jueves, abril 28, 2011

VÍSPERAS DE UNA FIESTA



(I)

Cada año, a principios de la primavera, todas las ciudades del Lacio celebraban juntas la fiesta de Júpiter Latiaris en su santuario del monte Cavo, cuya imponente cima se alzaba no muy lejos de Alba Longa. Precisamente por ser ésta la ciudad más importante, a su rey correspondía fijar anualmente la fecha en que debía celebrarse el festival. La primera vez que el rey Amulio hizo uso de ese privilegio fue el año siguiente al derrocamiento de su hermano y su propio ascenso al trono de Alba Longa. Eligió celebrarlo el veintitrés de marzo.

Esa fecha quedaría grabada a fuego en el corazón de Rea Silvia y en el de todas las personas, humanas y divinas, que la amaban. Marcó un antes y un después, una transformación radical en su vida, aunque, como sucede con todos los cambios esenciales, ella misma no se diera cuenta hasta más adelante. No la protegió el padre Júpiter, aunque quizá el rey de los dioses no era el más indicado para velar por una doncella si es cierto, como se dice, que no sabía amar y para gozar de mujeres y de diosas recurría al estupro y al engaño. Mas no es éste el lugar ni el momento de reprochar la conducta de Júpiter, sino de dejar testimonio de cuán sola y desamparada estuvo Rea Silvia mientras miles de personas celebraban su fiesta.

¿Cómo es posible que ella viviera confiada? ¿Cómo es que no estaba alerta, en guardia siempre? Quizá porque apartamos de nuestra mente aquello que nos duele o nos confunde y lo sepultamos bajo un manto de olvido, la profecía de la adivina Celia se había borrado de su memoria igual que las olas borran las huellas de los cormoranes en la arena de la playa. Nadie en Alba Longa recordaba ya el vaticinio de Celia pronunciado un año antes: los nietos de Númitor vengarían los crímenes del usurpador rey Amulio y de su esposa. Pero el único hijo varón de Númitor había sido asesinado sin descendencia y su hija, Rea Silvia, había sido consagrada a Vesta. La virginidad de una vestal es sagrada y quien osa trasgredir esa norma es sancionado con la muerte, sin que puedan escapar a ese castigo ni la vestal, ni su amante. Era evidente que Númitor no tendría nietos. Y así, la profecía de Celia parecía de imposible cumplimiento y pronto Rea Silvia la olvidó.

En realidad, todos la olvidaron, todos creyeron estar a salvo. Ese error quedó resumido en la crónica oral de Urbano Lacio con palabras llenas de sabiduría: “No temían nada Amulio y Criseida,/ a quienes los augurios habían anunciado grandes males./ Pese a conocer las profecías, vivía serena la vestal Rea Silvia:/ ignoraba haber sido elegida por los hados/ para castigar la maldad de los usurpadores/ y así caminaba despreocupada hacia el futuro/ sin pensar que el destino/ para todos se cumple.”

¡Cuán cierto es que nadie se libra de vivir lo que el destino ha decidido! Ni el alejamiento, ni los sacerdocios, ni la mayor virtud, ni la infamia o la villanía nos libran de cumplir aquello que está escrito. Quizá, siendo conscientes, podemos prepararnos. Pero ¿qué reproches podríamos hacer a esa muchacha, que en su inocencia y bondad no podía imaginar más horrores? Tras las terribles horas que siguieron al asesinato de su hermano, al brutal destronamiento su padre, el rey Númitor, y la acusación que la había puesto a ella misma en riesgo de perder la vida, todo a su alrededor se había serenado. Consagrada a Vesta por su tío, el nuevo rey Amulio, se sumió en la penumbra sosegada de la casa de las vestales y se entregó al servicio de la diosa.

Mas sea cual fuere la debilidad de la memoria, o el aturdimiento propio del corazón humano, o su ignorancia, lo dispuesto por los hados sigue su curso y se cumple con inexorable precisión. Y me pregunto – con la perspectiva que nos dan los más de siete siglos trascurridos – si no se equivocaría en su juicio nuestro cronista oral Urbano Lacio. Según sus palabras, Rea Silvia habría sido un instrumento para castigar a Amulio y su esposa. Y, sin embargo, intuyo que fue todo lo contrario: Amulio y Criseida fueron los instrumentos de los que se valió el destino para preservar la virginidad de Rea Silvia y reservársela a un dios. También para forjar su alma en las adversidades y hacerla fuerte y resistente. Era a todas luces necesario que Rea Silvia desarrollase una gran fortaleza de ánimo, pues de otro modo no hubiera sido elegida para gestar en su vientre una estirpe divina.





