    Algunos amigos han querido participar más intensamente en esta historia representando a un personaje. Pueden sumarse a esta propuesta cuantos queráis. Hasta ahora, el reparto es este:

  • ACUS, Acus, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido.
  • ANARKASIS, Anarkasis, actor.
  • ANGELUSA, Príncipe del Senado
    ANTONIO PORTELA, Karo, escribiente de la señora Imilce
  • AQUILES, Neoptolemo, hijo de Aquiles
  • BETHANIA, Anna, hermana de la reina Dido
  • CARMEN, Carminis, pintora de éxito
  • CHARLES DE BATZ, Parepidemos Samosatense, peregrino.
  • CLAULLITRICHE, Diana, esposa de Acus y amiga de Dido
  • EDEM, Almícar, timonel de la nave de Dido.
  • FERNANDO SARRIA, Xylón, maestro griego, cronista de la familia de la reina Dido.
  • GOATHEMALA, Un árbol
  • IRALOW, Gabriel, vigía de navío.
  • IRENE, Una ninfa
  • JAVIER, Icarus, lugarteniente y consejero de Eneas
  • KOSTAS H., Kostas, cordelero.
  • KRISISH, Crisea, una vestal
  • KURTZ, Yarbas, rey pretendiente de Dido
  • LADY ZURIKAT , Iskias, amazona, guardaespaldas de Dido y Anna.
  • LEODEGUNDIA, Barce, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido
  • MORGANA, Una hechicera siria
  • MOVIE,Mook, perro de la reina Dido.
  • NÁUFRAGO, Náufrago enamoradizo.
  • ONTOKITA, Jacinta, artesana de vasijas de arcilla
  • PAULA, Amneris, la tejedora
  • PEDRO (Glup) , Siqueo, sacerdote de Melqart y esposo de Dido
  • SIRIO, Sirio, gato de Anna
  • TONY, Copa de oro del padre de la reina Dido.
  • ULA, Ula, amiga de Dido.
  • XIMENA, Una bailarina oriental

    * y **Detalles de esculturas. Museo Altemps.

    ***Detalle de relieve. Museo Centrale Montemartino.

    ****Fragmento de relieve. Museo Termas de Diocleciano.

    *****Gato romano en el Museo Termas de Diocleciano.

    ****** Detalle de pintura mural. Loggia Mattei en el Palatino.

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  • viernes, febrero 02, 2007

    DIDO Y ENEAS (VIII).- Da comienzo el banquete

    Después de ofrecer el sacrificio a la diosa Juno, la reina Dido regresa a su palacio. Al atravesar las calles cercanas al puerto, ha podido comprobar cuánto tensa a la población de Tiro la excesiva actividad. A los gritos de los carreteros pidiendo paso se unen las protestas de los viandantes; los aguadores se abren camino por entre el gentío y no dan abasto a satisfacer a tantos vozarrones sedientos; estallan disputas por todas partes. Parece ser que un estibador ha caído al agua y sólo la intervención de uno de los guardias que vigilan las naves de guerra lo ha salvado de la muerte. La amplitud de un movimiento tan desusado en el puerto da lugar a muchos comentarios. Algunos amigos de Pigmalión se pasean por delante de las naves, observan las operaciones de carga y preguntan aquí y allá. No les gusta todo esto.

    - Parece ser que mi patrón, el señor Acus, no puede esperar para hacerse más rico – responde con fingida irritación el capitán de una de sus naves. – Ya sabéis, señores, hay buenas noticias de oriente y él quiere aprovecharlas.

    Por otra parte, las obras que se están realizando en el patio del templo de Melqart también han causado irritación a Pigmalión. Se ha enterado de ese asunto por dos de sus fieles más íntimos, quienes participaron con él en la tortura y asesinato de Siqueo y la infructuosa búsqueda del tesoro del templo. Mientras duren las obras habrá vigilancia de noche y ello les impedirá continuar con su indagación. ¡Maldita Dido! Y, encima, tendrá que disimular esta noche en el banquete y seguir dándole excusas sobre la ausencia de su marido. Está harto y más que harto. Urge tomar medidas. Tal vez se ha equivocado. Debería derrocar a su hermana sin tardanza y, una vez en el trono, revolver la ciudad entera si es necesario para encontrar el tesoro. Sí, debe hablar con los suyos cuanto antes. Enviará un mensaje a sus consejeros: mañana, al despuntar el alba, deben acudir a su casa. Se retirarán tarde del banquete, así que su ausencia del foro a primeras horas no levantará sospechas.

