De la noble Lolia en su villa de Tusculum a la noble Terencia en su mansión del Palatino en Roma. Salud.
Tu hermana Fabia me ha pedido insistentemente que te escriba y te aconseje, pues cree que necesitas orientación y considera que mi ayuda te puede ser útil. Habría ido con gusto a visitarte, pero anteayer me vi en la necesidad de partir para Tusculum y tardaré unos días en regresar a Roma. Así pues, en esta carta trataré de satisfacer su petición.
Para llevar este plan adelante con éxito se necesita mucha sutileza, Terencia. Pero sé que la tienes cuando te lo propones. Haz lo que te digo y verás cómo declara contra Clodio. Puedes estar segura.
Del noble Marco Licinio Craso en su mansión del Esquilino, al pontífice máximo, Cayo Julio César en su tienda de campaña en el Campo de Marte. Salud.
Del noble Príncipe del Senado en la Curia provisional, al noble Quinto Cecilio Metelo Céler en la Galia Cisalpina. Salud.
Los negocios públicos en Roma no funcionan como deberían. El feo asunto de tu cuñado Clodio sigue causando mucho revuelo y la plebe está día a día más alterada. Déjame insistirte fraternalmente en que pongas coto a las acciones de tu esposa, pues no cesa de molestar a caballeros y senadores para volverlos a favor de su hermano. Conozco muy bien la dificultad de manejar a las mujeres y lo embarazoso que resulta muchas veces enfrentarse a ellas. Sin embargo, es necesario hacerlo por el bien de la república. Te aconsejo que la llames a tu lado ordenándole partir inmediatamente hacia la Galia a fin de evitar males más graves, pues si, como es previsible, Clodio resultase condenado, mucho me temo que la noble Clodia sería muy capaz, y lamento decirlo, de actuar del modo más escandaloso y comprometedor para tí. Házlo antes de que sea demasiado tarde.
Mansión de la noble Clodia, en el Palatino.
La noble Clodia se asoma una y otra vez al atrio. Es muy consciente de la hostilidad de una parte importante de los senadores contra su hermano, una situación que la tiene en ascuas. Las últimas cartas enviadas a Cicerón no han obtenido respuesta, y esto le desagrada y preocupa. ¡Si al menos pudiera asegurarse de que no actuará contra Clodio…! De momento, no hay indicios firmes de que vaya a hacerlo, pero tanto su hermano como Marco Antonio desconfían de él. Y ella misma debe reconocer que Cicerón es voluble.
- ¿Estás preparado? – le pregunta.
- ¿Quién puede estarlo, Clodia? – responde él, mientras toma asiento –. Deberías ver a los jueces que me han tocado en suerte. Muchos están deseando condenarme y, a poco que puedan, lo harán. ¡Menos mal que te tengo a ti, mi valiosísima y querida hermana, la persona que con más ardor está luchando por mí!
- Tienes a mucha gente a tu lado, Clodio. ¡Si hasta yo misma me asombro de lo querido que eres…!
- Sin duda. Pero a nadie se le hubiera ocurrido impedirme salir a la calle después de aquella fiesta tan desgraciada – replica Clodio –. Y en este momento, aquella feliz decisión tuya parece ser lo único que me puede salvar. Si no falla nuestra estrategia…
NOTA .- Queridos amigos, la editorial Kala (México), ha tenido a bien incluirme entre sus escritores seriales. Su proyecto “De lo virtual a lo real” es lograr publicar un libro con los textos de los escritores seleccionados en internet. Así, de ser una “sospechosa” he pasado a formar parte de su elenco de escritores. Se ha incluido mi relato “Claudia y la diosa Cibeles”.
Dejo aquí el enlace para quien tenga deseos de visitar la página, leer el texto y, en su caso, votarlo en el botón que aparece en la parte superior de la pantalla, arriba del comienzo del texto. Gracias a quienes ya lo hayan hecho.
