Ya desde la víspera de la fiesta las calles de Alba Longa se desbordaron de visitantes. Los rediles se quedaban pequeños para acoger a tantas ovejas y cerdos, y sus balidos y gruñidos llenaban la ciudad de música campesina. Los zurrones rebosaban de quesos y por todas partes se amontonaban recipientes de madera y de barro para llevar al santuario las ofrendas de leche. Muchos pastores se acomodaron en las cabañas de sus parientes, pero otros habrían de dormir a la intemperie y, para darse calor, encendieron hogueras en las calles, en torno a las cuales se sentaban hombres y perros. Circulaban entre ellos tortas de harina, vino de los viñedos que se criaban en el Lacio y durante toda la noche se escucharon historias, canciones y risas.

Fáustulo, el mayoral de los rebaños del rey Amulio, se había presentado en la cabaña real a media tarde para informar a su señor de la llegada de sus hatos y pastores a Alba Longa. Solían pastar lejos de la ciudad, en la gran planicie que se extendía por el noroeste hasta las orillas del río Tíber. Había cerca de sus aguas un grupo de colinas escarpadas y boscosas a cuyos pies tenía él su cabaña, desde donde supervisaba el trabajo de los demás pastores, diseminados por los prados extensos. No muy lejos estaban también las propiedades, criados y rebaños del antiguo rey Númitor, quien tras su derrocamiento se había retirado a vivir en aquellas soledades por exigencia de su hermano Amulio.

Con Fáustulo habían venido a Alba Longa su esposa Acca Larentia y algunos de sus hijos. Catorce había alumbrado esta matrona, aunque sólo la mitad había superado la primera infancia. Pese a contar con alojamiento junto a los establos reales, Acca, igual que numerosas familias, había preferido quedarse fuera de la muralla, en la explanada donde se celebraba el mercado. No era una mujer corriente: amaba la libertad de los campos y desde su niñez disfrutaba recorriéndolos. Conocía como la palma de su mano las colinas junto al río, las quebradas, los valles y las hondonadas donde a veces, en el suelo embarrado y pantanoso, se atascaban las ovejas. Suyo era el aire límpido de las cumbres y el sonido agudo que a veces jugaba a estampar contra las rocas para escuchar la respuesta de la ninfa Eco. Había en ella algo selvático y generoso, un ansia de libertad irrefrenable.

Quizá por eso otras matronas despreciaban su reputación y la criticaban. ¿Y qué, si en su juventud había regalado las delicias de su cuerpo a quien había querido? Dichosa ella, que había sabido y podido gozar de los placeres más elementales siguiendo su propia voluntad, ejerciéndola cuando, donde y con quien le había placido y no como esas otras mujeres sujetas y aherrojadas desde la pubertad por el matrimonio. Ella decidía sobre su vida y sobre su cuerpo. Y así la amaba Fáustulo: libérrima y hermosa como era, indomable y leal. El marido no prestaba oídos a las habladurías, ni a las críticas, ni a quienes, a veces, rehuían a su mujer tachándola de prostituta. Desde hacía años compartían la vida y cada cual aportaba lo suyo: ella su naturaleza exuberante y vital, y él su prudencia, ecuanimidad y una sabiduría profunda destilada gota a gota.

Desde hacía unos días Acca Larentía sentía los senos tensos y un ligero malestar. Quizá estaba encinta. Dudaba si decírselo a su marido o esperar a estar segura, cuando Urbano Lacio pasó ante la hoguera donde ella se calentaba y se detuvo, asombrado. Veía brillar sobre su cabeza una chispa de fuego. Lo extraño era que había visto otra igual flotar como una nube incendiada y diminuta sobre la casa de las vestales. ¿Qué significaría? Lejos estaba el cronista oral de intuir el drama que iba a involucrar a la vestal Rea Silvia ni el papel que jugaría Acca Larentia. Intrigado y perplejo, se retiró a su casa.

Aquella noche muchas personas vieron resplandecer sobre Alba Longa una doble luna llena, redonda y tersa como dos pechos.

34 comentarios:

Mayte dijo...

Isabel, he llegado hace unas horas y he visto tres correos avisando de las maravillas que he dejado tras mi descanso. He vuelto a vibrar, disfrutar y sentir el destino que palpita como agua tibia sobre el agua. Impaciente ya estoy esperando por la siguiente entrega, mientras tanto te dejo un gran abrazo...gracias por regalar estos momentos para mi deliciosos. ;)

Freia dijo...

