martes, mayo 14, 2013

REMO SE CONSIDERA YA VENCEDOR





Después de que los gemelos Remo y Rómulo, ayudados por sus amigos, se hubieran enfrentado a los pastores del Aventino y dado muerte a cuatro de ellos, había llegado el día de la fiesta Lupercalia. Con los ritos que se celebraban en honor del dios Fauno, terminaría su periodo de iniciación y serían admitidos a la sociedad de los adultos. Ya se había realizado la primera parte: un sacrificio de dos cabras dentro de la cueva. Mientras esperaban a que el sacerdote y sus ayudantes prepararan la carne para el banquete ritual, los muchachos se habían quitado la ropa y se ejercitaban con carreras y saltos. Justo entonces, un pastor avisó que un grupo de ladrones pretendía llevarse su ganado y pidió ayuda a los gemelos. Al instante, Remo encabezando un grupo y Rómulo dirigiendo otro, echaron a correr en direcciones opuestas para tratar de impedir el robo. Ahí nos quedamos, sin saber cómo quedaría el asunto de los ladrones ni si alguno de los hermanos conseguiría impedir ese atropello.


Si bien la mayor parte de los estudiosos coincide en afirmar que la fiesta Lupercalia estaba instituida antes de la fundación de Roma, sobre el desarrollo de algunos de sus ritos como la desnudez de los jóvenes o la carrera en torno al Palatino no existe unanimidad.
Para Agatocles de Tarento, los lupercos participaban desnudos a imitación del lobo, cuyo cuerpo sólo se cubre con su propia piel. También Fauno recorre los campos en cueros, sin vestiduras tejidas a mano, pues su reino es la naturaleza y en ella no existen tales artificios ni al dios le interesa el pudor. Más bien al contrario: su potencia y fuerza generadora, con frecuencia lujuriosa, no quiere estorbos de ninguna clase. A juicio pues de este docto erudito, desde tiempos antiquísimos los muchachos concurrían desnudos al rito precisamente para honrar al dios caprino.
Cayo Acilio, en cambio, sitúa el origen de la desnudez de los lupercos en el episodio recién narrado, es decir, en el haber corrido desnudos Remo y Rómulo para evitarse las molestias del sudor cuando salieron en persecución de unos ladrones de ganado, robo acaecido mientras se celebraba la fiesta en honor de Fauno Luperco. En su opinión, se instituyó también entonces la carrera en torno al Palatino.
No faltan tratadistas contemporáneos nuestros que rechazan por completo toda relación entre los ritos de la Lupercalia y los gemelos. En tal caso, ¿por qué se forman dos grupos de lupercos, los Fabios y los Quintili? ¿Por qué se elige a dos jóvenes de buena familia para un rito en particular? En efecto, dentro de la cueva y apenas sacrificadas las cabras, el sacerdote toca la frente de esos dos muchachos con el cuchillo sacrificial aún ensangrentado. Luego, con un mechón de lana empapado de leche les enjuga la sangre de la frente y, entonces, los muchachos lanzan una tremenda carcajada, quizá para significar su tránsito a la nueva vida adulta y a continuación salen de la gruta para empezar la carrera. ¿Quién no reconocería en esos dos jóvenes a Remo y Rómulo? Dejo a vuestra sabiduría la respuesta a esta cuestión.
Y si no dais crédito a lo que vuestros propios ojos ven y vuestros oídos escuchan cada año al celebrarse la fiesta, añadiré por mi parte una razón si no más docta, al menos más congruente con cuanto hemos aprendido al estudiar el pasado. Nuestros antepasados jamás hubieran atribuido al azar el aviso del robo de ganado ni la consiguiente persecución por parte de los lupercos pues, según se vio después, respondía al designio de los dioses. Cuál era su finalidad, es algo sobre lo cual ninguno de los expertos citados se pronuncia. ¿Quiso Júpiter poner a prueba a los gemelos? ¿Fue asunto de Fauno? Quizá ese dios agreste se resistía a dejar salir de sus dominios selváticos y desordenados, primitivos, a los dos hermanos, espléndidos y potentes como lobos.
Nosotros nada podemos hacer sino sentarnos cerca de los fuegos donde se iba a asar la carne del banquete ritual, disfrutar del día soleado y esperar a que los dos grupos de lupercos, encabezados uno por Remo y otro por Rómulo, regresaran de la persecución a los ladrones de ganado.


