viernes, julio 31, 2009

EL POETA CATULO NOS INVITA A AMAR


Vivamos, Lesbia mía, y amemos:
los rumores severos de los viejos
que no valgan ni un duro todos juntos.
Se pone y sale el sol, mas a nosotros,
apenas se nos pone la luz breve,
sola noche sin fin dormir nos toca.
Pero dame mil besos, luego ciento,
después mil otra vez, de nuevo ciento,
luego otros mil aún, y luego ciento…
Después, cuando sumemos mucho miles,
confundamos la cuenta hasta perderla,
que hechizarnos no pueda el envidioso
al saber el total de nuestros besos.

CAYO VALERIO CATULO.
Traducción de Juan Manuel Rodríguez Tobal.



NOTA: Queridos amigos, tomo mis vacaciones veraniegas y os dejo unas semanas con este poema de Catulo, que vale para todos, quienes estamos en el hemisferio norte y quienes están en el hemisferio sur. El amor tiene la ventaja de ser tan necesario en verano como en invierno. Nos veremos pronto.

*Detalle de decoración de estuco de dos figuras bailando, obra de Alonso Berruguete. Logias de Rafael del Vaticano. Roma.

**Detalle de pintura mural, pájaro y frutas, obra de Giovanni di Udine. Logias de Rafael del Vaticano. Roma.

lunes, julio 27, 2009

EL DESAFÍO DE LA SIBILA Y LOS LIBROS SIBILINOS

- Me presento ante ti, rey Tarquinio, para hacerte una oferta.

Quien había hablado así, sin preámbulos ni ceremonias, sin haber pedido siquiera permiso para hacerlo, era una anciana con un bastón. Los hombres que rodeaban al rey Tarquinio en la sede del Senado quedaron tan sorprendidos como él y sus guardias reaccionaron dirigiéndose hacia ella para apartarla.

La anciana levantó el bastón. Sus dedos eran finos, más huesudos que la propia vara y, lleno de arrugas, su rostro inexpresivo producía temor. Había autoridad en su gesto. Nadie se movió.

- Soy Amaltea, la sibila de Cumas – dijo. A pesar de su vejez, la voz era firme y profunda. Avanzó con lentitud, entre dos filas de senadores. Sólo entonces se dieron cuenta los presentes que la seguían dos esclavas llevando un arcón agarrado por sendas asas. La anciana se detuvo a unos pasos del rey y e hizo un gesto las porteadoras. Ellas, entonces, dejaron el mueble en el suelo y levantaron la tapa. En el interior, había unos rollos.

- Te traigo mis libros. Apolo, a quien sirvo, me ha inspirado para verter en ellos mis oráculos. Darán respuesta a todos los desastres y penalidades que aflijan a los romanos durante siglos. Son nueve. Y son únicos. Si los quieres, dame el peso de mis esclavas en oro.

Taquinio, que hasta entonces no se había inmutado ni había dado ninguna señal de respeto ante la anciana, soltó una carcajada.

- Muy caros vendes tus oráculos, vieja – respondió, dejando traslucir su desprecio –. ¿Me crees tan ignorante para no saber que puedo encontrarlos en otra parte y más baratos?

La anciana no pareció ofendida. Sin dar la espalda a Tarquinio, hizo que sus esclavas sacaran del arca tres de los rollos y los depositaran en el suelo, entre el rey y ella. Luego, a otra señal, una de las muchachas abrió una cajita metálica que colgaba de una cadena. Sacó una brasa y la aplicó sobre los rollos hasta que éstos, hechos de hojas de palma, empezaron a arder.

- Te repito mi ofrecimiento, rey – dijo Amaltea cuando se hubieron consumido –. Si quieres mis libros, tendrás que darme el peso de mis esclavas en oro.

- Eres poco inteligente, creo – respondió Tarquinio –, pues tú misma destruyes los bienes que me pretendes vender. Estás vieja, Amaltea. Si antes tu precio ya era exorbitante, ahora que sólo tienes seis libros para vender, no encontrarás a nadie que lo pague. ¿Acaso te ha dicho alguien que el rey de Roma se ha vuelto loco, o que suele malgastar el dinero? No necesito tus libros ni me interesan por ese precio.

