viernes, septiembre 19, 2008

NOCHE FATÍDICA


Oculto junto a las termas cercanas al templo que construyó su padre, el noble Agripa, Lucio César escucha risas. Sin comprender, vuelve la mirada hacia sus acompañantes. No puede ver sus rostros porque al llegar aquí apagaron las antorchas y las nubes han cubierto momentáneamente la luna, haciendo la noche aún más oscura y siniestra. Hace calor y una humedad sofocante repta desde el estanque vecino y se adhiere a los mármoles. Una mano aferra la suya y lo hace avanzar entre las sombras. Ahora, más cerca del templo, se distingue algo de luz y las risas llegan entremezcladas con voces. Quienes quiera que sean sus dueños, han bebido mucho. Cantan destempladamente y sofocan a gritos el sonido de las flautas, tanto más escandaloso por el silencio que envuelve el resto de los edificios.

Ya tiene a la vista el pórtico del Panteón, el templo dedicado a todos los dioses. ¡Cuántas veces acompañó Lucio César a su padre mientras lo construían! Alineados a lo largo del muro donde se abre la puerta de acceso, tres etíopes gigantescos sostienen otras tantas antorchas, iluminando la pronaos del templo. Las llamas humeantes chisporrotean y arrojan reflejos rojizos sobre los músculos de sus brazos y sus torsos dejando los rostros ocultos. No se mueven. Cuatro o cinco hombres sentados en el suelo, oscilantes, exigen a gritos a los esclavos que traigan más vino y a los músicos que toquen algo más alegre o se callen. De pronto, en la zona más iluminada se dibuja el cuerpo de una mujer. Está desnuda. Trenza unos pasos de danza, finge apartar de sí al hombre que venía tras ella. Se mueve sinuosamente, da vueltas sobre sí misma y al fin se detiene y arquea la espalda para ofrecer a la luna su rostro y sus pechos.

- Ven tú ahora, Marco – se la oye decir con acento voluptuoso mientras tiende los brazos hacia otro de los hombres, que se alza y se le acerca desnudo. Él la levanta sin esfuerzo haciendo que las piernas de la mujer le rodeen las caderas, y camina unos pasos hasta apoyarla contra una de las columnas del templo. Ella gime y grita y pide más.

Lucio César está clavado en el suelo. Le tiemblan las piernas. Tiene ganas de vomitar, la cabeza le da vueltas y el mundo entero es negrura. Ha reconocido a su madre. Esa noche, en ese mismo instante, justo el día que cumplía doce años, Lucio César aprendió a odiar.



NOTA 1: Lucio César era el segundo nieto de Augusto, nacido del matrimonio de su fiel general Agripa con Julia, la única hija que tuvo el emperador. Se decía que Julia tenía una conducta escandalosa, y de noche corría por el foro desnuda, con sus amigos, haciendo el amor en cualquier sitio. Los dos hijos mayores de Julia, Cayo y Lucio, pidieron a su abuelo que pusiera fin a los escándalos de su madre. Este encuentro narrado es, desde luego, ficticio.

NOTA 2: Este post me lo ha inspirado Fab, que ha colgado en su blog
  • Golem – memorias de lectura un post sobre el diablo y el Panteón de Agripa. ¿Será que por allí quedaba todavía cierto ambiente maligno…?

  • *y **Fachada principal del Panteón de Agripa. Roma.
    ***Detalle de un relieve de danzantes. Museo Centrale Montemartino. Roma.


    miércoles, septiembre 17, 2008

    EL DIABLO Y EL VIENTO



    “(…) Cuando se llega al final de la calle, entre los dos palacios Bonaparte se gira a la derecha y se llega a la magnifica iglesia del Gesù.

    Es la casa central de los jesuitas, donde vive su general. Por la altura del monte Capitolino y la disposición de las calles, de ordinario hay viento cerca de la iglesia de los jesuitas. Dice el pueblo que un día el diablo se paseaba por Roma con el viento; llegado cerca de la iglesia del Gesù, el diablo dijo al viento: “Tengo que hacer algo allí adentro, espérame aquí”. El diablo no salió nunca más, y el viento aún lo espera en la puerta.”

