lunes, mayo 30, 2011

INDECISIÓN

(IX)
Conmocionada ante el descubrimiento del estado de gravidez de Rea Silvia, la Vestal Máxima Camilia creyó necesario retirarse unos instantes para recuperar la serenidad. Era un golpe muy duro. Si se hubiera derrumbado el techo de la cabaña sobre ella, no se habría sentido más aturdida y confusa. Le parecía imposible que esa joven tan dulce, tan alegre y confiada, tan decidida también, hubiera entregado su castidad a un amante. Y, sin embargo, ella misma había tocado la redondez de su vientre y visto su seno hinchado, al que la naturaleza preparaba para amamantar.
Igual que una ola al romperse contra los escollos lanza espuma en todas direcciones, así sus pensamientos se disgregaban y salpicaban dolorosamente todos sus afectos y sus temores. Sentía un puñal en el corazón al pensar en su amiga Aurelia que, tras haber presenciado el asesinato de su hijo, tendría que sufrir el ajusticiamiento atroz de su hija Rea. Le repugnaba el solo recuerdo de Criseida y Amulio, cuyos ojos veía ya brillar de alegría y de triunfo ante la desgracia de su sobrina. Temía la venganza de la diosa Vesta, gravemente ofendida por la conducta de una vestal, y aún le era más penoso detenerse en Rea. Había sido consagrada a Vesta por empeño suyo, como la única forma posible de hurtarla a una muerte que sus infames tíos estaban a un paso de dictar. ¡Y pensar que aquella solución de la que se había sentido tan orgullosa, se convertiría ahora en la causa de su muerte…!
Esos pensamientos y otros muchos se entremezclaban en su corazón y su cabeza mientras se dirigía hacia la parte derecha de la cabaña, tras haber dejado a Rea Silvia junto al hogar. Aislada y protegida por un doble tabique de adobe, estaba la celda circular destinada al culto a la diosa. La imagen de Vesta, una piedra toscamente labrada, presidía el recinto desde una hornacina y ante ella, sobre un altar, ardía el fuego sagrado. Camilia entró en el recinto e indicó a la vestal que en ese momento lo custodiaba que saliera y esperase junto al umbral.

La oscuridad era casi absoluta y en el silencio envolvente sólo se oía el crepitar de las llamas de un pequeño fuego en el centro del ara. Diminutas lenguas rojas y amarillas danzaban elevándose hacia el techo y eran alcanzadas y engullidas por otras nuevas y éstas por otras, y éstas por otras más, y todas eran a la vez viejas y nuevas. Una danza hipnótica y eterna, inmutable en su variación, inagotable, fuente de calor y de vida. Un fuego sacrosanto, arrebatado a los dioses, cuyo dominio sólo los seres humanos poseían. Pero no era un dominio completo: el fuego en su estado natural, como el rayo, el trueno, el viento o la lluvia, era indomable.
Al igual que el fuego, la vida era para los humanos un dominio incompleto, sometido siempre a la voluntad de los dioses que tanto podían darla como aniquilarla. Y la voluntad divina era insobornable, pues en lo fundamental no se plegaba a los deseos ni a las demandas de los mortales sino que, siguiendo su propio curso y capricho, atendía a unos designios que sólo algunos privilegiados poseían el don de vislumbrar. Eso había hecho la adivina Celia, según recordó entonces Camilia, anunciando a Amulio una venganza a manos de los nietos de su hermano Númitor. Y esos nietos futuros sólo podían ser hijos de Rea Silvia. Así pues, si estaba en los planes divinos el que Rea Silvia fuera madre, ¿cómo oponerse a ellos u obstaculizarlos? ¿Cuál sería el camino a seguir? La turbación de Camilia iba en aumento. Su cometido como Vestal Máxima no la autorizaba a aventurar cuál sería la intención de los dioses, sino que le exigía ser leal con Vesta, la diosa a quien servía. Cerró los ojos y suplicó su ayuda.


