jueves, junio 06, 2013

HACIA LA CIUDAD DE CENINA


 


  Flora había visto desde lejos a Remo y se alegraba al pensar que lo tendría cerca durante un año más, correteando por el Palatino. Creía que su padre había empezado ya a olvidar las ofensas del muchacho. Sin embargo, está muy equivocada: Caius tenía un plan para capturar a Remo y pensaba hacerlo esa misma tarde.




En la cabaña del rey Acrón de Cenina había mucho bullicio esa mañana. Donde hay jóvenes siempre brota la alegría, aun en los días más tristes. Cuando se es adolescente, ¿qué importancia puede tener el mal tiempo? Al contrario, conviene aprovecharlo al máximo, disfrutar de cuanto pueda ofrecernos la vida pues no sabemos ni cuál será su duración ni si nos traerá más penas que satisfacciones o al revés. Pero seguramente ni siquiera en eso pensaban las muchachas: su alegría brotaba espontánea, porque sí, como el agua de los manantiales. Además, les quedaba ya poco tiempo de estar juntas. Hersilia y Emilia, sobrinas del rey, partirían al día siguiente hacia Alba Longa. Su prima Artemis, en cambio, se quedaría en Cenina. Muy disgustada. Ese otoño su salud se había resentido y, aun cuando había recibido también la invitación para ir a Alba Longa, sus padres no le permitían marcharse.
- ¿Creéis que la tía Licinia me volverá a invitar más adelante? - preguntó Artemis a sus primas.
- Estoy segura - respondió Hersilia -. Además, nosotras reclamaremos tu presencia en Alba Longa para cuando se celebre la fiesta de Júpiter Latiaris.
- Eso si para entonces no hemos debido regresar a nuestra casa - puntualizó Emilia.
- ¡No creo que madre sea tan cruel de hacernos volver a Cures justo cuando empiece la primavera! - respondió con viveza Hersilia -. Me han dicho que es una fiesta increíblemente hermosa. Se celebran muchas bodas y acuden jóvenes de todas las ciudades latinas.
- Tu estás prometida al rey Tito Tacio - se apresuró a declarar su hermana -. No puedes fijarte en otros hombres.
- ¿Y quién te ha dicho que me fijaré?
- ¡No conozco a nadie a quien interesen menos los muchachos que a Hersilia! - declaró Artemis mientras le lanzaba a la aludida una mirada pícara y disimulaba una sonrisa. Y bajando la voz como para hacerle una confidencia a Emilia, añadió -: Tengo entendido, además, que los latinos desconfían de los cabellos rojos en general y más todavía si adornan la cabeza de una mujer. ¡Cuando vean encendida como las ascuas la cabellera de Hersilia, todos los jóvenes casaderos saldrán huyendo! Puedes dormir en paz, Emilia, no te será necesario vigilar a tu hermana.
Emilia era la más pequeña de las tres. Estaba a punto de cumplir los trece años, en tanto su hermana y su prima Artemis contaban ya catorce. Muy formal para su edad, era una joven seria y responsable. Amaba atenerse en todo a las normas, a la ley, y no podía decirse de ella que hubiera transgredido alguna. Había hecho sus travesuras, claro está, pero difícilmente se hubiera podido encontrar a otra muchacha de su edad tan consciente y respetuosa de sus obligaciones. Y el mismo celo que mostraba en cumplirlas ella misma, lo aplicaba a los demás. Por eso a su prima Artemis le gustaba gastarle pequeñas bromas como esa, siempre afectuosas.
En cambio Hersilia, bajo su apariencia de formalidad ocultaba un acusado sentido del humor, una curiosidad sin límites y muchas inquietudes. Tenía ideas propias respecto a casi todo. También acerca de su compromiso de matrimonio con el rey Tito Tacio de Cures. Dudaba del cumplimiento de esa promesa. Tenía buenas razones para hacerlo, pues la muerte de su padre, dos años antes, había cambiado sustancialmente la situación.
Su padre y el anterior rey de Cures eran hermanos y estaban muy bien avenidos. Cuando tuvieron descendencia, una niña y un varón respectivamente, acordaron unirlos en matrimonio, pues con ello reforzaban su alianza y su poder entre la aristocracia sabina; un acuerdo de destacada trascendencia por el hecho de ser Cures la ciudad más importante del pueblo sabino. Así, Hersilia y Tito habían crecido sabiéndose destinados a ser esposos. No se llevaban bien. Si al principio sus disputas podían atribuirse a su corta edad y a los caprichos propios de la infancia, más tarde no cabía esa justificación. Sencillamente no se gustaban. Tito era demasiado orgulloso y Hersilia estaba lejos de ser sumisa.
