jueves, noviembre 03, 2011

DIVINA INSPIRACIÓN



Resumen de lo anterior: El pordiosero Alec, que vigilaba al rey Amulio y a Prátex, había quedado herido en el bosque de Silana al caer un árbol. Él era el único que sabía el lugar donde Amulio pensaba aislar a Rea Silvia. Ésta continuaba recluida en un cuarto de la cabaña real.
(VIII)


Antes de abrir los ojos, Rea Silvia escuchó el silencio. Un silencio sereno, tranquilizador. Por el ventanuco penetraba en el cuarto una claridad dorada, la percibía a través de sus párpados cerrados. Debía ser muy tarde, pasado el mediodía. Y sin embargo, no se oían los ruidos habituales de una casa. Qué extraño. El sueño la había reparado mucho dejándole una sensación de alegría y bienestar. No tenía ganas de levantarse, sino de disfrutar de esa calma, de esa insólita quietud.
De pronto, los acontecimientos de las últimas horas se presentaron en su memoria con la violencia de una tempestad y el corazón empezó a latirle con furia. Se incorporó de un salto e instintivamente se llevó las manos al vientre. Por un instante se sintió desorientada. Miró a una parte y a otra hasta reconocer el que había sido su cuarto en la cabaña real. Poco a poco recuperó la serenidad y volvió a prestar atención a los sonidos: nada se oía. Se acercó a la puerta y la empujó. El salón principal estaba vacío. Lo atravesó sigilosamente y se dirigió a la cocina. No había nadie. Sacó el cacillo de la tinaja del agua y bebió antes de coger del banco unas tortas de espelta tapadas por un paño. Oyó entonces voces procedentes del prado trasero: una de ellas era de la reina Criseida. Volvió rápidamente al cuarto.

¿La mantendrían allí, en la cabaña real, hasta el nacimiento de sus hijos? Si así fuera, resultaría soportable. Al menos aquellas paredes le eran conocidas y amadas, entre ellas había pasado la mayor parte de su vida. Podría escuchar la música de Palantea, hablar con sus amigas a través del ventanuco, e incluso podrían traerle noticias de sus padres. Recordó que había hablado con Valeria y Aiara sobre la confección de unos amuletos sin llegar a concretarles su petición: dadas las circunstancias, abandonaría la reserva que había mantenido hasta el momento y les diría claramente que los necesitaba para proteger a sus hijos apenas hubieran nacido. Así, ajena a cuantas intrigas se urdían a su alrededor y haciendo planes sobre su futuro inmediato para olvidarse de la muerte, Rea Silvia pasó tranquila el resto de la jornada.


Al llegar al prado trasero de la cabaña real, Amulio se quitó la aljaba que le colgaba por la espalda y la arrojó al suelo. Los criados se apresuraron a recogerla sin decir una palabra y se retiraron. Por un motivo para ellos desconocido, el rey se había ido de buen humor con Prátex después de la comida y había regresado con el rostro ensombrecido por la cólera. El resto del día lo habían pasado trotando por los bosques y persiguiendo a una cerda salvaje. Nunca habían visto al rey acosar a una presa con tal saña. Cuando logró herirla en una pata y darle alcance, sin dejar que la remataran, con su propio cuchillo le había rajado el vientre en canal dejando al descubierto las vísceras. Se había quedado de pie, oyendo los chillidos de dolor y agonía de la bestia, contemplando cómo se metía el hocico en la herida, cómo se retorcía bañada en sangre y desesperación. Ellos mismos, espantados ante semejante escena, habían invocado en sus corazones a la diosa Diviana para protegerse de su enojo y le habían prometido ofrendas.

- No pienso poner un pie en la cabaña real hasta que te hayas llevado de ahí a esa sacrílega apestosa – dijo la reina Criseida quien, apenas había visto llegar a su marido, había abandonado el banco junto al bosquecillo de arces y le salía al encuentro. La tarde estaba ya muy avanzada.
- ¿Acaso crees que la tengo aquí por gusto? – respondió Amulio con acritud –. ¿Y qué historia es ésta de que no se puede entrar en la cabaña real?