El corazón de Rea Silvia retumbaba rítmico y sus latidos sonaban como la piel de un pandero al ser golpeada por una mano experta. Allí de pie, en el centro de la cabaña de las vestales, sin moverse un ápice del lugar donde la Vestal Máxima Camilia le había ordenado quedarse, aguardaba su regreso. Con ella vendría la luz o la oscuridad, pues sólo cabía esperar de Camilia dos respuestas: o su protección, o la denuncia a las autoridades de Alba Longa por sacrilegio.

En esa ansiedad se hallaba cuando su criada Tuccia, al ver que no regresaba a su cuarto, salió en su busca. Al encontrarla allí de pie, junto al hogar del centro de la cabaña, con el rostro demudado, se le acercó enseguida. Bastó un cruce de miradas entre ellas para que en la suya se reflejara el pánico.
- La Vestal Máxima lo sabe – dijo lacónicamente Rea. Tuccia corrió a traer un escabel e hizo que la vestal se sentara. Le llevó luego un cacillo con agua, y mientras bebía, se atrevió a preguntarle por la reacción de Camilia.

- Me ha ordenado no moverme de aquí. Creo que ha ido al altar de Vesta. No sé lo que puede pasar, Tuccia, aunque es muy probable que me denuncie. Urge que me hagas un recado – dijo Rea Silvia presa de una repentina agitación, como si hasta ese momento hubiera estado dormida o paralizada por el miedo –. Ve a donde la orfebre Valeria y dile que venga enseguida. Necesito hablar con ella cuanto antes, ahora mismo si puede ser. El tiempo corre en mi contra.


- La Vestal Máxima me manda decirte que te espera en el altar de Vesta. Debes ir ahora mismo – le dijo a Rea la compañera a quien le correspondía el turno de vigilar el fuego sagrado y había sido sustituida por la propia Camilia. No había inquietud ni sospecha en su voz.

Obedeció Rea Silvia con las piernas temblando. Penetró en el recinto consagrado a la diosa y, cuando sus ojos se adaptaron a la oscuridad, vio a Camilia en pie a la izquierda del ara. Ésta, al verla entrar, le indicó con la mano que se colocase frente a ella, al otro lado del altar, de modo que entre ambas quedaba el fuego sacro.

- ¿Conoces la ley, Rea Silvia, hija de Númitor y Aurelia, consagrada a la diosa Vesta?

- La conozco, sí – respondió.

- ¿Sabes que faltar a tu castidad constituye un sacrilegio y sólo puede expiarse con tu muerte y la de tu amante?

- Sí, sé que el castigo es la muerte.

- No una muerte cualquiera, Rea. Una muerte con dolor, con deshonor y vergüenza, pues serás expuesta en la plaza pública y azotada con varas hasta expirar. Y el mismo fin le aguarda a tu amante.
Rea restó en silencio. Escuchaba las palabras de Camilia con una extraña serenidad, con una entereza que estaba lejos de sentir apenas dos meses antes, cuando había rechazado la oportunidad de deshacer su embarazo y ocultar lo ocurrido.

- Delante de Vesta, a quien estamos consagradas, dime ¿cómo es que has faltado a tu castidad? Y recuerda, antes de responderme, que no es posible engañar a la diosa.

- Vesta conoce mi inocencia – respondió –. Los hijos que llevo en mi vientre han sido engendrados por Marte estando yo dormida. Él mismo se identificó.

Explicó entonces la vestal cuanto le había ocurrido el día de la fiesta de Júpiter Latiaris. Su soledad al entrar en el bosque sagrado de Marte para purificar los instrumentos sacrificiales en su fuente; su repentino calor, su sueño y ese despertar aturdido cuando el propio dios le anunció que nacerían de ella dos varones superiores a los demás hombres y famosos por sus hechos. Camilia le hizo muchas preguntas y escuchó con atención las respuestas. Confesó Rea Silvia los nombres de las personas que estaban al corriente de lo sucedido y la habían ayudado, solicitando para ellas clemencia.
- Estás muy tranquila, Rea – observó Camilia, admirada de su fortaleza, tanto más llamativa por ser tan joven y por pender sobre su cabeza un castigo tan cruel.

