viernes, marzo 09, 2007

DIDO Y ENEAS (XVIII).- Empiezan las negociaciones con el gobierno de Rodas.



Antes de que los senadores rodios, en respuesta a la invitación de la reina, acudan de visita a su nave, Dido mantiene una conversación con sus consejeros. Han de tratar varios asuntos: valorar qué hacer respecto a los hombres que se han colado en su nave huyendo de la multitud y estudiar bien el mejor modo de tratar a los senadores de Rodas. Debe ganarse su favor para obtener las provisiones y la ayuda que necesita y, al mismo tiempo, desea proteger a los atenienses, si ello fuera posible. Xilón le ha conmovido mucho al hablarle de su padre. Después de tantos meses de vagar por los mares, sin vislumbrar claramente el porvenir y sintiéndose como una fugitiva expatriada, las palabras de ese hombre han sido un revulsivo. Al reconocerla espontáneamente como heredera del trono de Tiro, ha reestablecido el vínculo entre su vida pasada y su situación presente. Dido se siente rearmada moralmente y llena de orgullo.

- Xilón, como experto en leyes de los distintos pueblos, podría resultarnos de utilidad – dice la reina a su Jefe de Expedición, Acus, y al Príncipe del Senado – .¿Por qué no legislar escogiendo las mejores leyes para regular la vida de nuestra ciudad cuando la fundemos? Intuyo, además, que sería un excelente cronista… Incluso podría indagar sobre mi padre y mis antepasados. Una nueva ciudad debe tener un recuerdo y una raíz con los cuales prestigiarse.

- Parece buena idea, señora – responde el Príncipe del Senado – Sin embargo, ese otro hombre, el filósofo… Lo que me habéis contado me induce a sospechar que puede ser peligroso.

- Ocasionará problemas, ¿no es cierto, Acus?, pero también aportará frescura y libertad de pensamiento – responde Dido –. Si somos tolerantes, se nos unirán más filósofos que se sientan en riesgo en otras ciudades… Los sabios atraen alumnos, y los alumnos llevan tras de sí una legión de criados… Ganar fama es lo que más conviene al crecimiento de una ciudad y a su comercio.

- Y hasta al esclavo, Claudio Apollioni, podríamos sacarle partido – añade Acus –. Por lo visto es pedagogo y bien saben los dioses cuánto necesitamos uno. ¡Toda nuestra chiquillería se pasa el tiempo jugando y sin ningún provecho!

- Proteger a esos hombres puede ser incompatible con la amistad y benevolencia de los rodios – advierte el Príncipe del Senado.

- Por mi parte – dice la reina – creo que debemos defenderlos todo lo posible y ceder únicamente en el caso de que pudiera salir perjudicado nuestro pueblo. Quiero exponeros las ideas generales de un plan que se me ha ocurrido. Debemos asustar a los senadores rodios…
----

----
La nave de la reina está bellamente adornada. Entre el mástil y la proa han tendido un toldo improvisado con telas finas de diversos colores para matizar la luz en unos sitios y encenderla en otros. El lugar que ocupará la reina está respaldado por un dosel de color púrpura y de la misma tela se ha cubierto su escabel y las mesitas en las cuales se servirá un refrigerio. Ula, Morgana y otras jóvenes han bajado a tierra bien escoltadas y recogido ramas de olivo y gran cantidad de plantas olorosas. Con ellas han confeccionado guirnaldas y las han colgado en la borda. Han arrojado al suelo, desmenuzadas, ramitas de tomillo, romero, manzanilla y otras semejantes que no conocían pero huelen deliciosamente, formando así una alfombra fresca y verde. En el puerto han adquirido frutas para exprimir sus jugos, tortas y algunos dulces. Sérvulo, el copero de la reina, se ha encargado de seleccionar el vino y establecer la proporción adecuada de agua para la mezcla.

Hechas las presentaciones, pronunciadas la bienvenidas y cumplidos todos los protocolos adecuados al caso, la reina Dido, sus consejeros y sus invitados se sientan bajo el toldo. Los rodios no disimulan su admiración hacia la reina y el encanto de tal recibimiento, aunque se nota en ellos cierta tensión. Al fin la reina, tras ofrecer un brindis con la copa de oro de su padre, muestra una amplia sonrisa y aborda sin más rodeos el tema de esta reunión.

- Os estaréis preguntando, nobles señores, qué razón nos ha traído a Rodas. En realidad, son dos: una de ellas, buscar al cartógrafo Igres que, según nos han informado, se halla trabajando en estas costas por encargo vuestro. El otro, aprovisionarnos de cereales, carne seca, galletas, vino y algunas herramientas.

- Antes de tratar esos asuntos, noble reina, nos gustaría saber qué ocurre con esos hombres a los que habéis protegido … - dice el Senador más anciano.

- ¡Disculpad mi torpeza! Debí deciros antes que os los devolveré enseguida. De ningún modo querría crearos problemas por esa causa. Los hice trasladar de inmediato a otra nave, fuera del puerto, para evitar que huyeran.

- Debemos añadir – señala Acus – que la reina, al darles su amparo, corrió un gran riesgo, pues quedó expuesta a las iras de la multitud.

- Fue una reacción impulsiva por mi parte – añade Dido con expresión contrita mientras recorre con sus hermosos ojos los rostros de los senadores rodios buscando su comprensión – Los fenicios somos gente de orden. Y supuse, quizá erróneamente, que no os gustaría que la ira popular menoscabara vuestra autoridad. Entiendo que sólo vosotros tenéis legitimidad para castigar a esos hombres.

- Habéis hecho bien, señora, y os quedamos agradecidos – dice el anciano senador, francamente aliviado –. Nos habría resultado muy difícil explicar a la ciudad de Atenas la muerte de dos ciudadanos suyos a manos de la población de Rodas.

- ¿Son ciudadanos de Atenas? – pregunta el Príncipe del Senado, con expresión de alarma. Al cabo de un instante se inclina hacia la reina y finge hacerle una confidencia, aunque con voz suficientemente alta como para que le oigan los senadores de Rodas – ¡Entrégaselos enseguida, mi reina! Cierra el negocio de los suministros y vayámonos cuanto antes. Piensa que si el gobierno de Rodas no castiga a esos hombres habrá una revuelta ciudadana, y si los castigan… ¡No querría estar en la piel de estos senadores y tener que vérmelas con Atenas!

- Bien, nobles señores – dice la reina levantando su copa a modo de brindis y sonriendo a sus invitados, cuyos rostros han palidecido –. Antes de acabar esta velada estarán en vuestro poder esos atenienses. Considerad el asunto resuelto. En cuanto al cartógrafo y a las provisiones…

Los invitados rodios se miran con desconcierto. Las confidencias que han oído han hecho mella en su ánimo y les hace removerse inquietos. Inclinan sus cabezas para hablar entre sí e intercambian algunas opiniones. La idea de los conflictos que se les avecinan les aterra. Quizá no les convenga en absoluto que les entreguen a los atenienses. Al menos, hasta que se les ocurra alguna salida. El senador anciano toma de nuevo la palabra.

- Nos gustaría complacer todas tus peticiones, noble reina – dice –. Sin embargo. los recientes tumultos, cuya gravedad has visto con tus propios ojos, lo dificultan. Hablar ahora de cereales en esta ciudad es prender la tea de un incendio. Y mucho me temo que en cuanto pisen de nuevo Rodas esos atenienses, se recrudezca el conflicto…

- Señores – interviene Acus – Habéis reconocido hace un momento que la intervención de la reina al proteger a esos hombres resultó favorable para Rodas. Y esto ¿ha de redundar en nuestro perjuicio? ¿Habremos de zarpar sin provisiones y sin el cartógrafo Igres en cuyo trabajo confiábamos para fundar una nueva ciudad? En tal caso, os ruego que apuréis vuestras copas y regreséis a vuestras casas – y girando su vista hacia la reina Dido, añade: - Señora, antes de que caiga el sol hemos de desembarcar a los atenienses y su esclavo y aprestarnos para partir antes del alba. Apenas contamos con provisiones y, si no queremos morir de hambre antes de alcanzar otro puerto, no debemos perder tiempo.



Los rodios quedan mudos ante este reproche y la perspectiva de tener bajo su responsabilidad a los atenienses. El desasosiego se refleja en sus rostros. Reacciona de nuevo el más anciano.

- Nadie ha podido afirmar nunca, ¡Oh noble reina!, que los rodios seamos desagradecidos. Dadnos un poco de tiempo. Lo necesitamos para traer hasta aquí al cartógrafo por quien estás tan interesada y para preparar con discreción esos suministros. Como garantía de nuestra palabra, retened con vosotros a los atenienses hasta que hayamos cumplido. Ved si es grande nuestra confianza.

