jueves, enero 26, 2012

LAS DIOSAS SIRVEN DE INSPIRACIÓN




(XXII)
Rea Silvia y su doncella Tuccia están aisladas en una hondonada del bosque de Silana por orden del rey Amulio. Están realizando ya los preparativos para el nacimiento de los hijos de Rea Silvia y el dios Marte.

Al salir de la cabaña recibieron en pleno rostro un azote de viento acompañado de finas gotas. El sol había desaparecido tras las nubes y en su lugar se veía un halo blanquecino. Rea Silvia y Tuccia se agarraron del brazo y se arrebujaron aún más para protegerse. Se habían echado sobre los hombros, sujetando un extremo cada una, la piel de oveja que utilizaban para dormir, pues tenían poca ropa de abrigo, insuficiente para aquel frío.

- ¡Tendríamos que haber esperado a mañana o pasado! – dijo Tuccia, al comprobar cómo había empeorado el tiempo.

- No protestes y tratemos de hacerlo deprisa. Es
por allí – respondió, adelantando el mentón en dirección a una de las paredes rocosas, la más baja de cuantas las rodeaban. Crecían a sus pies varios arbustos de madroño repletos de frutos en sazón. Rea seleccionó un par de ramas del más próximo y, mientras Tuccia las cortaba con un cuchillo, ella pedía permiso a Silana y le ofrecía unas gotas de miel. Terminada la tarea, regresaron con la piel tendida sobre las cabezas, pues la lluvia empezaba a arreciar.

- Cuéntame lo que le pasó a tu abuelo Procas – pidió Tuccia, una vez se hubieron acomodado junto al fuego, con el cuerpo aún tembloroso y las ramas de madroño, con sus frutos redondos y rojos, apoyadas en la pared.
- Ocurrió que cuando tenía cinco días de vida, una noche su nodriza lo oyó llorar desgarradamente. Fue corriendo a su cuarto y lo encontró pálido, con arañazos en las mejillas y casi sin respiración por el violento llanto. Se dio cuenta enseguida de que Procas era víctima de las Estriges. Aquellos seres horrendos, que vuelan de noche por todas partes, habían conseguido entrar. Habían apresado al niño entre sus garras, lo contemplaban con ojos desorbitados, y con sus lenguas asquerosas le chupaban la sangre, como hacen siempre con sus presas. El niño habría muerto en poquísimo tiempo, si la nodriza no hubiera reaccionado enseguida invocando en su socorro a la diosa Carna – dijo Rea Silvia, de un tirón, casi sin respirar ella misma.

Tuccia se estremeció por lo desesperado de la situación.

- Carna, que suele acudir presta cuando se la llama, respondió enseguida
– prosiguió narrando Rea –. Pidió tranquilidad a la nodriza y con una rama de madroño golpeó tres veces la puerta y otras tantas las jambas y el dintel. Repitió tres veces el rito para completar la protección de la estancia y vertió en el suelo un filtro mágico con propiedades curativas para sanar al niño. Luego salió del cuarto, pidió un lechón y lo sacrificó enseguida, exponiendo sus carnes al aire libre para que las Estriges bebieran su sangre y se olvidaran de Procas. Por último, colgó de la ventana la rama de madroño, de manera que esas maléficas criaturas no pudieran entrar otra vez.

- Por eso quieres el madroño… – dijo Tuccia.

- En cuanto podamos, haremos el rito y colgaremos las ramas en el exterior de la ventana y sobre la puerta. Estamos solas, no podemos improvisar.



El mal tiempo se prolongó durante todo el día, con rachas de viento y lluvia seguidas de instantes de bonanza. La pastorcilla Palantea regresó pronto a la cabaña de su ama Kritubis, pues no tenía mucho sentido andar por los bosques con los cerdos en una tarde tan desapacible y oscura.
Cuando llegó, Alec estaba sentado cerca del hogar, con la espalda apoyada en la pared y la vara en la mano. Miraba el fuego. Kritubis, por su parte, doblada de espaldas, rebuscaba entre un montón de enseres y ropas apiladas a un lado.

