lunes, septiembre 28, 2009

OVIDIO MANDA UNA CARTA A CORINA

Recordaréis que Corina y Ovidio habían disputado por los celos. Ovidio quiere volver a verla y manda a la criada Nape a llevarle un mensaje suyo.


“(…) Toma y lleva a mi dueña [Corina] por la mañana estas tablillas* llenas de escritura, y, diligente, acaba con el obstáculo de la demora.

(…) Si pregunta como estoy, le dirás que vivo con la esperanza de que me conceda una noche. (…)

Entrégale las tablillas cuando goce de tiempo libre, pero, no obstante, haz que ella las lea enseguida. Mira sus ojos y su frente mientras está leyendo: tal es el encargo que te doy. También en un rostro silencioso se puede adivinar lo que sucederá más adelante. Y, cuando haya leído las tablillas de principio a fin, sin tardanza, mándale que responda largamente por escrito. Me fastidia cuando la cera brillante presenta un extenso vacio. Que comprima las líneas en sus renglones y que la letra semiborrada por el roce en el extremo del margen haga demorarse a mis ojos. Mas ¿qué necesidad hay de que fatigue sus dedos sosteniendo el punzón? Que la tablilla entera tenga escrita únicamente esta palabra: “¡Ven!”.”

OVIDIO.- “Amores”

Traducción de Vicente Cristóbal López.


*Las tablillas eran planchas de madera con los bordes en relieve. La parte central, ahondada, estaba rellena de cera, sobre la cual se escribía con un punzón.


*Detalle de figura masculina. MARQ (Museo Arqueológico de Alicante) Exposición la belleza del cuerpo.
**Varias tablillas y punzones. Material de escritura del taller de Domus Baebia Saguntina. Talleres de Cultura Clásica. Sagunto. Valencia.

jueves, septiembre 24, 2009

PREPARATIVOS PARA UN BANQUETE

Así recordaba el cordelero Kostas el bullicio de la cocina mientras se hacían los preparativos del banquete de bienvenida que ofreció Dido al príncipe Eneas. Sofonisba era la cocinera de la reina.


"(…)
- ¿Habláis del banquete? – pregunta Kostas acomodándose en la sombra –. Yo estuve en la cocina ese día.

- ¡La primera noticia que tengo! – le contesto, más picada aún.

- Me llamó Sofonisba – aclara, a la defensiva –. Hicimos amistad cuando cortó la piel de toro y yo trencé la cuerda de prueba. ¡Mira que era alegre…! En cambio esa mañana, si alguien echaba más humo que los fogones, esa era la cocinera de la reina. Fíjate lo que te digo, señora Imilce: no he estado nunca en un campo de batalla, pero esa cocina debía asemejársele bastante. Había un jaleo enorme en el patio, donde estaban matando y desplumando pollos y entre los cacareos y los berridos de los cabritos era para volverse loco… Me impresionó. Y dentro, los pinches gritaban y se empujaban yendo de un lado a otro. ¿Te imaginas decenas de cuchillos moviéndose en el aire para desollar, trocear, picar, mondar…? Era un prodigio que no se hiriesen unos a otros con tantas apreturas, o que no se escaldaran con el agua hirviendo, o no se les prendieran las ropas con las chispas que saltaban al avivar la lumbre. Cada cual pedía a gritos más leña, más harina o un mortero, y no parecía que hubiera forma de entenderse. Sin embargo allí en medio, dando órdenes como un general, estaba Sofonisba. Cuando entré, me agarró del brazo y me arrastró a un rincón de la despensa, como si fuéramos a buscar algo. Y entonces se echó a llorar.

- “Es el primer banquete que preparo” – me dijo – “y no pienso dejar en mal lugar a la reina ni consentiré a nadie poner en cuestión mi oficio. ¡Pero hacerlo con estas prisas y en estas condiciones…!”