- No sé que responderte, noble señor – dice la reina, con gesto dubitativo –. Ni siquiera hemos hablado de precios...

- ¡No debéis preocuparos por un detalle tan insignificante…!

* Detalle de un sarcófago. Museo Termas de Diocleciano.

**Detalle de cabeza femenina. Pompeya

***Guirnalda de laurel. Santa Agnese fuori le mura. Roma.

****Detalle de mosaico. Museo Massimo alle Terme.

*****Detalle de pintura mural. La Farnesina. Roma.

******Figura femenina. Museo Termas de Diocleciano.

*******Detalle de grupo escultórico. Museo Massimo alle Terme.

********Reflejo en un estanque de Villa Doria-Pamphili. Roma.

NOTA:

  • JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago, ha comenzado ya a realizar los primeros preparativos para el gran banquete con que la reina recibirá al troyano Eneas. Quien quiera husmear por la cocina puede hacerlo ya, siempre sin meter el dedo en los platos...

    NOTA: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. Para facilitar la comprensión de cada post, se incluye la lista por orden alfabético de personajes. A continuación, entre paréntesis, están los nombres de los amigos bloggeros.

  • ACATES, amigo del alma de Eneas. (Eggy)
  • ACUS, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido. (Acus)
  • AEMILIUS, director de las obras de la muralla de Cartago. (Unjubilado)
  • AMILCAR, timonel de la nave de Dido. (Edem)
  • AMNERIS, la tejedora. (Paula)
  • ANARKASIS, actor. (Anarkasis)
  • ANNA, hermana de la reina Dido. (Bethania)
  • ANQUISES, padre de Eneas. (Juan)
  • ASCANIO, hijo de Eneas. (Ferípula)
  • BARCE, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido. (Leodegundia)
  • CAIUS PERTINAX, un hombre de negocios. (Joaquín)
  • CALIBÁN, un personaje enigmático. (Gonzalo)
  • CARMINIS, pintora de éxito. (Carmen)
  • CIRENE, la viajera troyana, madre del poeta Trailo. (Lady Read)
  • CLAUDIO APOLLIONI , esclavo y pedagogo. (Juanmb)
  • CLOANTO, un troyano. (Rafael p.q.)
  • COPA DE ORO del padre de la reina Dido. (Tony)
  • CRISEA, una vestal. (Krisish)
  • CUPIDO , dios del amor, hijo de la diosa Venus y hermano de Eneas. (Lady Ice)
  • DADA, un personaje de oriente. (Ixchel)
  • DIANA, esposa de Acus y amiga de Dido. (Claullitriche)
  • DINCER, una bailarina oriental. (Ximena)
  • DEMETRIUS PEDER, un escultor griego. (Pru)
  • EL TIEMPO, el viento y el agua. (Manuel)
  • EOLO, dios de los vientos. (Gloria de Un cajón revuelto)
  • ESPÍRITU invisible, protector de la nave de Dido. (Cieloazzul)
  • FILÓN, un filósofo cínico, hermano de Xilón y abuelo de Jacinta. (Gregorio Luri)
  • GABRIEL, vigía de navío de la reina Dido.(Iralow)
  • ICARUS, lugarteniente y consejero de Eneas. (Javier)
  • IGRES, Un cartógrafo mestizo. (Sergi Bellver)
  • IRIS, mensajera de los dioses. (Fortunata)
  • ISKIAS , amazona, guardaespaldas de Dido y Anna. (Lady Zurikat)
  • JACINTA, artesana de vasijas de arcilla, nieta de filósofo Filón. (Ontokita)
  • JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago. (Charo Marco)
  • JUNO, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.(Gabu)
    KARO, escribiente de la señora Imilce. (Antonio Portela)
  • KOSTAS, cordelero amigo de Imilce. (Kostas h.)
  • MERCURIO, mensajero de los dioses. (Marelyt)
  • MOOK, perro de la reina Dido. (Movie)
  • MORGANA, una hechicera siria. (Morgana)
  • NÁUFRAGO, náufrago enamoradizo. (Tinta del corazón)
  • NAUSICAA, hija del rey de los feacios. (Nausicaa)
  • NEOPTOLEMO, hijo de Aquiles. (Aquiles)
  • NEPTUNO, dios de los mares. ( Antonia Romero)
  • NISMACIL, guerrera oriental. (Aurefaire)
  • NUERA DE la señora Imilce (Bettina perroni)
  • PALEMON, comerciante griego con productos de oriente. (Adrià Urpì)
  • PALINURO, piloto de la nave de Eneas. (Luis Rivera)
  • PAREPIDEMOS SAMOSATENSE, peregrino. (Charles de Batz)
  • PITONISA de un oráculo. (Badanita)
  • PRINCIPE DEL SENADO, Jefe del Senado de Tiro y luego de Cartago. (Angelusa)
  • SALMA, Esclava oriental. (Gloria de Ojos de miel)
  • SAO, una ninfa. (Irene)
  • SEÑORA IMILCE, impulsora, narradora y corazón de esta historia. (Almena)
  • SERVULO, joven esclavo, copero de la reina Dido. (Felipe Servulo)
  • SIQUEO , sacerdote de Melqart y esposo de Dido. (Pedro (glup))
  • SIRIO, gato de Anna. (Sirio)
  • TEANO, matemática muy reputada. (Miriam g.)
  • TRAILO, poeta troyano e hijo de Cirene la viajera, narrador de parte de esta historia. (Grimalkin el bardo)
  • ULA, amiga de Dido. (Ula)
  • UN ARBOL un tanto especial. (Goathemala)
    UN CANGREJO en cualquier playa. (Cangrejo sedentario)
  • UN GRAN MATORRALaromático a la entrada de una cueva. (Rosa Silverio)
  • UN MALO, malísimo. (El hippie viejo)
  • UNA PIEL DE TORO. (Carlos a. gamboa)
  • UTYKE, sobrina del sacerdote de Hércules. (Nina)
  • VENUS, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas. (Elisa de Cremona)
  • XILÓN, maestro griego, hermano de Filón y cronista de la familia de la reina Dido. (Fernando Sarriá)
  • YARBAS, rey pretendiente de Dido. (Kurtz)
  • ZOE, prostituta con vocación de libertad. (Zoe favole)


    Tags








  • martes, marzo 06, 2007

    DIDO Y ENEAS (XVII).- Una situación difícil.



    En el puerto de Rodas, quienes apenas unos momentos antes gritaban enfurecidos se calman ante la presencia de la reina Dido. El sol arranca brillos de oro a los cabellos de la reina, más resplandecientes que una corona real. Los soldados que habían ido a reclamar la entrega de los tres fugitivos aceptan su respuesta con una ligera inclinación de cabeza y se marchan a transmitir al Senado su invitación a visitarla. Dido permanece todavía durante unos instantes junto a la borda y luego se retira de la vista del público con la misma majestad.

    A fin de no crear alarma en las ciudades ni poner en peligro a su propia gente, la reina Dido tenía por costumbre recalar en los puertos con su nave, dejando al abrigo de los vientos, pero fuera del puerto, al resto de la flota. Después de darse a conocer y verificada la ausencia de peligro, entraban a puerto el resto de sus naves. Ahora ordena a su Jefe de Expedición, el noble Acus, hacer las señales pertinentes para llamar a su lado únicamente a la nave del Príncipe del Senado. Le conviene ser prudente y, al mismo tiempo, reforzar su autoridad y prestigio ante los senadores de Rodas con el respaldo de aquel experimentado anciano.

    Se despoja del manto púrpura, se lo entrega a Barce y le da instrucciones sobre el vestuario y aderezo que quiere lucir en la recepción de esta tarde. A las demás damas, las insta a realizar los preparativos para recibir a las autoridades de Rodas de manera que resulte digna y agradable, dentro de las limitaciones que impone su situación. Concluido todo esto, se sienta en un escabel y pide a los atenienses que se expliquen.

    - Bien, Xilón y Filón de Atenas, os escucho.

    - A mí llámame Filón a secas – dice el hombre desnudo –. No pertenezco a ningún sitio ni creo que ningún lugar me pertenezca. No me atan las fronteras ni las leyes. Tampoco me atarán las tuyas, te lo advierto.

    - Los límites de mi reino son el agua y el cielo – responde Dido con una sonrisa. – Puedes traspasarlos siempre que quieras.

    - ¿Significa eso, mi reina, que careces de un territorio? – pregunta Xilón – Acabo de oir que te llamas Dido y eres fenicia. ¿No es tu padre el rey de Tiro? ¿No eres tú su heredera?