Acababan de extender las ascuas y colocar sobre ellas los trozos ensartados de las cabras sacrificadas a Fauno cuando de pronto aparecieron, por el fondo del valle de Murcia, Remo y los Fabios con cuantos lupercos se les habían sumado para perseguir a los bandidos. Algunos de los pastores adultos, cansados de esperar e impacientes por saber si habían logrado ahuyentar a los malhechores, descendieron hasta el valle y salieron a su encuentro para recibirlos.
- ¿Habéis vencido a los ladrones? – les gritaban desde lejos.
Y los lupercos respondían afirmativamente por señas, daban palmas y entonaban cánticos de victoria. Los pastores alcanzaron por fin a los valientes muchachos y, tras saludarlos y felicitarlos con gran alborozo, se colocaron a su lado y formaron un cortejo para acompañarlos en su llegada triunfal. Los lupercos hablaban atropelladamente y con gran entusiasmo.
- ¡Deberíais haber visto cómo huían los ladrones…! - se jactaba uno.
- Apenas han reconocido a Remo, han dejado de arrear a las vacas y han echado a correr…
- ¿Los habéis perseguido? - preguntó un pastor curioso.
- ¡Qué dices! ¿Y perdernos la fiesta? ¡Ni hablar! - respondía Bruto Fabio -. Además, estamos hambrientos.
- Así es - añadió Sexto Fabio -. ¡Ojala esas malditas cabras estén ya asadas!
La alegría de todos, con ser mucha, era pequeña comparada con la de Remo, quien no cabía en sí de gozo. Caminaba el primero respirando hondo para exhibir bien sus músculos, henchía el pecho de orgullo. Pronto llegaría su hazaña a los oídos de Flora y aún lo amaría más. Este pensamiento lo hizo sacudir la cabeza con ese gesto característico suyo que le agitaba los rizos sobre la frente.
- ¡Vaya manera graciosa de mover el pelo! - dijo uno de los pastores salidos a su encuentro, sin disimular su admiración, pues el cabello rubio y ondulado de Remo brillaba como una aureola en torno a su cabeza y lo hacía semejante a un dios.
Ese comentario, aún siendo elogioso, ensombreció la mirada de Remo. Le trajo a la memoria su enfrentamiento con Gordio Quintili, quien pocos días antes se había burlado de él y lo había ofendido gravemente al comparar sus gestos con los de una muchacha. Había jurado vengarse y hacerlo de manera pública. Ahora el destino le brindaba la oportunidad de resarcirse y, además, delante de todos los habitantes del Septimontium. Lo humillaría de tal modo que nadie lo olvidaría jamás y hasta el fin de sus días Gordio Quintili habría de soportar las burlas de todos los pastores siempre que se hablara de la fiesta Lupercalia. Se iluminó de nuevo el rostro de Remo y sonrió para sí ¡Sin duda el padre Fauno le era propicio!
Para llevar a cabo su venganza era preciso anticiparse al regreso de su hermano y los Quintili, llegar al lugar donde se celebraría el banquete antes que ellos. No parecía difícil, pues su hermano estaría aún dando la vuelta al Palatino en busca de los ladrones. ¡Cuánto más rápida y eficaz había sido su persecución! Le destellaba la alegría en los ojos. Con esa determinación tomada, volvió su rostro y dijo unas palabras a sus compañeros para alentarlos a seguirlo y luego, lazando un grito, emprendió una veloz carrera hacia la cueva de Fauno.