- ¡Aquí está! – exclamó de pronto –. Acércate, Palantea. ¿Es ésta la túnica que le prestaste a Rea Silvia cuando se disfrazó de pastora? – dijo, mostrando al mismo tiempo a la joven una túnica vieja y desgastada, de color pardo. La pastora la reconoció enseguida: hacía poco que la había sustituido, porque se le había quedado estrecha.

Kritubis la apartó de su vista, la lió formando una bola y se retiró a un rincón, pidiendo no ser molestada porque iba a realizar un ritual.
“Diosa Diviana, arcana, poderosa, salvaje y doméstica, a ti te invoco y te convoco. He aquí a Alec: nada recuerda, ni de lo malo ni de lo bueno que haya hecho hasta ahora y así, pese a su edad, se ha convertido en un ser sin malicia, un inocente de los que tú eres patrona. Escucha mi súplica, Diviana: si este hombre supo, antes de ser herido, dónde ocultaban a tu protegida Rea Silvia, haz, con tu poder divino, que lo recuerde.”

Seis veces repitió la petición, haciendo libaciones, promesas y gestos rituales para propiciarse el favor de la diosa. Finalmente, tomó en sus manos la túnica enrollada como una bola, la salpicó con agua lustral y, acercándose al convaleciente Alec, recitó una fórmula mágica:

“Tocaste la piel de Rea Silvia, lana burda, y desde entonces le perteneces a ella y ella te pertenece a ti pues, cubierta contigo, salvó la vida. ¡Por orden de Diviana, ve con ella! ¡Lana burda, llévanos hasta Rea Silvia!”

Mientras pronunciaba estas últimas palabras, lanzó la bola al regazo de Alec. Éste se sobresaltó y pareció despertar de un sueño, pues sus ojos adquirieron el brillo de la comprensión y su mano empezó a mover la vara. Daba golpes varias veces sobre el mismo punto, empujaba la vara en línea recta hacia adelante y la torcía luego a la derecha. Y volvía a empezar.
- ¿Es ese el sitio donde te hirieron Alec? – preguntó Kritubis viendo la insistencia de los golpes. El anciano mantuvo la vara fija en ese punto.

- Eso fue en el bosque de Silana, pero lo hemos registrado sin encontrar a Rea…– intervino la pastorcilla.

Alec comenzó a golpear de nuevo, y a empujar la punta de la vara como había hecho antes, sin apartarse de la línea que había quedado marcada en el suelo la primera vez.

- ¿Hay que llegar hasta el fondo del bosque? – le preguntó la sacerdotisa– ¿Y torcer luego a la derecha? ¿Es eso lo que quieres decirnos?

Alec repitió tres o cuatro veces más el mismo recorrido antes de retornar a la inmovilidad.

- ¿Has visto alguna vez ese camino a la derecha? – preguntó Kritubis a la pastorcilla.
- Nunca. Debe estar escondido. El bosque termina en un talud muy empinado y los alrededores tienen tantos matorrales que es difícil pasar.

- Mañana iremos allí – dijo Kritubis con cierta perentoriedad en el tono –. Algo me dice que el parto de Rea Silvia está maduro.

- Entonces, voy ahora mismo a Alba Longa a avisar a Amnesis y a las vestales – dijo Palantea mientras cogía a toda prisa el manto que había puesto a secar cerca del fuego y aún estaba húmedo –. Énule debe regresar enseguida del Aventino. Ella es la única que puede asistir a Rea en ese trance.


Bajo una lluvia torrencial, casi a tientas porque la oscuridad avanzaba con la tarde, Palantea y Amnesis llegaron a la casa de las vestales. Las criadas las obligaron a quitarse enseguida la ropa empapada y ponerse otra seca mientras avisaban a la Vestal Máxima Camilia y a la vestal Adriana. Esperaron nerviosas y de pie junto al hogar, donde ardía un fuego reconfortante.

