- Desde que Lidia te declaró su
amor, Síbaris, desprecias las armas y no te dejas ver en el Campo de Marte para
entrenarte con tus compañeros como antaño. ¿Desde cuándo el amor y la espada
son incompatibles?
- No hay mayor locura, amigo mío,
que cambiar las mieles del amor por las hieles hirientes del combate. Amo a
Lidia. Y en ella amo a mi madre, a mis hermanas y a todas las mujeres del
mundo, pues ella así me lo ha enseñado. Me dice: “¿Os hemos parido, acaso, para
que os hagáis matar o matéis con violencia a los hijos de otras mujeres? Cuánto
más sabio es amar y engendrar hijos para el bien, la virtud y la
concordia”. Respondo pues a tu pregunta:
desde que escucho la voz de mi amada he comprendido que el amor por los demás
es incompatible con la espada.
NOTA 1: Este post me ha sido
inspirado por una de las Odas de Horacio (I, 8) en la cual el poeta reprocha a
Lidia el que, por causa de su amor, el joven Síbaris se haya alejado de las
prácticas militares y deportivas en el Campo de Marte (lugar de entrenamiento
de las tropas). Obviamente, en esa oda no hay ningún espíritu pacifista ni
antimilitar, sino la constancia de que las mujeres tratan de apartar a los
hombres del combate, poniendo como ejemplo a la diosa Tetis que, para evitar
que su hijo Aquiles fuera reclutado para la guerra de Troya, lo escondió.
*Escultura en el cementerio no católico de Roma. Foto: Isabel Barceló
NOTA 2: Os dejo este vídeo para que juzguéis nuestras
propias necesidades y las suyas.