    La reina queda perpleja ante tales preguntas. Le parece imposible que la conozcan en un lugar tan distante de su propia tierra, alejado, además, de las rutas del comercio fenicio. Y más allá del asombro, un dolor muy profundo le golpea en el pecho, poniendo su corazón en carne viva. El color huye de su rostro. Han bastado unas cuantas palabras pronunciadas por un desconocido para que se reabrieran con violencia sus heridas. El haberse visto impelida a renunciar a su herencia para evitar la guerra, el asesinato brutal de su marido, la huida llena de penalidades y peligros a través de los mares y la inseguridad de hallar alguna vez descanso se le presentan de golpe y con todo su dramatismo. Cierra los ojos y los tres desconocidos se percatan de cuán grande es su emoción. En el poco tiempo que ha trascurrido desde que la conocen, han visto en ella fortaleza, decisión y piedad. Y ahora vislumbran la otra cara de la moneda: fragilidad e incertidumbre. Una corriente de simpatía los sacude. Cuando Dido abre de nuevo los ojos y los mira, se ha producido una transformación: ellos muestran una actitud de mayor respeto y reverencia, y para ella esos hombres han dejado de ser unos extraños.

    - ¿Cómo sabes eso? – pregunta la reina a Xilón, con una mezcla de curiosidad y pesar en la mirada.

    - Desde mi juventud, me dedico al estudio de las distintas formas de gobierno y de las leyes que rigen cada pueblo. Visité Tiro hace bastantes años y tuve el honor de ser presentado a tu padre, un monarca poco común de quien pareces ser fiel reflejo, mi reina – responde Xilón. Dido hace un gesto de asentimiento con la cabeza y aguarda a que él continúe.

    - Hace aproximadamente un año – prosigue Xilón – el Senado de Rodas solicitó a la ciudad de Atenas ayuda para fundar un santuario al dios Apolo. Necesitaban un sacerdote con experiencia en los ritos y capacidad para formar a otros, una pitonisa que interpretase el oráculo y expertos en construcción a fin de erigir el templo según los cánones atenienses. Atenas decidió prestar esa ayuda y preparó una expedición oficial. Dado que mi hermano Filón, a causa de sus ideas y su forma de vida se había granjeado algunos enemigos en Atenas, me pareció que era una buena oportunidad para poner el mar por medio y seguir avanzando en mis estudios. Solicité y nos fue concedido formar parte de esa expedición.

    - No es mi forma de vida la que me ha granjeado enemigos – interrumpe Filón – sino la cortedad de miras de los atenienses. Un atajo de borregos, eso es lo que son.

    - Se fijó un plazo de un año para que hiciera sus trabajos la expedición– prosigue Xilón como si no hubiese oído a su hermano –. Llegamos a Rodas la primavera pasada y hasta la próxima no regresará a por nosotros la nave ateniense que nos trajo.

    -¿Significa esto que os halláis aquí en misión oficial? – interviene la reina – ¿Os respalda el gobierno de Atenas?

    - Así es, señora.

    -¿Qué habéis hecho, entonces, para merecer las iras de los habitantes de esta ciudad hasta el punto de olvidar que sois enviados extranjeros y gozáis por ello de una protección especial? – se asombra Dido.

    - A esa pregunta te respondo yo – dice Filón apoyando los codos sobre sus rodillas e inclinándose hacia la reina – Esto es lo que he hecho: abrir los ojos a los jóvenes rodios. Son menos zoquetes que los atenienses… Me instalé debajo de una higuera y desde entonces les he dado ejemplo de vida. ¿Se visten los animales? ¿No comen los alimentos que encuentran a su alcance y sólo cuando sus estómagos lo exigen? ¿Y pagan algo por ello? ¿Tienen las aves un casero que les reclame dinero por instalar en una rama su nido?


    - Según tú, ¿sólo debemos sujetarnos a las leyes de la naturaleza? – pregunta Dido.

    - Y a las de nuestra propia virtud, señora. Soy un hombre con pocas necesidades y libre de toda pasión. Así deberíamos ser todos: es lo que trato de enseñar. ¿Sabes que en Rodas el precio de los cereales se ha multiplicado por diez porque no llegan naves con suministros y unos cuantos desaprensivos acapararon las reservas y ahora los venden a precio de oro? Un sistema que permite comer sólo a los ricos ¿merece, en tu opinión, alguna clase de alabanza? Por mi parte, lo repudio de plano – dice tumbándose en el suelo como si diera por zanjada la conversación.

    - En los últimos días, mi hermano ha disertado sobre lo que él llama la arbitrariedad e injusticia de los intercambios comerciales – dice Xilón retomando la palabra. – Hasta que hoy ha estallado un tumulto.


    - ¡Los jóvenes han respondido con mucha decisión! – dice Filón sentándose de nuevo con un salto – Se han dirigido al mercado y en un abrir y cerrar de ojos han agujereado las balanzas, derribado los tenderetes e invitado a todo el mundo a asaltar los almacenes… Y los campesinos y los desgraciados, en vez de ir a por los cereales, ¡han venido a por mi…! ¿Qué te parece? El mundo entero ha enloquecido, señora, te lo aseguro yo que lo conozco bien.

    - De modo que has conseguido irritar a todos los rodios, sin excepción – dice la reina Dido – Una situación muy difícil también para mí, sois conscientes de ello. Necesito descanso, agua y provisiones en abundancia para mis naves. Y pueden negármelo todo por el hecho de protegeros… He de reflexionar. De momento, os trasladaremos a otra nave para evitar encontraros frente a frente con los senadores que vendrán a visitarme. Pero no os hagáis ilusiones: dudo que os pueda ayudar.



    * Tíber en Roma;

    ** Detalle de cabeza de varón. Museo Massimo alle Terme.

    ***Detalle de cabeza femenina. Museos Capitolinos.

    ****Detalle de cabeza de varón. Museo Massimo alle Terme

    *****Detalle de relieve. Iglesia de San Pietro in Montorio. Roma.

    ******Detalle de relieve en urna cineraria. Museo Termas de Diocleciano.

    *******Detalle de relieve. Museos Capitolinos.

    NOTA: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. Para facilitar la comprensión de cada post, se incluye la lista por orden alfabético de personajes. A continuación, entre paréntesis, están los nombres de los amigos bloggeros.

  • ACATES, amigo del alma de Eneas. (Eggy)
  • ACUS, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido. (Acus)
  • AEMILIUS, director de las obras de la muralla de Cartago. (Unjubilado)
  • AMILCAR, timonel de la nave de Dido. (Edem)
  • AMNERIS, la tejedora. (Paula)
  • ANARKASIS, actor. (Anarkasis)
  • ANNA, hermana de la reina Dido. (Bethania)
  • ANQUISES, padre de Eneas. (Juan)
  • ASCANIO, hijo de Eneas. (Ferípula)
  • BARCE, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido. (Leodegundia)
  • CAIUS PERTINAX, un hombre de negocios. (Joaquín)
  • CALIBÁN, un personaje enigmático. (Gonzalo)
  • CARMINIS, pintora de éxito. (Carmen)
  • CIRENE, la viajera troyana, madre del poeta Trailo. (Lady Read)
  • CLAUDIO APOLLIONI , esclavo y pedagogo. (Juanmb)
  • CLOANTO, un troyano. (Rafael p.q.)
  • COPA DE ORO del padre de la reina Dido. (Tony)
  • CRISEA, una vestal. (Krisish)
  • CUPIDO , dios del amor, hijo de la diosa Venus y hermano de Eneas. (Lady Ice)
  • DADA, un personaje de oriente. (Ixchel)
  • DIANA, esposa de Acus y amiga de Dido. (Claullitriche)
  • DINCER, una bailarina oriental. (Ximena)
  • DEMETRIUS PEDER, un escultor griego. (Pru)
  • EL TIEMPO, el viento y el agua. (Manuel)
  • EOLO, dios de los vientos. (Gloria de Un cajón revuelto)
  • ESPÍRITU invisible, protector de la nave de Dido. (Cieloazzul)
  • FILÓN, un filósofo cínico, hermano de Xilón y abuelo de Jacinta. (Gregorio Luri)
  • GABRIEL, vigía de navío de la reina Dido.(Iralow)
  • ICARUS, lugarteniente y consejero de Eneas. (Javier)
  • IGRES, Un cartógrafo mestizo. (Sergi Bellver)
  • IRIS, mensajera de los dioses. (Fortunata)
  • ISKIAS , amazona, guardaespaldas de Dido y Anna. (Lady Zurikat)
  • JACINTA, artesana de vasijas de arcilla, nieta de filósofo Filón. (Ontokita)
  • JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago. (Charo Marco)
  • JUNO, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.(Gabu)
    KARO, escribiente de la señora Imilce. (Antonio Portela)
  • KOSTAS, cordelero amigo de Imilce. (Kostas h.)
  • MERCURIO, mensajero de los dioses. (Marelyt)
  • MOOK, perro de la reina Dido. (Movie)
  • MORGANA, una hechicera siria. (Morgana)
  • NÁUFRAGO, náufrago enamoradizo. (Tinta del corazón)
  • NAUSICAA, hija del rey de los feacios. (Nausicaa)
  • NEOPTOLEMO, hijo de Aquiles. (Aquiles)
  • NEPTUNO, dios de los mares. ( Antonia Romero)
  • NISMACIL, guerrera oriental. (Aurefaire)
  • NUERA DE la señora Imilce (Bettina perroni)
  • PALEMON, comerciante griego con productos de oriente. (Adrià Urpì)
  • PALINURO, piloto de la nave de Eneas. (Luis Rivera)
  • PAREPIDEMOS SAMOSATENSE, peregrino. (Charles de Batz)
  • PITONISA de un oráculo. (Badanita)
  • PRINCIPE DEL SENADO, Jefe del Senado de Tiro y luego de Cartago. (Angelusa)
  • SALMA, Esclava oriental. (Gloria de Ojos de miel)
  • SAO, una ninfa. (Irene)
  • SEÑORA IMILCE, impulsora, narradora y corazón de esta historia. (Almena)
  • SERVULO, joven esclavo, copero de la reina Dido. (Felipe Servulo)
  • SIQUEO , sacerdote de Melqart y esposo de Dido. (Pedro (glup))
  • SIRIO, gato de Anna. (Sirio)
  • TEANO, matemática muy reputada. (Miriam g.)
  • TRAILO, poeta troyano e hijo de Cirene la viajera, narrador de parte de esta historia. (Grimalkin el bardo)
  • ULA, amiga de Dido. (Ula)
  • UN ARBOL un tanto especial. (Goathemala)
    UN CANGREJO en cualquier playa. (Cangrejo sedentario)
  • UN GRAN MATORRALaromático a la entrada de una cueva. (Rosa Silverio)
  • UN MALO, malísimo. (El hippie viejo)
  • UNA PIEL DE TORO. (Carlos a. gamboa)
  • UTYKE, sobrina del sacerdote de Hércules. (Nina)
  • VENUS, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas. (Elisa de Cremona)
  • XILÓN, maestro griego, hermano de Filón y cronista de la familia de la reina Dido. (Fernando Sarriá)
  • YARBAS, rey pretendiente de Dido. (Kurtz)
  • ZOE, prostituta con vocación de libertad. (Zoe favole)