Por la vertiente opuesta del Palatino, como había previsto Remo,  corrían Rómulo, los Quintili y los lupercos unidos a su grupo. Ni siquiera habían llegado a ver a los ladrones, pues el intento de robo había tenido lugar en un área más cercana al valle de Murcia, hacia donde se había dirigido el grupo de Remo. Un pastor les hizo señales desde lejos. Era el mismo que había dado el aviso y les indicaba que ya había recuperado el rebaño y se retiraba con él hacia otros pastos. Para entonces Rómulo y los suyos ya habían rebasado la Velia y estaban a punto de llegar al valle entre el Celio y el Palaltino. No merecía la pena retroceder. Llegarían antes si terminaban de dar la vuelta a esta última colina para dirigirse a la cueva de Fauno.
En cualquier caso, no había prisa. Dejaron de correr, se sentaron y descansaron unos momentos, durante los cuales los Quintili y Rómulo recordaron a sus compañeros lupercos su aventura con el toro y los bandidos, ocurrida no muy lejos de allí. La conversación entre ellos era festiva, alegre, acorde con la importancia de ese día y con sus propias expectativas. Hablaban de sus planes de matrimonio quienes ya estaban prometidos y de todo cuanto, por ser ya adultos, preveían hacer en un futuro inmediato.
Ese mismo día, al terminar el banquete ritual, se acercarían al santuario del dios Quirino a ofrecerle sus bullas. Cuando dos días más tarde se celebrara la fiesta del dios, acudirían por primera vez en su vida a las ceremonias sin ostentar sobre su pecho ese poderoso amuleto propio de los niños, incapaces de defenderse por sí solos. Y casi enseguida, apenas hubieran transcurrido seis días más, marcharían a Cenina a celebrar un sacrificio en beneficio de la comunidad. Era privilegio de quienes acababan de concluir su iniciación el oficiar ese rito. La fuerza de la juventud unida a su recién adquirida condición de adultos formaban una combinación muy potente y eficaz para requerir la ayuda de la diosa Angerona. La intervención de tal divinidad era precisa pues la oscuridad de la noche se prolongaba cada vez más y amenazaba con impedir la salida del sol; sólo Angerona podía invertir el curso de ese desastre, dar fuerza al astro rey para que su luz volviera a vencer a las tinieblas. 
Con esos y otros planes gozosos bullendo en sus cabezas, los muchachos reemprendieron la marcha por el largo sendero al pie del Palatino, giraron a la derecha y continuaron por las orillas del valle entre el Celio y el Palatino hasta alcanzar el altar de Consu. Allí el camino volvía a virar y,  continuando al pie de los farallones, penetraba en la vertiente del valle de Murcia.


Acca Larentia había pasado la mañana vigilando el cielo para observar el avance del sol. Estaba sentada al amparo de una encina, justo en el límite entre el encinar y el prado, entre la luz y la sombra, algo apartada de las demás familias. A su lado se tendían con los ojos cerrados y aprovechando el calorcillo del sol los perros Bona y Seius. Su presencia en los ritos hubiera estado fuera de lugar, por ello sus amos los habían consignado a la custodia de su hermana Fausta. La muchacha, junto con otras jóvenes de su edad, había descendido hasta el valle de Murcia y allí cantaban, giraban formando corros y participaban en los diversos juegos con sus prometidos. Era una suerte de cortejo, pues pronto, cuando llegase la primavera y con ella la fiesta de Júpiter Latiaris, se celebrarían las bodas. Hasta las faldas del Palatino llegaban la música y el alborozo de quienes pronto fundarían nuevas familias.
Impaciente, volvió a mirar el cielo Acca. El sol había alcanzado ya su cénit, no tardaría en iniciarse el banquete ritual de los lupercos. Con él concluirían los ritos de iniciación de sus hijos y un nuevo puñado de jóvenes habría de salir de la protección de sus familias y vivir por sus propios medios durante un año. Suspiró con cierto alivio. El final de los ritos significaba para ella la recuperación de un poco de tranquilidad, sobre todo después de la promesa de Urco de llevarse a sus hermanos lejos del Aventino durante unos días. Temía la venganza de los pastores del Aventino. Mientras sus gemelos continuasen al alcance de éstos y de su jefe Caius, su corazón de madre no tendría sosiego.
- ¿Se sabe algo de esos ladrones de ganado en cuya persecución han ido Remo y Rómulo? – preguntó con ansiedad a Urco, quien con paso tranquilo y gesto alegre se acercaba a ella.
- ¡Borra de tu rostro tanto sufrimiento, madre! – respondió Urco –. Al parecer Remo los ha ahuyentado y está regresando ya. Dentro de un rato empezará el banquete. Espero que haya bastante carne, porque después de semejante carrera los muchachos devorarán la comida como animales.
Un grito salió de la garganta de Acca Larentia, aunque ella lo sofocó tapándose la boca.
- ¡Madre Fauna! – imploró enseguida poniéndose de rodillas sobre el suelo y hurgando en su cesto hasta dar con una torta de harina - ¡Madre Fauna, imploro tu ayuda y tu compasión! Intercede ante tu esposo Fauno a favor de mis hijos gemelos. ¡Que no los retenga a su lado, que los deje libres! Tú puedes hacerlo con una palabra, madre protectora de las mujeres, pues tu voz es persuasiva y a la vez profética – y mientras decía esas palabras desmenuzaba la torta, arrojaba los pedazos al suelo en círculo y los rociaba con un poco de miel.
Urco no comprendía el repentino pánico de su madre ni el temblor de su cuerpo entero. Se había arrodillado frente a ella y cuando la mujer terminó su invocación, le cogió las manos para transmitirle calma y consuelo. En la mirada de Urco había un interrogante.
- Algún dios te ha inspirado palabras nefastas, hijo mío. Temo otra vez por tus hermanos.
Quiso tranquilizarla, pero ya se oía el vocerío de los muchachos que regresaban de espantar a los ladrones y, contagiado de los temores de su madre, le pareció más urgente acercarse a recibirlos al lugar donde ardían los fuegos. 