- Tengo miedo, Camilia – confesó entonces la joven –. Sin embargo, he sido escogida por un dios para crear un nuevo linaje y no me siento avergonzada ni culpable de ello, antes bien estoy agradecida y orgullosa. Si lo he ocultado ha sido por temor a que no permitieran a mis hijos nacer. ¡Que nazcan! Y si luego he de pagar su vida con la mía, que así sea.

- Márchate ahora y no cuentes a nadie lo que hemos hablado – concluyó Camilia –. Mañana, al alba, te comunicaré mi decisión.




33 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

Haces que algo que sabemos ( a grandes rasgos) se vuelva, de repente una incógnita.
Y eso, Isabel , solamente lo conseguís los grandes.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Ni yo misma me explico la sangre fría con la que he reaccionado frente a la Vestal Máxima Camilia. Por dentro, el temor me ha oprimido; pero mi semblante ha permanecido sereno y mi voz se ha modulado en frases firmes y tranquilas. Sólo me resta esperar el veredicto de Camilia, la decisión de la que pende mi vida. Y no estoy nerviosa. La suerte está echada y mi intuición me dice que Marte me amparará frente a Vesta y derramará la piedad hacia mi persona en el corazón de Camilia.

Precioso, Isabel, aunque, ay, cuántas zozobras y temores ha de pasar la abuela del imperio romano. Todo sea por Roma y su esplendor.
El capítulo, muy hermoso (una elipsis involuntaria y sin importancia en el penúltimo párrafo: "Y si luego he pagar su vida con mía...."; supongo que será: Y si luego he pagar su vida con mía...."Y si luego he de pagar su vida con la mía...". ).
Interesantísima está la trama. Me apasiona.
Besos, querida amiga.

Alejandra Sotelo Faderland dijo...

Camilia esta atrapada ente la espada y la pared, preguntandose que es lo mejor o lo peor. Deberia preguntarse que es lo mas justo hacer en semejante caso.
Ahora, veremos para que llamo a la orfebre con tanta urgencia Rea, no creo que para encargarle una pulserita....
Veremos que le dicta la razon y el corazon a Camilia.

Dilaida dijo...

Cada capítulo es más interesante y como comenta María Jesús, tienes la virtud de convertir en incógnita todo lo que vendrá más tarde.
Bicos

Mayte dijo...

Dos Mujeres, así en mayúsuculas has creado Isabel, llenas de fortaleza, enfrentadas por los mismos Dioses a sus caprichos y destino superior a sus propias fuerzas. Una delicia, que hace desear que no pares de escribir. Que los Dioses sean propicios ;)

Un abrazo y buena semana!

Melba Reyes A. dijo...


Quedo a la expectativa.

Interesante desarrollo.

Saludos

Isabel Romana dijo...

Hola mariajesusparadela, gracias por un elogio tan singular. En materia de novela histórica/mítica, para mí es un reto crear el máximo interés en los asuntos más o menos conocidos: es mi manera de demostrar que no hace falta inventarse crímenes ni artificiosos misterios: basta con mirar la realidad de lo que ocurrió. Besitos.

Isabel Romana dijo...

Hola isabel martínez barquero, gracias por avisarme de esa omisión. A veces voy tan deprisa... Cierto, la abuela del imperio romano debió pasar lo suyo. Y es que no hay nada grande o nada que merezca la pena que nos venga regalado. Todo exige un esfuerzo, sacrificios. Da gusto ver a Rea Silvia cómo está madurando, cuánto aplomo es capaz de demostrar en momentos de máxima tensión como éste. Porque lo cierto es que, aunque sepa del afecto de Camilia hacia su madre y hacia ella, ¿quién puede asegurar que esos afectos se impondrán a su deber? Camilia es muy recta... En fin, se verá. Besitos, guapa.

Isabel Romana dijo...

Hola alejandra sotelo faderland, realmente nos ha dejado con intriga Camilia y sí, conviene que hagamos fuerza para que en su corazón se imponga la justicia y no sólo el deber. Besos, querida amiga.

Isabel Romana dijo...