    Tags




  • viernes, marzo 02, 2007

    DIDO Y ENEAS (XVI).- Un encuentro poco ordinario.




    - ¡Bonita aparición hizo tu abuelo en el puerto de Rodas, Jacinta! – le digo con ironía mientras nos tomamos una infusión de hierbas aromáticas en el patio de su alfar, donde me ha invitado a sentarme entre decenas de vasijas de barro que se amontonan al sol en espera de ser decoradas. Karo se ha escabullido al interior del taller y estamos las dos solas, con nuestras tazas humeantes. Ella sonríe. Jacinta ha aceptado mi propuesta de unirse a esta tarea de reconstruir la vida de la reina Dido. Es más joven que mi nuera, pero posee una buena colección de recuerdos familiares y mucho sentido del humor. Su madre tenía fama de reírse hasta de su sombra y solía decir, con mucha guasa, que era hija de una contradicción. ¡Cuánto me hubiera gustado que viviese, para escuchar sus recuerdos por su propia boca…! Pero Jacinta me será de mucha ayuda.
    - Sabes que no conocí a mi abuelo, señora Imilce, pero mi madre me hablaba tanto de él, que me lo puedo imaginar fácilmente. Según ella, él nunca captó el aspecto hilarante de su encuentro con la reina.

    - No es fácil reírse mientras se es perseguido por una turba enfurecida que no deja de lanzarte piedras… – le hago notar

    - ¡Y sin llevar siquiera un taparrabos…!

    - Por lo visto, causó una gran impresión entre las mujeres de la nave y aunque Barce hizo todo lo posible para que mantuviesen una apariencia de respetabilidad, las jóvenes no podían contener la risa. Cuando pasó el susto, claro.

    Jacinta se queda pensativa y yo también. Filón no era precisamente un jovencito. Según Barce, tenía el pecho peludo y una barba muy descuidada. Al correr se le movía de un lado a otro la musculatura blanducha y blanquecina y todo lo demás que les cuelga a los hombres… Me lo figuro con esa facha saltando como un gato escaldado para subir a la nave de Dido y no puedo evitar una sonrisa. Su nieta debe pensar lo mismo, porque de pronto, las dos nos echamos a reír.

    - La reina Dido le tuvo siempre un gran aprecio. Nadie se explicaba bien la causa, porque mira que era un hombre raro…– le digo retomando la seriedad y la conversación – Sin embargo, había algo en él, en su disconformidad permanente con el orden del mundo, que atraía a la reina. Y también, según Barce, Dido admiraba la lealtad que se profesaban mutuamente él y su hermano Xilón. Y luego estaba su esclavo, Claudio Apollioni…

    - ¿Sabes, señora Imilce? Creo que me va a gustar trabajar contigo.

    ------


    -----
    - ¿A quién se le ocurre poner aquí una nave? – grita el hombrecillo que ha saltado desnudo a la embarcación de Dido, apenas logra ponerse en pie en la cubierta – ¡Podría haberme matado al intentar subir!

    Más allá del sobresalto que ha supuesto a los fenicios el ser recibidos por una lluvia de piedras y el verse abordados por un sujeto tan extraño, sus palabras causan estupor. La reina enarca las cejas.

    - ¿Preferías caer al agua? ¡Adelante, por nosotras puedes saltar! – le responde señalando con la mano el otro costado del barco.

    - No es mi costumbre obedecer, señora. Me lo pidas como me lo pidas, no saltaré.

    - No te he dado una orden. Al contrario, te he autorizado a hacer tu voluntad. Ni te he invitado a subir a mi nave, ni te retengo.

    - Bien, me quedo entonces – responde el hombrecillo. Y se sienta tranquilamente en el suelo a contemplar cómo los remeros ayudan a subir a los otros dos hombres que corrían con él y se habían lanzado al agua. Habían conseguido agarrarse a los remos y ahora los estaban izando. Llevan los vestidos chorreantes, están exhaustos. Es evidente que no saben nadar. Tumbados en la cubierta, tratan de recuperar el aliento. El hombrecillo se ríe y no parece molesto por su propia desnudez ni por hallarse bajo las miradas de tantas mujeres.

    Uno de los rescatados del agua se yergue y de una rápida ojeada se percata de la situación. Identifica a la persona más importante y se dirige a ella.

    - Señora – dice mirando a la reina Dido – te agradecemos tu ayuda. Mi nombre es Xilón de Atenas y aquel es mi hermano Filón – dice señalando al hombrecillo desnudo – . Ese otro es mi esclavo, Claudio Apollioni. En nombre de todos te pido protección y asilo.

    La reina observa sus ojos oscuros y serios durante unos momentos. Los rasgos de su cara son muy parecidos a los del hombrecillo, pero hay en ellos una firmeza y serenidad de las que aquel carece. Pese a estar empapado y tener un aspecto lastimoso, toda su persona inspira confianza. Con todo, la reina reflexiona su respuesta. Estos hombres la han colocado en una posición muy comprometida. Ella es extranjera en esta ciudad, desconoce sus leyes y sus costumbres, no sabe si esta acción podría granjearle la enemistad de sus habitantes.

    Sin embargo, no olvida que es reina y su propio honor está en juego. Si se deja asustar porque una chusma haya arrojado piedras contra su nave o no ejerce su derecho a dar protección a quien desee, ¿no se verá su autoridad cuestionada incluso entre su propia gente? ¿Qué respeto podría esperar de las autoridades de esta ciudad? Y, por otra parte, se encuentra con una baza inesperada en sus manos: eventualmente podría negociar la entrega de estos hombres.

    - Te haré una propuesta, Xilón de Atenas – responde al fin la reina – . No os conozco y no sé qué clase de personas sois. Estoy dispuesta a daros asilo sólo temporalmente y bajo una condición: quiero que me expliques la causa del ataque que habéis sufrido. Si considero que ha sido injusto, mantendré mi protección. En caso contrario, os entregaré a las autoridades de Rodas.

    - ¡Ja! – exclama el hombrecillo desnudo – . Hablas como todos, s-e-ñ-o-r-a… No pienso saltar al agua, si es eso lo que piensas, ni ahora ni mañana por la mañana.

    - Aceptamos tus condiciones, señora – se apresura a responder Xilón – Y te ruego que disculpes a mi hermano. Es un filósofo ¿sabes?, y está desarrollando nuevas ideas. No nos es dado a todos comprenderlo.

    La reina Dido hace un gesto afirmativo con la cabeza y ordena avisar a Acus.