NOTA: Éste es el capítulo 15 de la primera parte de la historia de Remo y Rómulo. 
*Todas las fotografías son mías excepto la de Cupido y Psique que es de Paco Hernández.  

NOTA: Os recuerdo que el miércoles 15 de mayo será la tertulia sobre Dido Reina de Cartago en el Bibliocafé, a las 19 horas. ¡Me encantaría veros!

lunes, mayo 13, 2013

BREVE RESUMEN REMO Y RÓMULO EN LA FIESTA LUPERCALIA.




De la liberta Lálage a su señora Claudia Hortensia.

Señora, cuando me dirigía a la biblioteca a cumplir el encargo que me hiciste ayer, me he tropezado con tu librero Dídimo. No me quería dejar marchar sin que antes le hiciera un breve resumen de dónde nos habíamos quedado cuando hubimos de suspender temporalmente la escritura de esta obra. Me he visto obligada a prometerle que se lo entregaría por escrito antes del mediodía. Así, te ruego me des tu conformidad al texto que he pensado llevarle o que hagas las correcciones que consideres oportunas. Mándame tu respuesta con el mismo esclavo que te lleva esta nota.

“Después de que los gemelos Remo y Rómulo, ayudados por sus amigos, se hubieran enfrentado a los pastores del Aventino y dado muerte a cuatro de ellos, había llegado el día de la fiesta Lupercalia. Con los ritos que se celebraban en honor del dios Fauno, terminaría su periodo de iniciación y serían admitidos a la sociedad de los adultos. Ya se había realizado la primera parte: un sacrificio de dos cabras dentro de la cueva. Mientras esperaban a que el sacerdote y sus ayudantes prepararan la carne para el banquete ritual, los muchachos se habían quitado la ropa y se ejercitaban con carreras y saltos. Justo entonces, un pastor avisó que un grupo de ladrones pretendía llevarse su ganado y pidió ayuda a los gemelos. Al instante, Remo encabezando un grupo y Rómulo dirigiendo otro, echaron a correr en direcciones opuestas para tratar de impedir el robo. Ahí nos quedamos, sin saber cómo quedaría el asunto de los ladrones ni si alguno de los hermanos conseguiría impedir ese atropello.”

Dime si te parece bien así o quieres que amplíe la información. Apenas tenga tu respuesta, la haré llegar al librero. 

*Foto: Iglesia de San Pietro in Montorio. Capilla de Vasari. Foto: Isabel Barceló.

Mi librero José Luis me pide que os recuerdo la cita en Bibliocafé. Miércoles 15 de mayo, a las 19,00 horas, en Bibliocafé, c/ Amadeo de Saboya, 17. Tertulia literaria sobre mi novela "Dido Reina de Cartago".




domingo, mayo 12, 2013

NOS PREPARAMOS PARA CONTINUAR CON LA HISTORIA DE LOS GEMELOS



De la noble Claudia Hortensia a la liberta Lálage



¿Terminaste las averiguaciones que te ordené hacer en la biblioteca, acerca de los orígenes de la fiesta de los lupercos? Espero que sí, pues las necesitamos para continuar con la historia de los gemelos Remo y Rómulo, nuestros ilustres antepasados, sin los cuales no existiría esta ciudad. ¡Cómo lamento haberlos dejado tanto tiempo así, a mitad de la fiesta lupercalia y justo cuando unos bandidos se aprovechaban de la ausencia de los pastores, ocupados en festejar a Fauno, para robar ganado!

