martes, noviembre 15, 2011

UN NUEVO HOGAR.



(XI)
Apretadas la una contra la otra, no para protegerse del frescor de la noche, sino para alentarse mutuamente, Rea Silvia y Tuccia habían pasado la noche en vela hasta que, cerca del alba, se habían rendido al sueño. El sol estaba ya alto cuando sus rayos, abriéndose paso entre el follaje, se posó en sus rostros y reprodujo en ellos el contorno de las hojas, la sombra veloz de un ave.
Rea Silvia abrió los ojos y se incorporó despacio. A su lado, Tuccia aún dormía. Se puso de pie para desentumecer el cuerpo y miró a su alrededor. Se hallaban en un calvero de pequeñas dimensiones, apenas un ensanchamiento entre los troncos de las encinas, porque las ramas se extendían y se entrecruzaban sobre ella formando una ligera bóveda. La dulzura que emanaba de la soledad y placidez de aquel lugar, le confirmó que seguían en el bosque sagrado de Silana. Trenzó una diminuta corona con ramas de un romero que crecía allí cerca. La dejó sobre una piedra como ofrenda a la ninfa mientras renovaba en voz baja la promesa que le había hecho al entrar en sus dominios la noche anterior.

Un grito lejano la sacó de su ensimismamiento. Breve y ronco. Quizá el gruñido de un animal salvaje. Y luego, casi enseguida, otro diferente, más agudo, perturbador. Tuccia se despertó al oírlo pero, al mismo tiempo, de la espesura les llegó un rumor de pasos y voces conocidas, un peligro inmediato. En dos saltos la doncella se colocó al lado de Rea Silvia. Esperaron en pie la llegada de sus guardianes, cogidas del brazo, aparentando entereza.

- ¿Qué han sido esos gritos? – preguntó Rea Silvia apenas vio asomar a Catión. El hombrecillo andaba titubeante, la sonrisa más torcida que de costumbre.
- Nada que deba preocuparte. A Prátex le gusta matar… animales – respondió. Y soltó una carcajada secundada por el individuo que llevaba los fardos la noche anterior. – Vamos, andad ligeras, que a vosotras no os queda mucho, pero este hombre y yo aún tenemos que volver a Alba Longa.

Con la angustia atenazándoles el pecho, se pusieron en marcha. Catión abría camino. No seguían ninguna senda, pero finalmente llegaron a un punto que Rea Silvia reconoció: era el fondo del bosque, el punto en que la ladera se empinaba tanto que no era factible continuar. Caminaron entonces en paralelo a ese terraplén y, al poco rato, notaron que el terreno se ensanchaba y descendía con suavidad. A través de los árboles vislumbraron la hondonada rodeada de paredes rocosas y, en el centro, la cabaña.

-
Aquí vivirás hasta el fin de tus días – dijo Catión extendiendo los brazos en un gesto teatral –, es decir, poco tiempo.

A Rea le brillaban los ojos. Apretó la mano de Tuccia y ésta le respondió con la misma fuerza. Después del miedo pasado, aquello se les antojaba la salvación.

- Ninguna de las dos podrá moverse de aquí. Os traeremos agua y provisiones un día de cada siete. Si necesitáis algo más, tú – dijo Catión dirigiéndose a Tuccia – subirás por este camino hasta que te encuentres con uno de nosotros. Allí siempre habrá alguien de vigilancia, así que más os vale obedecer.

Sin dar más explicaciones, arrojaron los bultos al suelo, volvieron sobre sus pasos y se internaron de nuevo en el camino jalonado de encinas.

Cuando los perdieron de vista, las dos jóvenes se abrazaron y se echaron a reír. Gritaron, dieron vueltas alrededor de la cabaña, tocaron con las manos los murallones de piedra que la rodeaban, ciñeron con los brazos, uno a uno, los árboles más próximos a la cabaña y besaron sus cortezas rugosas. Las lágrimas corrían por sus rostros, se miraban la una a la otra, sonreían y volvían a abrazarse. Al fin, vencidas por el hambre, trasladaron los bultos hasta un costado de la cabaña y los abrieron en busca de alimentos. Sacaron queso y tortas de harina de espelta y de ambas cosas hicieron una
ofrenda a Silana. Comieron sentadas en el suelo, donde había huellas visibles del reciente trabajo: trozos de cuerda, astillas de madera en abundancia, varios montones de paja, martillos, un hacha y útiles de todo tipo. Quienesquiera que hubiesen trabajado allí, no se habían molestado en recoger las herramientas.