    Desde el primer atisbo de peligro, Acus había formado una barrera de escudos a lo largo del costado de la nave ceñido al puerto. Detrás de ella están protegidas la reina y las demás mujeres, junto con estos hombres que han irrumpido de tal modo en su nave y en sus planes. La multitud en el puerto sigue vociferante, pero ha dejado de tirar piedras. Su objetivo no era la nave, desde luego, sino esos tres individuos. Y, a gritos, exigen que devuelvan a esos desvergonzados a tierra.

    Siguiendo las instrucciones de la reina, Acus vuelve a acercarse a la borda y hace que un par de soldados aparten sus escudos para asomarse al puerto.

    - Esta es la nave de la reina Dido, de estirpe fenicia – grita a la multitud –. No somos enemigos vuestros. Sin embargo, los hombres que perseguíais han pedido el amparo de la reina y ella no puede negárselo. Solicito hablar con vuestro rey.

    - Aquí no tenemos reyes – grita una voz –. No nos gustan.

    El gentío vuelve a manifestar su enfado. Gritos, puños cerrados alzándose en dirección al barco. Dos filas de soldados armados se abren paso entre la multitud y se detienen delante de la nave.

    - Requerimos la entrega de esos hombres por orden del Senado – grita el oficial al frente.

    - La reina Dido quedará muy complacida si los cinco senadores más importantes la honran visitándola esta tarde en su propia nave – responde la reina dejándose ver, de pronto, junto a la borda. Su belleza y prestancia al aparecer ataviada con su manto púrpura causa la admiración de toda la concurrencia.



    * Detalle de pintura mural. Museo Massimo alle Terme.
    **Figura femenina. Museo Altemps.
    ***Río Tíber a su paso por Roma
    ****Detalle del dios Esculapio. Museo Altemps.
    *****Figura masculina. Piazza del Popolo.
    ******Detalle de relieve. Piazza del Popolo.
    *******Detalle de figura femenina. Piazza del Popolo.
    ********Detalle de relieve. Museo Termas de Diocleciano.

    NOTA: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. Para facilitar la comprensión de cada post, se incluye la lista por orden alfabético de personajes. A continuación, entre paréntesis, están los nombres de los amigos bloggeros.

  • ACATES, amigo del alma de Eneas. (Eggy)
  • ACUS, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido. (Acus)
  • AEMILIUS, director de las obras de la muralla de Cartago. (Unjubilado)
  • AMILCAR, timonel de la nave de Dido. (Edem)
  • AMNERIS, la tejedora. (Paula)
  • ANARKASIS, actor. (Anarkasis)
  • ANNA, hermana de la reina Dido. (Bethania)
  • ANQUISES, padre de Eneas. (Juan)
  • ASCANIO, hijo de Eneas. (Ferípula)
  • BARCE, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido. (Leodegundia)
  • CAIUS PERTINAX, un hombre de negocios. (Joaquín)
  • CALIBÁN, un personaje enigmático. (Gonzalo)
  • CARMINIS, pintora de éxito. (Carmen)
  • CIRENE, la viajera troyana, madre del poeta Trailo. (Lady Read)
  • CLAUDIO APOLLIONI , esclavo y pedagogo. (Juanmb)
  • CLOANTO, un troyano. (Rafael p.q.)
  • COPA DE ORO del padre de la reina Dido. (Tony)
  • CRISEA, una vestal. (Krisish)
  • CUPIDO , dios del amor, hijo de la diosa Venus y hermano de Eneas. (Lady Ice)
  • DADA, un personaje de oriente. (Ixchel)
  • DIANA, esposa de Acus y amiga de Dido. (Claullitriche)
  • DINCER, una bailarina oriental. (Ximena)
  • DEMETRIUS PEDER, un escultor griego. (Pru)
  • EL TIEMPO, el viento y el agua. (Manuel)
  • EOLO, dios de los vientos. (Gloria de Un cajón revuelto)
  • ESPÍRITU invisible, protector de la nave de Dido. (Cieloazzul)
  • FILÓN, un filósofo cínico, hermano de Xilón y abuelo de Jacinta. (Gregorio Luri)
  • GABRIEL, vigía de navío de la reina Dido.(Iralow)
  • ICARUS, lugarteniente y consejero de Eneas. (Javier)
  • IGRES, Un cartógrafo mestizo. (Sergi Bellver)
  • IRIS, mensajera de los dioses. (Fortunata)
  • ISKIAS , amazona, guardaespaldas de Dido y Anna. (Lady Zurikat)
  • JACINTA, artesana de vasijas de arcilla, nieta de filósofo Filón. (Ontokita)
  • JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago. (Charo Marco)
  • JUNO, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.(Gabu)
    KARO, escribiente de la señora Imilce. (Antonio Portela)
  • KOSTAS, cordelero amigo de Imilce. (Kostas h.)
  • MERCURIO, mensajero de los dioses. (Marelyt)
  • MOOK, perro de la reina Dido. (Movie)
  • MORGANA, una hechicera siria. (Morgana)
  • NÁUFRAGO, náufrago enamoradizo. (Tinta del corazón)
  • NAUSICAA, hija del rey de los feacios. (Nausicaa)
  • NEOPTOLEMO, hijo de Aquiles. (Aquiles)
  • NEPTUNO, dios de los mares. ( Antonia Romero)
  • NISMACIL, guerrera oriental. (Aurefaire)
  • NUERA DE la señora Imilce (Bettina perroni)
  • PALEMON, comerciante griego con productos de oriente. (Adrià Urpì)
  • PALINURO, piloto de la nave de Eneas. (Luis Rivera)
  • PAREPIDEMOS SAMOSATENSE, peregrino. (Charles de Batz)
  • PITONISA de un oráculo. (Badanita)
  • PRINCIPE DEL SENADO, Jefe del Senado de Tiro y luego de Cartago. (Angelusa)
  • SALMA, Esclava oriental. (Gloria de Ojos de miel)
  • SAO, una ninfa. (Irene)
  • SEÑORA IMILCE, impulsora, narradora y corazón de esta historia. (Almena)
  • SERVULO, joven esclavo, copero de la reina Dido. (Felipe Servulo)
  • SIQUEO , sacerdote de Melqart y esposo de Dido. (Pedro (glup))
  • SIRIO, gato de Anna. (Sirio)
  • TEANO, matemática muy reputada. (Miriam g.)
  • TRAILO, poeta troyano e hijo de Cirene la viajera, narrador de parte de esta historia. (Grimalkin el bardo)
  • ULA, amiga de Dido. (Ula)
  • UN ARBOL un tanto especial. (Goathemala)
    UN CANGREJO en cualquier playa. (Cangrejo sedentario)
  • UN GRAN MATORRALaromático a la entrada de una cueva. (Rosa Silverio)
  • UN MALO, malísimo. (El hippie viejo)
  • UNA PIEL DE TORO. (Carlos a. gamboa)
  • UTYKE, sobrina del sacerdote de Hércules. (Nina)
  • VENUS, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas. (Elisa de Cremona)
  • XILÓN, maestro griego, hermano de Filón y cronista de la familia de la reina Dido. (Fernando Sarriá)
  • YARBAS, rey pretendiente de Dido. (Kurtz)
  • ZOE, prostituta con vocación de libertad. (Zoe favole)


    Tags




  • martes, febrero 27, 2007

    DIDO Y ENEAS (XV).- La reina Dido arriba al puerto de Rodas.



    - Señora Imilce, ¿te acuerdas de aquel temporal que nos sorprendió tres días después de abandonar Chipre? – pregunta Kostas, levantando la vista y mirado el mar de la tarde – Debes recordarlo, porque fue muy poco antes de llegar aquí y tú ya tendrías seis o siete años.

    - Todo el mundo sabe el malhumor que se le pone al dios Neptuno de vez en cuando y la poca disciplina de Eolo, quien saca sus vientos a pasear cuando se le antoja. ¡Y no por ello vamos a pasar toda la historia de la reina Dido hablando de tormentas! – respondo irritada. Kostas calla y retoma el trenzado de una cuerda fina en la que está trabajando. Le resulta difícil tener las manos quietas.



    Estamos en un extremo de la playa, sentados sobre unas rocas y con los pies metidos dentro del agua. Muevo los míos y observo de qué manera absurda se ven, como si se hubieran separado de mis piernas y hubieran dejado de pertenecerme para convertirse en unos peces gordos y deformes. Nada que ver con el reflejo de la ninfa Sao y sus cabellos como hilos de oro. El poeta Trailo nos ha vuelto a dejar impresionados con la belleza de su relato.

    - ¿Es cierto que debes ausentarte, señor Trailo? – le pregunta Karo, tras unos momentos durante los cuales sólo se oía el vaivén del mar y los gritos de los pájaros.

    - Así es, pero tengo intención de regresar muy pronto.

