A Margarita Alonso, de la Real Academia de España en Roma

Al relatar la historia de Rea Silvia, la noble Claudia Hortensia hablaba así sobre la fiesta de Júpiter Latiaris en el monte Cavo:
“El día señalado para la fiesta de Júpiter Latiaris las vestales se levantaron antes del alba (…). Los primeros rayos de sol encontraron la ciudad de Alba Longa en movimiento y los caminos que, desde las distintas ciudades latinas conducían al santuario [de Júpiter] del monte Cavo, repletos de gente (…). Era un gozo ver desfilar las ovejas y las cabras, los cerdos, las terneras, los bueyes, adornados con cintas de colores y con hojas, mientras los pastores, vestidos con sus mejores galas, daban órdenes a los perros, cantaban y tocaban las siringas, o caminaban en grupos charlando (…).
Toda la mañana transcurrió con el sucederse de peregrinos que entregaban en el santuario sus ofrendas de animales, quesos y leche y luego hacían fiesta en los alrededores compartiendo comida, bebida y alegría. También las vestales de Alba Longa tenían su lugar de encuentro en un bosquecillo situado detrás del santuario, donde sus criados habían llevado un carro con provisiones (…).
Sacrificó el toro el sacerdote del santuario, quemó la parte correspondiente a Júpiter y luego se distribuyeron equitativamente los trozos de carne entre los representantes de todas y cada una de las ciudades. Éstos ordenaron solemnemente a los jóvenes latinos que se dispersaran por los bosques para recoger la leña con la que, al caer la noche, habría de encenderse una gran hoguera ritual en la cima del monte. Fue entonces cuando Rea Silvia, que había disfrutado de una jornada feliz bajo aquel cielo brillante, recibió el encargo que tanto había esperado: purificar los instrumentos del sacrificio en la fuente del bosque sagrado de Marte, situado ladera abajo del santuario (…).
Y así, mientras el monte bullía de actividad, los castañares rebosaban de jóvenes en busca de leña y sus amigas socorrían a una perra atrapada, Rea Silvia penetró, sola y hermosa, en el bosque sagrado de Marte, donde su destino, para mal suyo y bien del mundo, habría de cumplirse. “
Este otro texto fue escrito por Saverio Kambo hacia 1922 en su obra “Grottaferrata e il Monte Cavo.”:

“Hoy, todo es silencio sobre el Monte [Cavo]: sólo el estremecimiento de la espesura y el gorjeo de los ruiseñores llegan hasta nosotros; mientras, a la sombra de las enormes encinas, escrutamos el horizonte y, en la altísima quietud, el fantasma de la edad antigua se engrandece y parece hacerse tangible. Milenios de historia (¡y qué historia!) cabalgan a nuestro alrededor. Todo gran espíritu siente la necesidad de subir aquí y sumergir su pensamiento en este mar inmenso de experiencias y de memoria. De aquí extrajeron inspiración los más altos poetas de la edad nueva: de Goethe a Byron; de Carducci a D’Annuzio. Esta es la más augusta visión del mundo. Y sobre la frente encendida sentimos agitarse los dioses de Italia.”
He subido al monte Cavo con Rea Silvia y con Saverio Kambo. Y os aseguro, con emoción, que aún es posible vivir ambas experiencias.
NOTA: Queridos amigos, ya estoy de regreso pero con algunos problemillas. Trataré de retomar cuanto antes la historia de Rea Silvia. Aquí podéis leer el capítulo completo relativo a esta fiesta y Rea Silvia.
*Vista del monte Cavo desde el convento de Capuchinos, donde estaba uno de los extremos de Alba Longa.
**Detalle de escultura romana en el Anticuario del Palatino.Roma.
***Detalle de un calco de un relive en el Ara Pacis. Roma.
**** Vista del lago Albano desde el monte Cavo.