    --
    -¿Crees que estoy bien? – pregunta Anarkasis mirándose las vestiduras.

    - No te conocería ni tu madre – responde su amigo. Han cambiado de alojamiento esta mañana y se han identificado ante el nuevo posadero como un mercader griego y su criado. No hay que correr ningún riesgo. El actor ensaya en el exiguo cuarto la forma de caminar más apropiada. No es muy alto y resulta más bien delgado, pero la túnica y el manto le dan prestancia y quiere imprimir elegancia a sus gestos y sus modales. Pero sólo la justa.

    - Por primera vez voy a actuar sin careta. Impresiona, ¿sabes?

    - ¡Que se lo digan a todas las muchachas que te han hecho sitio en su lecho convencidas de haber encontrado un marido! Espero que en esta ocasión no tengamos que salir huyendo…

    -----

    Barce está aprovechando el último baño de la reina para concretar con ella los planes que le atañen. Dido pretende dar apariencia de la mayor normalidad, así que no le dirá nada a su hermana Anna hasta el momento de partir. Es demasiado joven y su nerviosismo podría delatarlas. Así que tanto ella como la nieta de Barce cenarán y se acostarán a la hora acostumbrada. En cuanto a la nodriza, acabará de preparar lo necesario y la esperará en el cuarto. La reina vendrá en cuanto acabe el banquete: va a necesitar cambiarse la ropa por otra más ligera y dar las últimas instrucciones.
    - Esta noche quiero estar muy bella, Barce – declara mientras la anciana comienza a colocarle las joyas sobre la túnica blanca de lino: un grueso collar de oro con lágrimas colgantes de lapislázuli y un cinturón cuyas placas, esmaltadas en azul, plata y verde, semejan las escamas de un pez. El cinturón fue un regalo de Siqueo y ambas mujeres piensan en él, sin nombrarlo.


    - Tu siempre estás hermosa, niña mía – responde la anciana.

    - Ésta es una ocasión especial. Mi despedida de Tiro y de mi trono. No quiero que olviden mi majestad quienes se quedan aquí. Y quienes van a acompañarme deben sentirse orgullosos de seguirme. Yo misma necesito sentirme reina por dentro y por fuera, ya que la mujer que oculto en mí está en estos momentos destrozada…

    Debe sentarse de nuevo para que la anciana le calce sus sandalias de cuero con anillas de oro y le dé el último retoque. Ha dispuesto sus cabellos en numerosas trenzas enlazadas alrededor de la cabeza y algunos mechones cayendo sobre la frente. Ahora quiere también que diminutas crenchas den realce a su cuello. Por último, se coloca sobre los hombros su manto de púrpura, símbolo real, y una pequeña diadema. Barce da un paso atrás para contemplarla. Está perfecta.
    Los invitados han acudido ya cuando la reina Dido entra en el salón donde se servirá el banquete. Están de pie hablando en corrillos y, al anunciarse su llegada, cesan las conversaciones y quienes se hallan de espaldas se vuelven a mirarla. Tiene las facciones finas y los pómulos altos, teñidos de un leve rubor. La sonrisa ilumina sus ojos de color miel y extiende su dulzura por el rostro entero. El cabello, rubio intenso, brilla y rodea su cabeza como una aureola. Es menuda y no muy alta. Sin embargo, su persona llena el salón entero y supera a todos en grandeza. Una rápida mirada le descubre que no está Pigmalión. Se entretiene en saludar a los invitados uno a uno, por su nombre, e incluso para ganar tiempo les presenta a Anarkasis, mercader griego e invitado de honor. Por fin, algo apresuradamente llega su hermano. Dido le dirige su sonrisa más radiante y le tiende las manos.