    - No debes apresurarte en absoluto – salto yo de inmediato, aunque acompaño esta afirmación con mi mejor sonrisa – ¡Teniendo en cuenta que Eneas se pasó siete años vagando por el mar, carece de importancia que tú mismo te retrases unos meses! Mientras, estudiaré en qué partes de mi historia puedo insertar tus relatos.

    Cuando comienza a oscurecer regresamos al interior de la ciudad. El poeta troyano se ha adelantado, así que me encamino a casa con Karo y Kostas, cada uno a un lado. He sido brusca y grosera con el cordelero, un hombre cuya memoria me está ayudando mucho. Trato de repararlo.

    - ¿Cómo hubiera podido olvidar la tormenta de la que hablabas antes, Kostas? – digo en tono conciliador. – Barce decía que en esa ocasión Acus, en calidad de Jefe de la Expedición, le echó la mayor bronca que ella hubiera oído en su vida a Gabriel, el vigía de la nave de Dido. Barce lo tenía calado y más de una vez le había reprochado que mirase más a la reina que al mar y al horizonte, como debía. Era un chiquillo. Y al parecer, solía distraerse cuando en cubierta paseaba la reina. En aquella ocasión, advirtió la formación de densos nubarrones sobre las montañas de la costa, pero no vio algunas rocas que asomaban sus puntas afiladas fuera del agua… Fue necesaria toda la pericia del timonel Almícar, y era mucha, para salvar aquellos escollos…

    Kostas afirma con la cabeza. También él recuerda a Gabriel. ¡Menuda pieza! Aunque luego se convirtió en un marinero muy capaz… El poeta troyano me ha hecho pensar en la enorme cantidad de cosas que ignoramos unos de otros, salvo que nos conozcamos desde niños. Barce, refiriéndose a los desconocidos que, de pronto, irrumpían en nuestras vidas, solía decir que era necesario saber en qué platos habían comido y en qué fuentes habían bebido para entender lo que comían y bebían ahora. Y tenía toda la razón. ¡Cuánto mejor entiendo a nuestro Náufrago sabiendo que en el pasado había estado enamorado de una ninfa!

    - ¿Te has percatado, señora Imilce, de cómo te copia el poeta? – dice Karo, sin venir a cuento, mientras subimos la cuesta que él sabe muy bien que me corta la respiración. Me paro y resoplo. Le voy a echar una mirada asesina pero me encuentro con sus ojos relucientes de inocencia – Tú tienes tu propia forma de contar las cosas, señora Imilce, y a mí me gusta. Y a Trailo también. La escena entre Ascanio y la princesa Nausícaa la ha compuesto a imitación de las tuyas. Te habrás dado cuenta, ¿no?

    - Desde luego que lo he notado – le miento. O sea, que encima el troyano se está metiendo en mi propio terreno…

    ----
    ----

    El cielo aún tiene tintes rosados cuando en la cubierta de la nave de Dido empiezan a asearse las mujeres. Suben el agua marina con cubos y cuerdas. Sujetándolo cada una de un extremo, Barce y Ula extienden un trozo de lienzo a modo de biombo para ocultar a las miradas de los hombres la desnudez de la reina mientras Diana le arroja por encima cubos de agua. Dido es siempre la primera en lavarse y luego ayuda a las demás, que lo hacen por turnos. Es un momento alegre, con frecuencia acompañado de gritos y juegos cuando les toca a las más jóvenes. A veces, Anna se empeña en lavarse con su gato en brazos. Sirio se resiste, lanza maullidos quejumbrosos y sale disparado como una flecha aún antes de tocar el suelo.


    Luego se sientan y comen galletas y tortas secas acompañadas de sorbitos de agua. Llevan ya muchos meses recorriendo las costas, alejándose cada vez más de Tiro. Han procurado abastecerse en playas solitarias, lejos de los puertos fenicios en los que Pigmalíón hubiera podido hacerlos detener. Se hallan ahora más al norte, en un área de influencia griega. Ese es uno de los problemas. Aunque los reciben bien en las ciudades a las que han arribado, sus dirigentes les hacen comprender que no hay sitio para su nueva ciudad. Entonces, ¿dónde, en qué tierra podrían instalarse? Durante su última parada, les han dado una idea: recurrir al cartógrafo Igres. Él conoce las costas como nadie y es quien les puede aconsejar mejor. Van en su busca a la isla de Rodas en cuyo litoral, según les dijeron, estaba trabajando hace unos meses. Probablemente llegarán al puerto de Rodas antes de media mañana.

    - Morgana – dice Ula a la maga, sentada a su lado – deberías echar tus tabas y averiguar si falta mucho para que aparezca el cartógrafo. Ya me estoy cansando…

    - Y para saber si es guapo y joven – añade Anna con una risita.

    - No os rías de mi arte, niñas – responde Morgana de buen humor –. Algún día os hará falta. En su momento, predije que el matrimonio de la reina Dido no sería largo – añade bajando la voz. Sin embargo, la reina la ha oído.

    - ¿No te dijeron tus tabas cuánto amaría a mi marido? – pregunta entonces Dido – Deseé que fuera mi esposo desde el mismo momento en que lo vi. Vosotras, las más jóvenes, no sabéis esto: ocurre, a veces, que el pecho se inflama de un ardor tan intenso como el fuego y quema. De nada sirve tratar de apagarlo. Únicamente lo puede calmar aquel que lo provoca, y es como verter aceite a una llama ardiendo: aún la enciende más. Eso me ocurrió con Siqueo.

    Las palabras de Dido han hecho enmudecer a las mujeres. Tras la huida de Tiro y una vez pasado el peligro inmediato, a la reina se la vio entristecida. Diana era su confidente y pasaba muchas horas a su lado, charlando con ella. De noche, Barce se acostaba a su lado y la oía gemir. A veces le deslizaba el brazo por el hombro o por la cintura, para que la reina supiera que ella estaba allí. Pero no hay nada en el mundo capaz de suplir a un esposo cuando se le ama. Y ambas, reina y nodriza, no olvidaban con cuánto amor y sacrificio la había correspondido Siqueo.

    - ¡Llegamos a pueeeeeeerto…! – grita excitado el vigía Gabriel. Y todo el mundo se ríe. No hace falta armar tanto alboroto por algo tan evidente.

    - Mi reina – dice Acus acercándose a ella – ¿Enviamos una pequeña embajada en una barca y esperamos a tener respuesta para entrar en la rada?

    - Creo que no, querido amigo. Es un gran puerto, bien provisto y despejado. Y hay amarrados muchos mercantes. No hay signos de peligro. Acerquémonos. ¡No sabes cuánto deseo pisar tierra!




    Las mujeres se congregan en la proa para observar la ciudad encaramada sobre un pequeño promontorio, coronado por frescos pinos contra el azul del cielo. Hasta su nave llegan los olores de la comida caliente de las tabernas del puerto, el aroma de la leña al quemarse y del pescado fresco. Se percibe mucha actividad.

    Y, de pronto, desde la esquina de una de las calles que desemboca en la explanada del puerto, llega corriendo un hombre desnudo y, a continuación, dos más que corren con idéntica urgencia. Tras ellos viene una muchedumbre gritando y tirando piedras. La nave de Dido acaba de arrimar su costado al entablado del muelle. Y el hombre desnudo, dando un gran salto, se encarama a ella entre el rugir del público. Los otros dos se arrojan al agua mientras llueven piedras sobre la nave. Las mujeres se echan atrás, la multitud agita los brazos y alza puños amenazantes. Algunos parecen dispuestos al abordaje.


    *Detalle de escultura de bronce. Museo Massimo alle Terme.

    ** Otranto. Foto de Emilio Gañán

    ***Relieve. Museo Massimo alle Terme

    ****Amanecer en Roma desde el Ponte Garibaldi

    *****Detalle del Trono Ludovisi. Nacimiento de Venus. Museo Altemps

    ******Detalle de busto de un adolescente. Museo Massimo alle Terme

    *******El Tíber desde Ponte Sant'Angelo.

    ********Detalle de mosaico. Museo Massimo alle Terme.

    NOTA: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. Para facilitar la comprensión de cada post, se incluye la lista por orden alfabético de personajes. A continuación, entre paréntesis, están los nombres de los amigos bloggeros.