- Es preciso mandar a alguien a buscar a Énule, desde luego – convino Camilia al saber que casi estaban a punto de dar con el paradero de Rea –, pero ¿a quién enviamos? No parece que vaya a mejorar el tiempo y ese recado no puede confiarse a cualquiera…

- Puede ir nuestro carretero ¿no? – preguntó Adriana.
- Sí, pero no podemos ocultar esto a Númitor ni Aurelia. Y el carretero no es el más indicado para darles esa información.

- ¿Puedo proponerte a alguien? – dijo Palantea. Y ante un gesto afirmativo de la Vestal Máxima, continuó –: Urbano Lacio iría de buen grado. Conoce lo ocurrido y es de toda confianza. Nadie lo echaría en falta, porque no se ocupa de nada en concreto y siempre anda curioseando por ahí.

- Me parece una idea acertada – respondió Camilia. Y girándose hacia Adriana, ordenó –: Que vaya ahora mismo nuestro criado a buscarlo a su casa y lo haga venir. Quiero darle personalmente las instrucciones. En cuanto a vosotras, os quedaréis a dormir aquí esta noche: no voy a arriesgarme a que enferméis con esta lluvia.



Entretanto, la reina Criseida escuchaba caer el agua sobre el tejado de paja de la cabaña real y pensaba. También ella había hecho sus cuentas: los 274 días que duraba la gestación humana no se cumplirían para Rea Silvia hasta nueve días más tarde. Eso lo sabía también su marido, quien se negaba a enviar una partera hasta que la fecha del alumbramiento estuviera más próxima. Un inconveniente para su plan, pues era necesario que la mujer llegara con tiempo suficiente para impedir el parto, y eso sólo podía garantizarse si estaba con Rea desde unos días antes.
La suya había sido una buena idea. Y había surgido de manera casual, mientras observaba a un criado levantar una gran barrica llena de vino con la misma facilidad con que un niño se carga al hombro un haz de paja. La fuerza descomunal de ese hombre le hizo pensar en Hércules. Y en lo fuerte que era ya desde la cuna, donde fue capaz de matar a dos serpientes que lo atacaban. Y de ahí a recordar los avatares de su nacimiento, solo había un paso.

La diosa Hera estaba muy enfadada por la infidelidad de su marido, el dios Zeus, y se propuso impedir a su última amante, la mortal Alcmene, que alumbrara al fruto de su traición. Mandó, pues, a una criada suya a casa de la parturienta, con órdenes de quedarse sentada a la puerta con los brazos y las piernas cruzadas. Eso contravenía la norma más elemental en los nacimientos: no podía haber ningún nudo en la casa, porque mientras lo hubiera, la criatura no se desanudaría del vientre de su madre y le sería imposible nacer. El truco de mantener anudadas las extremidades de su criada, le dio a Hera buenos resultados, porque pasaban las horas y Alcmene no lograba parir.
Fue una anciana que asistía al parto la que, comprendiendo la situación, descubrió por qué motivo no nacía la criatura. Y, para resolverlo, aplicó su propia sabiduría: salió a la puerta de la casa anunciando, a grandes voces, que su señora había parido un niño hermosísimo y muy saludable. Esto hizo que la criada de Hera se levantara, deshaciendo involuntariamente los nudos de su cuerpo. En ese momento Alcmene parió.

No iba a repetir la estratagema exactamente así, pero era un buen punto de partida. La partera debería llevar en secreto algo atado. Surtiría efecto, eso seguro. Sobre todo porque a Rea Silvia no la acompañaría ninguna vieja sabia, sino su cómplice y criada de siempre. ¡Y qué sabría ella!

*Las fotografías de esculturas son mías. La foto de Miss Lizzie Crabb en su papel de diosa Diviana es de Alyx Faderland. El resto de imágenes están tomadas de internet.