Surgió un murmullo entre los senadores que rodeaban al rey. ¿Qué gobernante en su sano juicio rechazaría un oráculo? Menos todavía el de la sibila cumana, la más prestigiosa entre todas. Y no ofrecía un oráculo para una sola consulta, con ser esto ya apreciable, sino ¡seis libros completos!

- Señor – dijo uno de sus consejeros, acercándosele al oído –, lo que Amaltea nos ofrece es un tesoro. Cualquiera de los monarcas vecinos lo compraría con gusto, pues no en vano proceden del mismo Apolo. Podríamos conocer sus oráculos sin necesidad de costosos y peligrosos viajes hasta Cumas. No necesitaríamos esperar días y días hasta que nuestros enviados fueran y regresaran con la respuesta. En casos de peligro el tiempo es muy valioso…

- ¡Calla! – Respondió Tarquinio, también en voz baja –. Quiero que esa mujer rebaje su precio. No voy a pagar tanto. Si me mantengo firme, cederá. ¿No ves que es una vieja? Y, además, en ningún momento ha dicho que fuera a ofrecerlos a nuestros enemigos.

Mientras se desarrollaba esa conversación, las esclavas de Amaltea habían apilado entre ésta y el rey otros tres rollos, y les estaban prendiendo fuego. El rumor en la sala era ya un clamor. Los senadores pedían a gritos a la anciana que se detuviera, pero ella, inflexible, dejó que las llamas devorasen los rollos por completo. Cuando eran ya cenizas, volvió a hablar señalando el arca.

- El peso de mis esclavas en oro, si quieres tener estos tres libros.

Tarquinio se levantó, enojado. ¿Cómo se atrevía esa vieja a hablarle así?

- ¡Ya basta! Pretendes burlarte, ofender mi majestad. Soy Tarquinio, ¿sabes? y los romanos me llaman el soberbio. No tolero a nadie que se coloque por encima de mí y no voy a hacer una excepción contigo.

Amaltea no respondió. Se limitó a hacer de nuevo la señal a sus esclavas, y ellas sacaron del arca los tres últimos rollos. El griterío en la curia se hizo insoportable, los senadores imploraban al rey que no cometiese la impiedad de permitir la quema de los últimos libros, pues sin duda era reprobable rechazar así la ayuda inestimable de los dioses, la voz misteriosa con la que comunicaban sus vaticinios a los hombres. El propio Tarquinio estaba sorprendido al ver la decisión de la sibila, la forma en que se comportaba.

- ¡Sea como tú quieres! – dijo cuando ya los rollos estaban a sus pies, sobre las cenizas de los anteriores. Y al momento ordenó que trajeran una gran balanza para pesar a las esclavas y que trajeran todo el oro exigido para pagar.

- Y dime, venerable anciana. ¿Para qué quieres todo ese oro? – preguntó el rey, cuando ya la anciana se disponía a abandonar la sede del senado.

- ¿Para qué lo querías tú? – respondió ella. Y le dio la espalda.




NOTA: Queridos amigos, he cumplido mi promesa de hablar de los libros sibilinos, a los que me referí en este post. Este episodio, seguramente legendario, tendría lugar durante el reinado de Tarquinio el Soberbio, que reinó entre el 535 y el 510 a.C., año en el cual fue expulsado de Roma y se fundó la república. Los libros sibilinos, en número de tres, eran consultados por unos sacerdotes especiales (10 primero, 15 después) cuando lo ordenaba el Senado. Se guardaban en el templo de Júpiter Optimus Máximus, donde los originales resultaron destruidos en un incendio. Se sacaron copias viajando a otros santuarios y oráculos y los nuevos libros se guardaron en el templo de Apolo en el Palatino hasta su definitiva destrucción en el año 408 d.C.