- Figúrate, yo era un mocoso y como no sabía qué decirle, la abracé muy fuerte. Ella me estrujó contra su pecho y enseguida se calmó. Se limpió la cara, me dijo en voz alta que le faltaban piñones para la salsa del pollo y me encargó ir a pedírselos a la noble Diana. Y entonces, al volverse, empujó con el codo una cazuela de barro colocada sobre un estante y fue a caer justo encima de una gran ánfora de vino. El golpe la reventó y el vino salpicó por todas partes. ¡Menudo sobresalto! A mí me parecía un desastre, pero Sofonisba se puso a reír y se extendió por los brazos y la cara las gotas de vino diciendo que le traería buena suerte. (…)”

Fragmento de la novela “Dido reina de Cartago”.

El personaje de Sofonisba lo encarno´ Charo Marco; el del cordelero Kostas , Kostas Kamaki.

* y **Detalles de un relieve. Museo Massimo alle Terme. Roma.

*** Detalle de un relieve. Museos Capitolinos. Roma.

****Un árbol en flor en Valencia.

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lunes, septiembre 21, 2009

LA REINA DIDO HACE UNA PEQUEÑA REFLEXIÓN


“(…) Y yo tengo también a otras personas deseosas de ayudar. Es importante que quienes están con nosotros se sientan parte de esta aventura. Sin el esfuerzo aunado de todos, nada puede hacerse con éxito.”

Estas palabras dice, en el capítulo VIII, la reina Dido de Cartago.

Cuando lo escribí, en su momento, esas frases reflejaban no sólo lo que ella pensaba respecto a la aventura vital que empezaba para ella y los suyos, sino también lo que pensaba yo respecto a la participación de tantos amigos bloggeros en esta historia: a su afecto, a su seguimiento y a sus comentarios, que siempre fueron para mí fuente inagotable de inspiración.

Gracias, por todo, queridos amigos.


*Escultura femenina. Venus Esquilina. Museos Capitolinos. Roma.
**Detalle de relieve de una fiesta de Isis. Museo Altemps. Roma.

viernes, septiembre 18, 2009

BLOG DEL DÍA Y (ESPERO) DE MUCHOS MÁS


Queridos amigos, dentro de pocas semanas saldrá a la luz impresa la novela “Dido, reina de Cartago” que, como muchos recordaréis, fue escrita en este blog. Ello me obliga a dedicarme con intensidad durante unos días a revisar el texto y aplicarme en todas las tareas que rodean una publicación. Os pido disculpas al no poder atender el blog ni atenderos a vosotros como me gustaría, pero el ver la novela publicada bien merece este pequeño sacrificio. En breve, os daré más noticias de la publicación.


Entre tanto, os dejo este enlace con la página Premio blog del día que ha tenido la gentileza de premiar hoy a “Mujeres de Roma” y donde me publican una entrevista. Es muy interesante la labor que realiza ese blog, ya que nos permite conocer otros blogs y también a las personas que están tras ellos. Gracias a Rafael R. López por realizar una labor tan interesante y desinteresada.

Y no quiero dejar de recordar que el 18 de septiembre del año 53 de nuestra era nació en Itálica el gran Trajano, que llegaría a ser uno de los emperadores más grandes que recuerda la historia. Gracias por vuestra paciencia.



*Vista de la columna de Trajano, en el foro de su nombre. A sus pies, se depositaron las cenizas del emperador. La caja de oro que las contenía, fue robada por los visigodos de Alarico cuando saquearon la ciudad. Roma.

**Vista nocturna del foro de Trajano. Roma. Foto: Rafa Lillo

premio blog del dia,

lunes, septiembre 14, 2009

LA FAMA NO VALE TANTO


Esto dice el poeta Marcial:

"Sólo admiras a los antiguos, Vecerro,
y no alabas sino a los poetas muertos:
perdona, Vecerro, pero no vale
tanto, tu elogio, para morirme."

MARCIAL.- Epigramas.
Traducción de Ernesto Cardenal


* Fuente con forma de piña en los Museos Vaticanos. Roma.