NOTA: Os dejo un enlace para que comprobéis lo equivocada que está la reina Criseida respecto a los conocimientos de nuestra querida
Tuccia

30 comentarios:

Dilaida dijo...

Me alegro que hables del madroño es un árbol al que tengo mucho cariño, en mi blog le dediqué dos entradas (Érbedo).
Ya está cada día más cerca el nacimiento de los gemelos.
Bicos

La Dame Masquée dijo...

Ah, cuánta astucia! Lamentablemente el mal suele ser ingenioso. Esperemos que no de resultado la estratagema.

Muy interesante eso de las Estriges. Ya entonces había vampiros!

Buenas noches, madame

Bisous

Juanjo Montoliu dijo...

Estoy impaciente por llegar al desenlace. Aunque conocido, estoy deseando saber cómo se resuelven todos los enigmas.

¿Falta mucho para el parto?

Xibeliuss Jar dijo...

Me he contagiado del ambiente tenso, nervioso, que respira el capítulo. ¡Rea parece la más tranquila!
Me alegra la tarea encomendada a Urbano Lacio: seguro que es el más indicado para cumplirla... y, una vez más, estará presente en los momentos decisivos.
Un abrazo, Isabel ¡Esto marcha!

mariajesusparadela dijo...

No deberías de parar...estamos todos tan impacientes.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Todo son correrías, pues se acerca la hora de que lleguen al mundo los gemelos.
Me encanta Kritubis con sus rituales, pues traerán a mis amigos hasta el bosque de Silana, y confío en que a los malvados se les tuerzan sus propósitos.

Ay, qué emocionante está.
Un capítulo lleno de nervio, Isabel, que atiende a muchos frentes.
Un abrazo y ánimo, que queda poco para esta primera parte.

Mayte dijo...

Divinidad, magia, planes urdiendose con la ayuda de las Diosas, el ambiente tenso, la vida corriendo apurada. Maravilloso Isabel!

Besos.

Mª. Antonia Moreno dijo...