Brillante, querida Romana. Uno se bebe los capítulos sin apenas darse cuenta, llevado por tu prosa clara, precisa, elegante.
Una nueva etapa parece que va a iniciarse en la vida de mi querida Rea Silvia. Le deseo toda la fuerza, el valor y la ayuda del mundo.

Por cierto, ¡qué hermosa la descripción de Acca! (a mí me ha recordado muchísimo a nuestra querida librera, la que siempre anda con historias). Hermosas mujeres siempre las tuyas. Fuertes, leales, generosas y libres.

Un abrazo muy fuerte, Isabel y que Flora te vista de color de arriba abajo y, con él, de alegría. Las musas siguen pegaditas a tu lado.

virgi dijo...

Mi niña, te mejoras a medida que escribes. De veras que este comienzo es espléndido, el ambiente festivo, el lugar, los personajes, todo se conjuga para crear un ambiente que entra por los sentidos.
Ya estoy enganchada...mejor reenganchada...
Mi admiración te abraza.

camilia dijo...

Muchas gracias Isabel por reanudar la historia.Seguiremos expectantes la genial 2ª parte de la fundación de Roma,promete mucho y seguro que al igual que la 1ª es una delicia.Besos.

mariajesusparadela dijo...

Precioso, Isabel.
Inmejorable.

Elysa dijo...

Que belleza, Isabel. Me he leído esta nueva entrada con avidez y deseando que no terminara.
Estaré pendiente de más...

Besos.

PD: El enlace perfecto.

fgiucich dijo...

El introito es generoso y nos promete un largo relato lleno de situaciones misteriosas, intrigas y, tal vez, alguna que otra venganza. Muy prometedor, amiga. Abrazos.

Isabel Martínez Barquero dijo...

El destino siempre se cumple, el fatum es inexorable y parece ser que la entrada de la primavera trae sorpresas para Amulio y Criseida y, por supuesto, para para mí, la despreocupada y virginal Rea Silvia.
Los augurios se huelen en el aire de fiesta, en medio de esa generosa descripción de la matrona llena de energía vital que se presupone encinta. Las dos llamas, una en su cabeza y la otra en la mía, así como las dos lunas me sumen en una gran incertidumbre. Los signos han aparecido. La suerte está echada. Espero que mi alma sea lo suficientemente fuerte para los acontecimientos que me aguardan.

Isabel querida, un capítulo magnífico que nos sitúa de lleno en el nuevo espacio temporal de la historia, transcurrido un año de la usurpación del trono de Alba Longa.
He disfrutado mucho en su inicio, donde se recrea la idea romana del destino, ese destino inamovible para ellos. La desarrollas y ligas al personaje de Rea Silvia con maestría, la voz de la narradora que advierte del peso de las estrellas para quien será madre de los fundadores de uno de los más grandes imperios que ha tenido la Tierra.
También he gozado con la descripción festiva y con Acca, esa mujer plena, dueña de su vida y de sus actos, inmune a las estúpidas murmuraciones. Y bravo también por su marido, un hombre moderno sin duda.

Esto promete.
Un grandísimo abrazo.

Dilaida dijo...

He gozado con este nuevo capitulo. Es estupendo Isabel, gracias.
Bicos

elena clásica dijo...

Ave Segunda parte de la Fundación de Roma! ¡Los que vamos a disfrutar te saludan!
Salve Júpiter Latiaris! Estamos celebrando tus fiestas.

Mira quiénes hacen su aparición: mis buenos amigos, Fáustulo y Acca Larentia y con qué empujen llegan a Alba Longa. Se intuye ya la unión de sus vidas a la de Rea Silvia, al destino de Roma. Los presagios, la chispa de fuego que contempla Urbano Lacio, la doble luna llena, aparecen como símbolosm místicos, llenos de poesía de los designios del destino sobre los hombres.

Fantástica la libertad de Acca Larentia y la permisividad de Fáustulo, ejemplo de tolerancia aun para nuestra sociedad.

Nos parece sorprendente como todos somos capaces de olvidar algunos momentos terribles. Ciertamente no tiene nada de malo, necesitamos hacerlo para vivir en paz y continuar adelante. Si bien la profecia lanzada por Celia al rey usurpador Amulio y a Criseida habrá de cumplirse con la certeza de lo que ha sido escrito en la esfera del pasado y del futuro.