** Hojas de acanto. Roma.

jueves, septiembre 10, 2009

VISTA DE ROMA DESDE EL PINCIO

Así describió una vista desde el Pincio el escritor Gabriele D'Annunzio:
"Roma aparecía de un color pizarra muy claro, con líneas un poco indecisas, como una pintura descolorida, bajo un cielo de Claudio Lorena, húmedo y fresco, diseminado de nubes diáfanas en grupos nobilísimos que daban a los intervalos libres una finura indescriptible, como las flores dan al verde una gracia nueva. En lontananza, en las altura extremas el gris se iba cambiando en amatista. Largas y finas zonas de vapores atravesaban los cipreses del Monte Mario, como cabellos largos y sedosos en un peine de bronce. Próximos, los pinos del monte Pincio alzaban sus paraguas dorados. Sobre la plaza, el obelisco de Pio VI parecía un tallo de ágata. Todas las cosas tomaban una apariencia más rica bajo aquella exquisita luz otoñal."

GABRIELE D’ANNUNZIO.- "Il piacere"
Traducción propia



*Vista de la Plaza del Popolo y su obelisco desde el monte Pincio, citado en el texto. Roma. Foto: Rafa Lillo

**Hojas verdes en el Pincio. Roma.

lunes, septiembre 07, 2009

LECCIÓN PRÁCTICA



Conversación escuchada en el foro, junto a la escuela del maestro Filón.

- ¡Si ayer mismo juraste que me amabas! ¿Y hoy dices que amas a Hortensia? ¿Tan poca consistencia tiene tu corazón, que el amor permanece en él sólo unas horas? No te comprendo – decía una muchacha con los ojos arrasados en lágrimas a un joven con toga que permanecía impasible a su lado.

El joven vio a un esclavo de ocho o nueve años y le hizo un gesto para que se aproximara.

- Niño, acércate a aquella fuente y tráeme agua haciendo un cuenco con tus manos. Necesito beber. A cambio de ese favor te daré unas monedas.

- ¿Quieres burlarte de mí, señor? Cuando regrese aquí ya no me quedará agua.

- ¿Lo ves, Claudia? – dijo el joven volviéndose hacia la muchacha – Hasta un mocoso como éste entiende que hay cosas imposibles de retener.



NOTA: Queridos amigos, aunque he regresado de las vacaciones, con el blog voy aún a medio gas. Más adelante os contaré los motivos. Os visitaré en vuestras casas. Besos a todos.

*Escultura de una pareja. Jardines de Monforte. Valencia.
**Chorro de agua de la fuente de la Plaza del Quirinale. Roma.Foto: Rafa Lillo

martes, septiembre 01, 2009

CÓLERA EL DÍA DE LA DEDICACIÓN DEL TEMPLO DE JÚPITER TONANTE


¡Eh, tú, prostituta, ven! Mira: aquel que lleva la cabeza cubierta como un sacerdote es Octavio Augusto. Finge respetar la república mientras en todo el imperio no se mueve ni una brizna de aire sin su autorización. ¿Quién puede soportar a un hipócrita semejante? ¡Míralo! Ahí está, como un cordero, consagrando un nuevo templo a Júpiter Tonante. Una noche, en la lejana tierra de los astures, un rayo mató al esclavo que lo precedía y él quedó a salvo. Y escucha bien lo que te digo: ¡cuánto mejor hubiera protegido Júpiter a Roma si en vez de al esclavo lo hubiera fulminado a él! No hablo como un ignorante, te habrás dado cuenta de que visto la toga de senador. Y te lo digo a ti, puta, porque eres quien mejor representas a la república ahora que la república se ha convertido en la mejor representante de tu oficio. Ya lo sabes.


NOTA 1: El 1 de septiembre del año 22 a.C. Augusto consagró un templo a Júpiter Tonante en la colina del Capitolio en Roma, en agradecimiento por haberle salvado de un rayo cuando estaba en Hispania.

NOTA 2.- Obviamente, el texto es mío. Me ha parecido interesante hacer notar el disgusto de algunos romanos por la deriva que habían tomado los asuntos públicos, dado que, en la práctica, Augusto gobernaba como un rey.