Hola dialida, podríamos decir que esto es imitación de la vida. Lo que pasa es que no nos detenemos cada día a preguntarnos qué ocurrirá mañana... Besotes.

Isabel Romana dijo...

Saludos, mayte, ciertamente Rea Silvia ha madurado y Camilia, pese a tener mayor edad y mucha experiencia, también se ha visto enfrentada a una situación nueva y, sobre todo, dolorosísima. Veremos en qué queda todo esto... Besos.

Isabel Romana dijo...

Hola melba reyes a, gracias por mantenerte a la espectativa... Besos.

emejota dijo...

Aquí disfrutando con algo bien conocido que resuena a novedad absoluta. Todo un arte cuyo concepto que acabas de explicar me encanta. Beso.

Elysa dijo...

Rea Silvia está adquiriendo la dimensión de toda una heroína. Fortaleza y caracter ante los malos momentos por los que está pasando.
Realmente Isabel es un placer seguirte en esta aventura.

Besos

RGAlmazán dijo...

Con la excusa de que ha sido Marte, quiere librarse del pecado. Para mí que esto es un contubernio forjado por la narradora y la propia Rea, y así evitar ser castigada. Espero que la Vestal Máxima la castigue como merece.
Rey Amulio

Un beso, querida narradora, y no te lo tomes a mal que este Amulio es la leche. Esto de tener doble personalidad, es lo que tiene.

Salud y REpública

Natàlia Tàrraco dijo...

Acepta la maternidad la niña Rea, valerosa, incluso dispuesta a morir después de alumbrar a sus hijos. Maduraban muy pronto en aquellos remotos tiempos.

Y Camilia ¿entenderá que no es culpable de nada? Vesta parece insensible, quieta imagen mirando al fuego.
Aquello que ha de suceder, sucederá escrito por tus aladas palabras.
Estoy algo pocha de salud, pero intentaré seguirte, no podría dejar esta novela que me fascina.
Isabel, muchos besitos.

África dijo...

Anda! Pues yo creía que CAmilia al menos lo intuía! Vaya vaya...
Menuda noche pasará Rea Silvia pensando en la decisión de la vestal Máxima. Eso es una tortura!
Ayyyyyyyyy!!!


Besitossssss

:D

Dolors Jimeno dijo...

Efectivamente, como habéis dicho antes: aunque conozcamos la historia nos da igual con tal de continuar leyendo el texto de Isabel.
D.

La Dame Masquée dijo...

Madame, lo bueno de que el padre sea un dios tan poderoso es que se puede tener la confianza en que él proveerá. Aunque a veces los dioses son tan caprichosos que ni con esas puede una estar segura. Pobre Rea Silvia, sus preocupaciones son muchas y largas.

Feliz día

Bisous

Cayetano dijo...

Como la vestal no tiene un pelo de tonta, atará sus cabos convenientemente y enlazará el relato de la joven con los pronósticos de la adivina Celia. O eso es lo que los lectores queremos que ocurra.
Un saludo.

elena clásica dijo...

Ah, Camilia, cómo vamos a esperar al alba de mañana, que los gemelitos tienen que estar alborotados de tanta ajetreo. Ahora sí que sí, "alea jacta est", pues ya no se puede ocultar por más tiempo la evidencia de Marte para manifestarse.

Digo yo que Vesta ha de entender la situación, no ha sido ultrajada. Es una impotencia terrible sentirte culpable de un mal que no has cometido nunca.

En fin. Vamos a ver qué pasa también con el orfebre. Me encantan esos detalles, así como el ambiente mágico y litúrgico de la dedicación a los dioses.

En ascuas nos dejas, Isabelita.
Besazos.

Pilar Llorca dijo...

La Vestal Máxima Camila , no da crédito a lo que por si misma ha constatado y es inevitable que Rea S.
se le acerquen momentos difíciles, por no decir terribles. Creo Isabel que esta vez el Señor, le ha enviado una situación difícil de soportar.
¿Y el dios Marte por donde andará?
BSS

fgiucich dijo...