Querida Isabel. Poniéndome al día con los avatares de Rea Silvia y los que la quieren bien (y mal). Me había perdido cuatro capítulos que acabo de leer ahora mismo, deprisa, casi con ansia. El perfume del mirto llega hasta aquí. Los misterios del bosque de Silana. Y los sentimientos de los personajes, y sus rutinas, sus rituales. Conseguirán llegar a tiempo para que la malvada Criseida no ejecute sus planes? Rea Silvia, encantadora, fuerte, una heroína de otro tiempo... y de éste.¿Que no haría una madre por sus hijos? Delicioso, amiga.
Un gran abrazo. Enhorabuena, qué gran novela y qué gran trabajo estás haciendo, así, como si tal cosa (eso, engañosamente pareciera, y ahí en esa simplicidad que no es tal radica mucha de su fuerza, de la tuya como escritora, y experta en la historia de Roma...) En fin. Ya ves que estoy entusiasmada. Cuando pueda leer la novela de un tirón, me gustará aún más, como me ocurrió con Dido, sin duda. Besos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Las fuentes literarias dicen que fueron las ramas de una madroño las que utilizó la diosa Carna para salvar a Procas. También he visto que crecen en el mismo terreno que las encinas, así que me ha venido de perlas. Es un arbusto precioso y con esa fascinación que le añade el mito... Pasaré en cuanto pueda para leer los dos posts que le dedicaste. Un abrazo, querida amiga.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola la dame masquée, efectivamente esas criaturas eran lo más parecido a los vampiros. No sólo atacaban a niños, sino también a cuantas personas encontraban por ahí, pues volaban de noche... Nuestra imaginación no ha inventado - hasta ahora - nada nuevo. Beso su mano.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola juanjo montoliú, estamos a dos días del parto, lo que ocurre es que en ese lapso de tiempo, hay que atender a todos los actores de este drama: al rey y la reina, a los padres de Rea, a la propia Vestal, a sus amigas, a Acca Larentia... en fin, que tiene su complejidad, aunque espero resolverlo lo mejor posible. Creo que en 6 ó 7 capítulos más quedará sentenciado el futuro de los gemelos. Un abrazo.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola xibeliuss jarr, creo que Urbano Lacio debió estar cerca de las riberas del Tíber, pues fue a través de su crónica oral que conocemos cómo estaba el "clima" allí. Estamos ya llegando al desenlace del nacimiento heróico, espero resolverlo bien. Besazos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola mariajesusparadela, tienes razón, no debería parar. Yo misma estoy con los nervios a flor de piel. Lo difícil es combinar mi estancia en Alba Longa y en las riberas del Tíber con la cruda realidad cotidiana actual. Besitos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola isabel martínez barquero, desde luego la situación está que arde... ¡Y qué malvada es tu tía! Hay que pensar que el mal es siempre activo, mientras que las personas bondadosas suelen conformarse con serlo en lo cotidiano: no planean bondades mientras que los malvados no dejan ni un instante de maquinar. Con todo, veremos quién gana al final... Besos, querida amiga.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola mayte, ciertamente esto está al rojo vivo. Y creo que nuestros corazones están con Rea Silvia y todas las personas que la aman, puedan ayudarla o no. Las divinidades también cuentan... Besotes.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola maría antonia moreno, me hace feliz tu entusiasmo, pues sé que es sincero. Realmente estos personajes están dando mucho de sí, porque, a poco que pensemos en Rea Silvia, por ejemplo, nos damos cuenta del esfuerzo enorme que debió hacer, del drama extraordinario que fue su vida. Creo que estamos en deuda con ella, que los propios romanos no la valoraron tanto como debían. Ojalá nosotros podamos hacerle un hueco en nuestros corazones y reconocer el valor de ella y de todas las mujeres que, como ella, han hecho habitable el mundo. Besos, guapa, y gracias por tus ánimos.

virgi dijo...

Me has multiplicado la admiración y el amor que tengo por el Imperio Romano (¿sabes que llevo tiempo deseando conocerla muralla de Adriano?).
Desesperada estoy por este nacimiento, por todos los dioses!!!
Besos, querida Isabel.

GABU dijo...

Cada uno de los pensamientos de CRISEIDA son más y más monstruosos!!!!!

P.D.:Con éste capítulo he vuelto a renovar las esperanzas de que aún todo puede llegar a un final feliz... =)

BESOTES ISA AMIGA :)

Cayetano dijo...

Habrá que colocar entonces un madroñero o madroñera junto a nuestra puerta para que no se nos cuelen visitas no deseadas.
Un saludo.

África dijo...

Ayyy, todavía no llega el momento!
Y Criseida ya está maquinando!
Ansiosa estoy, por dios, de saber todo lo que será ese parto, cómo, cúando, si los amigos de Rea estarán allí, ayyy...
Qué emoción!
:D


Un beso

Natàlia Tàrraco dijo...

Me fascinas con estos antiquísimos rituales, venidos todos de Natura, nada se hacía sin invocarla, sin dejarle un obsequio, atadura de aquellas mujeres con lo primigenio !admirable! y a la vez una barrera que impedía obrar sólo con el intelecto.

De la Natura nos hemos distanciado para herirla, arrogantes,pues de ella somos y venimos, sin embargo !oh diosas naturales!¿acaso vuestra insaciable necesidad de ritos no son una condena o una prueba de vuestra debilidad, cuando no, inexistencia? Hemos inventado ceremonias a una diosa, a los dioses todos, presentes en los sentidos que nos rodean y nos impulsan,llevados, tal vez, por nuestros infinitos temores y dudas.

