Hace calor y en el patio no se mueve ni una pizca de aire. Le hago una seña para que venga a sentarse a mi lado debajo de la higuera, donde la abundancia del ramaje no deja pasar el sol y las hojas proyectan una sombra olorosa.
-¡Mi ayudante está celoso! – me río y le paso el brazo sobre los hombros atrayéndolo hacia mí. Le estampo un beso en la frente. Me hace tanta compañía y es, a veces, tan niño, que se ha convertido casi en un hijo. Por otra parte debo reconocer que, sin su ayuda, difícilmente hubiera sacado adelante este trabajo.
- Míralo de este modo: todo el mundo en Cartago está emocionado con la historia de su fundación – le digo –. Y es natural que quienes de una manera u otra tienen relación con sus protagonistas se sientan orgullosos. Ser sobrina nieta de la cocinera Sofonisba y enterarse de que jugó un papel tan importante ha trastornado a mi nuera. ¿Y a quién no? ¡Y no te quejes, porque mira lo bien que nos trata! Y ahora dime, ¿Has visto a Parepidemos? ¿Te ha dado la copia de la crónica de Xilón, como me prometió?
- Aquí la tienes – dice sacando del cesto unos papeles – Esta es la parte que le pediste. Dice que está muy bien.
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Después de tomar un baño para purificarse y rociar su cuerpo con perfume, la reina se pone en manos de Barce. La anciana le recoge el cabello sujetándolo con peinecillos de marfil y dejando caer sobre la curva de su cuello graciosos mechones rubios, brillantes como rayos de sol. La viste con una túnica fina, ciñe sobre su cabeza una corona de perlas y le echa sobre los hombros su magnífico manto púrpura.
La reina tiene la boca seca y apenas puede controlar los latidos de su corazón. El futuro de su pueblo se juega esta tarde. Incluso un hombre con mejor carácter que Yarbas, podría reaccionar de manera agresiva, y ella no tiene recursos suficientes para oponerse si el rey decidiese emplear la violencia. Sin embargo, ésta es su última oportunidad y piensa mantenerse firme.
La reina tiene la boca seca y apenas puede controlar los latidos de su corazón. El futuro de su pueblo se juega esta tarde. Incluso un hombre con mejor carácter que Yarbas, podría reaccionar de manera agresiva, y ella no tiene recursos suficientes para oponerse si el rey decidiese emplear la violencia. Sin embargo, ésta es su última oportunidad y piensa mantenerse firme.
"Una vez la reina Dido consideró llegado el momento de iniciar la ceremonia, se puso en pie e instó al rey Yarbas y su séquito a acompañarla. Cuatro hombres fornidos levantaron la mesa sobre la cual, cubierta por un paño, estaba la piel del toro curtida por Hércules. Tras ella se colocaron y comenzaron a caminar la reina y el rey de los libios, a quien seguían el Sacerdote de Hércules y nuestro Príncipe del Senado, el noble Acus y la libia Utyke, el noble Aemilius, el filósofo Filón y el cronista que esto escribe acompañando a otras damas libias, y así emparejados fenicios y libios se formó una larga comitiva.
Los libios se mostraron extrañados por la dirección que tomábamos: una pequeña punta rocosa bañada por el mar y situada en el extremo oriental de la playa. Allí hay un altar dedicado a la diosa Juno y, aguardando en pie junto a él, estaba la vestal Crisea. Ante ella depositaron en el suelo la mesa y comenzó a sonar la música que acompaña las ceremonias sagradas.
- ¡Oh, madre Juno, esposa del poderoso Júpiter y reina de todas las diosas! – exclamó con voz tonante la vestal – Antes de partir de la ciudad de Tiro, la reina Dido te encomendó la protección de su nueva ciudad y tu fuiste magnánima con ella. La has librado de todos los peligros y conducido aquí. Recabamos de nuevo tu amparo y, en señal de respeto, colocamos a los pies de tu altar la piel de toro y te consagramos toda la tierra que abarque.