    STENDHAL .- “Paseos por Roma”

    * Fachada de la Iglesia del Gesù. Roma.

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    lunes, septiembre 15, 2008

    PRESAGIO


    Me he quedado sin aliento. A pesar del temblor de mis piernas y del miedo mordiéndome el pecho como un perro rabioso, no me he movido ni he apartado la vista. A mi alrededor, la multitud retrocedía gritando y empujándose en medio de una gran confusión. Centenares de pezuñas golpeaban contra el suelo, espantadas por los gritos del público y los mugidos de tus compañeros. Cerca de mí, una mujer aullaba con desesperación. Vive en la casa en la que has penetrado con violencia, como poseído por un espíritu infernal. Quién sabe si dentro estaría su hijito o una madre anciana. Los chillidos que salían de la insula* iban marcando tu vertiginosa ascensión por la escalera, quizá corneando hacia un lado y otro.

    Asomas un momento la testuz por una ventana de la tercera planta y desapareces. Y, de repente, como si hubieras alcanzado tu objetivo, como si todo esto fuera fruto de tu voluntad, de una sola embestida derribas el muro. Mi corazón se ha quedado pendiente de un hilo, igual que por un instante has estado tú, suspendido en el aire, los ojos torpes y aturdidos, la mirada vagando sobre nuestras cabezas, antes de estrellarte contra el suelo.

    Dime, ¿acaso un dios se ha apoderado de tu cuerpo y ha anticipado tu sacrificio?

    Desdichada de tí, ciudad de Roma, pues ¿qué futuro te aguarda, si hasta los mansos bueyes prefieren morir?



    *La insula era un edificio de viviendas de varias plantas.

    NOTA: En el año 216 a.C. el ejército romano fue destruido en Cannas por el de Aníbal. Ese año se produjo un hecho extraordinario: en el foro boario (el mercado de animales) un buey se escapó, subió hasta la tercera planta de un edificio de pisos, y desde allí se arrojó al vació.

    * Detalle de la escultura de un toro en el Museo Massimo alle Terme. Roma.
    ** Templo de Hércules (llamado templo de Vesta) y templo de Portuno (llamado de la Fortuna Viril) en el Foro Boario. Roma.

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    viernes, septiembre 12, 2008

    CLEOPATRA ACUDE AL ENCUENTRO DE MARCO ANTONIO


    Así salió la reina Cleopatra de Egipto al encuentro del romano Marco Antonio:

    “ La galera en que iba sentada, resplandeciente como un trono, parecía arder sobre el agua. La popa era de oro batido; las velas, de púrpura, y tan perfumadas, que dijérase que los vientos languidecían de amor por ellas; los remos, que eran de plata, acordaban sus golpes al son de flautas y forzaban el agua que batían a seguir más aprisa, como enamorada de ellos. En cuanto a la persona misma de Cleopatra, hacía pobre toda descripción. Reclinada en su pabellón, hecho de brocado de oro, excedía a la pintura de esa Venus, donde vemos, sin embargo, la imaginación sobrepujar a la Naturaleza. En cada uno de sus costados se hallaban lindos niños con hoyuelos, semejantes a Cupido, sonrientes, con abanicos de diversos colores (…). Sus mujeres, parecidas a las nereidas, como otras tantas sirenas, acechaban con sus ojos los deseos y añadían a la belleza de la escena la gracia de sus inclinaciones. En el timón, una de ellas, que se podría tomar por sirena, dirige la embarcación; el velamen de seda se infla bajo la maniobra de esas manos suaves como las flores, que llevan a cabo listamente su oficio. De la embarcación se escapaba invisible un perfume extraño que embriaga los sentidos (...)".

    WILLIAM SHAKESPEARE.- “Antonio y Cleopatra.”

    * Encuentro entre Cleopatra y Marco Antonio.- Alma-Tadema.