Abres con fuerza, querida Isabel. Belleza pura tu narración. Poesía y alma en esta primera entrega de la segunda parte. Como siempre las pinturas, esculturas, fotografías de las que te acompañas son una auténtica delicia.

Besazos, Isabel querida.

El Drac dijo...

Como logras darnos una pincelada de los personajes es algo para sonreír de gusto, porque los logro ver!!! Me llamó particularmente la atención el que menciones los pechos tensos y el ligero malestar imaginé imediatamente un escozor, porque tuve la suerte de tener con mi esposa dos hijos. Lo que si me dejó pensando es como se repite una figura que nos acompaña hasta la actualidad que he dado por sentado que así ocurría por aquel entonces (corrígeme si estoy equivocado) y es que hay varones que minimizan el variado pasado de sus parejas, aunque es muy difícil (por no decir imposible) domeñar (hacerla de casa) a una de estas mujeres. Lo único que puede hacerlo (tal vez) sea la vejez y el tiempo) Un abrazo Isabel, eres una escritora estupenda!!

Anónimo dijo...

Isa, realmente precioso y muy poético. Besos. Rafa

Natàlia Tàrraco dijo...

!Saaaalve! amiga Isabel, te saludo contenta y alegre.
Después de presentarnos esos soplos de futuro que Destino, implacable, se dispone a ejecutar,
tras la vida sosegada que lleva Rea, inocente y confiada, se intuyen venideros acontecimientos.
!Salve! repito, por esta doble luna simbólica, como pechos lácteos y luminosos.
!Salve! Acca, me gusta ser como soy, libre, lozana, disfrutando de la vida sin remordimientos, amando al amor y a los bosques, los campos, en compañía del esposo perfecto, Faústulo, fiel, laborioso, que me quiere sin reproches y me acepta como soy, al cual amo porque no podría soñar compañero más dulce. Nada me importan las mezquinas críticas, soy libre y generosa, pronto voy a demostrarlo.

Isabel, no nos defraudas, te sigo inmersa en mi papel que acepto porque me va cual guante. En cada una de tus palabras derramas lirismo e intensidad, un dominio del contexto histórico sin abusos, sábiamente incluido en la trama, dejándonos, o cruel, con la incertidumbre abierta.

Te sigo, lo ves, viniendo desde las Cruzadas a esta época en los albores de la fundación, me encanta viajar tiempos.
Besito cariñoso, he podido comentarte aquí, porque el aparato así lo consiente !caprichoso trasto! me alegro, que dure.

La Dame Masquée dijo...

Madame, con qué bríos vuelve usted y en qué momento vuelve a dejarnos, con esa amenaza de drama!
Creo que estamos a punto de llegar a un momento cumbre, y estoy deseando leerlo.
El rey Amulio casi elige el día de mi cumpleaños para la fiesta de Jupiter. Tengo la impresión de que no nací en día muy fausto, vaya por dios. Bueno, tal vez esas cosas cambien con los milenios!

Me encantan esas ovejas posando para la foto :)

Feliz fin de semana, madame

bisous

Odiseo de Saturnalia dijo...

No hubiera nunca podido imaginar Alba Longa, sin haberte leido antes...

RGAlmazán dijo...

Querida amiga narradora, no me gusta mucho el camino que esto está tomando. A decir, por lo que se intuye, algo gordo va a pasar en favor de Rea Silvia que puede hacer peligrar mi poder, ahora que se está consolidando.
Espero no tener que invocar a los dioses para que tuerza la mano que quiere cambiar el destino y hacerme bajar del caballo del poder.
Así es que, ojito, que estoy al loro, y cuidadín, que mi venganza puede ser terrible, y si me apuran, llamo a Criseida.

El magnífico y grandioso rey Amulio.

Salud y República

Cayetano dijo...

Que algo gordo va a ocurrir eso está claro. Lo que ya no está tan claro es el vínculo entre la casquivana compañera del pastor y nuestra vestal amiga. El tiempo y el relato lo dirán. Mientras, seguiremos atentos al desarrollo de la historia.
Un saludo.

África dijo...

Me ha encantado esta introducción a la segunda parte. Ya ha pasado un año! Estoy segura de que las profecías se cumplirán, pero no tengo ni la menor idea de cómo nos lo harás saber! :D
Maravilloso capítulo. Da gusto leerlo.


Un beso

almena dijo...

Isabel, cuanto más te leo más admiración me despiertas.
Tienes el don de aunar un texto impecable y un argumento difícil, complicado, pero tan ameno y tan atractivo de leer...
Una gozada.