  • ACATES, amigo del alma de Eneas. (Eggy)
  • ACUS, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido. (Acus)
  • AEMILIUS, director de las obras de la muralla de Cartago. (Unjubilado)
  • AMILCAR, timonel de la nave de Dido. (Edem)
  • AMNERIS, la tejedora. (Paula)
  • ANARKASIS, actor. (Anarkasis)
  • ANNA, hermana de la reina Dido. (Bethania)
  • ANQUISES, padre de Eneas. (Juan)
  • ASCANIO, hijo de Eneas. (Ferípula)
  • BARCE, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido. (Leodegundia)
  • CAIUS PERTINAX, un hombre de negocios. (Joaquín)
  • CALIBÁN, un personaje enigmático. (Gonzalo)
  • CARMINIS, pintora de éxito. (Carmen)
  • CIRENE, la viajera troyana, madre del poeta Trailo. (Lady Read)
  • CLAUDIO APOLLIONI , esclavo y pedagogo. (Juanmb)
  • CLOANTO, un troyano. (Rafael p.q.)
  • COPA DE ORO del padre de la reina Dido. (Tony)
  • CRISEA, una vestal. (Krisish)
  • CUPIDO , dios del amor, hijo de la diosa Venus y hermano de Eneas. (Lady Ice)
  • DADA, un personaje de oriente. (Ixchel)
  • DIANA, esposa de Acus y amiga de Dido. (Claullitriche)
  • DINCER, una bailarina oriental. (Ximena)
  • DEMETRIUS PEDER, un escultor griego. (Pru)
  • EL TIEMPO, el viento y el agua. (Manuel)
  • EOLO, dios de los vientos. (Gloria de Un cajón revuelto)
  • ESPÍRITU invisible, protector de la nave de Dido. (Cieloazzul)
  • FILÓN, un filósofo cínico. (Gregorio Luri)
  • GABRIEL, vigía de navío de la reina Dido.(Iralow)
  • ICARUS, lugarteniente y consejero de Eneas. (Javier)
  • IGRES, Un cartógrafo mestizo. (Sergi Bellver)
  • IRIS, mensajera de los dioses. (Fortunata)
  • ISKIAS , amazona, guardaespaldas de Dido y Anna. (Lady Zurikat)
  • JACINTA, artesana de vasijas de arcilla. (Ontokita)
  • JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago. (Charo Marco)
  • JUNO, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.(Gabu)
    KARO, escribiente de la señora Imilce. (Antonio Portela)
  • KOSTAS, cordelero amigo de Imilce. (Kostas h.)
  • MERCURIO, mensajero de los dioses. (Marelyt)
  • MOOK, perro de la reina Dido. (Movie)
  • MORGANA, una hechicera siria. (Morgana)
  • NÁUFRAGO, náufrago enamoradizo. (Tinta del corazón)
  • NAUSICAA, hija del rey de los feacios. (Nausicaa)
  • NEOPTOLEMO, hijo de Aquiles. (Aquiles)
  • NEPTUNO, dios de los mares. ( Antonia Romero)
  • NISMACIL, guerrera oriental. (Aurefaire)
  • PALEMON, comerciante griego con productos de oriente. (Adrià Urpì)
  • PALINURO, piloto de la nave de Eneas. (Luis Rivera)
  • PAREPIDEMOS SAMOSATENSE, peregrino. (Charles de Batz)
  • PITONISA de un oráculo. (Badanita)
  • PRINCIPE DEL SENADO, Jefe del Senado de Tiro y luego de Cartago. (Angelusa)
  • SALMA, Esclava oriental. (Gloria de Ojos de miel)
  • SAO, una ninfa. (Irene)
  • SEÑORA IMILCE, impulsora, narradora y corazón de esta historia. (Almena)
  • SERVULO, joven esclavo, copero de la reina Dido. (Felipe Servulo)
  • SIQUEO , sacerdote de Melqart y esposo de Dido. (Pedro (glup))
  • SIRIO, gato de Anna. (Sirio)
  • TEANO, matemática muy reputada. (Miriam g.)
  • TRAILO, poeta troyano e hijo de Cirene la viajera, narrador de parte de esta historia. (Grimalkin el bardo)
  • ULA, amiga de Dido. (Ula)
  • UN ARBOL un tanto especial. (Goathemala)
    UN CANGREJO en cualquier playa. (Cangrejo sedentario)
  • UN GRAN MATORRALaromático a la entrada de una cueva. (Rosa Silverio)
  • UN MALO, malísimo. (El hippie viejo)
  • UTYKE, sobrina del sacerdote de Hércules. (Nina)
  • VENUS, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas. (Elisa de Cremona)
  • XILÓN, maestro griego, cronista de la familia de la reina Dido. (Fernando Sarriá)
  • YARBAS, rey pretendiente de Dido. (Kurtz)
  • ZOE, prostituta con vocación de libertad. (Zoe favole)


    Tags




  • viernes, febrero 23, 2007

    DIDO Y ENEAS (XIV).- Vuelta al mar.



    Cuando la Aurora se presentó para anunciar la llegada del día, encontró en plena actividad la playa. Se necesitaba madera para reparar las naves y tallar nuevos remos. Habían salido ya los cazadores, las hachas se preparaban para abatir los árboles y, formando corros, hombres, mujeres y niños remendaban velas y redes. La tarde anterior, Iskias, cargándolo sobre su hombro, había llevado al Náufrago herido hasta el campamento. Lo tumbaron cerca del fuego, le extrajeron la punta de la flecha, cauterizaron la herida con un hierro al rojo vivo y le dieron a beber una infusión de hierbas curativas.

    Escuálido, con las ropas desgarradas y cierta torpeza al hablar, de no ser por la barba enmarañada hubiera parecido un niño. Cirene había pasado la noche cerca de él, vigilando su sueño, y al amanecer trajo agua del arroyuelo y lo aseó. También acudió a su lado Ascanio. Él sólo había querido ver con sus propios ojos a la ninfa Sao, y sentía pesar por lo ocurrido.


    Atraídos por la curiosidad, muchos se acercaron a verlo. Varios lo reconocieron: era el troyano Persias y había luchado con ellos hasta el final. Debió unirse a alguno de los grupos que, como ellos, consiguieron huir. Al despertar el herido, Cirene le sonrió y lo llamó por su nombre. Él hizo un gesto de rechazo.

    Me llamo Náufrago, ya te lo dije – respondió.

    Iba a replicar Cirene, cuando se produjo un alboroto. Un grupo de soldados armados con escudos, lanzas y espadas, y unos cuantos arqueros, se presentaron en la playa procedentes del bosque. Eneas alzó ambos brazos, dando a entender que no llevaba armas, y se acercó a ellos. Los trabajos se detuvieron en el campamento y la playa quedó sumida en un profundo silencio. Después de intercambiar unas palabras con quien parecía el jefe de los soldados, Eneas se volvió hacia los suyos.

    - Cirene, coge a mi hijo y ven conmigo. Acates, Palinuro, venid también. Y tú, Icarus, quedas a cargo de todo. Acelera cuanto puedas la reparación de las naves y el acopio de víveres y agua, por si hemos de partir de inmediato. Estamos en las tierras del rey de los feacios. No parecen hostiles, pero no podré asegurarlo hasta hablar con él.

    ----

    ----

    - ¡Nausícaa, Nausícaaaaa …!

    - Entonces, ¿conocías al Náufrago? – preguntó Ascanio a una niña de edad parecida a la suya aunque más alta que él. Llevaba el cabello recogido en dos trenzas, anudado en la parte superior de la cabeza y prendido con unas flores blancas. Tenía la tez morena y los ojos grandes. – ¿Y conoces también a la ninfa?


    - Nunca la he visto. Pero le he llevado ofrendas muchas veces. Casi siempre hojas y flores. Como éstas – dijo la niña señalando su propia cabeza.

    - ¡Nausícaaaaa…! – siguió sonando su nombre a través del jardín del palacio.

    - Vuelve locos a los hombres. Por ser tan bella – prosiguió Nausícaa sin responder a la llamada. – Aquí nadie se acerca a su estanque.

    - ¿Y tú sí? – preguntó con admiración Ascanio.

    - Yo no tengo miedo. Ni de las divinidades ni de los hombres – y muy dignamente, se levantó del tronco donde estaban sentados y cogió de la mano a Ascanio para entrar juntos en el palacio de su padre.

    ----

    ----
    El rey de los feacios era una persona piadosa y compasiva y, conociendo la destrucción de Troya por boca del propio Eneas, se brindó a socorrerlo. Acogió al anciano Anquises en su palacio para que gozase de comodidad y durante varios días sus hombres ayudaron a los troyanos a reparar las naves y les facilitaron herramientas, toneles para el agua y cuanto necesitaban para su travesía.