- Es una simple precaución, marido, para que nadie pueda ver ni comunicarse con la sacrílega. He hecho creer a Anto que ya la has trasladado… ¡Esta hija nuestra puede llegar a ser muy fastidiosa!

Amulio lanzó un bufido. Sabía que Anto no lo dejaría en paz, que pasaría muchos días intercediendo en favor de su prima Rea. De ningún modo cedería a sus ruegos, pero le fastidiaba tener que aguantarla. Después de haber estado a punto de morir aplastado por un árbol en el bosque de Silana, estaba enfurecido y sin ganas de ver a nadie. Y menos todavía oír la cháchara de las mujeres.
Recordó entonces, contrariado, que había ordenado a la Vestal Máxima Camilia que se presentara ante él esa noche trayendo consigo a la doncella de Rea Silvia. Quería humillar a Camilia, hacerle notar que era una pésima Vestal Máxima, que no sabía cuidar de las vestales encomendadas a su custodia ni merecía confianza alguna. En cuanto a la sierva de Rea Silvia, culpable de ayudarla a ocultar su embarazo, si es que no había sido cómplice de sus amoríos, acompañaría a su ama durante los próximos meses. Quizá también la hiciera morir con ella.

- Encárgate de recibir a Camilia aquí en el prado – ordenó Amulio a la reina Criseida –, nos conviene que también ella crea que Rea Silvia ya no está aquí. Retén a la doncella de Rea con cualquier excusa y a Camilia la despides sin darle explicaciones, dile solo que estoy muy ocupado y que vuelva mañana. Yo voy ahora dentro a descansar, que nadie me moleste. Cuando llegue Prátex, hazlo pasar sin tardanza.



En el cuarto de Rea Silvia crecía la oscuridad.
Ninguna criada había entrado para encender una lucerna ni ofrecerle un bocado y las sombras se espesaban cada vez más. Persistía el silencio en la cabaña, como si todos sus habitantes hubieran desaparecido. El tiempo avanzaba con lentitud. De pronto, le pareció oír el crepitar de una antorcha. Sin pensarlo, casi por instinto, abrió la puerta de su cuarto y se asomó. Una tea ardía sujeta a uno de los postes centrales de la estancia principal. En la cabecera del gran salón su tío, el rey Amulio, sentado sobre su sitial con la cabeza apoyada en una de sus manos, parecía abstraído. No había nadie más.
Durante el último año, Rea Silvia había rehuido todo encuentro con sus tíos. Habían hecho un daño inmenso a su familia y le resultaba insoportable mirarlos cara a cara, ver sus hechos y sus intenciones criminales reflejados en sus rostros, percibir su rencor y su odio. Los temía, sabía que de Amulio y Criseida nunca podría esperar un bien. Su instinto no la había traicionado: apenas se había acercado a ellos con motivo de la boda de su prima Anto, el mal se había vuelto a presentar. Sin embargo, ahora que sobre ella y sus hijos pesaba una condena a muerte, sentía el deseo irrefrenable de mirar a su tío a los ojos, de escrutar su mirada.

Mientras pensaba todo esto se había acercado al trono lentamente, sin hacer ruido, y se había quedado de pie frente a él.

- ¡Eh! ¿Qué haces tú ahí? – se sobresaltó Amulio al ver a su sobrina ante sí, silenciosa como una aparición.

- Contemplaba tu descanso, mi rey – respondió Rea sin inmutarse –, y me preguntaba si los dioses aún te conceden el reposo del sueño. ¿No se sienta encima de tu pecho el dios Fauno y te lo oprime hasta la asfixia y se divierte mandándote pesadillas horribles? ¿No te atormenta con íncubos? ¿No sientes, al cerrar los ojos, cómo tiran de tus cabellos los espíritus del inframundo y te arrastran con ellos hacia el abismo?
Los ojos de Amulio centelleaban de ira. Sin levantarse, había adelantado el cuerpo y sólo sus manos, blancas de apretar las bolas que remataban los brazos del sitial, parecían sujetarlo para impedirle saltar contra ella.

- ¿Quién crees que eres tú, sacrílega, hija de cerda, bestia inmunda, para hablarme de este modo? ¡Puedo matarte ahora mismo!