Pues eso, que despiertas mi admiración.
Y mi envidia (malsana) jajajaa

No en serio. Para quitarse el sombrero. Mi enhorabuena entusiasta.
Y este abrazo

xixe dijo...

Sigo impresionado con este blog. Mi pregunta es ¿son historias reales o inventadas por su autora ? Saludos.

Alejandra Sotelo Faderland dijo...

Bueno, aca estamos de nuevo. Se habra confiado Rea Silvia? No creo, mas bien se habra adaptado a las circunstancias o habra recortado con que cosas del pasado se quedaba y con cuales no.
Aunque a decir verdad, eso de estirpe divina hoy dia no se lo traba nadie... mas bien un mozo de buen ver algo achispado por la fiesta y el placer de lo prohibido, pero claro cuando empezaron a recrear su historia no se iban a andar con chiquitas y tenian que emparentar con los dioses directamente...
En cuanto a los personajes, Acca a pesar de los años que tiene -calculando que tuvo tantos hijos- de alguna forma, quizas el ejercicio al aire libre la mantiene en buena forma como para seguir alimentando deseo y murmuraciones.

Elena Gallardo dijo...

Hola Isabel,
Preciosa mujer esa Acca que describes. Esperemos que su destino sea feliz...
Muchos besos

Joanna dijo...

Que bien, empieza el segundo capítulo!!!!! genial como siempre.

Daalla dijo...

Magnífico, como siempre. Disfruto mucho con la lectura de tus relatos.
Un abrazo

Isabel Romana dijo...

Querida mayte, me hace feliz saber que estás disfrutando de esta historia y la sientes muy próxima. ¿Cómo no iba a ser así, si formas parte de ella? Un abrazo muy fuerte.

Hola freia, sí, nuestra librera tiene un espíritu indomable y una voluntad de hierro, como la noble Acca Larentia (nobleza de corazón, que es la única que tiene valor). ¿Cuántas personas como ella nos han precedido en la vida? Muchísimas, estoy convencida, aunque sus vidas no hayan pasado a la historia. Esa es una gran injusticia que, en la diminuta medida a mi alcance, trato de compensar. Veremos qué pasa con Rea Silvia... Un abrazo muy fuerte.

Saludos, virgi. Ay, toda mi preocupación es acertar con el enfoque, con las palabras, con el ambiente... Me alegra que te encuentres cómoda en él, como en tu casa. Un abrazo enorme.

Isabel Romana dijo...

Hola camilia, me alegra saber que estás ahí, pendiente de esta historia. Ese es para mí el estímulo principal, saber que estáis, que leeis, que disfrutáis y os emocionais con las vivencias de estas mujeres que nos son tan próximas... Un abrazo.

Ay, mariajesusparadela, no me digas que es inmejorable, porque entonces me entra la angustia de pensar que lo siguiente habrá de ser peor... Un besito muy fuerte, guapa.

Ja, ja, elysa, así estoy yo también, pendiente de la continuación... Besazos.

Isabel Romana dijo...

Hola fgiucich, venganzas seguro que las hay, sobre todo porque así lo quieren los dioses que, por su naturaleza (y por lo que parece) son vengativos. Un abrazo.

Hola isabel martínez barquero/Rea Silvia, cierto que los presagios están ahí pero Rea Silvia, aun cuando los supiera interpretar, aun cuando fuera consciente plenamente, no podría hacer nada para evitar que ocurra lo que ha de pasar. No está en manos de nadie, ni siquiera de los dioses, torcer el destino ya trazado. Lo que sí cabe es afrontarlo con mayor o menor fortaleza. Y eso es así antes como ahora ante determinadas cosas que nos manda la vida. Te harás fuerte, muy fuerte. Un abrazo y mucho ánimo, querida Rea.

Hola dilaida, gracias por tu fidelidad y por dejar siempre tu huella aquí. Eso me anima. Un abrazo.

Isabel Romana dijo...

Saludos, elena clásica, protectora Silana. Cierto que entran con fuerza Acca Larentia y Fáustulo, ambos personajes clave en los orígenes de Roma, aunque quizá no siempre tan reconocidos como debieran. Acca es pura fuerza que no quiere contenerse, pasión, fuego, pero también sensibilidad y conexión con la naturaleza. En cuanto a Fáustulo es, verdaderamente, un hombre cabal. En todos los tiempos los ha habido, creo yo y prueba de ello es esta misma historia. Un abrazo muy fuerte, guapa.