Gracias a todos por vuestras visitas y buenos deseos. Acabo de volver de vacaciones y empezaré a visitaros enseguida.

*Escultura que representa a Júpiter Tonante, procedente de ese templo hoy desaparecido. Es de la época de Domiciano. Museo del Prado. Madrid.

**Sombra de un arbolillo en la terraza de Isabel Romana. Valencia.


viernes, julio 31, 2009

EL POETA CATULO NOS INVITA A AMAR


Vivamos, Lesbia mía, y amemos:
los rumores severos de los viejos
que no valgan ni un duro todos juntos.
Se pone y sale el sol, mas a nosotros,
apenas se nos pone la luz breve,
sola noche sin fin dormir nos toca.
Pero dame mil besos, luego ciento,
después mil otra vez, de nuevo ciento,
luego otros mil aún, y luego ciento…
Después, cuando sumemos mucho miles,
confundamos la cuenta hasta perderla,
que hechizarnos no pueda el envidioso
al saber el total de nuestros besos.

CAYO VALERIO CATULO.
Traducción de Juan Manuel Rodríguez Tobal.



NOTA: Queridos amigos, tomo mis vacaciones veraniegas y os dejo unas semanas con este poema de Catulo, que vale para todos, quienes estamos en el hemisferio norte y quienes están en el hemisferio sur. El amor tiene la ventaja de ser tan necesario en verano como en invierno. Nos veremos pronto.

*Detalle de decoración de estuco de dos figuras bailando, obra de Alonso Berruguete. Logias de Rafael del Vaticano. Roma.

**Detalle de pintura mural, pájaro y frutas, obra de Giovanni di Udine. Logias de Rafael del Vaticano. Roma.

lunes, julio 27, 2009

EL DESAFÍO DE LA SIBILA Y LOS LIBROS SIBILINOS

- Me presento ante ti, rey Tarquinio, para hacerte una oferta.

Quien había hablado así, sin preámbulos ni ceremonias, sin haber pedido siquiera permiso para hacerlo, era una anciana con un bastón. Los hombres que rodeaban al rey Tarquinio en la sede del Senado quedaron tan sorprendidos como él y sus guardias reaccionaron dirigiéndose hacia ella para apartarla.

La anciana levantó el bastón. Sus dedos eran finos, más huesudos que la propia vara y, lleno de arrugas, su rostro inexpresivo producía temor. Había autoridad en su gesto. Nadie se movió.

- Soy Amaltea, la sibila de Cumas – dijo. A pesar de su vejez, la voz era firme y profunda. Avanzó con lentitud, entre dos filas de senadores. Sólo entonces se dieron cuenta los presentes que la seguían dos esclavas llevando un arcón agarrado por sendas asas. La anciana se detuvo a unos pasos del rey y e hizo un gesto las porteadoras. Ellas, entonces, dejaron el mueble en el suelo y levantaron la tapa. En el interior, había unos rollos.

- Te traigo mis libros. Apolo, a quien sirvo, me ha inspirado para verter en ellos mis oráculos. Darán respuesta a todos los desastres y penalidades que aflijan a los romanos durante siglos. Son nueve. Y son únicos. Si los quieres, dame el peso de mis esclavas en oro.

Taquinio, que hasta entonces no se había inmutado ni había dado ninguna señal de respeto ante la anciana, soltó una carcajada.

- Muy caros vendes tus oráculos, vieja – respondió, dejando traslucir su desprecio –. ¿Me crees tan ignorante para no saber que puedo encontrarlos en otra parte y más baratos?

La anciana no pareció ofendida. Sin dar la espalda a Tarquinio, hizo que sus esclavas sacaran del arca tres de los rollos y los depositaran en el suelo, entre el rey y ella. Luego, a otra señal, una de las muchachas abrió una cajita metálica que colgaba de una cadena. Sacó una brasa y la aplicó sobre los rollos hasta que éstos, hechos de hojas de palma, empezaron a arder.

- Te repito mi ofrecimiento, rey – dijo Amaltea cuando se hubieron consumido –. Si quieres mis libros, tendrás que darme el peso de mis esclavas en oro.