- No, no puedes – respondió Rea, segura de la protección temporal que le ofrecía su embarazo –. Conmigo has agotado ya todo tu poder. ¿No me has condenado a muerte? ¿No has decretado la muerte de mis hijos? Entonces dime: ¿qué otra cosa debo temer de ti? ¿Qué más daño puedes hacerme? Deberías ser tú quien me tuvieras miedo, quien temblara en mi presencia.

- ¿Miedo de ti, que has ofendido a Vesta y vulnerado sus sagradas leyes? ¿Temer a quien arrastra por el fango el honor de su familia, infamando la sangre real de la estirpe de los Silvios? ¿Acaso hay un crimen mayor que el que tú has cometido?
- El que tú pretendes cometer. Porque si atentas contra la vida de mis hijos, estarás atacando a los hijos de Marte, quien me convirtió en su esposa por su propia voluntad, no por la mía. ¿Crees que un dios tan poderoso consentirá que destruyas a su progenie? Más te valdría congraciarte con él, convertirte no en el asesino, sino en el protector de su esposa y de su prole.

La rabia de Amulio parecía a punto de estallar. Respiraba agitadamente con las mandíbulas apretadas y el rostro contraído, rojas las mejillas y los ojos inyectados en sangre. Inclinándose aún más hacia delante, escupió:

- No me das miedo, impía mentirosa, desvergonzada. Al contrario: abomino de ti, te aborrezco y desde ahora te anuncio que yo mismo, con mis propias manos, te ejecutaré. Y haré que mueras tan lentamente y con tanto dolor que desearás no haber nacido.

Como si esa amenaza terrible no se refiriese a ella, Rea Silvia continuó mirándolo a la cara, serena y, de pronto, levantó el dedo índice y se inclinó levemente hacia su izquierda para escuchar.
- ¿Oyes? ¿No es ese el martilleo de un picoverde? El pájaro consagrado a Marte. Jamás está fuera del nido a estas horas. Sin duda es una señal. Deberías seguir mi consejo…

Sin añadir una palabra más, volvió la espalda a su tío y se retiró hacia su cuarto. Le temblaba el cuerpo entero, no lograba explicarse de dónde había sacado las fuerzas para enfrentarse así al rey Amulio ni por qué lo había hecho.

Solo mucho tiempo después comprendió Rea Silvia que su discurso y su actitud habían sido inspiradas por una o varias divinidades protectoras suyas. Sí, Diviana, Luna y Vesta, con la ayuda de Silana, debían haber puesto aquellas palabras en su boca y la serenidad en su corazón, pues el provocar el odio de Amulio hasta el paroxismo habría de contribuir, quizá decisivamente, a salvarle la vida.



NOTA: Os dejo el enlace a la página de nuestra querida Rea Silvia, que bien se merece nuestro aprecio y aplauso por su valor.

41 comentarios:

Dilaida dijo...

Uff, qué valiente Rea Silvia!!! Estupendo este capítulo.
Bicos

La gata Roma dijo...

Aunque las cosas no pinten bien para ella, me alegro mucho de que Rea sacara valor de sus entrañas para enfrentarse a esa bestia de tío suyo… y si con eso salvó su vida… mejor aún…

Kisses

ANTONIO CAMPILLO dijo...

Ya intuía en el capítulo VII, Isabel, que Rea Silvia sabía lo que hacía y estaba protegida.
Ella misma se protege con su templanza y serenidad cuando se enfrenta a quien le puede hacer daño.
Su altivez reprime instintos brutales.
No es un camino de pétalos pero lo recorrerá con su gran voluntad.
Una pregunta, sé que eran bastante despiadados con muchos seres pero... ¿eran tan brutos y toscos?

Un fuerte abrazo, Isabel.

Mayte dijo...

Rea Silvia es toda una Mujer, fuerte, valiente, segura de su vida y dueña de su destino.

Un besote Isabel!

virgi dijo...

Todo un ejemplo Rea Silvia. De valor, de pureza, de amor a la vida y a los designios que ella nos marca, por más que no los entendamos.
Me ha gustado en extremo este capítulo, no me lo esperaba y nos da un respiro y una esperanza.
Besos y alegría, querida Isabel.

mercedespinto dijo...