Hola el drac, gracias por tus palabras. Creo que en Fáustulo encontramos un profundo respeto por el ser del otro y no un afán de imposición. Es, desde esa perspectiva, un hombre ejemplar. Si abundaran los hombres como él, seguramente el mundo sería un lugar mucho más hospitalario para las mujeres. Un abrazo muy fuerte.

Gracias, Rafa, me das ánimos. Besos.

Isabel Romana dijo...

Ja, ja, natalia tarraco, también yo creo que este personaje de Acca Larentia te va como anillo al dedo. Eres puro fuego, y al fuego no se le contiene: huye, se alza al cielo, devora, nos regala sus beneficios si lo atendemos bien y sabemos custodiarlo. Fue un regalo de los dioses, no hay que olvidarlo. Como la libertad... Un abrazo muy fuerte.

Ja ja, la dame masquée, usted nació en un dia muy fausto para todos los que la seguimos, se lo aseguro. En cuanto a esas ovejas, posaron para Isabel la del Costurero, y ella debió hechizarlas porque ahí están mirándola con tantísima atención... Besazos.

Hola odiseo de Saturnalia, y yo que no me hubiera imaginado nunca Alba Longa sin la querida Rea Silvia... Un abrazo.

Isabel Romana dijo...

Sí, si, rgalmazán, tu vete confiándote en que algo bueno le va a pasar a Rea Silvia, que ya verás... ¿No has oído nunca eso de que "el que a hierro mata a hierro muere" o "La venganza es un plato que se come frío". Ah, claro, que a lo mejor en tu tiempo esas cosas no se decían. Pues, hale, guapo, estate alerta, que los hados han escrito lo que han escrito (y vosotros aún no sabíais leer) y no hay quien te libre de lo que te espera. Besotes.

Ahí está la gracia, cayetano, que no sabemos los vínculos que tenemos con otras personas hasta que, de pronto, salen a la luz... Un abrazo, pastorcillo.

Hola áfrica, tu intuición no te falla... Algo ocurrirá, seguro. Y es para echarse a temblar. Un besazo.

Isabel Romana dijo...

Hola almena, como la narradora eres tú, gran parte del mérito es toda tuya. Me hace feliz saber que disfrutas, porque eso es para mí lo más importante, la razón de contar historias. Besazos, guapa.

Hola xixe, cuánto tiempo sin visitarnos... La mayor parte de las entradas de mi blog son de mi autoría, cuando no es así lo hago constar, indicando el autor y, en su caso, el traductor. En cuanto a esta historia que estoy narrando, es la reconstrucción de los mitos fundacionales de la ciudad de Roma. Para ello me apoyo, como es lógico, en los mitos existentes (de los que hay muchas versiones) y en lo que se conoce a través de las investigaciones históricas y arqueológicas. Besitos.

Hola alexandra faderland, cierto que, como dices, no es fácil creer en la estirpes divinas en nuestros días, y sin embargo, millones de personas mantienen su fe en religiones que se fundamentan en nociones como esa. Luego seguramente no debe ser tan difícil creérselas... En cuanto a Acca Larentia, tienes razón al señalar que la vida en la naturaleza ha debido fortalecerla. No era extraño que en la antigüedad se valorase mucho la fertilidad de las mujeres, quizá por eso a ella le atribuyen tantos hijos, es una forma de ensalzarla. Por mi parte, y dada su reputación, he optado por presentarla como una mujer aún deseable para los varones. En algún momento remoto las mujeres fueron libres de amar a quien querían, como ella. Besitos, guapa.

Isabel Romana dijo...

Hola elena gallardo, supongo que Acca alcanzaría sus pequeñas dosis de felicidad y sus muchas de penas y decepciones, como todas nosotras... Besitos.

Hola joanna, me alegra que te haya gustado este comienzo. Para mí siempre hay una duda colgando sobre mi cabeza, como la espada de Damocles. Besos.

Hola daalla, gracias por pasarte por aquí, se lo muy apurado que vas de tiempo. Es un placer saber que te gusta. Besos.

Isabel dijo...

Muy buen comienzo de la segunda parte. Me gustan mucho las descripciones de las distintas mujeres.

Y las ovejitas, me alegra que formen parte también.

Un fuerte abrazo.

Dolors Jimeno dijo...

¡Vaya principio! He tardado en leerlo por diversas circunstancias, pero ha valido la pena. Es extraordinario. Como han dicho en otros comentarios "esto promete".
D.