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    miércoles, septiembre 10, 2008

    ARREPENTIMIENTO



    No fue la vida muy amable conmigo.
    Joyas me dio, pero jamás belleza.
    No me dio gracia ni alegría
    así que mi casa nunca estuvo llena de voces
    ni de risas
    y era el mármol tan frío,
    tan desnudo…

    No me quedó más remedio
    que vivir en honesto retiro
    y entretener las horas tejiendo
    bellos vestidos que nadie vió.
    Tengo mi alcoba llena.
    Pero mis manos, torpes ya,
    no recuerdan la caricia del hilo
    y en mi vejez no me consuela haber sido ejemplo
    de mujer sencilla y virtuosa.

    Tal vez me equivoqué desde el principio.
    Tal vez debí exhibir mi fealdad y mis riquezas
    Y hacerme apetecible.
    ¡Qué estúpida! ¡Qué necia!
    Con qué soledad tan grande
    estoy sufriendo el castigo.



    *Cabeza de anciana. Museo Massimo alle Terme. Roma.
    ** Detalle de mosaico. Museo Massimo alle Terme. Roma.

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    lunes, septiembre 08, 2008

    A LA MODISTA SELLIA



    ¿Recuerdas, Sellia Epyre, la bofetada que me diste por un pequeño error que cometí mientras bordaba con hilo de oro un manto para Agripina, la noble nieta de Augusto? Con todo, fuiste la mejor maestra. Y me enorgullezco de cuanto me enseñaste siempre que ante la puerta de la que fue tu tienda, y ahora es mía, se detienen las literas de las damas de la casa imperial.


    * Urna cineraria de Sellia Epyre, que confeccionaba y vendía vestidos ornamentados con oro. Tenía su tienda en la Vía Sacra. Primera mitad del siglo I d.C. Museo Massimo alle Terme. Roma.


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    jueves, agosto 07, 2008

    CIUDADANO ROMANO


    ROMA, CONCÉDEME.

    "Roma, concédeme tu luz perpetua. La discreta dulzura de quienes alumbraron los balcones de tus palacios. Roma, aléjame de la penumbra que se detuvo ante tu rincón de mármol. Dame una extensión abierta y soleada como una plaza tuya, y en cuyo centro brille sereno el diamante de una fuente. No quiero aplazar mi claridad ahora que te he visto. Concédeme la elegancia blanca con la que encandilar algún valle de pardos. Dame, Roma, el jazmín expuesto de tu roca que germine por fin en los arriates de mi camino. Ciudad de los encendidos, no me dejes caer en la sombra mediocre de los que negaron tu proyecto dorado."

    ANTONIO PORTELA.- "Ciudadano romano".

    NOTA: Queridos amigos, os dejo durante unas semanas en compañía de este texto que, confieso, hubiera querido escribir yo. Su autor, Antonio Portela, es un joven poeta andaluz, amigo entrañable e inolvidable de correrías por Roma, donde tuve el gusto de conocerlo y adoptarlo simbólicamente como "mio figlio romano". Este libro suyo, en el que recoge un delicioso diario de su estancia en Roma, está publicado en la colección Troquel de El gaviero y puede adquirirse a través de internet.

    * Foro romano al amanecer. Roma. Fotografía de Rafael Lillo.

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    martes, agosto 05, 2008

    UN DIOS EN EL GIANICOLO



    Evandro lleva a Eneas a la colina del Capitolio y desde allí le muestra los parajes de alrededor de lo que será la futura Roma. En este fragmento, le señala la colina del Gianicolo:


    “Esta selva que ves – le dice Evandro –,
    este collado de frondosa cumbre,
    no se sabe qué dios, pero un dios la habita."

    VIRGILIO.- "La Eneida" Libro VIII

    NOTA: Queridos amigos, os pido disculpas por no visitaros con la asiduidad habitual, estoy de vacaciones y mi acceso a Internet es limitado. Gracias por vuestra comprensión. Besos a todos.