    - Querido Pigmalión – le dice – empezaba a temer que algún asunto urgente te impidiese venir. Ven, quiero que te sientes a mi lado. Y tú también, mi estimado príncipe del Senado. Deseo conocer vuestra opinión, una vez el honorable Anarkasis nos haya informado.

    - Te diré que mi hijo Acus le ha dado toda la credibilidad, mi reina – responde el anciano senador, mientras se sienta a la derecha de Pigmalión – Piensa partir de inmediato.

    Las mesas están colocadas formando un gran cuadrado, con las esquinas abiertas para que pasen los sirvientes. Al mercader griego le han asignado un asiento frente a la reina, al lado de Acus y su esposa Diana. Todos los comensales tienen interés en escucharlo. En Tiro, hablar de negocios es el tema de conversación más estimado. Al menos, hasta la fecha.

    La reina Dido lo escucha responder con soltura a las preguntas que le hacen. Es un hombre entendido y de recursos, sin duda. Se defenderá bien. Y, con esta certeza, aparta su atención de Anarkasis y la centra, disimuladamente, en otros. Entre los comensales hay cuatro íntimos de su hermano, y ella ha dado instrucciones de que les sirvan abundante vino. Pigmalión, sentado a su lado, está bebiendo bastante. Se le ve un poco ceñudo, casi desdeñoso hacia ella. A la reina no le importa: no se da por enterada del tono irritado de sus respuestas ni de la forma desairada con que ignora al príncipe del Senado. Esto la preocupa pero, al mismo tiempo, la reconforta pensando que tratará de calmar su mal humor con vino.

    Anarkasis ha explicado con detalle que, tras la caída y destrucción de Troya, el paso de los Dardanelos había quedado a merced de muchos bandidos. Sin embargo, pasados ya algunos años, los griegos han conseguido derrotarlos por mar y tierra y han tomado el control del estrecho. Ahora habrá que pagarles el peaje a ellos, pero la ruta es segura. Y, como respuesta a algunas preguntas, se ha dejado llevar por la emoción y ha glosado la salvaje hermosura de aquellas tierras. Todo el mundo ha quedado embelesado por su elocuencia al expresarse y la belleza de sus palabras.

    - Eres un mercader muy raro – dice de pronto Pigmalión, deteniendo la copa a mitad de camino entre la mesa y los labios – Y te diré otra cosa: no me gustas.

    Y, en un instante, en el salón se hace un silencio como de hielo.

    NOTA: Algunos amigos quieren representar algún personaje. Pueden participar quienes lo deseen. De momento, estos son:
    ACUS : Acus, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de Expedición de Dido
    ANARKASIS: Anarkasis, actor, debe hacerse pasar por mercader griego.
    BETHANIA: Anna, hermana de la reina Dido
    JAVIER: Icarus, lugarteniente y consejero de Eneas
    KOSTAS: Kostas, cordelero, viajó en la nave de Dido.
    LADY ZURIKAT: Iskias, amazona, guardaespaldas de Dido y Anna.
    LEODEGUNDIA: Barce, nodriza de Siqueo y fiel sirviente y amiga de Dido
    ANGELUSA: Príncipe del Senado
    EDEM: Almícar, timonel de la nave de la reina Dido
    MOVIE (perro de Clarice baricco): Perro de la reina Dido
    TINTA DEL CORAZÓN: Un naúfrago, valiente y fiel capitán de Dido
    CHARLES DE BATZ: Parepidemos Samosatense, peregrino.
    GOATHEMALA: Árbol (ya veremos cuál)
    CLAULLITRICHE: Diana, esposa de Acus y amiga de Dido
    IRENE: una ninfa
    * Plaza del Popolo. Detalle de Relieve.
    **Detalle de sarcófago. Museo Massimo alle Terme
    ***Detalle de cabeza femenina. Museos Capitolinos
    ****Detalle de los Mercados de Trajano. Roma
    *****Friso en relieve representado las artes en el Teatro Argentina de Roma.