Disculpas Isabel, me ha dado por cuestionar hasta a los dioses, ¿qué raro? Cuenta en tu obra ceñirse al contexto, embrujarnos en atmósferas que eran las de aquellos tiempos.
Te convido a visitar mi entrada del jueves si puedes, en ella evoco a un mito sombrio, a una mujer terrible y desgraciada, como tantas, siempre. Una faceta de la psiquis femenina.
Besitos.

RGAlmazán dijo...

Demasiada gente a favor y en contra del posible parto de Rea, no me gusta. Sobre todo, para que mis planes lleguen a buen puerto necesito que todo transcurra con tranquilidad y que no haya intervención exterior ninguna. Esto no me gusta un pelo.
Rey Amulio

Ya va llegando la hora. Veremos cómo se va desenlazando este nacimiento.
Besos

Salud y República

Elysa dijo...

¡Jo! Isabel, esto cada vez más interesante y con más tensión. Estoy deseando ver aparecer actualizaciones para seguir leyendo.

Besitos

Alejandra Sotelo Faderland dijo...

Criseida puede quedarse sentada esperando, porque donde esta version de Diviana pone la pata... las cosas salen como ella quiere. Es de no creer ver a la gatita, ahora pantera, dando un masaje en zona dolorida a la persona, con suavidad, o poniendo una pata encima dando apoyo. Donde ha puesto su pata, ha traido suerte.

Perlita dijo...

¡Qué miedo de Estriges..!Toda esta historia es apasionante como todo lo que nos traes, Isabel. Eso de que un niño no pudiese nacer mientras la doméstica no descruzase sus piernas, es curioso. ¡Menuda mala pécora...!
Ya ves que cuando vuelvo a retomar el blog, paso enseguida por tu bitácora, porque me refresca la memoria de todo lo leído muchos años atrás.
Un beso Isabel, Carmen.

elena clásica dijo...

Los pasos se encaminan hacia el bosque de Silana, hacia un lugar escondido guardado por los matorrales, allí se dirigen también todos nuestros corazones.

A Camilia le ha parecido acertada la ayuda de Urbano Lacio, a mí me parece genial porque le adoro. Tiene que estar presente para hacernos partícipes de lo que haya de ocurrir. No podía ser de otra manera.

Me ha gustado mucho el recuerdo de Alcmene y el truco de la anciana que logra que se produzca el alumbramiento. Malo es que lo recuerde Criseida, pero afortunadamente la buena de Tuccia se reseva sus conocimientos hermosos y mágicos, según hemos podido descubrir.

Ay, qué nervios y qué poquito que nos queda a todos. Si supiera Urbano Lacio de la agitación de los lectores, como disfrutaría incluyéndolo en sus futuras crónicas.

Precioso. Un abrazo, querida Isabel.

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Isabel, escribes tal que no parece que hayan pasado dos mil años desde esas vidas, esos dioses y esas leyendas. Como si aún estuviéramos en época de la República o del Imperio. Lo cual dice mucho y muy positivo.

Tenemos un rico pasado a nuestro alrededor y es bueno no olvidarlo.

Un cordial saludo

fgiucich dijo...

En medio del drama, vamos descubriendo anécdotas con las cuales enriqueces el relato. Abrazos.

Amparo Moreno dijo...

Querida Isabel, me alegro de que Tuccia pueda cumplir su tarea y ayudar a Rea Silvia en estos momentos. Gracias por tu mención y enlace. Nos tienes en ascuas!
Besos

Sahara.es dijo...

Es curioso ver cuán a menudo la sabiduría popular, basada en las experiencias de nuestros mayores, nos permite seguir los caminos marcados desde la antigüedad para solucionar nuestros problemas. Desgraciadamente, también es cierto que hoy en día, al estar pagados de nosotros mismos y ensoberbecidos, las desechamos por caducas y arcaicas. Estoy convencido de que otro gallo nos cantaría si fuéramos más respetuosos con las lecciones que nos dan nuestros ancestros.