Sin duda Rea Silvia debía ser alguien muy especial para enfrentarse con tanta valentía al cruel Amulio.
Esperemos que la visita de Camila y la doncella le beneficien de algún modo.
Feliz fin de semana.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Me ha encantado el capítulo, querida Isabel. La prosa se desliza como la seda y se escucha la voz de Rea llena de contundencia y rechazo hacia los malvados que usurparon el trono de sus padres. La protección de las divinidades alienta valentía en su discurso frente a Amulio, porque no nos olvidemos nunca que la razón y la justicia siempre vencen, aun cuando no lo pueda ver el afectado. Existe una victoria otorgada por el tiempo que pone a cada uno en su lugar. Rea Silvia ocupará el suyo, y los malvados y traidores, el que les corresponde.

Muchísimas gracias por el enlace a mi blog y, sobre todo, por la cariñosa manera en que lo haces, que la siento y me emociona. Sabes de sobra, querida amiga, que el cariño es mutuo desde el principio y más aún desde que nos conocimos en persona.

Te abrazo muy fuerte, noble Claudia Hortensia, y te mando mis mejores deseos para que continúes con la narración de esta magnífica novela.

Mª. Antonia Moreno dijo...

No sé si esas divinidades habrán insuflado el valor y la inspiración en el corazón de Rea Silvia. Se me antoja que su fuerza viene de sus adentros, de esos hijos engendrados por Marte y por ella, mujer valerosa y decidida donde las haya, que a pesar de los pesares y de los infortunios, continúa, siempre adelante.

Maravillosa y necesaria escena para el transcurrir de la Fundación. Un fuerte abrazo

La Dame Masquée dijo...

Extraordinaria escena la de ese enfrentamiento. Ha sido como una lucha de titanes, y estupendamente narrada, como es habitual por aquí.
Madame, hasta los insultos suenan poéticos!

Feliz día

Bisous

Cayetano dijo...

Eso se llama echarle narices al asunto. Su tío debió quedar desconcertado por el atrevimiento de su sobrina y por la duda...¿Y si fueran verdad sus palabras?
Un saludo.

mariajesusparadela dijo...

Si tuviésemos a los dioses de ayuda, quizá también nosotros seríamos capaces de tanta valentía.

Maik Pimienta dijo...

Ejerzo de hijo pródigo como nadie. No podrás negarlo. Besos querida amiga. Sigues tan brillante como acostumbras, qué alegría ver cómo disfrutas de la necesidad de escribir.

Elysa dijo...

Interesante capítulo, que nos muestra un poco más el caracter valiente y maduro de Rea Silvia. Muy bueno ese enfrentamiento con su tío.

Besitos

GABU dijo...

¡¡Apasionante entre afronta de la REA SILVIA!!!!!

AMULIO,en ese preciso instante supo en carne propia la estirpe de la provocación en si misma...

MIS BESITOS REPLETOS DE ADMIRACIÓN AMIGA =)))

elena clásica dijo...

Ay, qué gusto, soltarle los crímenes a la cara a la bestia infame de Amulio. Me ha encantando la amenaza del mundo de las sombras que se cernirá sobre las almas de los sacrílegos. Y es que aun Amulio "¿no está atormentado con íncubos ¿No siente cómo tiran de sus cabellos los espíritus del inframundo y le arrastran con ellos hacia el abismo".

Resérvate los instintos de odio y envidia, Amulio, porque nada ganas amenazando a la estirpe la Marte. Llegará un día en que ponga las cosas en su sitio, y ya no puede quedar mucho.

Y ya nos quedamos enganchados al misterio con las divinas palabras que Diviana, Luna, Vesta y Silana han inspirado a Rea Silvia.

Ay, ya qué ganas de jsuticia divina.

Besazos, querida Isabel.

Isabel dijo...

Hermosas contradicciones leo en este capítulo. Qué alegría da el valor de Rea.

Estupendo, querida Isabel.

sahara.es dijo...

Isabel, gracias por este nuevo capítulo que nos recuerda que una mujer que es "madre" y, eso se es desde el momento de la concepción, es más valerosa y fiera que todos sus rivales juntos.

Madres, gracias por ser como sois.

América dijo...