    * Vista del Gianicolo. Al fondo asoman el campanario de San Pietro in Montorio y la Real Academia de España (torres y edificio amarillos), vista desde el ponte Sixto. Doy fe de que allí habita por lo menos un dios.

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    viernes, agosto 01, 2008

    EXPOLIO EN EL SIGLO X

    “Por aquel entonces, abundaban todavía las construcciones precedentes de la antigüedad. La mayoría de los arcos de triunfo, pórticos, teatros, termas y templos se levantaban todavía como espléndidas ruinas, mostrando a la generación viviente a cada paso la grandeza del pasado y la pequeñez del presente. Este carácter antiguo, que dominó la ciudad de Roma a lo largo de toda la Edad Media, explica muchos de los fenómenos históricos de esta época. Desde Totila ningún enemigo había hecho daño a la ciudad de Roma; pero ni los emperadores ni los papas cuidaban ya de proteger los monumentos. El mismo Carlomagno había trasladado columnas y esculturas de Roma a Aquisgrán, y los papas, que al principio consideraban los grandes monumentos de la ciudad como propiedad del estado, pronto dejaron de tener ganas, tiempo o fuerza para velar por su conservación. La ciudad convirtióse en fácil botín de sus habitantes; los sacerdotes cargaban con mármoles y columnas para sus iglesias, la nobleza y el clero levantaban sus torres sobre inapreciables monumentos de la antigüedad, los artesanos montaban en las termas o en el circo sus talleres y sus industrias, sus forjas, sus cordelerías y sus telares. Los pescadores del Tíber bajo los puentes o el carnicero y el panadero instalados en el Teatro de Marcelo ofrecían sus mercancías sobre planchas de mármol que en otro tiempo sirvieron tal vez de asiento en el teatro o en el circo a los dueños y señores del mundo, a un Julio César, a un Marco Antonio o a un Augusto, a los cónsules y senadores de la Roma soberana. Los sarcófagos de los héroes andaban por el suelo, convertidos en abrevaderos para el ganado, en tinas para lavar o en dornajos de cerdos, como ocurre todavía hoy.


    (…) el sentido para comprender y gozar las obras de arte había desaparecido a tal punto, que ningún escritor de la época dice una palabra acerca de ellas. En cuanto a los romanos, las consideraban simplemente como materiales útiles. La ciudad de Roma era, desde hacía ya varios siglos, como un inmenso horno de cal en el que se echaban los más bellos mármoles para convertirlos en materiales de construcción; (…) Los romanos se pasaron, pues, varios siglos saqueando y destruyendo las riquezas de la Roma antigua, desmantelándolas, pulverizándolas, quemándolas, sin conseguir nunca acabar con ellas.”


    FERDINAND GREGOROVIUS.- “La cultura en la ciudad de Roma en el siglo X”

    *Columnas del templo de Antonio y Faustina en el Foro romano. Un poco más abajo de los capiteles, se ven las ranuras que se hicieron en el fuste de las columnas para colocar las cuerdas con las que tirar y derribarlas. Afortunadamente, las de este templo resistieron... Esta imagen se puede aumentar de tamaño. Roma.

    **Grabado de 1575 en el que se ve el Teatro de Marcelo y, en la hilera de arcos a ras de calle, las tiendas que había instaladas allí. En la parte superior, la construcción añadida de un palacio, que todavía se conserva hoy. Roma.

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    miércoles, julio 30, 2008

    EN ESO PENSABA EL PRÍNCIPE

    “En eso pensaba el príncipe mientras caminaba de calle en calle hasta que, finalmente, se detuvo al ver que ya hacía mucho que había atravesado el puente y se encontraba del lado del Trastevere; hacía rato que subía la colina, y cerca de él se encontraba la iglesia de San Pietro in Montorio. Para no quedarse en el camino, subió a la plaza desde donde se veía toda Roma.