Obviamente, la puesta en escena es creación mía. No se sabe dónde se entrevistó la sibila con el rey, ni exactamente lo que hablaron, aunque sí que ella quemó los libros de tres en tres sin rebajar el precio.

*Detalle de la pintura al fresco de Miguel Angel representando la sibila cumana en la Capilla Sixtina del Vaticano. Roma.

**Detalle de pintura de la sibila cumana, de Domenichino. Museos Capitolinos. Roma.

***Antro de la Sibila en Cumas.
****Pintura al fresco de Miguel Angel representando al sibilia cumana en la Capilla Sixtina de los Museos Vaticanos. Roma.
*****Detalle de pintura mural en una tumba etrusca en Tarquinia, ciudad natal de Tarquinio el Soberbio.

viernes, julio 24, 2009

CUALQUIERA PUEDE SER NERÓN


A Isabel Romana

Si has visto en un ocaso del Gianicolo,
entre el bosque de cúpulas de Roma,
esa otra luz más propia de un incendio;
si alguna vez sentiste en el Trastevere,
en amistad, el calor de unas llamas
invisibles mas ciertas, junto a ti;
si las ruinas del Foro, el Panteón,
o las piedras que pisas a tus ojos
parece que desprenden un fulgor,
eso es que alguna vez,
aunque en tus sueños fuera, fuiste
—turista o peregrino— visitante
funesto, enamorado, un dulce herido
incapaz de aguantar tanta belleza.


Poema inédito de Antonio Manilla.

Queridos amigos, es para mí un placer y un honor dar a conocer por primera vez este poema del gran poeta y amigo Antonio Manilla que, conociendo mi pasión por Roma y compartiéndola con intensidad, tuvo el afectuoso gesto de dedicarme este poema. Viene muy al hilo en estas fechas, porque hace 1.945 años, Roma ardía por los cuatro costados. Antonio, como muchos autores, veía (poéticamente) en este incendio la mano de Nerón. Mi agradecimiento a Antonio es infinito.

La pintura que encabeza este post es obra de María Blanco, una vista de Roma desde su estudio en la Real Academia de España. Con María, y en ese lugar de privilegio, compartí los seis meses más felices de mi vida.


* Pintura. Vista de Roma desde la Real Academia de España en Roma. Obra de María Blanco.

** Fioccola. Es una vela italiana típica que se utiliza para señalar, de noche, los lugares donde hay un acontecimiento o una fiesta. En este caso, señalaba una fiesta en la Real Academia de España en Roma.

lunes, julio 20, 2009

LA NOCHE ESTÁ LLENA DE PELIGROS


La luna brilla en cuarto menguante entre hilachas de nubes e ilumina pálidamente los callejones que circundan el Circo Máximo. Allá arriba, en la cumbre del Palatino, se recortan contra el cielo blanquecino la silueta de la cabaña del padre Rómulo y las columnas del templo de Apolo. Hay hachones encendidos en los muros del palacio imperial y sus llamas oscilantes arrancan a los ladrillos un color rojo y dorado. Siempre lo iluminan de noche, aunque el emperador Nerón esté ausente, como ocurre ahora.

Una nube densa cubre las finas astas de la luna y ese es el momento elegido por los hombres para abandonar la oscuridad del pórtico del Ara Máxima de Hércules. Con cautela para no hacer ruido y amparados por las sombras de las construcciones, se dirigen hacia los almacenes situados entre el Circo y el Palatino. Donde hay grano, hay paja. Y donde hay paja, y vigas y techumbre de madera, siempre hay riesgos. Más todavía en esta zona densamente poblada. Con el foro de bueyes y el puerto fluvial a un paso, abundan los cobertizos y los porches y no faltan corrales. Los animales pueden ser buenos aliados.