Antes de entrar en la cabaña, Rea Silvia quería realizar cuantos rituales estuvieran a su alcance para hacer de él un hogar seguro y propicio. No disponía de muchos medios: el agua que les habían dejado aquellos hombres no era pura, pues aunque procediera de la fuente sagrada de Silana, la habían tocado y acarreado sujetos impuros y violentos. Tampoco crecían laureles allí cerca, una planta necesaria para las lustraciones. ¿De dónde sacaría los pigmentos para trazar en las jambas y el dintel de la puerta símbolos que las protegieran? También precisarían grasa. Lejos de desanimarse por las dificultades, Rea Silvia se tomó tiempo para buscar soluciones.
Finalmente concluyó que debían adaptarse a las circunstancias y confiar en el valor de las palabras rituales. En primer lugar, consagró el umbral a la diosa Vesta, encomendándose a ella y rogándole que impidiera el paso a las fuerzas malignas. Luego, vertió agua de un recipiente a otro haciéndola pasar por las manos de Tuccia, como si fuera un tamiz. Esperaba que el corazón limpio de la doncella tuviera poder para purificar el líquido. Mojó en esa agua unas ramas de encina cargadas de hojas, entró en la cabaña saltando por encima del umbral, y con ellas asperjó el suelo y las paredes. Untaron a continuación los goznes de la puerta con unas gotas de aceite, a falta de grasa de lobo, y ataron a ellas un trozo de lana.
- ¿Cómo pintaremos las jambas? – preguntó Tuccia –. No sé de dónde podríamos sacar algún pigmento.

- Trae un cuenco y un cuchillo – respondió Rea. Tomó un puñado de tierra y lo redujo a polvo triturándolo en un mortero. Añadió agua poco a poco, hasta conseguir una pasta compacta.

- ¿No es el lobo el más feroz de los animales, el más eficaz para ahuyentar los peligros que vienen de fuera? ¿Y no está consagrado a Marte? Pues infinitamente más poderoso que el lobo es su Señor.

Y mientras decía esto, se cortó en la yema de un dedo con el cuchillo y vertió unas gotas de su sangre sobre la pasta de tierra y agua.

- Sirva mi sangre, que es la de mis hijos y los hijos de Marte, para repeler todos los maleficios, maldiciones, males de ojo, bebedizos, filtros de todo género, sortilegios, y cualquier otra clase de maldad que venga contra los habitantes de esta casa. Que lo dañino no cruce el umbral.

Con los dedos dibujaron entonces la silueta de dos lobos con las fauces abiertas, sinuosas serpientes y una cabeza de dragón. Terminado este rito, de inmediato se puso Rea Silvia a la tarea de encender el fuego sagrado de Vesta, colocarlo en un pequeño altar al lado de la puerta y, con una de sus brasas, prender la primera hoguera dentro de la cabaña. El anochecer las encontró exhaustas.
Por primera vez en muchos meses, Rea Silvia durmió esa noche libre de miedo.


- ¡Kritubis, Kritubis! – gritaba la pastorcilla Palantea acercándose a todo correr a la choza de su ama.

Ésta, al oír los gritos, salió a la puerta. Vio llegar a Palantea resoplando, sujetándose el costado con una mano y sin los cerdos. La muchacha se apoyó en la jamba y trató de recuperar el aliento.

- Vengo del bosque de Silana – dijo –. He encontrado al pordiosero Alec. Bueno, lo han encontrado los cerdos. El caso es que está malherido, sólo pide agua y no dice nada más… Parece que la copa de un árbol le ha caído encima, no me explico cómo, porque el resto del árbol no se ve…

- Deberíamos avisar a Énule. Puede ser peligroso moverlo – respondió Kritubis.

- No está en Alba Longa. Se marchó acompañando a Númitor y Aurelia.

Kritubis dudó un instante y miró el sol que corría veloz hacia el ocaso.

- Ya es tarde – dijo –. Ayúdame.