Esas palabras en su boca y la serenidad en su corazón son un presagio,algunos acontecimientos serán inevitables pero la vida del rey ya tiene precio,sellado queda su destino.
Abrazos mi venerable dama.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola dialida, da gusto ver a Rea Silvia sacar pecho delante de su tío ¿verdad? Besos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola la gata roma, según Claudia Hortensia así fue, aunque parezca mentira... Besitos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Saludos, antonio campillo, Rea Silvia va creciendo en madurez y en valor, eso sin duda, pues sólo de un corazón heróico pueden nacer héroes como sin duda lo serán Remo y Rómulo (parece que en ese orden los nombraban siempre los antiguos romanos).
Respecto a la brutalidad en esa época no puedo darte una respuesta categórica, pero sí hacer una aproximación: había un sentido muy intenso de lo sagrado, de ahí que pidieran permiso para entrar en los bosques, para usar el agua de las fuentes, etc, a las divinidades del lugar. La naturaleza y sus fuerzas eran muy respetadas y se les rendía culto bajo diferentes nombres. A lo largo de la novela he tratado de transmitir esa idea respecto al comportamiento habitual de los albanos. Precisamente muestro la brutalidad de Amulio (y el efecto negativo que causa en quienes lo acompañan) como una manifestación de su maldad, él no cree en lo sagrado y, por tanto, lo vulnera siempre que le apetece. En este caso, ha sido cruel con la cerda salvaje porque estaba enfadado y era su manera de descargar la ira. Y lo hace aún sabiendo que la diosa Diviana (diosa arcaica previa a la que luego sería Diana) desaprueba esa conducta hacia los animales. La impiedad de Amulio es uno de los signos de su maldad y se sale de las normas de conducta de los demás hombres.
Besos, querido amigo.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola mayte, así como la describes se comporta Rea Silvia, aun sabiendo lo que han dictaminado los hados. Sin duda no ha olvidado lo que le dijo la adivina Celia: son infinitos los caminos que llevan al cumplimiento del destino fijado para cada cual. Y ella decide mirar ese destino de frente. Besos, guapa.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola virgi, creo que ha estado muy bien esa reacción de Rea Silvia. Y Claudia Hortensia ha tenido la gentileza de recordarnos que nacerán los gemelos y Rea Silvia sobrevivirá, para que todos los padecimientos que ella sufra no nos lastren el corazón. Son necesarios, pero no deben entristecernos demasiado. Un abrazo.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola mercedespinto, Rea Silvia va creciendo en valentía y aciertos. Y bueno, no sé qué le deparará la visita de Camilia y Tuccia, pero al menos tendrá cerca de sí a personas amigas. Besos y feliz fin de semana.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola isabel martínez barquero, si lo pensamos bien, Rea Silvia siempre nos sorprende por su audacia o por su madurez, o por ambas cosas. ¿Habría sido elegida por un dios para concebir a su prole, de no haber tenido todas las cualidades que la hacían digna de ello? Sinceramente creo que no. Y ella desea ardientemente estar al nivel exigido por ese privilegio que le ha sido otorgado, el de ser madre de los hijos de Marte. Tal maternidad, plenamente aceptada, la hace sentirse fuerte aun teniendo conciencia de su debilidad.