Caminan con rapidez, encogidos, como si temieran que alguien pudiese verlos. Son cinco o seis, quizá siete. No es fácil establecer su número, porque a veces van tan juntos que sus sombras se sobreponen y se confunden entre ellas. Les relampaguean los ojos, tal vez tienen fiebre o los consume una llama interior. Aceleran el paso y llegan a un pequeño ensanche, justo en el punto en que la vertiente del Palatino da un giro en dirección al foro y las casas se adentran en el barrio de los etruscos.

Se detienen y juntan sus cabezas formando un círculo silencioso. Uno de ellos, bajo y fornido, hace gestos con la mano señalando en distintas direcciones y los demás asienten. Luego, el mismo individuo destapa un envoltorio que ha llevado todo el tiempo junto al pecho y descubre una lucecilla roja. Sujeto entre las puntas abiertas de una caña, brilla un tizón encendido.

Los hombres arriman a la brasa sus antorchas apagadas y las llamaradas que forman al prenderse una a una los obliga a retroceder unos pasos. Ya no forman un círculo cerrado y sigiloso, sino un corro de rostros encendidos por la determinación y la rabia, los brazos alzados con las teas ardientes, como brindando a dios o a los dioses su próxima acción.

- ¡Que arda Roma! – dice con énfasis el cabecilla.

Esas palabras constituyen la señal. Se desperdigan corriendo y deteniéndose apenas el tiempo necesario para incendiar las puertas de los cobertizos, para prender unas astillas y lanzarlas a los tejados de paja, meterlas bajo los portones de los almacenes, arrojarlas por los ventanucos de los corrales, entreabriendo las puertas siempre que pueden, para que los animales prendidos en llamas salgan despavoridos y propaguen el fuego.

Sí, que arda Roma la impía, la pagana; que las llamaradas derrumben hasta los cimientos los templos de los falsos dioses; que el fuego devore los foros y las basílicas y reduzca a cenizas los teatros; que el calor evapore el agua de las termas y seque las fuentes; que la destrucción y la ruina se adueñen de esta ciudad cruel, rica y avariciosa, esta ciudad sin una verdadera ley divina, obstinada, incapaz de abrir su corazón y sus oídos a la única verdad. Se lo merece, sí.

Fuego, ¡aliméntate a tu gusto! Y tú, Roma, ¡arde!


NOTA: El 19 de julio del año 64 d.C., se inició junto al Circo Máximo un pavoroso incendio que duró siete días y destruyó gran parte de la ciudad, matando a numerosas personas. La conducta de Nerón, que se hallaba fuera de Roma, causó indignación a los romanos, pues tardó varios días en regresar. Acusó a los cristianos de haber provocado el incendio e inició contra ellos una persecución muy cruel. Algunos autores atribuyeron luego el incendio a Nerón. En cualquier caso, lo que parece cierto es que fue provocado y no se descarta que fueran realmente sujetos cristianos quienes lo causaran. Aquí me he decantado – literariamente hablando – por esta última opción.

*Columnas del templo de Apolo, en la cumbre de la colina del Palatino.

**Vista del Circo Máximo en dirección al Ara Máxima de Hércules, que estaba aproximadamente donde ahora está ese gran edificio rojo que cierra por un extremo el Circo. A la derecha, queda la colina del Palatino. Foto_ Rafa Lillo.

***Plano actual de la zona. El "Campitelli" es una de las cumbres del Palatino. Toda esa área es parte de la colina del Palatino. El nº 16 es el Circo Máximo, el área entre los nº 10, 12, 14, es el foro boario o de los bueyes, el nº 13 señala el lugar del Ara Máxima de Hércules, lugar donde han permanecido escondidos nuestros hombres y del que partirían para ir hasta esa plaza rectangular "incrustrada" en el Campitelli (o Palatino), donde veis que surge la calle de San Teodoro, antiguo Vicus Tuscus, barrio de los etruscos.

****Detalle de la pintura mural "El incendio del Borgo", de Rafael, en el Vaticano.

*****Flores de un árbol en Valencia.

jueves, julio 16, 2009

CIPASIS DESAFÍA AL POETA A DELATARLA

¿De veras le revelarías a mi señora Corina que has yacido conmigo? ¿No temes que ella, al saber que te has tomado semejantes libertades en su propia morada, se encolerice y ordene a su mayordomo que te arroje de su casa y no te permita nunca más volver a entrar?

