Un día como este me parió mi
madre. Estábamos ya casi a las puertas del invierno, el frío penetraba por
todas partes, mi padre atizaba el pobre fuego que ardía en el hogar. Lloré,
como todas las criaturas, al ser expulsado al mundo y me dormí enseguida al
calor de los brazos maternos. Las manos rudas de mi padre acariciaron mi frente.
- Naces ya como hombre
libre, hijo – susurraba – y yo haré también que seas sabio.
No sé si habrá en ello
alguna sabiduría, pero mi corazón no ama las armas, sino la belleza. No esperéis
pues de mí que cante a Marte ni las grandes hazañas de aquellos que lo sirven. Mi
lira es mucho más modesta:
“Yo canto los banquetes, yo
los combates que las mozas aguerridas, con sus uñas aguzadas, entablan con los
mozos; y eso, tanto si de amores estoy libre, como si ardo por alguno, liviano
como soy y sin llevar la contraria a mi costumbre.”
Así vivo. Y quieran los
dioses destruir antes las espadas que los amores.
HORACIO.- Odas. A una oda
pertenece el texto entrecomillado. Traducción de José Luis Moralejo. El resto
es mío.
NOTA: El 8 de diciembre del
años 65 a.C. nació Quinto Horacio Flaco de un padre que había sido esclavo y ya
era liberto. ¿Cuántos Horacios quedarán aún por nacer?