    (… ) en ese momento el príncipe lanzó una mirada hacia Roma y se interrumpió: frente a él se extendía, en un maravilloso y radiante panorama, la ciudad eterna. Todo el luminoso cúmulo de casas, iglesias y cúpulas estaba intensamente iluminado por el brillo del sol poniente. Por grupos o en solitario, iban apareciendo una tras otra las fachadas, los techos, las estatuas, las terrazas y las galerías; por allá aparecía abigarrada y resaltaba entre juegos de luz una masa de campanarios de cimas muy finas y de cúpulas con el ornamento caprichoso de las linternas; más allá despuntaba completo un oscuro palacio; allá se veía la cúpula achatada del Panteón; allá la punta decorada de la columna antonina, con el capitel y la estatua del apóstol Pablo; un poco más a la derecha se alzaban los remates de los edificios del Capitolio con sus caballos y sus estatuas (…)

    Y sobre toda esa masa reluciente se ennegrecían a lo lejos, con su oscuro verdor, las copas de los pétreos robles de Villa Ludovisi y de la Villa Médici, y por encima de ellas descollaban en el aire, como un rebaño entero, las copas en forma de cúpula de los pinos romanos, sostenidas sobre sus esbeltos troncos. Después, a lo largo del horizonte, se elevaban y azulaban los montes, transparentes, ligeros como el aire, envueltos en una especie de luz fosforescente. ¡Ni con la palabra ni con el pincel era posible reproducir la armonía prodigiosa y la combinación de planos de aquel paisaje! (…) El sol bajó acercándose a la tierra; su reflejo se volvió más rosado y más cálido sobre toda aquella masa arquitectónica; la ciudad se hizo más vívida y más cercana; los pinos se ennegrecieron todavía más; los montes se volvieron más azules y fosforescentes; y el aire, más solemne y más nítido, estaba a punto de apagarse… ¡Dios, qué vista!"


    NIKOLÁI GÓGOL.- “Roma”.

    * y ** Vistas de Roma desde la Real Academia de España en Roma, en la plaza de San Pietro in Montorio, desde donde contemplaba la ciudad eterna Gógol. Fotos de Rafael Lillo.

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    lunes, julio 28, 2008

    AMOR APASIONADO




    " Marco Plaucio (...) atendiendo una orden del Senado, conducía a Asia una flota de aliados de sesenta naves; al llegar a Tarento, su mujer, Orestila, que le había acompañado, enfermó y murió. Preparado entonces el funeral, y colocada sobre una pira, mientras la cubrían con unguentos y la besaban, Plaucio se clavó un puñal.

    Sus amigos no pudieron ya sino tomar su cuerpo y, tal como estaba, cubierto con la toga y calzado, lo colocaron junto a su esposa, encendieron las teas y los incineraron juntos. Hicieron allí un sepulcro, que aún ahora puede verse en Tarento, y que se llama "De los dos enamorados".

    Y no tengo duda alguna de que, si los muertos conservan realmente algún sentimiento, Plaucio y Orestila habrán llevado a las tinieblas un semblante que refleja la muerte compartida. No en vano, cuando se comparte un amor apasionado y honesto, es mejor unirse con la muerte que separarse por la vida."



    VALERIO MÁXIMO.- "Hechos y dichos memorables".

    NOTA: Marco Plaucio y su esposa vivieron a finales del siglo II antes de Cristo.

    *Detalle de un sarcófago con la representación de Cupido y Psique. Museo Termas de Diocleciano

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    viernes, julio 25, 2008

    FELIZ AQUEL




    Feliz aquel, y sólo aquel

    que puede afirmar que el hoy le pertenece;

    que, seguro en su casa, puede decir:

    mañana, haz lo que quieras, porque hoy he vivido.

    Ser bello o espantoso, llueva o truene,

    la alegría que he poseído a pesar del hado, es mía.

    Ni siquiera el cielo tiene poder sobre el pasado

    porque lo que ha sido, ha sido, y yo he tenido mi momento.



    HORACIO. Odas.


    * Detalle de escultura masculina. Museos Capitolinos. Roma.

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