Conozco a mi ama y ella me conoce a mí. Desde que ambas éramos núbiles me encargo de arreglar sus cabellos y está tan satisfecha con mi trabajo, que jamás me ha dedicado un reproche. Cuando pasea por las tiendas del foro o va a las fiestas públicas o a las termas, Corina sólo escucha alabanzas acerca de la belleza de su peinado y el perfecto estado de sus cabellos a pesar de los tintes y las tenacillas calientes. Muchas damas de alcurnia la envidian y le han ofrecido comprarme, pero ella se ríe y asegura que antes se desprendería de todas sus joyas que de mí. Con frecuencia me recompensa con pequeños regalos y en su casa gozo de gran autoridad entre mis iguales.

Me hablas así, Publio Ovidio Nasón, porque soy una esclava y, estando mi destino en manos de mis amos, me crees vulnerable. Te equivocas. Yo he sido forjada al fuego y modelada a golpes de martillo, como una espada. O ¿es que crees ser el primero en abusar de mí? ¿No imaginas cuántas veces me he cruzado por el pasillo con mi amo o con cualquiera de sus amigos, me han empujado contra la pared y me han poseído allí mismo? No resultaría grato a tus oídos de poeta el escuchar cómo fue la primera vez, ni cuánta brutalidad he soportado.

Y si tú puedes encontrar a hombres ilustres que te sirvan de ejemplo para justificar tu supuesto amor por mí, también yo puedo ilustrar sus riesgos. Más de una esclava se ha apoderado del corazón de un hombre noble y ha trastornado su vida. La propia diosa Mater Matuta, a quien honran las matronas, fue víctima desdichada de uno de esos amores.

Así pues, no te sientas tan seguro conmigo ni juegues a amedrentarme si no me pliego a tus deseos. No conoces a Cipasis si crees que la asustan tus amenazas. Con todo, no me niego a tus requerimientos. Ven a mí cuando quieras y te enseñaré algunas cosas. La primera de ellas, que en Roma es mucho más difícil encontrar a una buena peluquera que a un amante.



NOTA: Espero que os haya gustado la respuesta de Cipasis. Respecto a Mater Matuta podéis encontrar un post sobre su culto aquí. Quienes se hayan perdido cuál es el texto de Ovidio al que responde la esclava Cipasis, puede encontrarlo aquí.
Y no olvidéis que tanto este texto de mi autoría como los escritos por Ovidio son ficción.

*Escultura femenina. Museo Anticuarium del Palatino. Roma.
**Cabeza femenina. Museo Anticuarium del Palatino. Roma.
***Detalle de relieve en un gran jarrón. Museos Capitolinos. Roma. Foto: Paco Hernández.
****Flores de buganvilla en la terraza de Isabel Romana.



martes, julio 14, 2009

OVIDIO REVELA SU TRAICIÓN Y AMENAZA A LA ESCLAVA


"Cipasis, tú, que tan bien sabes disponer los cabellos de mil maneras, pero digna de peinar únicamente a las diosas; tú, de quien he sabido por el placer del furtivo encuentro que no eres tosca, idónea desde luego para tu dueña, pero mucho más idónea para mí, ¿quién ha sido el delator de nuestras uniones? ¿Cómo se ha dado cuenta Corina de que te acuestas conmigo? ¿Es que me he sonrojado yo? ¿Es que me he delatado por alguna palabra y he dado pistas así de nuestro amor furtivo? ¿Cómo puede ser eso, si sostuve que no estaba en su sano juicio aquel que pudiera delinquir con una sirvienta?

El de Tesalia [Aquiles] se abrasó de amor por el rostro de Briseida, una sierva; la sacerdotisa de Febo [Casandra], una esclava, enamoró al rey de Micenas [Agamenón]; y yo no soy de más rango que el Tantálida [Agamenón] ni de más rango que Aquiles; lo que convino a los reyes, ¿por qué considerarlo vergonzoso para mí?