Se metieron en la cabaña y mientras Palantea llenaba de agua una calabaza y preparaba algunas provisiones, la sacerdotisa de Diviana sacaba vendas de lana de un rincón, acopiaba algunas hierbas, aceite, vinagre y tres o cuatro recipientes de barro. Lo envolvieron todo en un hatillo y salieron. Aún tuvo que regresar la pastorcilla a coger unas brasas y una tea, porque con las prisas las habían olvidado.
Hallaron el bosque de Silana silencioso. Las aves se habían retirado a sus nidos y los animales nocturnos no habían abandonado todavía sus madrigueras. Pidieron permiso a la ninfa para entrar y le rogaron que protegiera a Alec, un buen hombre siempre respetuoso con los dioses. “Si te ha ofendido cortando un árbol sin tu consentimiento, es justo que lo castigues, divina Silana” – dijo Kritubis –. “Es viejo, quizá se ha olvidado de las fórmulas necesarias para obtener tu beneplácito. Pero si no te ha faltado en nada, sé compasiva y auxílialo”.

La oscuridad aumentaba a medida que se espesaba el bosque, tornándose tan intensa que Palantea se desorientó y temió no encontrar el lugar donde yacía el anciano. Por fortuna, la diosa Diviana, respondiendo a una súplica de Kritubis, hizo gruñir a los cerdos y ese sonido las guió. Alec estaba aturdido y no lograba articular palabra. Sin embargo, bebió con avidez el agua que le ofrecieron y, cerrando los ojos, se sometió a los cuidados de las dos mujeres.

NOTA: Os dejo un enlace para que conozcáis al verdadero
Alec el pordiosero , que no es otro que nuestro amigo El Drac


36 comentarios:

Freia dijo...

Al menos, un respiro en medio de tanta predicción de muerte. Al menos, los ritos de protección en el nuevo hogar, alejarán ésta mientras dura el embarazo. Y qué malísimo sigue siendo el borrachín Catión.
Nada me alegra más que poder ayudar a Alec, por cuya personalidad real siento profunda admiración.
Hoy tu relato no solo me ha deleitado. También me ha instruído y mucho sobre ritos de la antigua etapa prerromana.

Un abrazo fuerte, Isabel querida.

mariajesusparadela dijo...

También yo siento la paz del nuevo hogar.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Las purificaciones me han dejado tranquila, me han permitido dormir sin temores. Me encuentro fuerte y decidida, de pronto llena de un vigor desconocido que, sin duda, proviene de los hijos que se forman en mi vientre. Estoy serena, incluso feliz de estar con mi querida Tuccia a solas, alejada de hombres malvados e impuros. La esperanza vuelve a ser el horizonte de mi espíritu.
Y me conforta que Kritubis y mi querida amiga Palantea hayan podido asistir al pordiosero Alec, porque no merece la muerte. ¡Quién pudiera deleitarse ahora mismo con la dulce siringa de Palantea!

Fascinante el capítulo, querida Isabel, lleno de detalles sobre costumbres purificadoras, plagado de principio a fin de la hermosa complicidad femenina.
Como siempre, es un placer leerte.
Un beso, querida amiga.

Dilaida dijo...

Espero que durante un tiempo puedan gozar de paz y tranquilidad en su destierro.
Bicos

Mayte dijo...

Y respiramos por ahora...serenos y tranquilos...hasta el amanecer!

Besos!

Mercedes Pinto dijo...

Bueno, Rea Silvia y Tuccia ya están en la cabaña, esperando la muerte. Confiemos en que Alec sobreviva y pueda contar dónde están, y llegue a oídos de Anto el paradero de su prima. Parece que Anto es la única dispuesta a hacer lo necesario para salvar a su prima de la muerte.
La historia es muy entretenida y didáctica en sí misma, pero además, sin darte cuenta, se aprenden muchas curiosidades de la vida de las mujeres de Roma, como por ejemplo los rituales sagrados necesarios antes de ocupar un nuevo hogar que nos has descrito hoy.
Un abrazo.

La Dame Masquée dijo...

Qué hermosos rituales nos acerca usted. Es una delicia ir conociéndolos al tiempo que seguimos la apasionante trama de esta historia.
Y mira por dónde resulta que Alec era el Drac! El pobre está pasando un mal rato. Ojala se mejore pronto con los cuidados de ambas.

Feliz día

Bisous

Mª. Antonia Moreno dijo...

Una esperanza, aunque sea temporal. Un remanso, aún más valioso por lo efímero.
Pobre Alec, a ver si los cuidados de Palantea y Kritubis consiguen que sane!

Un abrazo, amiga

Cayetano dijo...

Silana debe mejorar su puntería. Al final va a acabar cargándose a la gente decente.
Un saludo.