La muerte prematura de su padre había convertido a Tito en rey de Cures siendo aún muy joven. Durante sus primeros años de reinado, el consejo y la protección de su tío habían sido determinantes para consolidarlo en el trono. El anciano gozaba de gran prestigio y autoridad dentro y fuera de Cures y, por otra parte, el futuro matrimonio de su hija Hersilia con el joven rey aseguraba una alianza duradera. También apartaba el peligro de un enfrentamiento entre tío y sobrino por el poder. Sin embargo, aquellos planes se habían trastocado.
- Muerto mi padre ¿qué valor tengo yo para Tito? - le había dicho Hersilia a su prima Artemis en un momento en que ambas, a solas, se habían hecho confidencias -. Hay varias muchachas casaderas cuyos padres siguen vivos, cuentan con hijos varones, numerosos criados y armas para ayudar al rey si hiciera falta. Ellos mismos están dispuestos a guerrerar, a dirigir hombres. En cambio yo…
- No creo que el rey Tito rompa su promesa - repitió Artemis.
- No lo sé. A veces lo deseo…
- ¿Tan antipático es? ¿Tan poco agraciado?
- Es un muchacho bien parecido y fuerte. Tiene carácter, autoridad. Quizá demasiada. Pretende imponerse en todo y rara vez me escucha. Es así desde pequeño.
- Son buenas cualidades para un rey - consideró Artemis.
- Sí, pero resultan poco agradables en un marido. ¿Me creerás si te digo que no lo estimo y que él tampoco me aprecia a mí?
- ¡De eso no puedes estar segura! Eres una persona adorable.
- Pocas veces estamos de acuerdo él y yo. Mira en qué situación me encuentro, Artemis - confesó con cierto desaliento Hersilia -: casarme con él me desagrada; no consigo hacerme a la idea de convivir con él, tener hijos suyos. Pero también me humillaría el ser rechazada. ¿Quién querría casarse entonces conmigo?
- No pienses en un rechazo - dijo Artemis -. ¿Que me dices de los parientes de tu madre? Mi padre estaría siempre del lado tuyo y también es rey, aunque Cenina no sea una ciudad tan importante como Cures. Y lo mismo puede decirse de la tía Licinia. Su marido es un hombre importante en Alba Longa y nuestra prima Adriana es la Vestal Máxima. ¡Tendrías muchos apoyos fuera y dentro de la Sabinia!
- ¡Y eso precisamente me espanta, Artemis! ¿Habré de casarme a disgusto para no disgustarlos a ellos? ¿Si Tito rehusa cumplir su palabra, habrá un conflicto por mi culpa? ¡Ay, prima! Mi cabeza es como una madeja de lana en manos de un niño pequeño: se ha convertido en un enredo imposible de aclarar.
Artemis abrazó a su prima y se dolió con ella de una situación tan poco placentera. Varias veces más hablaron de ese asunto. Hersilia le aseguró que en la cabaña real de Cures se guardaba un silencio total respecto al compromiso, lo cual la tranquilizaba por una parte y la inquietaba por otra. Tito pronto cumpliría dieciséis años y se habría de casar: el primer deber de un rey es engendrar herederos.
La repentina enfermedad de un anciano pariente había venido en ayuda de la joven, aun cuando fuera impiadoso pensarlo. Careciendo el enfermo de esposa y de descendientes, la propia madre de Hersilia, compadeciéndose de él, había decidido encargarse personalmente de su cuidado. Para no exponer a sus propias hijas a los peligros de un contagio ni tampoco abandonarlas en su casa al cuidado de sus siervos, había pedido ayuda a su hermana Licinia. Ésta había respondido enseguida invitando a sus sobrinas a Alba Longa, donde ella residía, y extendiendo la invitación a su otra sobrina, Artemis, hija de su hermano el rey de Cenina. Cambiar durante unos meses de ciudad y apartarse del problema inminente del compromiso matrimonial, era un inmenso alivio para Hersilia.
Ese día, tras haber permanecido más de un mes como invitadas de su tío el rey Acrón, sería el último que Hersilia y Emilia pasarían en Cenina. A la mañana siguiente, primera jornada del invierno, partirían para Alba Longa donde las esperaba su tía Licinia.