    Durante ese tiempo, el Náufrago se fue recuperando. La herida no era grave y el contacto con seres humanos suavizó su aspereza de los primeros días. Le contó a Cirene que viajaba en una nave con algunos de sus parientes y, por las noches, antes de ser vencido por el sueño solía mirar la luna reflejada en el mar. Había una muchacha en Troya con la que hubiera deseado casarse y seguramente habría muerto en el asalto a la ciudad. Sentía una gran tristeza. Una noche llamó su atención un brillo inusual en el agua y, al fijarse, vio muy cerca de la superficie un rostro impreciso pero muy hermoso: unos ojos color de esmeralda, una tenue sonrisa y cabellos largos y relucientes como hilos de oro que oscilaban y cambiaban sus contornos con el movimiento de las ondas. Durante varias noches seguidas no pudo dejar de mirar a esa criatura hasta que al fin, cuando estaban navegando frente a estas costas, tendió hacia él sus manos y muy lentamente le hizo gestos para que la siguiera. Y él, sin dudarlo, se arrojó al mar.

    Supo luego por los habitantes de este lugar, que la ninfa Sao moraba en el manantial y tenía por costumbre salir al mar a buscar amantes. Desde entonces se quedó en el bosquecillo de alisos y sobrevivió alimentándose de hierbas y raíces. No podía alejarse de ella, necesitaba verla de nuevo y escuchar su voz. Algunas noches se metía en el estanque para tratar de sentirla a su lado. Pero ella sólo se dejaba ver de vez en cuando, y por un breve instante. Y fue precisamente un destello dorado en el agua lo que le llevó a precipitarse hacia el manantial la tarde que Iskias lo hirió.
    Cirene se dio cuenta de que el Náufrago miraba cada vez más a Iskias. No estaba enojado con ella ni le reprochaba el haberlo atacado. La observaba limpiar y afilar sus flechas, tensar la cuerda de su arco y caminar con paso elástico hacia el bosque. Cada vez que ella agitaba su larguísimo cabello o se lo peinaba, el Náufrago sonreía como un niño. Una vez, creyendo no ser visto, acarició las ropas de la amazona que se estaban secando junto al fuego.

    - Creo que el Náufrago va a cambiar la ninfa marina por otra de carne y hueso – dijo riéndose un día Icarus, mientras se decidía en qué nave le harían un hueco para llevarlo consigo. Sería en la de Eneas.

    ----
    ----

    Apenas estuvo todo preparado, Eneas decidió partir y ofreció al rey un banquete en la playa. Ardieron los fuegos por la tarde, comieron en abundancia y se estrecharon vínculos de amistad entre feacios y troyanos. A éstos les aguardaba un largo viaje hasta las costas del Lacio y numerosas penalidades y peligros. Aunque entonces todos lo ignoraban, también al griego Odiseo lo arrojarían las olas aquí y sería Nausícaa, la hija del rey que no temía a nadie, la primera en socorrerlo.

    Con el amanecer se echaron las naves al agua y al cabo de unas horas quedó la playa desierta. El mar estaba calmo y azul, un suave viento hinchaba las velas y saltaban peces plateados alrededor de las embarcaciones. La amazona Iskias y Cirene iban sentadas a popa con los ojos cerrados y los rostros levantados en dirección al sol. Gozaban de un rato de inactividad, después de tantos días de trabajo. Habían hablado mucho, en ese tiempo, de sus vidas y también del Náufrago. Un hombre extraño. No le habían permitido acercarse al manantial y, pese a que había opuesto alguna resistencia, había embarcarlo con ellas. De pronto, el suave chapoteo de los remos quedó oculto por un ruido mayor y el agua les salpicó la cara y el cuerpo.

    - ¡Hombre al agua! – gritaron varios remeros.

    El Náufrago emergió sobre las olas y, al instante siguiente, Iskias se lanzó trás él.


    * y **Detalles de relieves. Museo de las Termas de Diocleciano.
    ***, ***** y *******Ribera del Tíber.
    ****Escultura de una niña. Museos Capitolinos.
    ******Relieve masculino. Museo de las Termas de Diocleciano.
    ********Detalle de escultura femenina. Museos Capitolinos.
    *********Olocau. Valencia

    NOTA: Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. Para facilitar la comprensión de cada post, se incluye la lista por orden alfabético de personajes. A continuación, entre paréntesis, están los nombres de los amigos bloggeros.
    ACATES, amigo del alma de Eneas. (Eggy)
    ACUS, hijo mayor del príncipe del Senado y Jefe de la expedición de Dido. (Acus)
    AEMILIUS, director de las obras de la muralla de Cartago. (Unjubilado)
    AMILCAR, timonel de la nave de Dido. (Edem)
    AMNERIS, la tejedora. (Paula)
    ANARKASIS, actor. (Anarkasis)
    ANNA, hermana de la reina Dido. (Bethania)
    ANQUISES, padre de Eneas. (Juan)
    ASCANIO, hijo de Eneas. (Ferípula)
    BARCE, nodriza de Siqueo, doncella y confidente de Dido. (Leodegundia)
    CAIUS PERTINAX, un hombre de negocios. (Joaquín)
    CALIBÁN, un personaje enigmático. (Gonzalo)
    CARMINIS, pintora de éxito. (Carmen)
    CIRENE, la viajera troyana, madre del poeta Trailo. (Lady Read)
    CLAUDIO APOLLIONI , esclavo y pedagogo. (Juanmb)
    CLOANTO, un troyano. (Rafael p.q.)
    COPA DE ORO del padre de la reina Dido. (Tony)
    CRISEA, una vestal. (Krisish)
    CUPIDO , dios del amor, hijo de la diosa Venus y hermano de Eneas. (Lady Ice)
    DADA, un personaje de oriente. (Ixchel)
    DIANA, esposa de Acus y amiga de Dido. (Claullitriche)
    DINCER, una bailarina oriental. (Ximena)
    DEMETRIUS PEDER, un escultor griego. (Pru)
    EL TIEMPO, el viento y el agua. (Manuel)
    EOLO, dios de los vientos. (Gloria de Un cajón revuelto)
    ESPÍRITU invisible, protector de la nave de Dido. (Cieloazzul)
    FILÓN, un filósofo cínico. (Gregorio Luri)
    GABRIEL, vigía de navío de la reina Dido.(Iralow)
    ICARUS, lugarteniente y consejero de Eneas. (Javier)
    IGRES, Un cartógrafo mestizo. (Sergi Bellver)
    IRIS, mensajera de los dioses. (Fortunata)
    ISKIAS , amazona, guardaespaldas de Dido y Anna. (Lady Zurikat)
    JACINTA, artesana de vasijas de arcilla. (Ontokita)
    JEFA DE COCINA del palacio de la reina Dido en Cartago. (Charo Marco)
    JUNO, diosa esposa de Júpiter y protectora de Dido.(Gabu)
    KARO, escribiente de la señora Imilce. (Antonio Portela)
    KOSTAS, cordelero amigo de Imilce. (Kostas h.)
    MERCURIO, mensajero de los dioses. (Marelyt)
    MOOK, perro de la reina Dido. (Movie)
    MORGANA, una hechicera siria. (Morgana)
    NÁUFRAGO, náufrago enamoradizo. (Tinta del corazón)
    NAUSICAA, hija del rey de los feacios. (Nausicaa)
    NEOPTOLEMO, hijo de Aquiles. (Aquiles)
    NEPTUNO, dios de los mares. ( Antonia Romero)
    NISMACIL, guerrera oriental. (Aurefaire)
    PALEMON, comerciante griego con productos de oriente. (Adrià Urpì)
    PALINURO, piloto de la nave de Eneas. (Luis Rivera)
    PAREPIDEMOS SAMOSATENSE, peregrino. (Charles de Batz)
    PITONISA de un oráculo. (Badanita)
    PRINCIPE DEL SENADO, Jefe del Senado de Tiro y luego de Cartago. (Angelusa)
    SALMA, Esclava oriental. (Gloria de Ojos de miel)
    SAO, una ninfa. (Irene)
    SEÑORA IMILCE, impulsora, narradora y corazón de esta historia. (Almena)
    SERVULO, joven esclavo, copero de la reina Dido. (Felipe Servulo)
    SIQUEO , sacerdote de Melqart y esposo de Dido. (Pedro (glup))
    SIRIO, gato de Anna. (Sirio)
    TEANO, matemática muy reputada. (Miriam g.)
    TRAILO, poeta troyano e hijo de Cirene la viajera, narrador de parte de esta historia. (Grimalkin el bardo)
    ULA, amiga de Dido. (Ula)
    UN ARBOL un tanto especial. (Goathemala)
    UN CANGREJO en cualquier playa. (Cangrejo sedentario)
    UN GRAN MATORRALaromático a la entrada de una cueva. (Rosa Silverio)
    UN MALO, malísimo. (El hippie viejo)
    UTYKE, sobrina del sacerdote de Hércules. (Nina)
    VENUS, diosa del amor, madre de Cupido y Eneas. (Elisa de Cremona)
    XILÓN, maestro griego, cronista de la familia de la reina Dido. (Fernando Sarriá)
    YARBAS, rey pretendiente de Dido. (Kurtz)
    ZOE, prostituta con vocación de libertad. (Zoe favole)