No hay peor pecado que ocultar la verdad, y ella no miente. Estoy seguro que los dioses le darán el amparo necesario para cumplir con la venganza. Uno de los capítulos más logrados; tienen la inmesidad de tu inspiración. Abrazos.

Isabel Romana dijo...

Hola emejota, me alegro de que también para tí resulte interesante y novedosa esta vieja historia conocida. Los mitos se renuevan... Besos.

Hola elysa, también yo creo que Rea Silvia se va creciendo en las dificultades. Ya lo decíamos en la parte primera, en un capítulo que se llamaba "Un corazón se forja". Y es que los retos nos dan la oportunidad de superarnos. Un abrazo, querida amiga.

Isabel Romana dijo...

Hola rgalmazán, estás muy en tu papel, y comprendo que te irrite esta niña que siempre constituye una amenaza a tu poder. Ay, querido, ¿oíste o existía en tu tiempo un refrán parecido a ese de "quien a hierro mata, a hierro muere"? Pues toma nota. Besitos.

Saludos, natalia tarraco, los dioses siempre ofrecen una faz inmutable. Pero también tienen sus filias y sus fobias, y quién sabe... Mejórate pronto, querida amiga, la blogosfera te necesita... Un abrazo muy fuerte.

Isabel Romana dijo...

Hola áfrica, aunque Camilia pudiera estar más o menos intranquila por la salud de Rea, creo que lo último que podía imaginar esa que estuviese preñada. Eso constituía un escándalo de primera magnitud. Besos.

Hola dolors, gracias por tu apoyo, siempre constante y oportuno. Un abrazo.

Isabel Romana dijo...

Hola la dame masquée, quizá el padre sea un dios, pero ay, el hecho mismo de no tener una presencia humana ya es un problema enorme. En fin, hay que esperar... Besotes.

Hola cayetano, creo que sí, que todos deseamos que Camilia comprenda. Veremos... Besotes.

Isabel Romana dijo...

Saludos, elena clásica, estamos en un sinvivir con este embarazo oculto que, además, conlleva una amenaza de muerte. ¿Comprenderá Vesta? ¿Qué hará Camilia? Ay, Rea, niña aún convertida en mujer: qué carga tan inmensa para un alma tan joven. Un abrazo, querida elena.

Hola pilar llorca, creo que no nos equivocaríamos mucho si nos imaginamos al dios Marte holgando por los bosques con las ninfas. Es lo que tiene no ya el ser dios, sino el ser varón. Besitos, guapa.

Isabel Romana dijo...

Hola fgiucich, ojalá te oigan los dioses y condesciendan a auxiliar a esta muchacha. De lo contrario, no sabemos lo que puede pasar... Besos.

virgi dijo...

Marte supo escoger a esta muchacha llena de virtudes, especialmente esa madurez que le dará la serenidad necesaria para afrontar un destino tan trascendental.
Me gusta Rea Silvia.
Y me gusta tú, Isabel, llevándonos de un lado a otro, en plena hipnosis, cumpliendo igualmente con los designios de los dioses.
Besos y abrazos

ANTONIO MARTÍN ORTIZ. dijo...

Muy interesante la leyenda del embarazo de Rhea Silvia. Como las Mitologías se parecen mucho, independientemente de donde sucedan, creo yo que, en la leyenda de la fecundación de Rhea Silvia por parte del dios Marte, tenemos la misma Mitología y las mismas motivaciones que en la fecundación de la Virgen María, entre los Cristianos, por parte del Espíritu Santo.

Como las leyendas mitológicas son producto del Espíritu humano, no es de extrañar que el Espíritu, que todos los humanos compartimos, tenga hijos semejantes o parecidos en lugares diferentes.

Te envío un gran abrazo,

Antonio

ANTIQVA dijo...

Una vestal embarazada por un dios... Casi nada...

¡Las vestales! Que gran atraccion la que ejercen las vidas de estas mujeres... Bellisima ocupacion, conservar el fuego...

Es como conservar el misterio...

Un abrazo fuerte

América dijo...

La única ventaja de llegar tarde es que durara menos la espera sigo a los próximos capítulos entre hoy y mañana.
abrazos venerable dama.