(…) Como dulce recompensa por ese servicio, morena Cipasis, concédeme hoy tus favores.

¿Por qué rehúsas y finges, desagradecida, temores nuevos? Ya es bastante que hayas servido a uno de tus amos. Porque si te niegas, necia de ti, yo seré el delator que confiese tus pasadas acciones, y vendré a revelar mi propia falta y diré, Cipasis, a tu dueña en qué lugar estuve contigo y cuántas veces, con qué frecuencia lo hicimos y en qué posturas."
OVIDIO.- "Amores".- Traducción de Vicente Cristóbal López

NOTA: Ya veis, queridos amigos, que Ovidio mintió descaradamente a Corina negando que tuviera nada que ver con su esclava Cipasis, como podéis recordar leyendo aquí. Le ha contestado Corina, pero también Cipasis le contestará.Podéis leer la respuesta de Cipasis aquí.

*Detalle de pintura mural representando a una pareja en actitud amorosa. Museo Arqueológico de Nápoles.
** Detalle de pintura mural de la Villa de los Misterios. Pompeya.
***Detalle de decoración en las Logias de Rafael. El Vaticano. Roma.

domingo, julio 12, 2009

CORINA DESMIENTE TENER CELOS DE OVIDIO


Una vez más, Publio Ovidio, utilizas tu condición de poeta contra mí. Dominas el arte de colocar las palabras del modo más sugerente y encandilar a tu público. Sabes ser persuasivo. Y tienes éxito. Al menos lo tuviste conmigo cuando, a despecho de mi marido, me perseguías por todas partes y jurabas que no podrías sobrevivir sin mi amor ni un solo día más. Y yo, hechizada por tus palabras, te creí y me entregué a tus abrazos.

Ahora que ya has alcanzado de mí lo que querías, buscas excusas para apartarme. ¿Dices que te hago reproches cuando, por casualidad, miras a la multitud en las gradas del circo? Querido, ¡si ayer tarde te hubieran preguntado los nombres de los ganadores de las tres últimas carreras, habrías sido incapaz de responder! En cambio, habrías podido informar a cualquiera de cuántas pecas tiene Aricia en su escote o el número de cuentas del collar de la estúpida Lolia y eso que estaban diez o doce gradas por encima de la nuestra. Y dime, ¿cuándo te he acusado yo de engañarme con mi esclava Cipasis? Esa es una traición de la que me entero ahora.

Buscas provocarme. Quieres que sea yo, indignada, quien te despida. O, si no lo hago, justificarte ante tus amigos y ante quienes escuchan o leen tus poemas, arguyendo que, pobre de ti, te habías visto obligado a abandonar a Corina a causa de sus insoportables celos. Te felicito, maestro del artificio y el engaño.

Pero Corina no se rinde. Mis palabras no alcanzarán jamás la belleza de las tuyas, ni su ritmo, ni su exquisitez. No se leerán en las veladas cultas en casa de Mesala. Pero, querido, serán más peligrosas que una espada y con un filo mil veces más agudo: contaré algunas de tus torpezas amorosas, reales o falsas, me reiré de tus gustos en el lecho y ridiculizaré tu potencia viril. Y entonces, tanto si me abandonas tú como si te abandono yo, todos pensarán que esos son los motivos. ¿Ves qué artes me has enseñado? Puedes decir que Corina, a tu lado, ha aprendido a no tener piedad.



NOTA: Los lectores que no sepan, o no recuerden, cuál era el texto de Ovidio al que responde Corina con estas palabras, pueden leerlo aquí. Espero que os haya resultado satisfactoria la respuesta.

*Detalle de pintura mural en el Museo Arqueológico de Nápoles.

**Escultura femenina. Nápoles.
*** Detalle de pintura mural de una joven sentada. Pompeya.

viernes, julio 10, 2009

DESPEDIDA DEL ALMA


- ¡Callad, callad todos…! ¿Habéis oído ese siseo…? Es el alma del augusto Adriano, que acaba de despojarse de su cuerpo y se marcha.