Los hermanos Gordio y Publio Quintili habían abandonado su cabaña del Palatino muy temprano y, llegados al pie de la colina del Capitolio, tomaron la vía Salaria y ascendieron por las pendientes de la colina del Quirinal. Alcanzada la cumbre, vieron a lo lejos el tejado de paja del santuario de Quirino y, al poco, a su amigo Rómulo que, acompañado por la inseparable Bona y procedente del extremo contrario de la vía. Se dirigía también hacia la puerta del santuario, donde habían acordado encontrarse para partir juntos hacia Cenina. Desde la distancia se observaron los muchachos mutuamente y valoraron con atención su aspecto: los escudos colgados con tiras de cuero a sus espaldas y las lanzas cruzadas en diagonal con las puntas asomando por encima de sus cabezas, les otorgaba una especie de aura. Sujetos a un cinturón ceñido sobre el manto de cuero, brillaban los cuchillos. Pese a empuñar sus cayados y a llevar los zurrones en bandolera, no parecían pastores, sino guerreros. Esa percepción los llenó de orgullo.
La alegría de los tres al reunirse fue inmensa, como si en lugar de unos días llevaran años sin verse. Se felicitaron unos a otros por su buena apariencia e intercambiaron noticias de los amigos.Bona daba saltos a su alrededor.
- ¿Habéis visto a Remo? ¿Sabéis algo de él? - preguntó enseguida Rómulo.
- Sabemos que los del Aventino no han hecho aun ninguna reclamación por los pastores muertos - dijo Gordio -. Tu padre está intranquilo.
- ¿Y Remo?
- ¿No lo conoces? - respondió Publio -. Según sabemos, pasa los días en el valle de Murcia y no parece preocupado. De momento no se ha acercado al Aventino, aunque es cuestión de tiempo…
- Ojala no se vuelva a acercar nunca, al menos mientras no se resuelva el litigio con Caius.
Tras estas palabras Rómulo sacudió la cabeza para apartar los pensamientos tristes. Cuando al día siguiente terminasen los ritos en honor de Angerona, pensaba regresar con sus amigos al Palatino para visitar a su familia antes de volver a la cabaña de la vía Salaria. Buscaría a Remo y charlaría con él, aún temiendo no ser bien recibido. No había vuelto a verlo desde que el sacerdote de Fauno se negó a aceptarlo en la comunidad de los adultos. Ojala no estuviera enfadado con él.
Ofrendaron a Quirino una copa de vino ante la puerta de su santuario, en cuyo interior, apenas seis días antes, habían depositado sus bullas infantiles. Ahora le pedían al dios protección antes de abandonar el Septimontium y el territorio latino para adentrarse en tierra sabina. Concluida la ofrenda y una invocación, los tres jóvenes se pusieron en camino.
Por delante mismo de la puerta de aquel lugar sacro pasaba una antiquísima senda: cruzaba las alturas del Quirinal, se hundía luego en un estrecho valle, remontaba entonces las cuestas del Viminal y, tras un nuevo descenso, alcanzaba la cima del Cisipo. Desde allí, cerca de donde hoy se encuentra el huerto de Mecenas y la puerta Esquilina de nuestra muralla, continuaba el camino en dirección a la ciudad de Colacia. En aquellos tiempos arcaicos el sendero atravesaba campos abiertos e incultos, poblados de matorrales y salpicados de bosquecillos de robles. Hoy el agreste camino se ha convertido en la vía Collatina y, como entonces, pasa por las proximidades de la ciudad de Cenina. Y os lo digo pues ésta ciudad ya no existe y pocos romanos recuerdan dónde estaba.
- Es temprano y disponemos de tiempo - dijo de pronto Gordio, mientras caminaban a buen paso - ¿Qué os parece si, en vez de ir como todos los demás por el camino, nos desviamos y acudimos a Cenina bordeando las orillas del Anio? Esta época lleva mucha agua.
- Buena idea. En realidad, no es preciso llegar antes de media tarde a la ciudad - respondió con entusiasmo su hermano Publio.
- Podríamos explorar las riberas - apuntó Rómulo con una sonrisa resplandeciente -. Hace dos días fui con mi hermano Urco al punto donde se cruza con la vía Salaria y arrastraba bastante caudal.
Decidieron pues llevar adelante la propuesta de Gordio. Retrasarían así su encuentro con otras personas del Septimontium, incluidos sus propios parientes, y ese viaje a Cenina resultaría aún más emocionante. Aquel río tributaba sus aguas al Tíber y en su recorrido trazaba sinuosidades, formaba recovecos y escondía peligros. Sí, muchos peligros. No en vano el río debía su nombre al rey Anio, quien se había ahogado en sus aguas tratando de rescatar a su hija, raptada por un bandido.

