lunes, mayo 27, 2013

LLEGA EL SOLSTICIO DE INVIERNO


 

 En la fiesta de los lupercos, con la que terminó la primera parte de la historia de Remo y Rómulo, los gemelos quedaron separados: Remo no fue admitido como adulto y se quedó como iniciando en las faldas del Palatino. Rómulo, que sí ingresó en la sociedad de los adultos, se fue con su hermano Urco a la cabaña de la vía Salaria para apartarse de los pastores del Aventino, seguramente ansiosos de venganza.


 De todos los días del año, el más angustioso, peligroso y triste es el 21 de diciembre, solsticio de invierno. En esa fecha, como muy bien sabéis, el sol parece estar a punto de ser derrotado por las sombras: su luz es pálida y breve en tanto la oscuridad de la noche se hace interminable, densa, cerrada, como dispuesta a impedir al sol volver a imperar sobre la tierra. Están los campos apagados y mustios, los árboles reducidos a la desnudez, animales y seres humanos constreñidos a permanecer al resguardo de sus madrigueras o sus cobijos, las aguas quietas apresadas por una capa de hielo. ¿Quién no ha sentido alguna vez la angustia de esos días, la sensación de estar aplastado por la pesadumbre, atormentado por el temor, casi inevitable, de no ver nunca más amanecer?
Quien nos ayuda a transitar con bien por la noche más larga del año es la diosa Angerona. A ella nos acogemos con súplicas y sacrificios en su altar de la capilla de Volupia, en la misma esquina en la cual las raíces del Palatino abandonan el Velabro para mirar al Foro. La imagen de Angerona permanece con la boca vendada y un dedo puesto sobre ella para imponer silencio. Mas no es el mutismo de la muerte, como algunos parecen creer, o una admonición a las mujeres ordenándoles mesura para evitar palabras banales o dañosas. La diosa nos invita a un silencio potentísimo en el cual el pensamiento, la voluntad, la palabra no dicha, se concentran y generan una inmensa energía capaz de salvar al sol del peligro de ser vencido por las tinieblas.
En la remota época de la cual hablamos no existía el altar donde ahora veneramos a la diosa. ¿Qué hacían entonces los habitantes del Septimontium para conjurar un peligro tan inmenso? No lo sabemos con certeza. Las noticias más antiguas cuentan que Rómulo fue a Cenina, con otros muchachos y personas importantes del Septimontiun, para ofrecer un sacrificio en beneficio de la comunidad. Ni siquiera Urbano Lacio aclara a qué divinidad o con qué finalidad concreta se realizaba el sacrificio. Mas yo, por mi parte, me pregunto: ¿por qué razón nuestros ancestros habrían de hacer el sacrificio en una ciudad perteneciente a los sabinos y no en cualquier otro lugar dentro del territorio latino? Y, por otro lado, ¿qué otro rito más importante podrían hacer los jóvenes recién incorporados a la vida adulta, que suplicar y propiciar a la diosa Angerona en esa noche fatídica? Si en Cenina, como sospecho, contaban con un altar dedicado a esa diosa, no sería extraño que la juventud de varios pueblos y lugares se concentrara en torno a él para honrarla y, con el esfuerzo aunado de todos, alcanzar el prodigio del triunfo solar.
Amaneció pues aquel 21 de diciembre iluminando un cielo ceniciento sobre las riberas del Tíber y los amplios territorios a su alrededor. Para Rómulo, sus amigos Quintili y los demás muchachos que habían superado la iniciación era una jornada inquietante y gozosa a la vez: inquietante por la gran responsabilidad que recaía sobre ellos; gozosa por ser el primer acto en el cual oficiarían ellos mismos un sacrificio en representación de su comunidad. Así se veía refrendada su capacidad para ejercer como sacerdotes, intermediarios ante las divinidades. Ese estado de turbación y gozo había sido común a muchas generaciones de habitantes de aquellos parajes. Ese año, sin embargo, quedaría grabado en la memoria de muchas personas, pues justo el día del solsticio de invierno se precipitarían los acontecimientos cuyo curso daría lugar a un cambio radical en muchas vidas. Habría un antes y un después, quedaría signado un hito indeleble en nuestro devenir.