La reina, entonces, dio un paso adelante y cogió con la mano el mechón de pelo en que terminaba el rabo y comenzó a tirar de él suavemente. De la piel se fue desprendiendo una tira muy fina a lo largo de todo el contorno. Vimos, admirados, que Sofonisba había conseguido cortar la piel en una sola pieza, ajustando el filo de su cuchillo a cada recoveco, a cada entrante y saliente de la silueta, de forma concéntrica, logrando con ello que la piel no perdiera su forma.
Dido entregó la punta a la matemática Teano, quien a su vez, ayudada por otras personas, fue tendiendo esta inusitada cuerda de cuero. Sólo entonces se percataron los libios de que había clavadas en el suelo pequeñas estacas, de apenas un palmo de alto, que servían de guías para extender la cuerda por el contorno deseado. Ante su mirada atónita – y la nuestra gozosa – fuimos siguiendo la punta de la cuerda: atravesamos la arena, cruzamos un lateral del bosquecillo de pinos, rodeamos por detrás la loma, y volvimos a cruzar el bosque por el otro extremo para terminar en la punta occidental de la playa, formando un semicírculo perfecto.
¡He aquí delimitado el solar de nuestra ciudad! La tierra amada. El lugar en el que crecerán nuestros hijos y hallarán descanso nuestros huesos. Ceñido al mar, ese mar hermoso y ancho al que confiamos nuestro presente y nuestro porvenir.
Las lágrimas asomaron a los ojos de la reina y de todos los suyos al comprender que habían llegado al fin de su peregrinaje. Algunos libios tenían los rostros crispados y la rabia se revelaba en las arrugas de la frente de Utyke y el gesto airado del Sacerdote de Hércules, quienes aquella tarde se convirtieron en enemigos nuestros para siempre. En el rostro del rey Yarbas se había reflejado primero la sorpresa, luego la admiración y, por fin, una luz. Apenas se clavó en el suelo arenoso la punta de la cuerda con que quedaba concluido el contorno de la Ciudad Nueva, el rey se volvió hacia Dido y le tomó la mano derecha.
- Eres una mujer extraordinaria, reina Dido. Has ganado justamente el territorio sobre el que reinarás. Y yo te ofrezco otro más: sé mi esposa y unamos en uno solo nuestros pueblos.
Los pájaros detuvieron el vuelo y el mar acalló sus olas."
Las lágrimas asomaron a los ojos de la reina y de todos los suyos al comprender que habían llegado al fin de su peregrinaje. Algunos libios tenían los rostros crispados y la rabia se revelaba en las arrugas de la frente de Utyke y el gesto airado del Sacerdote de Hércules, quienes aquella tarde se convirtieron en enemigos nuestros para siempre. En el rostro del rey Yarbas se había reflejado primero la sorpresa, luego la admiración y, por fin, una luz. Apenas se clavó en el suelo arenoso la punta de la cuerda con que quedaba concluido el contorno de la Ciudad Nueva, el rey se volvió hacia Dido y le tomó la mano derecha.
- Eres una mujer extraordinaria, reina Dido. Has ganado justamente el territorio sobre el que reinarás. Y yo te ofrezco otro más: sé mi esposa y unamos en uno solo nuestros pueblos.
Los pájaros detuvieron el vuelo y el mar acalló sus olas."
* Detalle de la escultura llamada "Espinario". Museos Capitolinos. Roma.
**Detalle de un sarcófago. Museo Termas de Diocleciano. Roma.
***Detalle de pintura al fresco en la Casina del cardenal Besarión. Via Appia. Roma.
****Detalle del relieve de la procesión. Ara Pacis. Roma.
*****Dibujo explicativo de cómo se trazaron los límites de Cartago.
******Detalle de un limonero cubierto de tela para pasar el invierno. Jardines secretos de Villa Borghese. Roma.
NOTA A).- Pido disculpas a los lectores por la tosquedad del plano de la delimitación de Cartago y también por lo que tiene de imprecisión (y ahí deben perdonarme los matemáticos). Me he visto obligada a hacerlo yo misma, a fin de que pudiera comprenderse el extraordinario hallazgo de la matemática Teano. Conviene ampliarlo, para que puedan verse los detalles.
NOTA B) - Algunos amigos participan de esta historia con diversos personajes. Para facilitar la comprensión de este post, se incluye la lista por orden alfabético de los personajes que salen en él.
KARO, escribiente de la señora Imilce. (Antonio Portela)
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