“Pequeña alma, blandita, cariñosita, huésped y compañera de mi cuerpo, ¿a qué regiones te encaminarás ahora, palidita, yerta, desnudita, sin gastar bromas, como solías?”

- Esas fueron sus propias palabras, dictadas ayer mismo, poco antes de entrar en la agonía. ¡Que ninguno grite, ni llore, ni haga aspavientos! No hay que asustar a un alma que no sabe a dónde va.



NOTA 1: El emperador Adriano murió el 10 de julio del año 138 d.C.

NOTA 2: El entrecomillado corresponde a la traducción de los versos compuestos por el emperador Adriano en su lecho de muerte. Aquí os pongo el texto latino, pues supongo que a muchos os gustará proponer otra traducción. La que yo presento la he tomado del Calendario greco-romano de José Contreras Valverde. A pasarlo bien.

Animula, vagula, blandula / hospes comesque corporis, / quae nunc abibis in loca / pallidula, rigida, nudula, / nec ut soles dabis iocos”.

NOTA 3: Que nadie se preocupe: el próximo domingo o el lunes, el poeta Ovidio, tan quejoso, tendrá su respuesta.

*Vista del Mausoleo de Adriano y del puente Elio que conducía a él, en la actualidad Castel Sant’Angelo y Ponte Sant’Angelo. Roma. Foto: Rafa Lillo.
**Detalle de un relive en una tumba del cementerio protestante. Roma.

miércoles, julio 08, 2009

CELOS

Así se queja el poeta Ovidio de los celos de su amada:


“¿De manera que voy a servir yo siempre de reo para nuevas acusaciones? Me fastidia tanta lucha para alcanzar la victoria.

Si me vuelvo a mirar las alturas del marmóreo teatro, eliges de entre la muchedumbre alguna de quien quejarte; si una mujer de radiante hermosura me ve y me mira sin decir nada, en esa mirada sospechas que hay señales secretas; si he elogiado a alguna, arrancas con tus uñas mis pobres cabellos; si la recrimino, piensas que disimulo mi falta; si tengo buen aspecto, dices incluso que soy insensible para contigo y si lo tengo malo, que muero por amor a otra.

(…) Hete aquí la última acusación: se le echa en cara a su experta en maquillaje, Cipasis, de haber mancillado conmigo el lecho de su señora. ¡Concédanme los dioses algo mejor, cuando tenga deseos de ser infiel, que sentir placer con una amiga innoble, de condición humilde! ¿Qué hombre libre querría entablar relaciones amorosas con una sirvienta y abrazar una espalda señalada por los latigazos? Añade que es muy mañosa en peinar tus cabellos y camarera grata a ti por sus hábiles manos. ¿Iba yo a hacer proposiciones a una criada, sabiendo que te era fiel? ¿Qué ganaría ella sino ser despedida al menor indicio? Juro por Venus y por el arco del niño volador [Cupido] que no soy reo de la acusación que me haces.”

PUBLIO OVIDIO NASON.- “Amores”
Traducción de Vicente Cristóbal López.



NOTA: Como ya sabéis, queridos amigos, a estas palabras de Ovidio ha respondido Corina aquí. ¡No íbamos a dejar que él se quedase con todas las quejas y la última palabra! Y, quién sabe, quizá le conteste también Cipasis. En cuanto a los libros sibilinos, prometo hacer una entrada en breve.