Las primeras luces del alba dibujaron el perfil de la cabaña de la vía Salaria donde se desperezaba Rómulo. Su interior era muy confortable pues aunque no la utilizaran de manera permanente, estaba ocupada la mayor parte del año. Allí se alojaban Fáustulo, Urco o las personas por ellos enviadas para supervisar los rebaños del rey Amulio que pastaban en las llanuras al norte del Septimontium. Bien equipada y mantenida, sin ser grande resultaba cómoda y agradable. Rómulo había encontrado en ella y en su hermano Urco un buen refugio donde asimilar los últimos acontecimientos. La soledad y tranquila belleza de aquellos parajes contrastaban con la agitación y nerviosismo de sus últimos días como iniciando; por otra parte, las conversaciones con su hermano le habían dado serenidad y orientación para reflexionar sobre lo sucedido.
El día de la fiesta Lupercalia Rómulo había recibido un doble golpe: el desprecio manifestado hacia él por su hermano Remo, al dejarle sin la carne del banquete, lo había herido profundamente; no se creía merecedor de una humillación semejante. Más difícil le resultaba aceptar que su hermano por quien sentía, además de afecto, una admiración sin límites, no hubiera concluido su iniciación, rechazado por el sacerdote de Fauno. ¿No era la persona más fuerte, más valiente, más hábil en la carrera, en la lucha, en el manejo de las armas?
Con paciencia y buenos argumentos le había hecho comprender Urco la insuficiencia de esas virtudes para quien ha de vivir en sociedad con otros seres humanos. El valor es necesario, sí, pero ha de estar al servicio de una causa noble; lo mismo cabe decirse de la fuerza, pues si su uso no está presidido por un sentido de la justicia, ¿en qué se diferenciaría una buena persona de un malhechor? También los bueyes y los lobos son fuertes, pero ¿acaso esperamos de un hombre que se comporte como esas bestias?
Durante las largas veladas junto al fuego, obligadas por la brevedad de la luz diurna, Rómulo se hizo poco a poco consciente de su propia situación respecto a su hermano Remo. Aun cuando su amor por él no hubiera disminuido un ápice, aunque le seguía reconociendo superioridad en muchas destrezas, él mismo lo aventajaba en otras: era ya un adulto y como tal reconocido por su comunidad. Quizá su conducta no era tan errada como había creído; su instinto al buscar la moderación y el respeto a los dioses era acertado. Así, durante los seis días transcurridos con Urco, su corazón y su espíritu habían encontrado paulatinamente la calma.
Cuando aquel 21 de diciembre abrió del todo los ojos, Rómulo recordó que por fin había llegado el día tan esperado. Y no sólo porque celebraría un sacrificio en Cenina con sus demás colegas de iniciación. Cuando terminaran esos ritos al día siguiente, se acercaría al Palatino a ver a su madre antes de retornar a esta cabaña.
Cuando se puso en pie, Urco ya tenía preparado el desayuno y le tendió un cuenco humeante.
- Siento muchísimo no poder acompañarte a Cenina, hermano - le dijo con cierta pesadumbre, mientras bebían el caldo sentados ante el hogar.
- También a mí me hubiera gustado tenerte cerca - respondió Rómulo -. Pero comprendo que debas esperar a tu amigo.
- No tengo más remedio. Llegará hoy o mañana, pero urge darle el recado enviado por su familia. ¡Urbano Lacio y yo estamos condenados a no permanecer juntos mucho tiempo! Nos conocimos poco antes de tu nacimiento ¿sabes? Desde entonces él no había vuelto al Palatino y tenía intención de quedarse unos días conmigo ahora, al regresar de Cures. No podrá ser.
- Peor sería que su padre muriese en su ausencia…
- Por eso no perderemos tiempo. En cuanto Urbano llegue, nos pondremos en camino hacia Alba Longa. Lo acompañaré, no me gustaría que viajara solo y con tanta preocupación. Según el mensajero, su padre está ya agonizante. Díselo tu mismo a nuestro padre, pues él espera verme en Cenina y puede preocuparse mucho si no me ve. Últimamente se alarma por todo…Pero hablemos ahora de cosas más alegres. ¿Tienes ya todo preparado?
- Sí. En cuanto avance un poco el día iré al santuario de Quirino a encontrarme con mis amigos Quintili. Desde allí emprenderemos juntos el camino a Cenina. Gordio ya ha ido con anterioridad y dice que si vamos a buen paso llegaremos pronto. Cuéntame, ¿es grande Cenina? ¿Se parece al Septimontium?
Entonces Urco se explayó hablándole de esa ciudad, nacida sobre un montículo cerca de las riberas sabinas del río Anio y gobernada con mano sabia por el rey Acrón.