En fin, dale al portador de esta carta tus notas al respecto y prepárate, pues tengo para ti otro trabajo urgente: dentro de tres días habrá una reunión de eruditos con el propósito de hablar de la reina Dido, la fundadora de Cartago cuyos amores con el padre Eneas tanto han dado que hablar. Quiero asistir preparada, así que recopila cuanta información puedas acerca de los últimos estudios publicados sobre la reina. Si aceptamos la versión más difundida de que nuestra Rea Silvia – y por tanto sus gemelos Remo y Rómulo – descienden de Eneas, quedaría yo en ridículo si no fuera a la reunión bien informada… Deja lo que estés haciendo y hazlo enseguida. Mañana, a primera hora, te espero en mi casa.

 
Convoca: Toni Zarza Sepulveda, dentro de las actividades del Club de Lectura Antonio Penadés.
Miércoles 15/5/2013 dia de San Isidro, en "La Real Maestranza literaria de Valencia" (Bibliocafé) nuestra amiga y gran escritora Isabel Barceló Chico, lidiará valientemente con todas las preguntas y dudas que surjan y le formulen los muchos asistentes (eso esperamos) en torno a su novela "Dido Reina de Cartago". Recordar amigos, EXPANDIR el evento hacia todo aquel que creáis que pueda estar interesado en asistir. Lo pasaremos de categoría y en los minutillos finales podríamos comentar sobre próximas novelas a ser tertulieadas ;) OS ESPERAMOS.
Martes, 15 de mayo, a las 19:00 horas.  Entrada libre.

miércoles, mayo 08, 2013

LA POBREZA NO TE CONVIERTE EN BESTIA DE CARGA



Esto dice Corax, contratado como porteador, para defender su dignidad: 
 



“¡Vamos, hombre! ¿Acaso creéis que soy una bestia de carga o un barco que transporta piedras? He sido contratado para realizar el trabajo de un hombre, no el de un caballo. No soy menos libre que vosotros, por muy pobre que me dejara mi padre”.

PETRONIO.- “Satiricón”

Citado por Robert C.Knapp en “Los olvidados de Roma”.- Traducción de Jorge Paredes.
 

domingo, mayo 05, 2013

CANTO A LAS MADRES



“No nací para compartir el odio, sino para compartir el amor
 



 En esta fecha celebramos vuestro día, madres del mundo. Y el homenaje no alcanza solo a las madres de hoy: también a las de ayer, y a las de hace cien años, y a las de hace mil, y dos mil, y cinco mil, y diez mil años, y aún más atrás en el tiempo; a las madres que se irguieron sobre dos piernas por primera vez, a las que apenas sabían hablar, a las que alimentaban a su prole recolectando frutos y vivían en cuevas y hacían de esas cuevas un hogar; a las que vivieron luego en cabañas y parían a sus hijos a solas; a las que sufrieron esclavitud, servidumbre, y no eran nada para el amo; a las que lucharon por los suyos y perdieron o ganaron; a las que fueron madres a la fuerza, o lo fueron contra la voluntad de los demás; a las que perdieron a sus criaturas, a las que murieron a manos de hombres paridos por mujeres como ellas; a las que, pese a las penurias y las desgracias, se levantaban cada mañana cantando, o llorando, o en silencio, y cuidaban de su prole como el bien más preciado; a las que dieron al mundo genios, o grandes benefactores, o personas corrientes con vidas corrientes; a todas las madres, desde la primera, quien quiera que fuese, hasta la que acaba de parir ahora mismo o parirá por primera vez dentro de un instante.

A todas, gracias. 



NOTA: La frase del principio es de Antígona, tragedia de Sófocles. Aunque no se refiere a la maternidad, me ha parecido una frase adecuada para este día.
* Fotografía: Ara Pacis, Roma. Es mía.

jueves, mayo 02, 2013

FLORA NOS DA UNA LECCIÓN



 Dime, Emilia, ¿cuántos colores ves hoy en el jardín? Son un don de la madre Flora: ella captura y transforma en flores humildes o espléndidas el oro del sol, el rojo de la sangre, el azul del firmamento y el más oscuro del mar, el verde brillante de las hojas y de tus ojos. Las hace brotar para todos, a nadie excluye, a nadie impide disfrutarlas. Flora nos hace felices regalándonos flores, aromas, belleza y regocijo a cambio de nada. Madre generosa: ¡qué gran lección nos das para la vida!



NOTA: A la diosa Flora le estaban dedicadas las fiestas Florales que duraban desde el 28 de abril hasta el 3 de mayo. Era una diosa benévola y la gente la celebraba vistiendo ropas de alegres colores, celebrando banquetes y adornando las mesas con guirnaldas y luces para prolongar la fiesta hasta bien entrada la noche.