Mita dijo...

Qué impresionante eres para recrear ambientes y sensaciones...
Besos

Isabel Barceló Chico dijo...

Dejo aquí el comentario que me ha enviado por e-mail Alejandra Sotelo Faderland, pues tiene dificultades para dejarlo aquí:
Querida Iabel, me le leido los dos capitulos de un tiron, y la verdad es que me han parecido poco.
Los que dicen o se quejan de los textos largos, deberian darse por enterado que esta web esta tambien para eso, para leer a los que nos gusta leer y la buena poesia o literatura siempre nos parece poco y queremos mas. Encantada con que Ano se entero de quiens son y que hicieron papa y mama. Y las chicas que por lo menos estan solas y nadie las molestara. Solo hay que pedirle a Miss Lizzie (que esta de vacaciones, si, ella aunque no lo creas) para que se ponga bien en su papel y ayude a Alex a que hable, y tambien con las muchahcas. Esperando con ansias ver como sigue la historia.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola freia, ciertamente hay un poco de paz, al menos que nuestras amigas descansen, que no sientan en la nuca el aliento de la maldad. En cuanto a Alec, esperemos que se reponga con los cuidados de Kritubis y Palantea. En cuanto a Catión... sobre ser malvado es muy descarado ¿no crees? Es fácil mofarse de quienes están en una mala situación. Besos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola mariajesusparadela, creo que tras las horas angustiosas pasadas, nuestras niñas estarán bien. Besitos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola isabel martínez barquero, creo que Rea Silvia ha hecho todo cuanto estaba en su mano - aunque no fuera del todo ortodoxo - para proteger la cabaña en la que nacerán sus hijos y eso es ya todo un mérito. Sí, ojalá pudiera contar con la música de Palantea... Besazos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola dilaida, creo que toda la paz de la que podrán gozar será aquella que ellas mismas puedan procurarse. El que pese sobre ellas una condena a muerte, es muy duro. Besitos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Ja, ja, mayte, cierto: hasta el amanecer... Besazos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola mercedes pinto, desde luego Anto es la persona que podría hacer algo por salvar la vida de su prima. Los demás están muy limitados, como ocurre con los familiares de los presos y los condenados a muerte actuales: no pueden hacer nada contra la autoridad establecida. Es así. Los rituales que ha realizado Rea Silvia son aproximadamente los mismos que hacían las recién casadas al entrar en su nuevo hogar. No se conocen los rituales para una casa nueva, pero he supuesto que serían los mismos, con el añadido de consagrar el umbral a Vesta. Hay quien sostiene que "vestíbulum" viene de "Vesta" precisamente porque le estaba consagrado el umbral, y aunque es una opinión que no está por completo acreditada, me parecía muy conveniente aquí, no sólo por la condición de vestal de Rea Silvia, sino también porque Vesta le ha otorgado su protección. En fin... Besitos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola la dame masquée, efectivamente el pordiosero Alec es nuestro amigo El Drac. Y roguemos a todos los dioses que nos lo devuelvan con salud y en condiciones de ayudar a Rea Silvia. Besitos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola mª antonia moreno, verdaderamente aciertas al calificar de efímero ese remanso. Pero también la experiencia nos enseña que a veces, lo eterno dura menos que lo efímero. Besitos, guapa.

Isabel Barceló Chico dijo...

Ja, ja, cayetano, cuando Silana se enfada no mira a quién le cae el árbol encima... Su humor, como el de todos los dioses, no es selectivo. Besos, querido amigo.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola mita, el mérito es de Alba Longa y el bosque de Silana, que se hacen presentes con fuerza... Besos.

sahara.es dijo...

Isabel, me fascinas con tu prosa descriptiva. Simplemente eres genial.

Lo que me llama la atención es el alarido, ¿querrá decir que Prátex ha comenzado a ejecutar a los siervos que construyeron la cabaña?

Elysa dijo...

Me encanta la descripción de los rituales para su nueva morada. Bueno, la verdad es que me gusta todo lo que leo en esta historia que me tiene enganchada. ¿aclarará Alec algo sobre el paradero de Rea Silvia?

Besitos

La gata Roma dijo...

Que bien, yo misma estoy como más tranquila con los ritos y sabiendo que el pordiosero anda bien y atendido…

Kisses

GABU dijo...