También Acca Larentia se había levantado al alba en su cabaña del Palatino y había pensado en Remo. Salió a la puerta. El día más corto del año había amanecido oscuro, plomizo, con nubes bajas y asfixiantes que amenazaban sofocar su corazón, cargado ya de negros presagios. Los laureles de la cima del Aventino agitaban sus ramas como si la saludaran, o como si quisieran burlarse de ella. No oía el viento ulular entre sus ramas, pero su corazón intuía un son oscuro. La morada de Jano, en cambio, parecía inmóvil y silenciosa, expectante, como si el dios aguardara algo.
Entró en la cabaña y, casi instintivamente, se dirigió al rincón donde tenía los enseres de cocina, sobre los cuales, colgada de un gancho en la pared, había puesto a resguardo la bulla de Remo. Tres días les había costado a Fausta y a ella encontrarla, enredada en las ramas altas de un mirto, después de que el muchacho, lleno de ira, se la hubiera arrancado del pecho y arrojado por el aire. La había recuperado con la esperanza de convencerlo de la necesidad de colgársela otra vez del cuello, pero habían pasado ya seis días desde aquel infausto episodio y no había conseguido ver a su hijo. Cogió la bulla, la apretó contra su pecho y luego la besó.
Su pensamiento voló entonces a Rómulo. Tampoco lo había visto después de la fiesta Lupercalia, pues se había marchado con Urco a la cabaña de la vía Salaria. No temía por él, aunque sabía cuánto estaba sufriendo por lo ocurrido a su hermano gemelo, a quien quería profundamente. Eran iguales en muchas cosas y muy diferentes en otras. Sin saber el motivo, recordó sus propias palabras cuando Fáustulo les dio nombre a cada uno de ellos. Le surgió de manera espontánea decir que Remo estaría muy unido a la tierra. En cambio, a Rómulo le auguró éxito en el arte de la palabra y en el de las armas. Qué extraño y lejano le parecía todo aquello y qué poco acertada su inspiración, pues Remo superaba a Rómulo en el manejo de las armas y en otras habilidades guerreras. Habían sido tiempos gozosos, pero ¿se habrían equivocado Fáustulo y ella al creer que los gemelos estarían a salvo para siempre?
Volvió a sentir una fuerte opresión en el pecho. Ahora el peligro era doble, pensó de pronto con gran sobresalto: Remo seguía correteando por el valle de Murcia, al alcance de los pastores del Aventino y de su jefe Caius, quien aún no había mandado ningún mensaje a Fáustulo para pedir compensación por los hombres muertos en la refriega del valle; por otra parte, Rómulo estaría ya de camino hacia Cenina, donde participaría esa misma noche en un sacrificio con los demás jóvenes del Septimontium recién incorporados a la vida adulta. A esa ceremonia concurrirían artesanos, comerciantes, pastores y gente noble de muchos lugares, tanto de la tierra sabina, a la cual pertenecía esa ciudad, como de pueblos albanos. Quizá, incluso, enviaría representantes la propia ciudad de Alba Longa. ¿Y si alguien lo reconocía?
Sus ojos estaban llorosos cuando entró en la cabaña su marido Fáustulo, quien venía a recoger lo necesario para acudir él mismo a Cenina. Tras mirarse unos instantes, ambos cónyuges se abrazaron.
“Lágrimas negras derramó Acca Larentia./ Oscuros presagios atenazaban a Fáustulo./ Quienes guardan en su corazón un secreto/ viven inevitablemente bajo la amenaza del desvelamiento”, dejó dicho Urbano Lacio.

NOTA: Queridos amigos, éste ha sido el primer capítulo de la segunda parte de la historia de Remo y Rómulo. ¡Espero que os haya gustado! 
*Algunas las cuatro fotos han sido sacadas de internet; las restantes, son mías. 

36 comentarios:

virgi dijo...

Tan iguales y tan diferentes, los hermanos se compensan sin saberlo. Hermosas palabras, qué bien leerte, Isabel, cualquiera de estos personajes antiguos sentiría el orgullos de saberse descrito por ti.
Y los que te seguimos, guardamos tus palabras con la certeza de ir por el camino correcto.
Te abrazo bien fuerte.

Cayetano dijo...

Las madres, aunque sean adoptivas, sufren por la mala cabeza de algunos de sus hijos. Y Acca Larentia no era una excepción.
Un saludo.

Natàlia Tàrraco dijo...

No puedo decir otra cosa que lo que ha dejado escrito Urbano: “Lágrimas negras derramó Acca Larentia./ Oscuros presagios atenazaban a Fáustulo" así me siento tanto como mi esposo, y no puedo evitarlo, mi corazón partido entre los dos hijos lo mismo que si los hubiera parido, imposible decantarme por uno.

Espléndido inicio de la segunda parte, abierto al infinito de tu fecunda creatividad.
Podré leerte mejor porque estoy de baja, de nuevo a causa de cuerdas vocales, por lo tanto, no hay mal que por bien no venga, tendré más tiempo. Besos cariñosos amiga mía.

yolanda carrasco dijo...