- Eres poco inteligente, creo – respondió Tarquinio –, pues tú misma destruyes los bienes que me pretendes vender. Estás vieja, Amaltea. Si antes tu precio ya era exorbitante, ahora que sólo tienes seis libros para vender, no encontrarás a nadie que lo pague. ¿Acaso te ha dicho alguien que el rey de Roma se ha vuelto loco, o que suele malgastar el dinero? No necesito tus libros ni me interesan por ese precio.

Surgió un murmullo entre los senadores que rodeaban al rey. ¿Qué gobernante en su sano juicio rechazaría un oráculo? Menos todavía el de la sibila cumana, la más prestigiosa entre todas. Y no ofrecía un oráculo para una sola consulta, con ser esto ya apreciable, sino ¡seis libros completos!

- Señor – dijo uno de sus consejeros, acercándosele al oído –, lo que Amaltea nos ofrece es un tesoro. Cualquiera de los monarcas vecinos lo compraría con gusto, pues no en vano proceden del mismo Apolo. Podríamos conocer sus oráculos sin necesidad de costosos y peligrosos viajes hasta Cumas. No necesitaríamos esperar días y días hasta que nuestros enviados fueran y regresaran con la respuesta. En casos de peligro el tiempo es muy valioso…

- ¡Calla! – Respondió Tarquinio, también en voz baja –. Quiero que esa mujer rebaje su precio. No voy a pagar tanto. Si me mantengo firme, cederá. ¿No ves que es una vieja? Y, además, en ningún momento ha dicho que fuera a ofrecerlos a nuestros enemigos.

Mientras se desarrollaba esa conversación, las esclavas de Amaltea habían apilado entre ésta y el rey otros tres rollos, y les estaban prendiendo fuego. El rumor en la sala era ya un clamor. Los senadores pedían a gritos a la anciana que se detuviera, pero ella, inflexible, dejó que las llamas devorasen los rollos por completo. Cuando eran ya cenizas, volvió a hablar señalando el arca.

- El peso de mis esclavas en oro, si quieres tener estos tres libros.

Tarquinio se levantó, enojado. ¿Cómo se atrevía esa vieja a hablarle así?

- ¡Ya basta! Pretendes burlarte, ofender mi majestad. Soy Tarquinio, ¿sabes? y los romanos me llaman el soberbio. No tolero a nadie que se coloque por encima de mí y no voy a hacer una excepción contigo.

Amaltea no respondió. Se limitó a hacer de nuevo la señal a sus esclavas, y ellas sacaron del arca los tres últimos rollos. El griterío en la curia se hizo insoportable, los senadores imploraban al rey que no cometiese la impiedad de permitir la quema de los últimos libros, pues sin duda era reprobable rechazar así la ayuda inestimable de los dioses, la voz misteriosa con la que comunicaban sus vaticinios a los hombres. El propio Tarquinio estaba sorprendido al ver la decisión de la sibila, la forma en que se comportaba.

- ¡Sea como tú quieres! – dijo cuando ya los rollos estaban a sus pies, sobre las cenizas de los anteriores. Y al momento ordenó que trajeran una gran balanza para pesar a las esclavas y que trajeran todo el oro exigido para pagar.

- Y dime, venerable anciana. ¿Para qué quieres todo ese oro? – preguntó el rey, cuando ya la anciana se disponía a abandonar la sede del senado.

- ¿Para qué lo querías tú? – respondió ella. Y le dio la espalda.




NOTA: Queridos amigos, he cumplido mi promesa de hablar de los libros sibilinos, a los que me referí en este post. Este episodio, seguramente legendario, tendría lugar durante el reinado de Tarquinio el Soberbio, que reinó entre el 535 y el 510 a.C., año en el cual fue expulsado de Roma y se fundó la república. Los libros sibilinos, en número de tres, eran consultados por unos sacerdotes especiales (10 primero, 15 después) cuando lo ordenaba el Senado. Se guardaban en el templo de Júpiter Optimus Máximus, donde los originales resultaron destruidos en un incendio. Se sacaron copias viajando a otros santuarios y oráculos y los nuevos libros se guardaron en el templo de Apolo en el Palatino hasta su definitiva destrucción en el año 408 d.C.