NOTA 1: Queridos amigos: este ha sido el capítulo 3 de la segunda parte. Quizá  os haya parecido que tiene un cambio brusco con respecto al anterior. ¡Tendréis que acostumbraros, porque ahora que los gemelos están separados el uno del otro, tendré que combinar escenarios distintos: el área de las riberas del Tíber y, de momento, la ciudad de Cenina. 
NOTA 2: no creáis que me dedico solo a Roma... Ja, ja. Aquí van las portadas de los dos cuentos infantiles de la Editorial Everest para los niños amantes del Valencia Club de Fútbol. ¡No hay nada como practicar deporte y hacerse aficionado desde la infancia!

27 comentarios:

virgi dijo...

Asombra tu capacidad y me llena de orgullo también al pensar en la oportunidad que tuve de conocerte.
Tienes una capacidad inmensa para recrear tantos escenarios, personajes, hechos, lugares.
No puedo sino descubrirme...y esperar próximos capítulos.
Y abrazarte, claro!

Isabel Barceló Chico dijo...

Ja,ja, virgi, me quedo, sobre todo, con tu abrazo. Besazos, guapa.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

¡Qué bellísimo lo que siempre escribes! Es un gran deleite este lugar.

Un abrazo,

Mentecato

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola mentecato, gracias por seguir pasándote por aquí y por tus palabras. Me anima mucho el saber que los lectores disfrutáis de estas aventuras. Un besazo

mariajesusparadela dijo...

Salvo en el orgullo de conocerte (porque no tengo el placer), firmo el comentario de Virgi.

Paz Juan Robledo dijo...

¡Ay, ay,ay, que estas tres muchachuelas han aparecido muy oportunamente... Y otros tres muchachos caminan hasta el punto donde ellas se encuentran... Y pueden pasar tantas cosas, que Cupido es caprichoso y ciego.

Me ha encantado lo de Alitas para llamar a un murciélago. Por cierto, ¿por qué uno de ellos es el emblema del Valencia.

Un beso enorme, Romana.

Bertha dijo...

Pero eso lo hace mas interesante que se vaya desarrollando entre dos escenarios la vida de los gemelos ahora que estan separados.

Muy simpáticas las portadas de estos cuentos.

Un abrazo feliz finde Isabel;)

MARÍA LUISA ARNAIZ dijo...

Imagino el encuentro de los hermanos pero ¿qué giro le darás tú? Espero.

PACO HIDALGO dijo...

La vida ha separado a los dos gemelos, tan unidos que estaban en un principio, pero así es la vida. Todo apunta a un reencuntro tremendo; esperaremos acontecimientos. Buen fin de semana, Isabel.

Patzy dijo...