Me ha encantado, Isabel.Ya la 2ª parte.Y como siempre: ¡Qué emocionante está la historia!Con ganas de más, como siempre también.Besos.

Fundación Luis Tilve dijo...

Hoy le he dado un buen repaso al blog. He pasado un buen rato.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola virgi, me alegra que te siga pareciendo interesante la historia y disfrutes con ella. Yo soy feliz sólo de pensar en que los paseis bien l@s lector@s... Besazos, guapa.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola cayetano, desde luego que Acca Larentia sufre inevitablemente. Siente por los gemelos un amor especial, muy intenso.. .Pero tú, tozudo Caius, también contribuyes a su sufrimiento, no creas, no, que sólo es cosa de los muchachos... Besazos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola natalia tarraco, sufriente Acca Larentia... en la novela y en la realidad, pues si estás de baja... Ay, cuídate esa garganta, que les hace falta a tus alumnos, a tí y a nosotros, aunque, de momento, nos basta con tus dedos para teclear tus historias.
Respecto a tus gemelos, hija mía, agárrate fuerte que la tormenta se acerca... Besotes, querida amiga.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola yolanda carrasco, ya ves cómo está el asunto, seguimos con la máxima tensión. Y espero que los muchachos sepan actuar como es debido. Besazos y gracias por tu confianza.

Isabel Barceló Chico dijo...

Saludos, fundación luis tilve, espero que te sigas paseando por aquí y, si te apetece, empieces a seguir esta historia. Siempre resulta emocionante seguirla tal como se va escribiendo, por entregas, como en el XIX... Saludos cordiales.

Alejandra Sotelo Faderland dijo...

Bueno, no ha pasado nada por ahora; hay un fugitivo de la ley de la epoca y el que piensa va a actuar por primera vez como adulto.
Veremos como lo hace, es de suponer que lo hara muy bien pues lo suyo es la logica. y no me confiaria tanto que no sabe usar las armas, lo suyo es mas tactica.

MARÍA LUISA ARNAIZ dijo...

Las señales de la personalidad de los gemelos se patentizan.

Freia dijo...

Se inicia una nueva parte de tu novela y seguimos inevitablemente enganchados. Y ya con la ansiedad de lo que ocurrirá en el solsticio de invierno.
¡Pobre Acca Larentia! No gana para sustos y malos presagios.
... Y yo me voy a quedar sin suegro...

Besos, querida Romana.

mariajesusparadela dijo...

Mucho, me ha gustado mucho: eres una gran maestra en el arte de mantenernos en vilo.

África dijo...

Qué bonito el capítulo, Isabel.
Está lleno de los pensamientos y sentimientos de sus personajes. Esa separación de la vida de los hermanos a causa de los excesos de Remo, esa inquietud que muestra la madre. Desde luego, hay un cambio en sus vidas. Veremos si el cambio no trae malos acontecimientos...ayyy...


Un beso

PACO HIDALGO dijo...

Estás dotando a ambos gemelos de una fuerza y una personalidad tremenda, que les haces ser muy diferentes, pero con una gran profunidad y unas convicciones muy sóldias: arrogancia y valentía frente a prudencia y honestidad. Así lo veo yo. Esta segunda parte promete. Abrazos.

Bertha dijo...

Mucho y ahora que las cosas se ven désde dos puntos.Cuanta razón tiene su madre cuando dice que son iguales en muchas cosas y muy diferentes en otras...Vamos a esperar que nos aporta el desvelamiento y porqué el temor de estos padres?

Un beso feliz semana Isabel.

Hyperion dijo...

Silencio que libera del angor, de la angustia, que protege el nombre secreto de esta Roma que tanto conoces... guardas su secreto tú también para defenderla, celándolo con tu cariño y buen saber. Cuando parece que nos ahogamos, tus palabras son siempre un respiro que deja el angusto pasaje para abrirnos a valles y colinas. Sigo con mirada atenta los pasos de estos gemelos, de todos los suyos y nuestros en las gargantas estrechas de su historia. Gracias.

iralow dijo...

gran comienzo para esta primavera que se nos hace la remolona...

un abrazo Isabel

Carmen Cascón dijo...

Creo que las palabras de Urco a Rómulo eran del todo acertadas: la violencia sin un motivo justo no diferencia al hombre de las bestias. Así Rómulo va a pareciendo ahora como el hermano cabal y juicioso, justo y entero, que deberá cuidar de Remo si éste se deja. Deberá frenarle como a los caballos desbocados sin levantar su ira. ¡Dura tarea la de Rómulo!
Un beso

Isabel Barceló Chico dijo...