En cuanto al afecto que me manifiestas, bien sabes que es mútuo. Eres una gran fuente de inspiración para trazar la personalidad y las aventuras de Rea Silvia. Besos, querida amiga.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola mª Antonia Moreno, Rea Silvia saca la fuerza de dentro de sí, de su vientre, de su convencimiento de haber sido fecundada por Marte y de su decisión de traer al mundo a los gemelos, pese a los riesgos. Y todo ello lo hace bajo la protección de las deidades femeninas, esas que la inspiran a ella y a nosotras, esas guardianas de la VIDA... Besos, querida amiga.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola, la dame masquée, gracias por sus elogios. Me encanta ver a Rea Silvia enérgica, sin miedo, aun sabiendo lo que le aguarda. Respecto a lo poéticos que pueden resultar los insultos... Ojalá esté consiguiendo el tono épico que me proponía. Beso su mano, madame.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola cayetano, también yo creo que el tío debió quedar sorprendido, máxime cuando nunca hasta entonces su sobrina se le había enfrentado. Por otra parte, las palabras de una condenada a muerte tienen una fuerza especial ¿no? Besos, querido amigo.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola mariajesusparadela, quizá sí. ¿Y quién nos dice que los dioses no están de nuestro lado? ¿Alguien los ha invocado? Porque mucho me temo que hay quien invoca constantemente al dios de dinero, el tramposo Mercurio, y se está aprovechando de que los demás no invoquemos en nuestro favor a otro dios más poderoso. Besos, querida amiga.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola maik pimienta, hijo pródigo. ¡Como no comparezcas con más frecuencia mucho me temo que Rómulo no nacerá...! Precisamente a causa de tu ausencia (no va a parir aire Rea Silvia) aún andamos por el quinto mes de embarazo de tu madre. En fin, da una patadita de vez en cuando para que sepamos que estás ahí...

Besitos, guapo.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola elysa, también yo opinio que gestos como éste honran a Rea y nos dan una idea de la dimensión de su valor. Besitos, guapa.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola gabu, creo que a todos nos ha dado energía el ver a Rea Silvia tan decidida y fuerte frente al bestia de su tío. Así nos gustaría afrontar siempre la vida... Besos, querida amiga.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola elena clásica, a veces el castigo de los dioses se hace esperar mucho, mucho, tanto que nos parece que no va a llegar nunca. Y sin embargo, llega. Ya Silana ha dado un aviso a Amulio, y no ha sido más severa porque comprende que el hado de cumplirse en todas sus partes y hasta el final, y la gloria de Rea Silvia y de sus hijos está, precisamente, en ese destino que le han señalado y en el que Amulio juega un papel fundamental. ¡Ay, Silana, qué agradecidos debemos estarte porque sabes irritarte contra el malvado y contener tu irritación dentro de los límites adecuados! Amulio debe llevar hasta el final su maldad para que la justicia divina brille con todo su esplendor.
Besos, querida amiga.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola isabel, sí da alegría ver cómo se planta cara al perverso tirano. Aunque sepamos que no podremos torcer su brazo, aunque empeore nuestra situación. Un empeoramiento que, como ha quedado patente en esa contradicción que señalas, a veces puede servir para salvar la vida. Besotes.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola sahara.es, muchas veces pienso que la maternidad saca de nuestro interior los instintos que por ser animales llevamos dentro y, por ser sujetos de cultura, controlamos. En la maternidad creo que los sentimos con gran intensidad, nos identificamos con las otras madres capaces de derramar sangre para defender a sus cachorros. Un abrazo muy fuerte.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola américa, tienes toda la razón: el destino de Amulio está también sellado, tanto como el que él pretende imponer a su sobrina con el odio. Los perversos son necesarios para que brille el bien. Besos, querida amiga.

fgiucich dijo...

El mejor de los capítulos hasta ahora leídos. Abrazos.

Natàlia Tàrraco dijo...

No teme el malvado Amulio a los íncubos, temerá la furia de Marte algún día.
Las Fuerzas positivas y femeninas aliadas con la valiente niña, Rea se crece, se intuye bajo la protección de Destino que no ha de fallarle.
Un capítulo que expone magistralmente desde el odio ciego a la esperanza entre las atmósferas que nos recreas hasta sentirlas vivas.
!Salve! amiga, espero que pronto podré abrazarte con todo el cariño que te mereces, que no me lo impidan los Hados empeñados en poner trabas a mi salud.
Besitos.

Xibeliuss. dijo...

¡Bravo por Rea! No sé si será inspiración divina, pero ha estado magnífica. Yo que Amulio volvería a pensar las cosas.
Abrazos, Isabel

Hyperion dijo...

El odio y el mal siempre parecen caminos fáciles. El de Rea es hermosamente difícil. A cada paso me doy cuenta, Mirando hacia atrás y hacia adelante veo este hermoso camino y las selvas oscuras que atraviesa. Gracias.

África dijo...

Qué valiente!
Esa es la actitud, aunque uno salga perdiendo! En este caso, ya está todo perdido, según cree Rea...



Un beso