Me encanta! Tú ni te imaginas, pero leyendo tus relatos me transporto a la historia de un sitio (ya sabes que eso es lo que hago en mi blog), y recorro, por ejemplo, la vieja colina del Quirinal, y de ahí paso al recuerdo del Palazzo Rospigliosi...y el origen de las estatuas del Palazzo Quirinale...y me viene a la mente todo el trabajo que me queda aun por delante, me pone ansiosa el sólo pensarlo! Je! Imagino cómo has de estar, Isabel, que encima nos sorprendes con lo de los cuentos infantiles...Vaya! Inagotable mujer! Gran abrazo!

yolanda carrasco dijo...

Este capítulo ha sido un deléite para mí, así que no te preocupes por el cambio brusco, me ha encantado la escena de las chicas.Como la tan acertada "Mi cabeza es como una madeja de lana en manos de un niño pequeño..." Magistral.Y como siempre en ascuas, esperando con impaciencia el nuevo capítulo.Un abrazo muy fuerte,Isabel.

Cayetano dijo...

Nuevos escenarios, nuevos personajes, esas chicas que aparecen... Me imagino que las piezas del puzle irán encajando según avance el relato.
Un saludo.

África dijo...

Buenoooo, novedades! Nuevos personajes! Me gusta! :D
Y me temo que nuevas aventuras por esa orilla del río peligroso.
Genial!

Y también lo de tus libros para niños. No me gusta el fútbol, pero para los niños debe ser agradable crear cualquier cosa. Seguro que a ellos les va a encantar. Enhorabuena!

Y ahora mis disculpas por tardar tanto, pero estuve de viaje y tengo, como todos los finales de temporada, muchas cosas que hacer antes del verano. Estrés! Aarrghh!


Un beso

Dyhego dijo...

UN SALUDO, ISABEL.
VALE.

VERONICA LEONETTI dijo...

Me ha encantado Isabel!
Mil gracias por crear esta maravilla y por compartirla.
Un gran abrazo!

Alejandra Sotelo Faderland dijo...

Magnfico los libros infantiles, quien hubiera dicho que de dedicarias a tales rubros? (eso seria como imaginarme yo escribiendo de ajedrez) incentivando al niño.
Y ya que estamos de niños, cuesta creer que casi niñas ya hablaran de matrimonio y demas, cuando en realidad estaban casi a la mitad de su vida, salvo casos excepcionales.
que pasara para enredar a estas tres jovenes con el viajero Romulo ya veremos y nos dejes en ascuas mucho tiempo!
p/D. ¿a veces te has devanado los sesos viendo las meras menciones en un documento de que hizo fulano o mengana, como serian (no fisicamente) en realidad, que clase de personas, que soñarian estas personas?
El momento mas feliz del dia, para mi hoy, es cuando me duermo....

La Dame Masquée dijo...

Madame se ha revelado muy polifacética!
Aguardamos los peligros y emociones de ese viaje en una historia que se desdobla en dos, como corresponde a unos gemelos.

Feliz fin de semana.

Bisous

Natàlia Tàrraco dijo...

Amiga mía, te comprendo, a lo largo de una novela se suceden acontecimientos que precisan cambios de escenarios según requiera el argumento, te seguimos sin problema, entusiasmada por las novedades, por estas charlas entre chicas e intrigada por las acciones que Romulo y sus compañeros se disponen a explorar. Besitos y ánimos con el fútbol base.

Hyperion dijo...

Hersilia enamora... tus personajes se pueden tocar, los lugares se pueden recorrer. Este fin de semana lo he hecho viéndolos con tus ojos. Ayer estuve en Fara Sabina (Arci) y tus palabras iban describiendo paisajes y personajes que me encontraba. ¡Qué distinto es saber de ellos y encontrártelos tal y como los describes! Gracias desde este clivus de la Subura y desde las alturas de mi Gianicolo por tus invitaciones a dirigir mi mirada y mis pies. Besos

Anónimo dijo...