¡¡Que bueno es saber que REA SILVIA esta al resguardo al fin!!!

Veremos cuan efectivos ahora resultan sus rituales a la maldad que la acecha...

P.D.:En cuanto a ALEC,quizá en su recuperación se encuentren respuestas,develando secretos no tan bien escondidos... ;)

TE DEJO MI CARIÑO DE SIEMPRE AMIGA

elena clásica dijo...

Un poco de paz, de descanso, de confianza en la ayuda divina, con esas ofrendas y los rituales caseros e improvisados nada queda al azar. Silana recibirá felizmente la muestra de respeto y adoración, seguro, sin duda ninguna. Al fin, Rea silvia toma conciencia de que lleva en su propia sangre la de Marte, unida para siempre a través de los hijos que se gestan, el poder que busca y necesita está más cerca que cualquier búsqueda fuera de sí.
Por otro lado, menos mal que llegan refuerzos para Alec, que no obstante estaba en el bosque de Silana, lo cual, al fin... ya era una garantía. Pero, pobrecillo, nada mejor que los sabios remedios de Kritubis.

Un pequeño aliento este capítulo ante tanto sufrimiento.
Un gran abrazo, querida Isabel.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola sahara, tienes muy buen oído: efectivamente, esos alaridos y la ausencia de Prátex significan que está cumpliendo el encargo del rey Amulio. Así lo dejaremos, no me gusta recrearme en esa maldad sin nombre. Un abrazo.

ANTONIO CAMPILLO dijo...

Encontrar a Rea Silvia con vigor y fuerte es un acontecimiento.
¡Qué lucha!
Este rayo de esperanza, que espero que no se vuelva a perder, produce una inusual felicidad.

Tan entusiasmado estaba con tanta tranquilidad después de los desmanes de hombres "rectos" con los demás, no con ellos mismos, Isabel, que los electrones me jugaron una mala pasada y he tenido que rectificar en mi blog. (Has pasado a un lugar que no te corresponde, lo siento).

Un fuerte abrazo, Isabel.

Natàlia Tàrraco dijo...

Amiga Isabel, ya te añoro, seguro que volvemos a encontrarnos, fué una maravilla abrazarte.

En este capítulo interviene tu exquisita sensibilidad al hacerme sentir el entorno en cada detalle, emociona. Estando en la casa de Silana ¿qué ha de sucederle a la Niña Rea y a sus amigas, incluso al maltrecho pordiosero Alec? Se esfuma lo maligno, reina el encanto de natura. Esos rituales meticulosos, sencillos, puros, dedicados a las divinidades positivas, nunca deberíamos olvidarlos.
Besitos añorados.

virgi dijo...

Dos casi niñas, náufragas en la soledad del bosque, tienen fuerza y serenidad para hacer de una humilde cabaña un hogar donde guarecerse y alejarse de la maldad.
Sé que es por un tiempo, pero hasta yo respiro aliviada y me pongo a pensar cmo haría ese lugar más confortable (mis lecturas de R. Crusoe me dejaron honda huella).
Un abrazo y un rayo de esperanza.

RGAlmazán dijo...

Bueno, ya está mi sobrina enclaustrada. Ahora se cumplirá su destino, el que ella misma se ha forjado. "¡Ay, qué pena más grande!". La vida es así.
Rey Amulio

Querida, inmejorable episodio. Besos

Salud y República

África dijo...

El miedo se pasa mejor en compañía, como cualquier sentimiento.
Al menos se tienen la una a la otra y serán consuelo la una para la otra. Ainss...

Espero que cuiden bien a Alec y que este pueda contar todo lo que sabe!

Un besito

África dijo...

El miedo se pasa mejor en compañía, como cualquier sentimiento.
Al menos se tienen la una a la otra y serán consuelo la una para la otra. Ainss...

Espero que cuiden bien a Alec y que este pueda contar todo lo que sabe!

Un besito

América dijo...

Lo que parece ser el peor escenario por lo pronto es un lugar seguro,y un refugio para descansar de tantas fatigas.
Ya me preguntaba que había sido de Alec...
Concluidos los rituales,siento cierta premonición en los mismos.
Un beso dama.

L. de Guereñu Polán dijo...

Pues no me ha quedado claro si el texto es un clásico o de Alec el pordiosero... De todas formas he disfrutado.

fgiucich dijo...

Un relato enternecedor. Bellísimo!!! Abrazos.