Obviamente, la puesta en escena es creación mía. No se sabe dónde se entrevistó la sibila con el rey, ni exactamente lo que hablaron, aunque sí que ella quemó los libros de tres en tres sin rebajar el precio.

*Detalle de la pintura al fresco de Miguel Angel representando la sibila cumana en la Capilla Sixtina del Vaticano. Roma.

**Detalle de pintura de la sibila cumana, de Domenichino. Museos Capitolinos. Roma.

***Antro de la Sibila en Cumas.
****Pintura al fresco de Miguel Angel representando al sibilia cumana en la Capilla Sixtina de los Museos Vaticanos. Roma.
*****Detalle de pintura mural en una tumba etrusca en Tarquinia, ciudad natal de Tarquinio el Soberbio.

viernes, julio 24, 2009

CUALQUIERA PUEDE SER NERÓN


A Isabel Romana

Si has visto en un ocaso del Gianicolo,
entre el bosque de cúpulas de Roma,
esa otra luz más propia de un incendio;
si alguna vez sentiste en el Trastevere,
en amistad, el calor de unas llamas
invisibles mas ciertas, junto a ti;
si las ruinas del Foro, el Panteón,
o las piedras que pisas a tus ojos
parece que desprenden un fulgor,
eso es que alguna vez,
aunque en tus sueños fuera, fuiste
—turista o peregrino— visitante
funesto, enamorado, un dulce herido
incapaz de aguantar tanta belleza.


Poema inédito de Antonio Manilla.

Queridos amigos, es para mí un placer y un honor dar a conocer por primera vez este poema del gran poeta y amigo Antonio Manilla que, conociendo mi pasión por Roma y compartiéndola con intensidad, tuvo el afectuoso gesto de dedicarme este poema. Viene muy al hilo en estas fechas, porque hace 1.945 años, Roma ardía por los cuatro costados. Antonio, como muchos autores, veía (poéticamente) en este incendio la mano de Nerón. Mi agradecimiento a Antonio es infinito.

La pintura que encabeza este post es obra de María Blanco, una vista de Roma desde su estudio en la Real Academia de España. Con María, y en ese lugar de privilegio, compartí los seis meses más felices de mi vida.


* Pintura. Vista de Roma desde la Real Academia de España en Roma. Obra de María Blanco.

** Fioccola. Es una vela italiana típica que se utiliza para señalar, de noche, los lugares donde hay un acontecimiento o una fiesta. En este caso, señalaba una fiesta en la Real Academia de España en Roma.

lunes, julio 20, 2009

LA NOCHE ESTÁ LLENA DE PELIGROS


La luna brilla en cuarto menguante entre hilachas de nubes e ilumina pálidamente los callejones que circundan el Circo Máximo. Allá arriba, en la cumbre del Palatino, se recortan contra el cielo blanquecino la silueta de la cabaña del padre Rómulo y las columnas del templo de Apolo. Hay hachones encendidos en los muros del palacio imperial y sus llamas oscilantes arrancan a los ladrillos un color rojo y dorado. Siempre lo iluminan de noche, aunque el emperador Nerón esté ausente, como ocurre ahora.

Una nube densa cubre las finas astas de la luna y ese es el momento elegido por los hombres para abandonar la oscuridad del pórtico del Ara Máxima de Hércules. Con cautela para no hacer ruido y amparados por las sombras de las construcciones, se dirigen hacia los almacenes situados entre el Circo y el Palatino. Donde hay grano, hay paja. Y donde hay paja, y vigas y techumbre de madera, siempre hay riesgos. Más todavía en esta zona densamente poblada. Con el foro de bueyes y el puerto fluvial a un paso, abundan los cobertizos y los porches y no faltan corrales. Los animales pueden ser buenos aliados.