*Detalle de una escultura de Cupido, actualmente expuesta en el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ). Colección del British Museum. Fotografía de Isabel Zarzuela.
**Detalle de pintura de Alma Tadema.
***Detalle de un relieve decorativo en el monumento dedicado a la reina Dª María Cristina de Borbón. Madrid. Fotografía de Rafa Lillo.

lunes, julio 06, 2009

INCENDIO DEL TEMPLO DE JÚPITER


¡Romanos, compatriotas! ¡Dejad lo que estéis haciendo! Abandonadlo todo y venid en auxilio de vuestra ciudad. Mirad cómo surgen columnas de humo negro y espeso en el templo de Júpiter. No os quedéis paralizados. Que el temor os ponga alas. ¡Vamos, vamos! Aunque la humareda os quite el aliento, aunque penetre en vuestros ojos y os arranque lágrimas, id a combatir el fuego. ¡Se viene abajo el templo de Júpiter! ¡Ay, las hermosas columnas, el frontón, los escudos dorados…!

Los libros sibilinos que no quemó la sibila Amaltea, nos han sido arrebatados ahora: han ardido como estopa y toda su sabiduría se ha esfumado. De hoy en adelante, ¿de dónde sacaremos una palabra sabia, un consejo, una guía para afrontar la incertidumbre y los desastres? Pero ahora, romanos, no desesperéis. ¡Vamos, luchad contra el fuego con todas vuestras fuerzas! ¡Salvemos las imágenes de Júpiter y Juno y Minerva!



NOTA: El 6 de julio del año 83 a.C. se prendió fuego en la colina del Capitolio y destruyó casi por completo el Templo de Júpiter Optimus Máximus, el más emblemático del poder militar y político. La reconstrucción se terminó en el año 69 a.C. En ese incendio se quemaron los libros sibilinos, libros de carácter oracular que se consultaban por orden del Senado siempre que se producían situaciones o sucesos difíciles que no se sabía bien cómo afrontar. Para saber cómo llegaron estos libros a Roma, se puede ver esta entrada.

*Vista del foro romano y el templo de Júpiter Optimus Máximus sobre el Capitolio en un grabado del siglo XIX. Es el templo que se ve al fondo, elevado.

**Detalle del basamento del Templo de Júpiter Optimus Máximus. Museos Capitolinos. Roma.

viernes, julio 03, 2009

HOMENAJE A JULIO CÉSAR : BRANDON, MANKIEWICZ Y SHAKESPEARE

Visto que algunos de los lectores han recordado la película “Julio César” de Mankiewicz basada en el drama de William Shakespeare, os pongo el vídeo con el discurso fúnebre de Marco Antonio en memoria de César. Si a alguno le apetece leer el texto escrito, lo publiqué en marzo y puede encontrarlo aquí




miércoles, julio 01, 2009

EL MES DE JULIO FUE DEDICADO A CÉSAR


Salve, Cayo Julio César. Si alguno de entre los romanos ha merecido permanecer en la memoria de los hombres, ese has sido tú. Pasarán las décadas y el olvido sobre tus detractores, pasarán sobre tus asesinos, sobre quienes te han juzgado torcidamente para justificarse, pasarán sobre mí, que te amé tanto y fui leal esposa hasta tu muerte.

Pero tu nombre retornará a los labios de cada romano anciano o joven, rico o pobre, noble o de extracción humilde, siervos, señores, enfermos, moribundos, extranjeros, doncellas y matronas, vírgenes vestales, magistrados, generales, enemigos y amigos, todos cuantos hablan y respiran en el vasto territorio que constituye el imperio de Roma.

Te nombrarán a diario durante los treinta y un días que dura el mes que tus conciudadanos te han dedicado por haber sido el de tu llegada al mundo. No pudo tu madre aspirar a un honor mayor para conmemorar tu nacimiento ni yo me hubiera conformado con menos.


NOTA: Después de la muerte de César, se le dio el nombre de Julio al mes en que este gran político y militar había nacido y que hasta entonces se llamaba el mes Quintilis (por ser el quinto mes del año en el calendario antiguo). Quien habla es Calpurnia, la última esposa de César.


*Escultura de Julio César. Salón Julio César del Palacio Senatorio, sede del Ayuntamiento de Roma. Colina del Capitolio. Roma.
**Escultura de cabeza femenina. Museos Capitolinos. Roma.
***Detalle de relieve con hojas de laurel. Cementerio protestante. Roma.