De Claudia Hortensia a su liberta Lálage. Salud.
Ayer me acosté muy disgustada y de pésimo humor ante la imposibilidad de estar en Roma hoy para seguir cuanto antes con nuestro trabajo sobre la fundación de Roma. Uno de los ejes del carro que nos transportaba se rompió inoportunamente y me he visto obligada a pernoctar en Bovillae. ¡Y aún debo agradecer a los dioses que el percance ocurriese cerca de la villa de mi amiga Valeria, donde me he alojado, librándome de dormir en una de esas posadas atestadas de gente que jalonan la vía Appia! Con todo, al levantarme esta mañana he visto las cosas de manera diferente.
Ayer me acosté muy disgustada y de pésimo humor ante la imposibilidad de estar en Roma hoy para seguir cuanto antes con nuestro trabajo sobre la fundación de Roma. Uno de los ejes del carro que nos transportaba se rompió inoportunamente y me he visto obligada a pernoctar en Bovillae. ¡Y aún debo agradecer a los dioses que el percance ocurriese cerca de la villa de mi amiga Valeria, donde me he alojado, librándome de dormir en una de esas posadas atestadas de gente que jalonan la vía Appia! Con todo, al levantarme esta mañana he visto las cosas de manera diferente.
Al contemplar el paisaje a la luz del amanecer, me ha asaltado un pensamiento: “quizá Rea Silvia vio estos mismos campos desde este mismo lugar”. Y, de pronto, ha desaparecido de mi ánimo toda urgencia. Ardo en deseos de retomar el relato de su historia tras el descanso estival y me consta que tú también, pues le has tomado mucha afición a esa joven admirable a quien tanto debemos y de quien se habla tan poco. Pero es importante volver a ponernos en su piel para mejor comprenderla y explicarla. Y te aseguro, Lálage, que hoy me he sentido muy cerca de ella. Tanto, que he decidido que en breve vendremos tú y yo a recorrer todos estos parajes, pues siempre ven más cuatro ojos que dos.
Con todo, ve preparando nuestros instrumentos de escritura, pues confío en estar contigo dentro de dos o tres días. Cuídate.