Hyperion, que recuerdos me traes siempre. Fara in Sabina, ¡que lugar!, privilegiado en sus vistas y en su situación. Pasamos allí una mañana deliciosa y pensando en lo cercana que estaba Roma, esa Roma aún inexistente, pero muy cerca en línea recta. Yo tambien me enamoro de estos escritos de Isa, y ademas los ligo al recuerdo de algo vivido. Un abrazo.
Rafa

Isabel Barceló Chico dijo...

Gracias, mariajesusparadela. No nos conocemos personalmente, pero después de tantos años leyéndonos (y yo sentándome a tu mesa) es como si te conociera de toda la vida... Besazos.

Ja, ja, paz juan robledo, ¡menudo es el niño Cupido! Ya veremos qué ocurre... EStoy de lo más intrigada. Besazos.

Hola berhta, desde luego ahora, por fuerza, tienen que ser escenarios distintos y los habré de combinar. Espero conseguir que no se pierda nadie... Besos, guapa.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola maria luisa arnáiz, no sé lo que imaginas de ese encuentro, pero seguro que los gemelos no tienen ni idea de cómo será... Ja, ja. Besazos.

Hola paco hidalgo, íntuyo que tienes razón y el reencuentro de los gemelos será tremendo. Ya veremos... Besos.

Hola patzy, ni Roma ni Italia se acaban nunca, así que has de tomártelo con calma, pues de otro modo sería terrible. Sí, en el Quirinal, debajo del palacio Barberini, parece que estaba el santuario de Quirino al que me he referido. ¡Cuántos lugares de memoria! Besazos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola yolanda carrasco, es que las chicas siempre dan animación a cualquier historia, ¿no crees? Me encanta que disfrutes. A veces pienso que merece la pena todo el esfuerzo por proporcionarme/ros estos momentos de intenso placer. Besos.

Hola cayetano, eso espero yo también: que encajen todas las piezas. Pero sí, sí, ya se encargará Claudia Hortensia y su liberta Lálage de que así sea. Besazos.

Hola áfrica, efectivamente aparecen nuevos personajes y espero que también los amemos. Yo los quiero ya... Besazos y no te dejes dominar por el estrés, qué caramba.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola dyhego, gracias por tu saludo. Besazos.

Hola verónica leonetti/Artemis, me alegra que te guste cómo asoma tu personaje. La verdad es que yo los quiero a todos... Besos.

Hola alejandra sotelo faderlan, los niños son encantadores y se dejan seducir por las historias enseguida. A mi encanta escribir para ellos, aunque reconozco que no lo hago con frecuencia. En cuanto a tu pregunta de si me devano los sesos pensando en cómo serían personas del pasado a las que alguien cita, o que ellas mismas dejan alguna huella, te diré que sí. Me encanta imaginar cómo serían y luego las incorporo para siempre en mi memoria. Besos, querida amiga.

Isabel Barceló Chico dijo...

Saludos, la dame masquée, muy ciertas sus palabras al señalar la necesidad de ese desdoblamiento al tratarse de dos gemelos. Ay, pobrecillos, ellos aún no saben lo que les aguarda. Beso su mano, madame.

Hola natalia tarraco, en efecto estos muchachos (entre ellos uno de tus gemelos, que tanta preocupación te causan)irán por el río a Cenina y, a ver, a ver qué les ocurre. Esperemos que lleguen bien. Ja, ja. Besazos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola hyperion, gracias por enamorarte de estas muchachas, de esta Hersilia en una encrucijada que ella misma difícilmente puede resolver. Me fascina saber que tus ojos se extienden por aquellas llanuras onduladas que se ven desde Fara Sabina. Desde aquellas alturas, Rafa y yo nos preguntábamos hace un par de octubres (¿lo recuerdas?) cuánta distancia habría hasta Roma yendo a pie y en línea recta. Una pregunta que tenía su sentido, desde luego. Y qué hermoso es todo aquello, cuánta serenidad, qué horizonte tan amplio. Con tus palabras lo revivo, querido amigo. Un abrazo siempre agradecido, pues soy yo quien sigue tus pasos.

Hola rafa, cierto que fue una mañana deliciosa y una vista magnífica. Y Roma allá, en la distancia, sin ser vista... Inolvidable. Besos.