Ja, ja alejandra sotelo faderland, se ve que tienes experiencia en tratar conflictos de esa clase. Veremos, veremos qué les depara Fortuna a nuestros muchachos y si todo ha dependido de esa diosa o, también, de ellos. Besazos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola maria luisa arnanz, está claro que cada decisión, cada actuación nos va llevando poco a poco por un camino. Veremos a dónde conducen éstos. Besos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola freia, no en vano los antiguos celebraban al sol triunfante, el sol invicto. Eran días penosos, angustiosos en la antigüedad. Y en ellos puede ocurrir cualquier cosa.
Espero que cuides bien del padre de Urbano Lacio, tu buen suegro... Besazos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola mariajesusparadela, no es que quiera manteneros en vilo es que estoy en vilo yo. Esta historia (y otras) me llena de emoción y de tensión. Besazos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Saludos, áfrica, ciertamente el primer cambio crucial se ha producido: el uno se ha convertido en adulto y el otro no. Eso demuestra que el vivir en sociedad exige el cumplimiento mínimo de unas reglas: de lo contrario, se sigue en el mundo salvaje, desordernado, del padre Fauno. Besazos.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola paco hidalgo, abordé esta novela con cierto temor (hasta donde yo soy temerosa, que no es demasiado) porque nunca había escrito sobre muchachos adolescentes o al borde de la juventud, así que me alegra que los veas definidos y bastante potentes. Es un alivio. Desde luego sus caminos se han dividido y ahora hace falta ver para dónde evolucionarán... Besos, querido amigo.

Isabel Barceló Chico dijo...

Ja, ja, bertha, como no leíste "La vestal de Alba Longa" no estás en el secreto... Otr@s lector@s sí lo saben, pues participaron y leyeron la anterior novela. Escribo esta sin desvelar el secreto precisamente por personas que, como tú, desconocen los antecedentes. ¡Y lo que nos constaron de parir estos mellizos! Besazos, guapa.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola hyperion, miro esos valles estrechos y, a la vez, difíciles de abarcar para unos muchachos jóvenes en épocas distantes, y me doy cuenta de hasta qué punto su infancia fue limitada: por el espacio, por las penurias de la vida pastoril, por los temores a su alrededor, por una vida estrecha en todo hasta que pudieron ensanchar sus corazones. Ojala los acompañemos felizmente en los pasajes angostos que aún habrán de pasar, y sepamos estar a su lado en silencio, comprendiendo sus angustias, sus dudas, sus deseos. ¡Que Angerona, guardiana también del nombre secreto de Roma, nos ayude a todos en ese tránsito! Un abrazo muy fuerte y envidioso.

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola iralow, de algún modo esta primavera, aunque esté tan revolicada, nos da una luz que no había en ese solsticio invernal. Así se nos hará más fácil pasarlo... Besazos, querida amiga.

Isabel Barceló Chico dijo...

Ja, ja, carmen gascón, lo has dicho muy bien: Rómulo tendrá que cuidar de Remo, si es que se deja... Besazos, guapa.

Dyhego dijo...

Sigo leyéndo.
Vale, Isabel.

Patzy dijo...

Una historia atrapante, Isabel, una segunda parte prometedora que ya nos tiene enganchados. Confieso que, gracias a ti, vengo desempolvando de mi memoria las viejas lecturas de mitología romana, lo cual te agradezco, ya sabes como amo Italia y sus historias. Aquí te sigo. Gran abrazooo

Isabel Barceló Chico dijo...

Hola dyhego, gracias por seguir aquí.

Saludos, patzy, me encanta ayudarte a desempolvar viejas historias... Y más cuando son tan emocionantes. Besazos.

Bertha dijo...

...pués ya estoy metida en ello no me voy a quedar sin enterarme...Muchísimas gracias Isabel por tu indicación y por tu paciencia con esta despistada.Sigo con la vestal de Alba Longa:por cierto esta de lo mas interesante ya me queda menos jejeje.

Un beso.

RGAlmazán dijo...

Que gemelos tan diferentes. Y tan complementarios. Entre los dos reúnen virtudes y defectos propio de todos los jóvenes.
Esperamos próximos acontecimientos para ver de qué forma los hermanos convergen o no.
Besos

Salud y República

Dolors Jimeno dijo...

Isabel, has comenzado muy bien, muy filosófica. Las consideraciones que haces al principio son mu interesantes. Voy retrasada en el seguimiento al bloc, pero igual de ilusionada.