Caminan con rapidez, encogidos, como si temieran que alguien pudiese verlos. Son cinco o seis, quizá siete. No es fácil establecer su número, porque a veces van tan juntos que sus sombras se sobreponen y se confunden entre ellas. Les relampaguean los ojos, tal vez tienen fiebre o los consume una llama interior. Aceleran el paso y llegan a un pequeño ensanche, justo en el punto en que la vertiente del Palatino da un giro en dirección al foro y las casas se adentran en el barrio de los etruscos.

Se detienen y juntan sus cabezas formando un círculo silencioso. Uno de ellos, bajo y fornido, hace gestos con la mano señalando en distintas direcciones y los demás asienten. Luego, el mismo individuo destapa un envoltorio que ha llevado todo el tiempo junto al pecho y descubre una lucecilla roja. Sujeto entre las puntas abiertas de una caña, brilla un tizón encendido.

Los hombres arriman a la brasa sus antorchas apagadas y las llamaradas que forman al prenderse una a una los obliga a retroceder unos pasos. Ya no forman un círculo cerrado y sigiloso, sino un corro de rostros encendidos por la determinación y la rabia, los brazos alzados con las teas ardientes, como brindando a dios o a los dioses su próxima acción.

- ¡Que arda Roma! – dice con énfasis el cabecilla.

Esas palabras constituyen la señal. Se desperdigan corriendo y deteniéndose apenas el tiempo necesario para incendiar las puertas de los cobertizos, para prender unas astillas y lanzarlas a los tejados de paja, meterlas bajo los portones de los almacenes, arrojarlas por los ventanucos de los corrales, entreabriendo las puertas siempre que pueden, para que los animales prendidos en llamas salgan despavoridos y propaguen el fuego.

Sí, que arda Roma la impía, la pagana; que las llamaradas derrumben hasta los cimientos los templos de los falsos dioses; que el fuego devore los foros y las basílicas y reduzca a cenizas los teatros; que el calor evapore el agua de las termas y seque las fuentes; que la destrucción y la ruina se adueñen de esta ciudad cruel, rica y avariciosa, esta ciudad sin una verdadera ley divina, obstinada, incapaz de abrir su corazón y sus oídos a la única verdad. Se lo merece, sí.

Fuego, ¡aliméntate a tu gusto! Y tú, Roma, ¡arde!


NOTA: El 19 de julio del año 64 d.C., se inició junto al Circo Máximo un pavoroso incendio que duró siete días y destruyó gran parte de la ciudad, matando a numerosas personas. La conducta de Nerón, que se hallaba fuera de Roma, causó indignación a los romanos, pues tardó varios días en regresar. Acusó a los cristianos de haber provocado el incendio e inició contra ellos una persecución muy cruel. Algunos autores atribuyeron luego el incendio a Nerón. En cualquier caso, lo que parece cierto es que fue provocado y no se descarta que fueran realmente sujetos cristianos quienes lo causaran. Aquí me he decantado – literariamente hablando – por esta última opción.

*Columnas del templo de Apolo, en la cumbre de la colina del Palatino.

**Vista del Circo Máximo en dirección al Ara Máxima de Hércules, que estaba aproximadamente donde ahora está ese gran edificio rojo que cierra por un extremo el Circo. A la derecha, queda la colina del Palatino. Foto_ Rafa Lillo.

***Plano actual de la zona. El "Campitelli" es una de las cumbres del Palatino. Toda esa área es parte de la colina del Palatino. El nº 16 es el Circo Máximo, el área entre los nº 10, 12, 14, es el foro boario o de los bueyes, el nº 13 señala el lugar del Ara Máxima de Hércules, lugar donde han permanecido escondidos nuestros hombres y del que partirían para ir hasta esa plaza rectangular "incrustrada" en el Campitelli (o Palatino), donde veis que surge la calle de San Teodoro, antiguo Vicus Tuscus, barrio de los etruscos.

****Detalle de la pintura mural "El incendio del Borgo", de Rafael, en el Vaticano.

*****Flores de un árbol en Valencia.